Durante un siglo, los cometas fueron considerados los mensajeros cósmicos que trajeron a nuestro planeta los ingredientes de la vida. Ahora, una investigación de Cambridge cuestiona esta fascinante hipótesis: sus moléculas orgánicas difícilmente habrían sobrevivido al violento viaje hasta la Tierra.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística del impacto de un cometa contra la Tierra primitiva, hace miles de millones de años, cuando pudieron llegar a nuestro planeta moléculas esenciales para la vida. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Desde hace más de un siglo, los científicos contemplan la posibilidad de que los ingredientes de la vida llegaran a la Tierra desde el espacio. La hipótesis de que los cometas desempeñaron un papel decisivo, investigada durante el siglo XX por científicos como Carl Sagan, se convirtió en uno de los relatos más fascinantes sobre nuestros orígenes.
La idea resultaba tan atractiva como aparentemente razonable. Hace miles de millones de años, cuando nuestro planeta era todavía un mundo joven, enormes bolas de hielo, polvo y roca atravesaban el Sistema Solar y chocaban contra su superficie. En su interior transportaban agua y sustancias orgánicas que, según esta hipótesis, pudieron proporcionar las materias primas necesarias para que aparecieran los primeros seres vivos.
El problema es que aquella historia tenía un punto débil que durante décadas no se había conseguido resolver de forma satisfactoria: que los cometas contengan moléculas relacionadas con la vida no significa que puedan depositarlas intactas sobre un planeta, en cantidades suficientes y bajo las condiciones adecuadas para que comience la química prebiótica.
Ahora, una investigación dirigida por científicos de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, pone seriamente en duda que los cometas desempeñaran ese papel decisivo. El estudio, publicado en la revista científica Scientific Reports, combina simulaciones de la evolución del Sistema Solar, modelos de entrada atmosférica y cálculos sobre la destrucción de moléculas orgánicas durante los impactos.
Su conclusión es que la entrega de cantidades químicamente útiles de estos compuestos fue un acontecimiento extraordinariamente improbable.
«Históricamente, los científicos pensaban que los cometas eran importantes para el origen de la vida en la Tierra porque transportaban moléculas que contenían carbono y nitrógeno», explica Richard Anslow, investigador del Instituto de Astronomía de Cambridge y primer autor del trabajo, en declaraciones recogidas por la universidad británica.
El científico recuerda que estos cuerpos helados se consideraban una especie de solución providencial capaz de suministrar a un planeta las materias primas necesarias para iniciar la vida. «Es una idea bastante romántica, pero nuestros resultados indican que es muy poco probable», señala.
La investigación no demuestra que ningún cometa aportara jamás materia orgánica a la Tierra. Tampoco descarta que algunas de esas sustancias pudieran tener un origen extraterrestre. Lo que cuestiona es algo más concreto y fundamental: que el bombardeo cometario constituyera una fuente suficientemente abundante, concentrada y duradera de moléculas capaces de participar en el nacimiento de la vida.
El cianuro de hidrógeno: una molécula venenosa que pudo ser esencial para el origen de la vida
Para investigar aquella posibilidad, los científicos centraron su atención en una molécula que hoy asociamos más con la toxicidad que con la biología: el cianuro de hidrógeno o ácido cianhídrico (HCN).
Aunque es extremadamente venenoso para numerosos organismos actuales, el HCN desempeña un papel destacado en distintas hipótesis sobre el origen químico de la vida. En determinadas condiciones, el HCN puede intervenir en cadenas de reacciones que conducen a la formación de azúcares, lípidos, bases nitrogenadas y nucleótidos, componentes esenciales de los sistemas biológicos.
En otras palabras, una sustancia peligrosa para la vida moderna pudo ser una herramienta química importante antes de que existiera la primera célula.
Los experimentos de química prebiótica —la disciplina que estudia las reacciones que pudieron preceder a los seres vivos— han demostrado que concentraciones del orden de 10 milimoles por litro de ácido cianhídrico pueden favorecer algunas de estas síntesis. No se trata de una cantidad extraordinariamente elevada desde el punto de vista químico, pero conseguirla de forma natural en la Tierra primitiva plantea dificultades considerables.
Y ahí entraban los cometas.
Las observaciones astronómicas muestran que estos objetos contienen HCN, aproximadamente en una proporción típica del 0,1 % respecto al agua. Según el estudio, un cometa que conservara intacta esa sustancia podría alcanzar concentraciones locales cercanas a los 30 milimoles por litro, suficientes para alimentar determinadas reacciones prebióticas.
Además, el ácido cianhídrico es una molécula relativamente sencilla y su enlace entre carbono y nitrógeno le proporciona una resistencia térmica superior a la de otros compuestos orgánicos más complejos.
Por eso, los astrobi lo escogieron como referencia: si incluso una molécula relativamente resistente y abundante como el HCN tenía escasas posibilidades de llegar intacta, las perspectivas serían todavía peores para muchos otros ingredientes prebióticos transportados por los cometas.
¿Trajeron los cometas la vida a la Tierra? Qué ha descubierto el nuevo estudio
Para comprender por qué la hipótesis cometaria tropieza con tantas dificultades, conviene imaginar lo que sucede cuando uno de estos cuerpos se precipita contra un planeta.
Los cometas no son bloques compactos de hielo. Son objetos generalmente porosos, frágiles y formados por materiales poco cohesionados. Cuando penetran en una atmósfera a velocidades de decenas de kilómetros por segundo, experimentan enormes presiones, calentamientos, deformaciones y procesos de fragmentación.
Muchos ni siquiera alcanzan el suelo.
Las simulaciones del equipo de Cambridge indican que, en las condiciones atmosféricas terrestres consideradas, los cometas de menos de unos 100 metros tienden a fragmentarse violentamente a gran altura. Sus materiales se dispersan entonces sobre regiones extensas, lo que dificulta que las moléculas orgánicas puedan acumularse en concentraciones útiles.
Los cuerpos más grandes tienen mayores posibilidades de sobrevivir a la entrada atmosférica, pero deben afrontar un segundo obstáculo: el impacto contra la superficie.
Cuando un cometa golpea el terreno, parte de su energía cinética se transforma en calor y en ondas de choque capaces de destruir las sustancias que transporta. Las moléculas más delicadas pueden descomponerse antes de participar en cualquier reacción prebiótica.
Paradójicamente, los impactos oblicuos, que en determinadas condiciones permiten conservar mejor algunos compuestos, también obligan al cometa a atravesar una mayor cantidad de atmósfera, lo que aumenta el riesgo de que se haga añicos.
Así surge una contradicción física difícil de superar: los impactos capaces de transportar materia orgánica hasta el suelo no suelen ser los que mejor la conservan.
El resultado es que, para entregar una concentración útil de HCN, un cometa debería reunir una combinación muy poco habitual de tamaño, velocidad, trayectoria y condiciones ambientales.
Richard J. Anslow, investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge y autor principal del estudio que cuestiona el papel de los cometas en el origen de la vida terrestre. Cortesía: Richard J. Anslow
Qué revelan 100.000 simulaciones sobre el origen de la vida en la Tierra
Para determinar hasta qué punto resultaba probable que un cometa transportara ingredientes prebióticos, los científicos reconstruyeron el bombardeo que sufrió la Tierra durante sus primeros cientos de millones de años.
En lugar de basarse exclusivamente en los cráteres lunares, que ofrecen información indirecta y limitada sobre la composición de los objetos que impactaron contra nuestro planeta, utilizaron modelos dinámicos de la evolución de los cometas del Sistema Solar primitivo.
Estas simulaciones permiten reconstruir cómo los cuerpos helados procedentes de regiones situadas más allá de Neptuno modificaron sus trayectorias bajo la influencia gravitatoria de los planetas y cuántos pudieron alcanzar la Tierra.
Los investigadores incorporaron también modelos de entrada atmosférica, fragmentación y destrucción térmica del HCN durante las colisiones.
Finalmente, mediante 100.000 simulaciones de Montecarlo —un procedimiento matemático que permite estudiar fenómenos sujetos al azar—, los investigadores reconstruyeron diferentes escenarios del bombardeo cometario y calcularon cuántos impactos podían depositar concentraciones químicamente relevantes de HCN sobre terrenos emergidos.
Los resultados fueron reveladores.
🔬 El estudio de Cambridge, en cinco datos
¿Qué probabilidades tenían los cometas de traer los ingredientes de la vida a la Tierra? Estas son las claves de la investigación publicada en Scientific Reports.
Simulaciones informáticas del bombardeo de cometas sobre la Tierra primitiva.
De las simulaciones no registraron ningún impacto capaz de aportar una concentración útil de HCN.
Concentración de cianuro de hidrógeno (HCN) utilizada como referencia para la química prebiótica.
Mediana de impactos capaces de depositar concentraciones útiles de HCN por simulación.
De las simulaciones registraron una entrega satisfactoria de HCN después de hace unos 4.030 millones de años.
Fuente: Anslow y colaboradores, Cometary impacts an unlikely pathway towards the origins of life on Earth, Scientific Reports (2026). Las cifras corresponden a simulaciones y no a observaciones directas.
En la versión definitiva del estudio, el 54 % de las simulaciones no registró ni un solo impacto capaz de proporcionar una concentración suficiente de HCN en tierra firme. Es decir, en más de la mitad de los escenarios recreados por los científicos, ningún cometa consiguió depositar una cantidad de esta molécula suficiente para favorecer la química prebiótica, incluso suponiendo condiciones especialmente favorables para su supervivencia.
Además, las oportunidades disminuyeron rápidamente conforme el Sistema Solar fue estabilizándose. En menos del 5 % de las simulaciones se produjo una entrega satisfactoria de HCN después de hace aproximadamente 4.030 millones de años.
Conviene señalar que estas cifras describen resultados de modelos informáticos, no observaciones directas de acontecimientos ocurridos hace miles de millones de años. Su interpretación depende, entre otros factores, de las condiciones atmosféricas y geológicas que se atribuyan a la Tierra primitiva.
🗣️ Anslow resume la extraordinaria dificultad del escenario: «Tendría que ser un acontecimiento excepcional, casi de uno entre un millón, porque no solo haría falta un impacto con la velocidad y el ángulo adecuados, sino que todo lo que ocurriera después, en términos de concentración y velocidad de los procesos químicos que dieron origen a la vida, también tendría que encajar».
Y añade una advertencia importante: «No podemos descartar por completo que sucediera así. Pero parece un acontecimiento realmente excepcional; en el mejor de los casos, un golpe de suerte aislado».
El problema del agua: por qué las moléculas orgánicas se diluirían demasiado rápido
Existe otro problema que convierte esta hipótesis en algo todavía menos probable. Supongamos que uno de aquellos cometas excepcionales conseguía atravesar la atmósfera, impactar contra una superficie emergida y depositar una cantidad considerable de ácido cianhídrico sin destruirlo.
La dificultad no habría terminado aquí. En realidad, habría comenzado una carrera contrarreloj.
La energía liberada durante el choque podría excavar un enorme cráter, fracturar las rocas y alterar la circulación del agua subterránea. Si el cráter terminaba llenándose de agua, las moléculas cometarias se diluirían en un abrir y cerrar de ojos.
Las precipitaciones y la llegada de nuevas aguas también contribuirían a reducir su concentración. Según las estimaciones utilizadas por los investigadores, este proceso podría producirse en apenas unos días o semanas.
Por tanto, aunque inicialmente hubiera suficiente HCN para iniciar una secuencia química prometedora, esa oportunidad podría desaparecer antes de que se completaran las transformaciones necesarias.
El cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, fotografiado por la sonda Rosetta en 2015. La detección del aminoácido glicina confirmó que los cometas contienen ingredientes de la vida, aunque un nuevo estudio cuestiona que pudieran depositarlos intactos en la Tierra primitiva. Crédito: ESA/Rosetta/NavCam.
Si los cometas no fueron decisivos, ¿de dónde procedían los ingredientes de la vida?
Y el origen de la vida no consiste simplemente en fabricar una molécula orgánica. Requiere una sucesión de procesos que permitan generar compuestos más complejos, establecer interacciones entre ellos y, por último, desarrollar sistemas capaces de mantener su organización y reproducirse.
Los autores también construyeron un modelo matemático simplificado para evaluar el problema temporal. Su resultado indica que, bajo determinadas hipótesis sobre la frecuencia de los impactos y la velocidad de las reacciones prebióticas, esperar a que surgiera la vida mediante este mecanismo exigiría tiempos superiores incluso a la edad del universo.
Esta última estimación debe interpretarse con cautela: no es una medición de cuánto tarda realmente en aparecer la vida, algo que todavía desconocemos, sino una ilustración de las dificultades que plantea depender de un suceso excepcional y de una ventana química tan breve.
El asteroide Bennu contenía aminoácidos y bases del ADN y el ARN
Descartar a los cometas como proveedores principales de determinados ingredientes prebióticos no significa necesariamente que estos se formaran exclusivamente en la Tierra. De hecho, varias investigaciones recientes han reforzado una explicación alternativa: los asteroides.
En enero de 2025, la NASA anunció los resultados de los primeros análisis exhaustivos de las muestras del asteroide Bennu, recogidas por la misión OSIRIS-REx y transportadas a la Tierra en 2023.
Los científicos identificaron en ellas catorce de los veinte aminoácidos empleados por la vida terrestre para fabricar proteínas, además de las cinco bases nitrogenadas utilizadas en el ADN y el ARN. También encontraron abundante amoníaco y una extraordinaria diversidad de compuestos orgánicos.
Estos hallazgos demostraron que muchos ingredientes fundamentales de los sistemas biológicos podían formarse y conservarse en cuerpos primitivos del Sistema Solar, sin necesidad de que existieran organismos vivos.
Las noticias fueron todavía más interesantes cuando un estudio publicado en Nature Geoscience, a finales de 2025, identificó en las muestras de Bennu varios azúcares de importancia biológica, entre ellos ribosa y glucosa.
La ribosa es especialmente relevante porque constituye uno de los componentes estructurales del ARN, la molécula que participa en el almacenamiento y transmisión de información genética y que, según algunas hipótesis, pudo desempeñar un papel fundamental en las primeras etapas de la evolución de la vida.
La identificación de estos azúcares, junto con aminoácidos y bases nitrogenadas, indica que los materiales asteroides podían reunir una colección sorprendentemente completa de componentes relacionados con la biología.
Jason Dworkin, científico de la NASA, muestra una muestra del asteroide Bennu traída a la Tierra en 2023 por la misión OSIRIS-REx. Su análisis ha revelado moléculas esenciales para la vida, reforzando la hipótesis de que los asteroides pudieron aportar ingredientes prebióticos a nuestro planeta. Crédito: NASA / James Tralie
El asteroide Ryugu refuerza la hipótesis de una química prebiótica extraterrestre
Otra investigación publicada en marzo de 2026 en Nature Astronomy amplió este panorama. Los investigadores encontraron las cinco bases nitrogenadas canónicas en muestras del asteroide Ryugu, recogidas por la misión japonesa Hayabusa2. El hallazgo reforzó la idea de que la química orgánica prebiótica estaba extendida entre diferentes cuerpos del Sistema Solar primitivo.
Este hallazgo amplió las evidencias de que la química orgánica relacionada con el origen de la vida no era exclusiva de un único asteroide.
Los meteoritos carbonáceos, algunos de ellos procedentes de asteroides primitivos, constituyen así una vía plausible para transportar compuestos orgánicos hasta la Tierra.
Además, los impactos de asteroides fueron mucho más frecuentes que los cometarios, según señala el estudio de Cambridge.
No obstante, la presencia de moléculas orgánicas en un asteroide no garantiza por sí sola que sobrevivan a su llegada a la Tierra ni que puedan participar inmediatamente en la formación de sistemas vivos.
Imagen microscópica de un fragmento del asteroide Ryugu que muestra la distribución de fósforo (rojo), azufre (verde) y silicio (azul). Su análisis ayuda a comprender los procesos químicos que pudieron generar ingredientes de la vida antes de la formación de la Tierra. Cortesía: Brookhaven National Laboratory/MDPI
La propia Tierra pudo fabricar los ingredientes necesarios para la vida
La segunda gran posibilidad es que buena parte de las moléculas prebióticas surgieran mediante procesos químicos terrestres. En efecto, diversos modelos científicos han propuesto que la radiación ultravioleta, las descargas eléctricas, la actividad volcánica, determinadas reacciones atmosféricas y las interacciones entre agua y minerales pudieron contribuir a producir compuestos orgánicos.
En algunos escenarios, los ambientes volcánicos, las charcas sometidas a ciclos de evaporación y las superficies minerales habrían favorecido la concentración de sustancias reactivas.
Este último aspecto resulta fundamental. En lugar de depender de un cometa que depositara moléculas en una única ocasión, determinados procesos geológicos y atmosféricos podrían haber generado ingredientes de manera repetida durante periodos prolongados.
El problema que sigue sin resolverse para gusto de todos es cómo estos mecanismos consiguieron fabricar, acumular y transformar las sustancias necesarias para dar lugar a los primeros sistemas vivos.
Por eso, el origen de la vida podría haber dependido de varios procesos complementarios, algunos terrestres y otros extraterrestres.
Por qué Marte era más favorable que la Tierra para recibir moléculas orgánicas de los cometas
Una de las conclusiones más sorprendentes del nuevo trabajo aparece cuando los investigadores comparan la Tierra con Marte y Venus. Según sus modelos, el planeta rojo ofrecía condiciones físicas más favorables para que los cometas depositaran moléculas prebióticas intactas.
Existen dos razones principales. Marte tiene una gravedad menor que la Tierra, lo que contribuye a reducir las velocidades de impacto de determinados cometas, y su atmósfera actual es mucho más tenue, lo que facilita que estos cuerpos puedan alcanzar el suelo sin fragmentarse.
Venus presenta el problema contrario: su atmósfera extremadamente densa dificulta la llegada de numerosos cometas a la superficie.
Estas diferencias no permiten afirmar que la vida surgiera en Marte. Las simulaciones utilizan condiciones atmosféricas de referencia y no reproducen por completo los ambientes que existieron en cada planeta hace miles de millones de años.
La presencia de agua líquida, la disponibilidad de tierra firme y la evolución de la atmósfera marciana siguen siendo factores relevantes y sujetos a incertidumbre.
🗣️ «Esto no quiere decir que ocurriera necesariamente en Marte, por supuesto, pero sugiere que sería poco probable que sucediera en la Tierra y no en Marte —explica Anslow. Y añade—: O la otra alternativa, quizá más probable, es que no sucediera en ninguno de los dos planetas».
Recreación artística de un planeta orbitando una estrella más roja, donde microorganismos y plantas podrían reflejar colores muy distintos al verde de los bosques terrestres. Cortesía: Gillis Lowry
Qué significa este descubrimiento para la búsqueda de vida extraterrestre
Los resultados de Cambridge también tienen implicaciones para el estudio de los exoplanetas, es decir, los mundos que orbitan estrellas diferentes del Sol.
En 2023, Anslow y otros investigadores habían propuesto que determinados sistemas planetarios compactos podían favorecer la entrega de moléculas orgánicas mediante cometas. Según aquella hipótesis, las interacciones gravitatorias sucesivas con planetas próximos entre sí podrían modificar las trayectorias de los cometas y reducir sus velocidades, aumentando las posibilidades de que algunos compuestos sobrevivieran al impacto.
La nueva investigación muestra que esta posibilidad depende extraordinariamente de las características de cada sistema planetario. La masa de los planetas, su gravedad, la densidad de sus atmósferas y las velocidades de impacto influyen de forma directa en la conservación de las moléculas orgánicas.
Los autores señalan que el transporte cometario podría resultar particularmente difícil en numerosos sistemas alrededor de estrellas enanas rojas, donde los impactos pueden producirse a velocidades elevadas.
Estas conclusiones podrían contribuir a orientar futuras investigaciones sobre habitabilidad planetaria y las observaciones de telescopios espaciales sucesores del James Webb, como el propuesto Habitable Worlds Observatory, un gran telescopio espacial infrarrojo, óptico y ultravioleta que está siendo desarrollado por la NASA.
El objetivo será comprender no solo qué planetas contienen agua y moléculas orgánicas, sino también qué procesos permiten que estas sustancias se acumulen, reaccionen y permanezcan disponibles durante periodos suficientemente prolongados.
Qué sabemos realmente sobre el origen de la vida en la Tierra
La ciencia todavía desconoce cómo ocurrió la transición entre la materia no viva y los primeros organismos en nuestro planeta.
Existen hipótesis sobre el papel del ARN, las fuentes hidrotermales, la química atmosférica, los minerales y los ambientes superficiales sometidos a ciclos de humedad y evaporación. Ninguna ha proporcionado todavía una explicación completa y universalmente aceptada.
El nuevo estudio de Cambridge no resuelve este misterio, pero introduce una restricción importante para una explicación que durante décadas había despertado especial interés: los cometas eran ricos en sustancias orgánicas, pero eso no implica que pudieran transportarlas eficazmente hasta los lugares donde surgió la vida.
Los investigadores tampoco descartan que los cometas aportaran agua, carbono u otros materiales al planeta. Su conclusión se refiere específicamente a la entrega de determinadas moléculas prebióticas intactas y en concentraciones suficientes para impulsar reacciones químicas.
La diferencia no es moco de pavo.
Quizá parte de los ingredientes de la vida llegaron a bordo de asteroides. Quizá muchos se fabricaron en la propia Tierra mediante procesos atmosféricos y geológicos. O quizá el origen de la vida fue el resultado de una combinación de mecanismos.
Lo que ahora parece bastante menos probable es que todo comenzara gracias a un gran cometa que, tras atravesar millones de kilómetros de espacio, aterrizó en el lugar preciso con una carga intacta de ingredientes milagrosos.
La vida pudo necesitar algo más complejo que una entrega procedente del cielo: un planeta capaz de fabricar, concentrar y transformar sus propias moléculas durante el tiempo necesario para convertir la química en biología.▪️
☄️ Cometas y origen de la vida: ocho preguntas con respuesta
¿Llegaron los ingredientes de la vida desde el espacio? ¿Qué papel desempeñaron los cometas y los asteroides? Estas son las respuestas a las principales incógnitas que plantea el nuevo estudio de la Universidad de Cambridge.
1. ¿Los cometas trajeron la vida a la Tierra?
No existen pruebas de que los cometas transportaran organismos vivos hasta nuestro planeta. La nueva investigación de Cambridge cuestiona otra hipótesis: que fueran una fuente importante de moléculas prebióticas capaces de favorecer el origen de la vida.
2. ¿Qué ha descubierto exactamente la Universidad de Cambridge?
Mediante 100.000 simulaciones del bombardeo cometario terrestre, los investigadores determinaron que la entrega de concentraciones útiles de cianuro de hidrógeno (HCN) fue extraordinariamente improbable. En el 54 % de los escenarios simulados, ningún cometa consiguió depositar una concentración suficiente de esta molécula sobre tierra firme.
3. ¿Por qué los cometas no podían transportar fácilmente moléculas orgánicas?
Porque las elevadas velocidades de entrada atmosférica, la fragmentación de los cometas y las temperaturas extremas de los impactos podían destruir sus compuestos. Incluso cuando algunas moléculas sobrevivían, el agua podía diluirlas rápidamente, impidiendo que alcanzaran concentraciones químicamente útiles.
4. ¿Qué es la química prebiótica?
Es el conjunto de procesos químicos anteriores a la aparición de la vida que pudieron generar y transformar moléculas orgánicas hasta dar lugar a los componentes necesarios para los primeros sistemas vivos.
5. ¿Por qué el cianuro de hidrógeno es importante para el origen de la vida?
Aunque es una sustancia tóxica para numerosos organismos actuales, el cianuro de hidrógeno (HCN) puede participar, bajo determinadas condiciones, en reacciones que producen compuestos relacionados con los azúcares, las bases nitrogenadas, los nucleótidos y otras moléculas fundamentales para la biología.
6. ¿Los asteroides pudieron aportar los ingredientes de la vida?
Sí, es una posibilidad respaldada por descubrimientos recientes. Las muestras del asteroide Bennu contienen aminoácidos, bases nitrogenadas y azúcares como la ribosa. En el asteroide Ryugu también se han identificado las cinco bases nitrogenadas utilizadas por el ADN y el ARN. Sin embargo, estos resultados no demuestran que los asteroides originaran la vida terrestre.
7. ¿Fue Marte más favorable que la Tierra para recibir moléculas prebióticas?
Según las simulaciones, Marte presentaba condiciones físicas más favorables para que los cometas conservaran sus moléculas durante los impactos, debido principalmente a su menor gravedad y a las características de su atmósfera. Esto no demuestra que la vida surgiera allí ni que los cometas fueran responsables de su posible aparición.
8. ¿Sabemos cómo apareció la vida en la Tierra?
Todavía no. Existen distintas hipótesis científicas sobre el papel de las moléculas orgánicas extraterrestres, la química atmosférica, el agua, los minerales y los ambientes geológicos. Ninguna explica por completo cómo la materia no viva dio lugar a los primeros organismos.
Fuentes científicas: Anslow y colaboradores, Scientific Reports (2026); investigaciones sobre las muestras de Bennu y Ryugu publicadas entre 2025 y 2026. Las conclusiones se basan en modelos científicos y no constituyen una demostración definitiva sobre el origen de la vida.
Información facilitada por la Universidad de Cambridge
Fuente: Anslow, R. J., McDonald, C. H., Bonsor, A. et al. Cometary impacts an unlikely pathway towards the origins of life on Earth. Scientific Reports (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-026-74214-y
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