Los monos también tienen amigos de otras especies: la clave evolutiva que explica por qué tenemos mascotas

Jugar con un cerdo, acicalar a un perro o incluso adoptar la cría de otra especie no es un comportamiento exclusivo de los humanos. Un sorprendente estudio revela que estas amistades entre primates y otros animales podrían esconder el origen evolutivo de nuestra relación con las mascotas.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un langur gris comparte espacio con un joven ciervo moteado o axis en la Reserva de Tigres de Pench (India), una de las alianzas más sorprendentes de la naturaleza.

Un langur gris comparte espacio con un joven ciervo moteado o axis en la Reserva de Tigres de Pench (India), una de las alianzas más sorprendentes de la naturaleza. Cortesía: @ishallphotograph

La pregunta que intriga a los científicos: ¿por qué los humanos tenemos mascotas?

Un macaco que acicala con paciencia a un perro callejero en Tailandia. Un grupo de langures que mima a una ardilla gigante en Sri Lanka. Un joven mono chato de Yunnan que juega con un cerdo doméstico en China. O un mono capuchino que adopta durante meses a una cría de tití en la selva brasileña.

A primera vista parecen escenas anecdóticas o incluso tiernas. Sin embargo, un equipo internacional de investigadores cree que podrían esconder una de las claves para entender por qué los seres humanos desarrollamos una relación tan especial con otros animales. Su conclusión es provocadora: algunos de los comportamientos que hoy asociamos con tener mascotas podrían ser mucho más antiguos que nuestra propia especie y formar parte del legado evolutivo compartido con otros primates.

Publicado en la revista Primates, el trabajo constituye la primera revisión científica global sobre las relaciones amistosas entre primates y otras especies. Los investigadores recopilaron 427 casos documentados, protagonizados por 88 especies de primates y 127 especies compañeras, entre ellas 55 especies no pertenecientes a este orden de mamíferos.

¿Los monos tienen mascotas?

El análisis combina observaciones publicadas en artículos científicos, registros audiovisuales y respuestas de especialistas de todo el mundo, lo que lo convierte en el estudio más amplio realizado hasta la fecha sobre este fenómeno.

Para los autores, estas relaciones no significan que los monos tengan mascotas en el sentido humano del término. Pero sí podrían representar algunos de los ladrillos evolutivos sobre los que, millones de años después, se construyó nuestra extraordinaria capacidad para convivir con perros, gatos y otros animales.

🗣️ «Los seres humanos han sido considerados durante mucho tiempo únicos por establecer relaciones sociales estrechas con otras especies —explica Cyril Grueter, profesor de Antropología de la Universidad de Oxford y autor principal del estudio. Y añade—: Nuestro trabajo demuestra que muchos primates también muestran una curiosidad extraordinaria, tolerancia e incluso conductas de cuidado hacia animales que no pertenecen a su especie. Estos comportamientos no equivalen a tener mascotas tal como lo entendemos hoy, pero podrían representar algunos de los bloques evolutivos a partir de los cuales surgió finalmente la compañía entre humanos y animales».

La idea resulta especialmente sugerente porque cuestiona una de las características que tradicionalmente se consideraban exclusivamente humanas.

Durante miles de años, los arqueólogos han encontrado enterramientos de perros junto a personas, evidencias de cuidados prolongados y señales de vínculos emocionales entre ambas especies. La domesticación comenzó hace al menos 17.000 años y transformó profundamente la historia humana. Pero el nuevo trabajo plantea una pregunta diferente: ¿y si la predisposición psicológica para establecer vínculos con otras especies existía mucho antes de que apareciera la domesticación?

Recreación artística de un grupo humano del Paleolítico compartiendo alimento con un cachorro de lobo, una escena que simboliza el nacimiento de uno de los vínculos más duraderos de la historia natural.

Recreación artística de un grupo humano del Paleolítico compartiendo alimento con un cachorro de lobo, una escena que simboliza el nacimiento de uno de los vínculos más duraderos de la historia natural. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Perros, ciervos, cerdos y ardillas: cuando la amistad rompe las barreras entre especies

En la naturaleza es frecuente que distintas especies convivan temporalmente. Algunos animales obtienen ventajas al desplazarse juntos: detectan antes a los depredadores, encuentran alimento con mayor facilidad o aprovechan los restos que dejan otros.

Sin embargo, las escenas recopiladas por el equipo de Oxford son distintas.

Aquí los primates no solo comparten espacio. También juegan, se acicalan mutuamente, se abrazan, transportan a otros animales, duermen juntos e incluso adoptan crías de otras especies sin que exista un beneficio evidente.

Entre los ejemplos más llamativos que recoge el artículo científico destacan los siguientes:

✅ Un grupo de macacos de cola corta en Tailandia que dedica largos periodos a limpiar el pelaje de perros domésticos.

✅ En Sri Lanka, unos langures grises acarician con extrema delicadeza a ardillas gigantes.

✅ En Madagascar, lémures de cola anillada acicalan a lémures del bambú.

✅ En China, jóvenes monos chatos blancos y negros convierten a los cerdos domésticos en improvisados compañeros de juegos.

¿Se comportan estos monos como si tuvieran mascotas?

Pero quizá el caso más extraordinario ocurrió en Brasil. Allí, unos monos capuchinos silvestres adoptaron una cría de tití común que permaneció integrada en el grupo durante unos diez meses. El pequeño primate fue transportado, protegido y cuidado por varias hembras adoptivas, que llegaron a tratarlo prácticamente como si fuera uno más de la familia.

Según los investigadores, este tipo de episodios representa el paralelismo más cercano conocido hasta ahora con una forma primitiva de tenencia de mascotas. Insisten en que los primates no tienen mascotas como los seres humanos, pero sí muestran algunos de los comportamientos —curiosidad, cuidado, juego y tolerancia— que pudieron facilitar la aparición de la compañía entre humanos y animales durante la evolución.

Las hembras cuidan y los jóvenes juegan

Además de reunir cientos de observaciones, los investigadores intentaron descubrir si existían patrones comunes.

Y sí los encontraron.

Las conductas más frecuentes fueron el juego (139 registros) y el acicalamiento o limpieza del pelaje (136 casos). Además, comprobaron que los protagonistas no se comportaban todos igual.

Las hembras adultas mostraban mucha mayor tendencia que los machos a establecer relaciones amistosas con animales de otras especies, especialmente mediante el acicalamiento. Los jóvenes, en cambio, preferían jugar.

No es una diferencia menor. También entre los primates de la misma especie las hembras suelen asumir el cuidado social del grupo, mientras que las crías y los juveniles emplean el juego para desarrollar habilidades motoras, cognitivas y sociales.

Los resultados sugieren que estos patrones también se extienden cuando el compañero pertenece a otra especie.

Curiosamente, los científicos esperaban encontrar una preferencia clara por interactuar con animales jóvenes —cuyos rasgos infantiles suelen despertar respuestas de cuidado—, pero los datos no respaldaron esa hipótesis. Los primates mostraban el mismo interés por individuos adultos que por juveniles de otras especies.

Otro resultado llamativo es que, cuando fue posible identificar quién iniciaba el contacto, en dos de cada tres ocasiones eran los propios primates quienes daban el primer paso. Las otras especies apenas iniciaban estas relaciones espontáneamente.

Para los autores, este dato refleja la elevada flexibilidad social, curiosidad y capacidad exploratoria característica de muchos primates.

Diversas escenas documentadas por los investigadores muestran que las relaciones amistosas entre primates y otras especies son mucho más frecuentes de lo que se pensaba.

Diversas escenas documentadas por los investigadores muestran que las relaciones amistosas entre primates y otras especies son mucho más frecuentes de lo que se pensaba. Desde monos que acicalan a otros primates, perros o lémures, hasta langures que acarician ardillas, macacos que interactúan con ciervos o jóvenes monos que juegan con cerdos, estas sorprendentes conductas podrían representar algunos de los primeros pasos evolutivos que, millones de años después, desembocaron en la relación entre los seres humanos y sus mascotas. Cortesía: Grueter, C. C., Roncin, F., Nekaris, K. Al. et al.

No todas las amistades acaban bien

No todas las historias recopiladas por el equipo de Oxford tienen un final feliz. La misma curiosidad que lleva a algunos primates a cuidar o jugar con animales de otras especies puede transformarse en comportamientos torpes o incluso peligrosos.

Los investigadores identificaron trece casos confirmados en los que el animal compañero murió como consecuencia de estas interacciones. En la mayoría de los episodios no existía intención depredadora. Más bien parecía tratarse de una mezcla de exceso de manipulación, falta de experiencia o un instinto de cuidado mal dirigido. Entre las víctimas había aves, pangolines, un gato doméstico y tres primates.

Uno de los ejemplos más llamativos describe a tres hembras de mono araña que se turnaban para transportar una cría de mono aullador. Cada una intentaba arrebatársela a la otra tirando de sus extremidades, hasta que el pequeño terminó muriendo poco después. En otro caso documentado, un babuino hamadrias macho, en Arabia Saudí, pasó largos periodos cargando consigo un cachorro de perro que aparentemente había secuestrado.

Estos episodios recuerdan que las relaciones entre especies son complejas y que comportamientos aparentemente afectuosos pueden tener consecuencias negativas cuando los animales no comprenden las necesidades de su inesperado compañero.

La empatía no entiende de especies

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que los investigadores creen que estas conductas pueden ayudar a comprender el origen evolutivo de capacidades tan complejas como la empatía y la flexibilidad social:

1️⃣ La empatía es la capacidad de reconocer y comprender el estado emocional de otro individuo y responder de forma adecuada, ya sea ofreciendo ayuda, protección o consuelo. En los seres humanos constituye uno de los pilares de la vida social, pero también se ha observado, en distintos grados, en numerosos animales, especialmente entre los primates.

2️⃣ La flexibilidad social, por su parte, es la habilidad para adaptar el comportamiento a situaciones nuevas y establecer relaciones con individuos diferentes, incluso pertenecientes a otros grupos o especies. Ambas capacidades favorecen la cooperación, reducen los conflictos y permiten crear vínculos que van más allá de los estrictamente necesarios para sobrevivir. Precisamente por ello, los investigadores consideran que pudieron desempeñar un papel clave en la evolución de la extraordinaria relación que hoy mantienen los seres humanos con sus mascotas.

En la mayoría de los animales, las relaciones positivas se limitan casi exclusivamente a miembros de la propia especie. Sin embargo, algunos primates parecen capaces de extender esa habilidad de cooperación, curiosidad o cuidado a individuos completamente diferentes.

Según el trabajo, esta disposición podría haber constituido un requisito previo para que, mucho tiempo después, nuestros antepasados establecieran vínculos duraderos con lobos, gatos salvajes y otras especies que acabarían domesticándose.

Los autores también observaron que estas amistades aparecen con mayor frecuencia entre especies relativamente próximas desde el punto de vista evolutivo, probablemente porque comparten formas similares de comunicación, expresiones corporales o comportamientos sociales. No obstante, existen numerosas excepciones sorprendentes, especialmente cuando entran en escena perros, ciervos o cerdos.

¿Qué tiene esto que ver con nuestras mascotas?

Los científicos son muy prudentes y evitan afirmar que un mono tenga una mascota igual que un ser humano.

La diferencia fundamental es que nuestras relaciones con los animales suelen ser estables, prolongadas y, en muchos casos, implican domesticación. Además, las personas proporcionan alimento, refugio y cuidados continuados durante toda la vida del animal.

Sin embargo, algunos casos observados en primates se acercan de forma llamativa a esa definición.

El ejemplo más sólido es el del tití adoptado por un grupo de capuchinos salvajes en Brasil. Durante casi un año, el pequeño fue aceptado por el grupo, recibió cuidados maternales y permaneció integrado en su vida cotidiana. Los investigadores consideran que este tipo de adopciones constituye el paralelismo más cercano conocido con una forma primitiva de tenencia de mascotas.

El estudio también recuerda casos muy conocidos en cautividad, como el de Koko, la famosa gorila que estableció un estrecho vínculo afectivo con un gatito llamado All Ball, al que acunaba, protegía y acicalaba como si fuera una cría propia. Aunque este ejemplo no formó parte del análisis estadístico principal, ilustra hasta qué punto algunos grandes simios pueden desarrollar fuertes lazos emocionales con animales completamente distintos.

Un langur gris acaricia con extraordinaria delicadeza a una ardilla gigante en el Parque Nacional de Yala (Sri Lanka), una muestra de las inesperadas relaciones de confianza que pueden surgir entre especies distintas.

Un langur gris acaricia con extraordinaria delicadeza a una ardilla gigante en el Parque Nacional de Yala (Sri Lanka), una muestra de las inesperadas relaciones de confianza que pueden surgir entre especies distintas. Cortesía: Universidad de Oxford

Aplicaciones para la conservación y el bienestar animal

Más allá de la curiosidad científica, los autores creen que estos resultados pueden tener aplicaciones prácticas.

Comprender qué especies muestran mayor facilidad para establecer relaciones positivas con otras puede ayudar a diseñar mejor los grupos mixtos en zoológicos, centros de rescate y santuarios de fauna silvestre.

También podría facilitar la rehabilitación de animales huérfanos o socialmente aislados y mejorar su bienestar.

🗣️ «Comprender por qué algunas especies establecen con facilidad relaciones positivas con otras podría ayudar a mejorar la gestión de grupos de especies mixtas en zoológicos y santuarios —señala Grueter. Y añade—: En un sentido más amplio, estos hallazgos aportan nuevos conocimientos sobre la evolución de la empatía, la flexibilidad social y la extraordinaria capacidad de los primates para relacionarse con animales que no pertenecen a su propia especie».

El investigador añade que muchas de estas escenas se han considerado durante décadas simples curiosidades anecdóticas. Sin embargo, vistas en conjunto cuentan una historia completamente distinta.

Por ello, el equipo espera que, a partir de ahora, los primatólogos registren este tipo de encuentros de forma mucho más sistemática durante los estudios de campo de larga duración.

Una ventana al pasado de nuestra propia naturaleza

Durante mucho tiempo se pensó que la necesidad humana de convivir con animales respondía solo a la domesticación o a ventajas prácticas como la caza, la vigilancia o el transporte.

Este trabajo invita a contemplar una posibilidad mucho más profunda.

Quizá la fascinación por otras especies, el impulso de cuidarlas y la capacidad de establecer vínculos emocionales con ellas no surgieron de repente cuando domesticamos al primer lobo. Tal vez esos rasgos ya estaban presentes, de forma embrionaria, en algunos de nuestros antepasados evolutivos.

Miles de generaciones antes de que existieran las primeras aldeas, los primeros perros o incluso nuestra propia especie, otros primates ya parecían demostrar que la amistad, en ocasiones, puede cruzar la barrera entre especies.

Y esa vieja inclinación, nacida probablemente de la curiosidad, el juego y el cuidado mutuo, podría explicar por qué hoy millones de personas consideran a un perro, un gato o incluso un conejo como un miembro más de la familia.▪️(30-julio-32026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Los científicos analizaron 427 casos de relaciones amistosas entre 88 especies de primates y 127 especies animales, convirtiéndolo en el estudio más completo realizado hasta la fecha sobre este comportamiento.
  • Muchos monos y grandes simios juegan, acicalan, abrazan, transportan e incluso adoptan animales de otras especies, como perros, cerdos, ciervos, ardillas o titíes.
  • Los investigadores creen que estas conductas podrían representar los primeros pasos evolutivos que, millones de años después, dieron lugar a la relación entre los seres humanos y sus mascotas.
  • Las hembras adultas muestran más comportamientos de cuidado, mientras que los jóvenes interactúan principalmente mediante el juego, un patrón similar al observado dentro de sus propias especies.
  • Los hallazgos ayudan a comprender mejor la evolución de la empatía, la flexibilidad social y la convivencia entre especies, y podrían tener aplicaciones en la conservación y el bienestar animal.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Monos y Mascotas

🐒 ¿Los monos tienen mascotas?

No exactamente. El estudio concluye que algunos primates muestran comportamientos similares al cuidado de mascotas, como jugar, acicalar o incluso adoptar animales de otras especies, pero no desarrollan relaciones estables equivalentes a las humanas.

🐒 ¿Qué descubrió el estudio?

Analizó 427 casos documentados de interacciones amistosas entre primates y otras especies y encontró que estos comportamientos son mucho más frecuentes y diversos de lo que se pensaba.

🐒 ¿Qué animales aparecen en el estudio?

Entre otros:

  • perros

  • ciervos

  • cerdos

  • ardillas gigantes

  • titíes

  • lémures

  • aves

  • gatos

🐒 ¿Por qué este estudio es importante?

Porque sugiere que la capacidad de establecer vínculos positivos con otras especies podría haber evolucionado antes de la aparición del ser humano moderno.

🐒 ¿Qué implicaciones tiene para la ciencia?

Los resultados ayudan a comprender la evolución de la empatía, la cooperación, la domesticación y las relaciones entre humanos y animales, además de ofrecer aplicaciones para el bienestar animal y la conservación.

Anterior
Anterior

Astrónomos descubren cómo la glotonería de un agujero acabó en una indigestión cósmica

Siguiente
Siguiente

La civilización perdida del Amazonas que albergó millones de personas y cambió para siempre la selva