La realidad virtual mejora la ansiedad de los niños antes de someterse a una cirugía

Un nuevo estudio, en el que se utilizaron gafas de realidad virtual, analizó los niveles de angustia y miedo de ochenta niños de entre seis y quince años antes de someterse a una intervención quirúrgica. Los pequeños manifestaron sentirse mejor tras vivir la experiencia inmersiva.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un niño utiliza unas gafas de realidad virtual en el hospital. Las experiencias inmersivas se están estudiando como una forma de aliviar el miedo antes de una operación.

Un niño utiliza unas gafas de realidad virtual en el hospital. Las experiencias inmersivas se están estudiando como una forma de aliviar el miedo antes de una operación. Cortesía: KindVR

Hay un oso de peluche en la habitación y, al otro lado de los ventanales, se ve el mar. En otra escena, las olas rompen suavemente en una playa bordeada de palmeras. Los dos paisajes caben en unas gafas de realidad virtual. Durante unos minutos, ofrecen a los niños algo en lo que entretenerse mientras llega el momento de entrar en quirófano.

El Hospital Infantil de Richmond, en Virginia (Estados Unidos), probó estos escenarios en su unidad de preparación quirúrgica, que tiene dieciséis camas y atiende alrededor de mil casos al año.

El equipo comparó cómo se sentían los niños antes de ponerse las gafas y justo después de quitárselas. Además de referir menos miedo y angustia, el grupo registró un descenso del pulso y de la presión arterial.

Qué es la ansiedad preoperatoria infantil

La espera antes de una operación puede ser difícil incluso cuando el niño sabe qué le van a hacer. Es lo que se conoce como ansiedad preoperatoria infantil, un malestar que aflora antes de la intervención quirúrgica. Puede manifestarse como miedo al dolor, a un pinchazo, a separarse de los padres o a lo que sucederá al comenzar la anestesia.

Según las estimaciones que recoge el estudio, publicado en la revista PLOS Digital Health, entre el 50 % y el 75 % de los menores que se someten a una operación experimentan ansiedad preoperatoria. Cuando esta es muy intensa, se ha asociado con más dificultades al iniciar la anestesia y con más dolor tras la intervención. Para aliviarla se recurre, según el caso, a medicamentos o a recursos como el juego terapéutico.

🗣️ «A veces, el mejor apoyo que podemos ofrecer a un niño antes de una operación no es un medicamento», afirma Walaa S. Abu Rukbah, farmacéutica de la Universidad de Tabuk (Arabia Saudí) y primera autora del trabajo, en el comunicado de PLOS al que ha tenido acceso RexMolón.

La investigadora destaca la buena acogida que ha tenido la experiencia entre los niños y sus familiares. Abu Rukbah y su equipo querían saber si una herramienta de este tipo podía encajar en el día a día de una unidad quirúrgica infantil y qué ocurría con el miedo y la angustia en los minutos que duraba la sesión.

Un oso de peluche y unos ventanales con vistas al mar en la habitación virtual que los investigadores diseñaron para los niños que esperaban para operarse.

Un oso de peluche y unos ventanales con vistas al mar en la habitación virtual que los investigadores diseñaron para los niños que esperaban para operarse. Cortesía: Walaa S. Abu Rukbah et al., Virginia Commonwealth University (CC BY 4.0).

Cómo se usaron las gafas de RV antes de entrar en quirófano

Para el proyecto, que se prolongó durante nueve meses, los investigadores diseñaron dos escenarios que se reproducían en unas gafas Meta Quest 2:

1️⃣ Una habitación infantil con juguetes que respondían a la mirada o al mando.

2️⃣ Una playa con un oleaje tranquilo.

Para reducir la posibilidad de mareo, los niños podían cambiar de lugar de un salto, sin ver un desplazamiento continuo. La idea era ofrecerles algo en lo que centrar su atención durante la espera. Además, durante el programa se incorporó una tableta que mostraba a los padres lo que sus hijos estaban viendo en cada momento. También se ajustó la duración de las sesiones a las preferencias de cada niño y al tiempo disponible en la unidad. Las sesiones duraron unos nueve minutos de media.

¿Cuánto bajaron el miedo y la angustia?

Antes de ponerse las gafas y justo después de quitárselas, los participantes puntuaron su angustia del cero al diez y eligieron, entre cinco caras dibujadas, la que mejor representaba su miedo, y estos fueron los resultados:

✅ La puntuación media de angustia pasó de tres a uno.

✅ La de miedo bajó de uno a cero en una escala de cero a cuatro.

✅ En 46 de los ochenta menores, la angustia descendió al menos dos puntos.

✅ En 44, el miedo bajó al menos un punto.

Los autores fijaron ambos umbrales al revisar el análisis para estimar cuántos niños habían experimentado un cambio apreciable. En el caso del miedo, la escala carece de un umbral clínico establecido y se validó originalmente entre los siete y los doce años, una franja más estrecha que la del estudio.

Cambios en los latidos y la tensión

El equipo del Hospital Infantil de Richmond también tomó el pulso y la presión arterial a los pequeños durante la experiencia. Los monitores de cabecera registraron una caída media de 5,8 latidos por minuto y de 4,1 milímetros de mercurio en la presión arterial sistólica, la cifra más alta de las dos que se toman al medir la tensión.

Los dos cambios son compatibles con un estado de mayor calma. Para saber qué parte se debió a las gafas habría hecho falta un grupo de niños que pasara ese mismo tiempo en condiciones comparables. Algunos podrían haberse tranquilizado al familiarizarse con la sala, al recibir la atención del personal o, sencillamente, tras unos minutos de espera.

Cuánto del alivio se puede atribuir a la realidad virtual

Los mayores descensos se observaron entre quienes habían empezado con puntuaciones más altas. Dayanjan S. Wijesinghe, investigador de la Universidad Commonwealth de Virginia y coautor del estudio, señala que parte de ese cambio puede obedecer a un fenómeno estadístico conocido como regresión a la media. ¿Y qué quiere decir esto?

Pues que una puntuación excepcionalmente alta puede reflejar en parte un pico pasajero, por ejemplo, el sobresalto al llegar a la sala. Si se vuelve a preguntar unos minutos después, es probable que esa puntuación sea menos extrema, incluso si el niño ha pasado la espera de la forma habitual.

Contentos con la experiencia

Donde el proyecto ofrece una respuesta más directa es en la acogida por parte de los pequeños. De los ochenta voluntarios, 73 dijeron que volverían a usar las gafas de realidad virtual. Las recomendarían 62 de los 65 padres o cuidadores encuestados y los veintinueve profesionales de enfermería que participaron.

Hay que señalar que hubo tres efectos adversos, todos leves. «Durante nueve meses fuimos ajustando el programa a partir de lo que nos contaban los niños, los padres y las enfermeras», explica Wijesinghe. En las respuestas abiertas recogidas en el artículo, varias familias destacaron que las gafas captaban la atención de sus hijos. «Estaba distraído y no se dio cuenta cuando le pincharon», contó un familiar.

El pequeño Blaine Baxter se lesionó un brazo en una carrera de karts. Las gafas de realidad virtual le ayudaron a distraerse del dolor mientras le cambiaban el vendaje.

El pequeño Blaine Baxter se lesionó un brazo en una carrera de karts. Las gafas de realidad virtual le ayudaron a distraerse del dolor mientras le cambiaban el vendaje. Cortesía de la familia Baxter y de la Facultad de Medicina de Stanford

Qué dicen otros estudios sobre la realidad virtual antes de operar

La evidencia acumulada da motivos para seguir investigando. En un hospital infantil de Ohio, algunos niños jugaban a hacer nevar sobre un río virtual mientras les cambiaban los vendajes de una quemadura. En un ensayo, los que participaron en el juego dijeron sentir menos dolor que quienes recibieron la atención habitual. En psicología clínica, la exposición a alturas simuladas ha ayudado a adultos a superar parte de ese miedo. Y en la rehabilitación tras un ictus, los ejercicios con realidad virtual han mostrado mejoras modestas en la función del brazo. En la espera del quirófano, lo que se intenta aliviar es el miedo a lo que está por venir.

Una revisión de 49 ensayos aleatorizados con 4.535 menores, publicada en JAMA Pediatrics en 2025, encontró que, en conjunto, la realidad virtual reducía la ansiedad preoperatoria frente a la atención habitual, con una certeza moderada. La revisión también halló beneficios con los vídeos convencionales.

El contenido y el momento de uso varían entre estudios. Un ensayo coordinado desde el Centro Médico Teknon, en Barcelona, observó menos ansiedad al separarse de los padres en niños que habían visto un vídeo inmersivo sobre el proceso quirúrgico entre siete y diez días antes de operarse. En otro ensayo, en Róterdam, las puntuaciones de ansiedad al iniciar la anestesia fueron similares en el grupo que usó las gafas y en el que recibió la atención habitual.

En Richmond, las mediciones terminaron en cuanto los niños se quitaron las gafas. Queda por saber si la calma que describieron entonces se mantuvo al iniciar la anestesia, si influyó en el dolor posterior o si cambió la recuperación. Para averiguarlo, los autores plantean comparar la experiencia con la atención habitual y con otras formas de distracción. Una comparación con un vídeo en una tableta, por ejemplo, permitiría comprobar cuánto aporta la sensación de estar en otro lugar.

La pregunta que queda por resolver en Richmond es si el alivio de esos minutos frente al mar acompaña al niño cuando llega la hora de entrar en quirófano.▪️(7 de noviembre de 2026)

Gafas de realidad virtual antes de una operación infantil

Una playa y una habitación de juegos fueron los escenarios virtuales que un hospital infantil de Virginia probó con 80 pacientes de 6 a 15 años mientras esperaban para entrar en quirófano.

¿Qué es la ansiedad preoperatoria infantil?

Es el malestar que algunos niños sienten antes de una operación. Puede aparecer ante la perspectiva de un pinchazo, la separación de sus padres o la incertidumbre sobre cómo será la anestesia.

¿Qué hacían los niños con las gafas?

Podían escuchar las olas en una playa o interactuar con los juguetes de una habitación virtual. Las sesiones duraron unos nueve minutos de media y se diseñaron para captar su atención durante la espera.

¿Cuánto cambiaron el miedo y la angustia?

Justo después de la sesión, la puntuación mediana de angustia pasó de 3 a 1 en una escala de 0 a 10. La de miedo pasó de 1 a 0 en una escala de 0 a 4. También bajaron el pulso y la presión arterial sistólica.

¿Se puede atribuir el alivio a la realidad virtual?

Queda por determinar cuánto aportaron las gafas. El equipo comparó a cada niño consigo mismo antes y después de la sesión. Sin un grupo de control, es difícil separar el efecto de la experiencia del paso del tiempo o de la atención del personal.

¿Cómo toleraron los niños la experiencia?

73 de los 80 niños dijeron que volverían a usar las gafas. Tres menores tuvieron efectos adversos leves. El estudio incluyó a pacientes seleccionados y excluyó, entre otros, a niños con antecedentes de convulsiones o mareo intenso por movimiento.

  • Información facilitada por PLOS

  • Fuente: Walaa S. Abu Rukbah, Narendra Vadlamudi, Siri Garrett, Suad Alshammari, Dayanjan S. Wijesinghe. Virtual reality as a non-pharmacological intervention for pediatric preoperative anxiety: A quality improvement initiative and retrospective analysis. PLOS Digital Health (2026). DOI: https://doi.org/10.1371/journal.pdig.0001219

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