Los químicos de las pantallas LCD ya están en el cerebro de delfines y marsopas: la nueva amenaza invisible de los residuos electrónicos
Los compuestos químicos que hacen funcionar móviles, televisores y ordenadores están llegando hasta el cerebro de delfines y marsopas. Un estudio científico revela que los residuos electrónicos ya circulan por la cadena alimentaria marina y abren una nueva frontera de contaminación invisible en los océanos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Delfines nadan sobre un fondo marino en esta imagen artística donde se acumulan dispositivos y componentes electrónicos: los químicos de las pantallas y del llamado e-waste ya han sido detectados en tejidos y cerebros de cetáceos, según nuevas investigaciones científicas. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Los residuos electrónicos no solo se acumulan en vertederos o viajan en barcos hacia países con legislaciones laxas. También terminan, silenciosamente, en el tejido graso y el cerebro de algunos de los mamíferos marinos más emblemáticos del planeta.
Un estudio reciente publicado en Environmental Science & Technology ha detectado por primera vez que los monómeros de cristal líquido —compuestos esenciales en la fabricación de pantallas LCD— se acumulan en el organismos de delfines y marsopas del mar de China Meridional. Y no solo esto, sino que atraviesan la barrera hematoencefálica y alteran la expresión genética de sus células.
La investigación, liderada por equipos de la City University de Hong Kong y la Universidad de Shantou, pone el foco en una familia de sustancias apenas conocida fuera del ámbito químico: los monómeros de cristal líquido (LCM). Estos compuestos forman parte del corazón tecnológico de los televisores, los ordenadores y los teléfonos móviles con pantallas de cristal líquido o LCD. Su estructura química les confiere propiedades muy apreciadas por la industria, como son estabilidad, resistencia y comportamiento óptico preciso, pero también otras menos deseables: persistencia ambiental, afinidad por las grasas y potencial toxicidad.
De los móviles al océano: cómo llegan estos químicos al mar
El crecimiento exponencial de la electrónica de consumo ha disparado tanto la producción de paneles LCD como el volumen de residuos electrónicos. Se estima que en los próximos años se desecharán decenas de millones de toneladas anuales de dispositivos con estas pantallas. Cuando se rompen, se incineran o se gestionan de forma inadecuada, y los LCM pueden liberarse al medioambiente.
Desde 2019, diversos trabajos habían documentado su presencia en el polvo doméstico, el aire de espacios interiores, las aguas residuales y los sedimentos. También se habían detectado en peces e invertebrados marinos, e incluso en el suero y la leche de las mujeres.
Sin embargo, faltaba una pieza clave del rompecabezas: saber si estos compuestos estaban escalando la cadena trófica hasta alcanzar a los grandes depredadores marinos.
Detectados en el cerebro de delfines y marsopas
El nuevo estudio, publicado en la revista Environmental Science & Technology, analiza tejidos de dos cetáceos costeros protegidos: el delfín rosado de Hong Kong (Sousa chinensis) y la marsopa negra (Neophocaena phocaenoides), recogidos entre 2007 y 2021 en el estuario del río Perla y el norte del mar de China Meridional. Se trata de una de las regiones más industrializadas del planeta y, al mismo tiempo, un hábitat crítico para estas especies.
Los investigadores examinaron 62 monómeros diferentes y detectaron 38 en al menos una de las muestras analizadas . Aparecieron en la grasa (blubber o grasa de ballena), los músculos, el hígado, los riñones y, de forma especialmente inquietante, en el cerebro.
🗣️ «Nuestra investigación revela que los monómeros de cristal líquido procedentes de los dispositivos electrónicos cotidianos no son solo contaminación: se están acumulando en los cerebros de delfines y marsopas en peligro de extinción —subraya Yuhe He, investigador de la City University de Hong Kong y autor de correspondencia del estudio. Y añade—: Este es un toque de atención: los productos químicos que alimentan nuestros dispositivos están infiltrándose ahora en la vida marina, y debemos actuar de inmediato sobre los residuos electrónicos para proteger la salud de los océanos y, en última instancia, la nuestra».
El valor de los metales contenidos en los residuos electrónicos en China podría alcanzar los 23.800 millones de dólares en 2030, según Greenpeace Asia Oriental: una riqueza recuperable mediante reciclaje y “minería urbana”, con menor coste ambiental que la extracción tradicional de mineral. Cortesía: Greenpeace
La grasa como almacén, el cerebro como señal de alarma
Como ocurre con otros contaminantes orgánicos persistentes, los LCM mostraron una clara preferencia por los tejidos ricos en lípidos. Las concentraciones más altas se encontraron en la grasa subcutánea, que actúa como un gran depósito químico. En delfines, la media total de monómeros de cristal líquido en los tejidos alcanzó 53,6 nanogramos por gramo de peso seco; en marsopas, 32,7 nanogramos.
Pero el hallazgo más relevante no fue la acumulación en grasa, sino su presencia en el cerebro. No son muchas las sustancias capaces de atravesar la barrera hematoencefálica en mamíferos marinos. Hasta ahora, ese privilegio estaba reservado a contaminantes clásicos, como los bifenilos policlorados o PCB y algunos retardantes de llama, sustancias químicas que se añaden a materiales como plásticos, textiles, muebles o aparatos electrónicos para reducir su inflamabilidad y ralentizar la propagación del fuego.
La detección de monómeros de cristal líquido en el tejido cerebral sugiere que estos compuestos también tienen la capacidad de infiltrarse en el sistema nervioso a través de la citada barrera hematoencefálica, el sistema de protección formado por células que recubren los vasos sanguíneos del cerebro y que impide que muchas sustancias del torrente sanguíneo entren en el tejido cerebral.
Aunque el estudio no demuestra daños neurológicos directos en los animales, sí enciende una luz roja: si atraviesan la barrera que protege el cerebro, su potencial impacto puede ir más allá de lo que se pensaba.
Un rastro que conduce a los televisores
Para rastrear el origen de estos compuestos, el equipo utilizó modelos estadísticos de atribución de fuentes. El perfil químico encontrado en los cetáceos coincidía estrechamente con el de pantallas LCD comerciales, tanto de televisores como de ordenadores y teléfonos.
La correlación fue especialmente alta con formulaciones empleadas por determinadas marcas de pantallas.
El patrón sugiere que los LCM liberados por dispositivos electrónicos, ya sea durante su uso, su reciclaje o su eliminación, acaban en el medio marino, probablemente a través de las aguas residuales y escorrentías las urbanas. Desde allí, pasan a invertebrados y peces que forman parte de la dieta de delfines y marsopas. La cadena alimentaria hace el resto.
El problema creciente de los residuos electrónicos
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es el análisis temporal en grasa de marsopas entre 2007 y 2021. Las concentraciones totales de LCM aumentaron hasta 2015, se estabilizaron unos años y comenzaron a descender a partir de 2017.
Los autores relacionan esta evolución con la transición tecnológica: el progresivo reemplazo de pantallas LCD por tecnologías LED y OLED en la región Asia-Pacífico. Sin embargo, advierten de que la enorme cantidad de dispositivos antiguos en circulación y el crecimiento continuo de los residuos electrónicos podrían mantener la presión ambiental durante años. Sin ir más lejos, el Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas o PNUMA calcula que en todo el mundo se generan cerca de 50 millones de toneladas de aparatos electrónicos que son desechados anualmente.
El estudio también detectó diferencias entre sexos: en contra de lo observado con otros contaminantes, las hembras adultas presentaban concentraciones mayores que los machos . Las razones no están claras y apuntan a una toxicocinética compleja que requiere más investigación.
Distribución de los químicos de pantallas LCD (monómeros de cristal líquido) en distintos órganos de delfines y marsopas del mar de China Meridional: el gráfico muestra que estos compuestos se concentran sobre todo en la grasa, pero también aparecen en músculo y cerebro, lo que confirma su acumulación en el organismo. Cortesía: American Chemical Society
Qué efectos pueden tener en los animales marinos
Para ir más allá de la mera detección, el equipo cultivó células dérmicas y renales de un cetáceo y las expuso a ocho de los LCM más frecuentes. El análisis transcriptómico —que examina qué genes se activan o desactivan— reveló alteraciones significativas en rutas relacionadas con el daño en el ADN, la regulación del ciclo celular y la proliferación celular .
Algunos compuestos redujeron la viabilidad celular a concentraciones relativamente elevadas. Otros suprimieron genes implicados en la replicación del ADN y en la división celular. Aunque los experimentos se realizaron en células de un único individuo —una limitación reconocida por los autores—, los resultados apuntan a un posible riesgo para órganos como el riñón o el sistema nervioso.
En conjunto, los datos sugieren que los monómeros de cristal líquido podrían actuar como disruptores endocrinos o interferir en procesos celulares básicos, de forma similar a otros contaminantes persistentes ya regulados.
Un contaminante emergente en un mar saturado
Las concentraciones de LCM detectadas son inferiores a las de contaminantes históricos como los DDT o los PCB en la misma región . Pero eso no significa que su impacto sea irrelevante. Se trata de compuestos relativamente nuevos, cuya producción ha crecido en paralelo a la revolución digital.
Además, los cetáceos no están expuestos a una sustancia aislada, sino a un cóctel de contaminantes: PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas), retardantes de llama, metales pesados y microplásticos. La interacción entre todos ellos podría generar efectos aditivos o sinérgicos aún desconocidos.
Los autores reclaman que los monómeros de cristal líquido sean considerados contaminantes emergentes de preocupación y que se refuerce la regulación del reciclaje y la gestión de residuos electrónicos. También piden el desarrollo de alternativas químicas más seguras en el diseño de las pantallas de dispositivos digitales.
Por qué también puede afectar a los humanos
Aunque el estudio se centra en cetáceos del mar de China Meridional, sus implicaciones trascienden fronteras. Los mismos compuestos se han detectado en polvo doméstico y en seres humanos. Si circulan por la cadena alimentaria marina, cabe preguntarse qué ocurre en otras regiones del mundo con alta densidad tecnológica y mala gestión de residuos.
Los delfines y las marsopas, como depredadores superiores y especies longevas, actúan como centinelas del estado químico del océano. Que en su grasa y su cerebro aparezcan moléculas diseñadas para hacer funcionar nuestras pantallas LCD es un recordatorio incómodo de la huella invisible de la era digital.
En última instancia, el hallazgo plantea una pregunta de fondo: ¿qué precio ambiental estamos dispuestos a pagar por renovar cada pocos años el dispositivo que llevamos en el bolsillo? La respuesta, como muestran estos animales varados en una costa industrializada, puede estar escrita en el lenguaje silencioso de sus genes.▪️(26-febrero-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: E-waste y delfines
🐬 ¿Qué son los monómeros de cristal líquido?
Son compuestos químicos usados en pantallas LCD de televisores, móviles y ordenadores. Se consideran contaminantes emergentes porque pueden persistir en el medio ambiente y acumularse en organismos vivos.
🐬 ¿Por qué se han encontrado en delfines?
Porque los residuos electrónicos liberan estos compuestos al agua y al aire. Después pasan a peces e invertebrados que forman parte de la dieta de los cetáceos.
🐬 ¿Pueden afectar al cerebro?
Sí. El estudio demuestra que pueden atravesar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro, lo que plantea posibles riesgos neurológicos.
🐬 ¿Pueden afectar a humanos?
Aún se investiga, pero los científicos creen que podría haber exposición a través del medio ambiente y la cadena alimentaria.
Información facilitada por la Sociedad Estadounidense de Química
Fuente: Danyang Tao, Chengzhang Li, Yajing Sun, Yuefei Ruan, Qianqian Jin, Jiaji Sun, Yichun Lu, Brian C. W. Kot, Paul K. S. Lam, Fengchang Wu, Jia He, John P. Giesy, Kurunthachalam Kannan, Bo Liang, Wenhua Liu, Lin Zhang, Yunsong Mu, Kenneth M. Y. Leung, and Yuhe He. Liquid Crystal Monomers Released from LCD Displays Accumulate in Endangered Marine Cetaceans Triggering Health Concerns. Environmental Science & Technology (2026). DOI: 10.1021/acs.est.5c17767

