Los amonites sobrevivieron al asteroide que acabó con los dinosaurios, según nuevas pruebas
Durante décadas se creyó que los amonites desaparecieron de golpe con el impacto que extinguió a los dinosaurios. Ahora, un nuevo estudio revela que estos antiguos cefalópodos lograron sobrevivir durante miles de años en los océanos posteriores a la catástrofe.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Ilustración artística de amonites observando el impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios. Nuevas pruebas fósiles indican que estos cefalópodos marinos lograron sobrevivir durante miles de años después de la catástrofe, antes de desaparecer definitivamente. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
La extinción de los ammonoideos (Ammonoidea), conocidos popularmente como amonites, es uno de los ejemplos más citados de la extinción masiva provocada por el impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años.
Estos cefalópodos marinos, parientes lejanos de los pulpos y calamares, habían prosperado durante más de 300 millones de años, desde que aparecieron en los mares del Devónico Medio, hace unos 400 millones de años, pero parecían haberse desvanecido de golpe en el límite entre el Cretácico y el Paleógeno.
Sin embargo, nuevas pruebas científicas procedentes de Dinamarca obligan ahora a matizar ese relato. Al menos algunos amonites no murieron inmediatamente tras el impacto: sobrevivieron durante miles de años en los mares del inicio del Paleógeno, el primer período geológico de la era cenozoica.
Nuevas pruebas fósiles desde los acantilados de Stevns Klint
La conclusión se desprende de un estudio publicado recientemente en la revista Scientific Reports, firmado por un equipo internacional de investigadores liderado por Marcin Machalski, paleontólogo del Instituto de Paleobiología, en la Academia Polaca de Ciencias.
El trabajo analiza en detalle nuevos fósiles hallados en los famosos acantilados de Stevns Klint, en el sureste de Copenhague, uno de los mejores registros geológicos del límite Cretácico–Paleógeno y declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.
Según Machalski y sus colegas, la mayor parte de los amonites encontrados en estos sedimentos no fueron arrastrados desde capas más antiguas, como se pensaba tradicionalmente, sino que vivieron y murieron después del impacto del asteroide de Chicxulub, en pleno Daniense, la primera edad del Paleógeno.
Por qué estos amonites no son fósiles redepositados
El debate sobre la supervivencia de los amonites no es nuevo. Desde finales del siglo XX se habían descrito ejemplares fósiles aislados en Dinamarca, los Países Bajos y Estados Unidos que parecían situarse por encima del nivel del impacto. Pero muchos paleontólogos desconfiaban de esas interpretaciones.
El problema era distinguir si esos fósiles pertenecían realmente a organismos que vivieron tras la extinción masiva o si, por el contrario, habían sido removilizados desde sedimentos cretácicos más antiguos y redepositados en capas más recientes. La nueva investigación afronta esa cuestión con un enfoque minucioso, combinando trabajo de campo, análisis tafonómicos y estudios sedimentológicos a microescala.
El escenario clave es la llamada caliza de Cerithium, una unidad geológica que se depositó poco después del impacto, cuando los ecosistemas marinos comenzaban a reorganizarse. Esta caliza rellena pequeñas cuencas situadas entre montículos de briozoos formados en el final del Cretácico.
Durante mucho tiempo se creyó que los amonites fósiles encontrados allí habían sido arrastrados desde esos montículos más antiguos. Pero el nuevo estudio muestra que, al menos en su mayor parte, los fósiles ammonoideos aparecen en sedimentos danienses que no contienen restos calcíticos típicos del Maastrichtiense y presentan características propias de un ambiente marino posterior a la extinción.
Este es el aspecto que podrían tener los amonites danienses del género Baculites hallados en los famosos acantilados de Stevns Klin. Cortesía: El fosilmaníaco
Las últimas especies de amonites tras la extinción
Los investigadores describen diez nuevos ejemplares de amonites danienses pertenecientes a varios géneros, entre ellos Hoploscaphites, Baculites y Fresvillia. Este último es especialmente llamativo: nunca antes se había documentado en el Daniense de Dinamarca ni, de hecho, en ningún lugar del mundo.
Todos los ejemplares están preservados como moldes fósiles, ya que sus conchas originales de aragonito se disolvieron con el tiempo, un patrón común en estos sedimentos. Lo importante es que carecen de señales de abrasión, fosfatación o recubrimientos de glauconita, rasgos típicos de fósiles retrabajados. Además, no aparecen asociados a abundantes restos de organismos con conchas de calcita, mucho más resistentes y frecuentes en los sedimentos cretácicos.
El análisis microscópico de las rocas refuerza esta interpretación. Las microfacies sedimentarias de la caliza de Cerithium muestran una composición distinta a la de la creta maastrichtiense subyacente, con fragmentos biológicos más pequeños y una abundancia diferente de esponjas y microfósiles. Recordemos que las microfacies sedimentarias son las características microscópicas de una roca sedimentaria —su composición, textura y tipos de granos— que permiten saber cómo y en qué ambiente se formó (por ejemplo, mar profundo, costa, arrecife o fondo tranquilo).
En Stevns Klint sí que hay casos de reposición de fósiles
Incluso el relleno interno de algunos moldes de amonites contiene microfósiles característicos del Daniense temprano, lo que confirma que las conchas estaban presentes en el sedimento después del evento de extinción. En uno de los casos, los autores identifican un dinoflagelado calcáreo cuya aparición se sitúa decenas de miles de años después del impacto.
No todos los ejemplares cuentan la misma historia. El estudio también documenta un amonite hallado en la base de la caliza de Cerithium, en otra zona de Stevns Klint, que sí parece haber sido redepositado desde sedimentos cretácicos. Allí, los fósiles aparecen mezclados con abundantes fragmentos de briozoos y equinodermos, y el sedimento muestra señales de deslizamientos submarinos y reorganización temprana del fondo marino, probablemente relacionados con la acidificación de los océanos tras el impacto del asteroide.
Ese contraste permite a los autores afinar el diagnóstico: hubo redeposición de fósiles en algunos casos, pero no en la mayoría.
Fósiles de amonites hallados en los acantilados de Stevns Klint (Dinamarca), procedentes de rocas formadas poco después de la extinción de los dinosaurios. Estos restos, pertenecientes a distintos tipos de amonites, aportan nuevas pruebas de que algunos sobrevivieron durante miles de años tras el impacto del asteroide. Cortesía: Machalski, M., Olszewska-Nejbert, D., Landman, N.H. et al.
Por qué los amonites sobrevivieron… pero no se recuperaron
La consecuencia es clara: los amonites no desaparecieron exactamente en el momento del impacto. Al menos en el área de la actual Dinamarca, algunas poblaciones lograron sobrevivir a la extinción del Cretácico durante decenas de miles de años, quizá hasta 70.000 o 200.000 años después de la catástrofe. En términos geológicos, es un suspiro; en términos biológicos, una resistencia notable frente a uno de los mayores colapsos ecológicos de la historia de la Tierra.
Sin embargo, esa supervivencia no condujo a una recuperación. Los amonites del Daniense temprano representan lo que los paleontólogos llaman un clado muerto caminante: un linaje que logra superar el evento inicial de extinción, pero que acaba desapareciendo poco después sin diversificarse ni recuperar su antiguo esplendor.
Tras la caliza de Cerithium, los amonites desaparecen definitivamente del registro fósil. Nunca volvieron.
Tres hipótesis para la extinción de los amonites
¿Qué los mató entonces, si no fue directamente el impacto del asteroide? El estudio no ofrece una respuesta definitiva, pero plantea varias hipótesis:
✅ Una posibilidad es la pérdida de hábitat asociada a cambios en el nivel del mar, documentados en Stevns Klint por una superficie de erosión que marca una caída marina temprana en el Daniense.
✅ Otra explicación es que las poblaciones supervivientes quedaran confinadas a áreas geográficas muy limitadas, lo que las hizo extremadamente vulnerables a perturbaciones adicionales.
✅ Por último, los paleontólogos barajan la posibilidad de una competencia ecológica con otros organismos marinos en ecosistemas empobrecidos y en plena reorganización.
GRANDES EXTINCIONES
Qué nos enseña este hallazgo sobre las extinciones masivas
El descubrimiento en Stevns Klin tiene implicaciones que van más allá de los amonites. Refuerza la idea de que las extinciones masivas no son siempre eventos instantáneos y homogéneos, sino procesos complejos, con supervivencias locales, retrasos y colapsos escalonados.
Incluso tras una catástrofe global como la de Chicxulub, la vida puede encontrar refugios temporales antes de desaparecer o reinventarse.
En el caso de los amonites, esos refugios fueron insuficientes. Pero su breve resistencia, registrada en las rocas de Dinamarca, añade un último capítulo inesperado a la historia de uno de los grupos fósiles más emblemáticos de la era de los dinosaurios. Un recordatorio de que, en paleontología, incluso las extinciones más famosas aún guardan sorpresas científicas.▪️
Fuente: Machalski, M., Olszewska-Nejbert, D., Landman, N.H. et al. Ammonite survival across the Cretaceous–Paleogene boundary confirmed by new data from Denmark. Scientific Reports (2025). DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-025-34479-1

