Los simios y los humanos llevamos 15 millones de años compartiendo la risa

Mucho antes de que existiera el lenguaje, nuestros antepasados ya compartían una carcajada. Un equipo de científicos ha descubierto que el ritmo básico de la risa en los grandes simios y los seres humanos apenas ha cambiado en los últimos 15 millones de años, un hallazgo que aporta nuevas pistas sobre el origen del habla humana.

Por Enrique Coperías, periodista científico

¡Oo, oo!… ¡Ja, ja! La risa no es exclusivamente humana. Un nuevo estudio sugiere que humanos, chimpancés y orangutanes comparten un sistema de comunicación basado en la risa que se originó hace al menos 15 millones de años, mucho antes de la aparición de nuestra especie. Crésdito: IA-DALL-E-Rexmolón Producciones

Una carcajada espontánea parece uno de los gestos más naturales que existen. Basta una broma inesperada, unas cosquillas o una escena absurda para que el cuerpo responda casi automáticamente con una sucesión de sonidos entrecortados. Reír es tan cotidiano que rara vez nos preguntamos de dónde procede esa capacidad. Sin embargo, la respuesta obliga a retroceder millones de años, hasta un momento en el que los seres humanos ni siquiera existían.

Un estudio publicado en la revistaCommunications Biology acaba de descubrir que los grandes simios —chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes— y los seres humanos compartimos el mismo patrón rítmico básico de la risa desde hace al menos 15 millones de años. Es decir, mucho antes de la aparición del género Homo, nuestros antepasados ya se reían siguiendo un compás sorprendentemente parecido al actual.

El hallazgo no solo aporta una nueva perspectiva sobre la evolución de la risa. También ofrece una pista inesperada para comprender uno de los mayores enigmas de la evolución humana: cómo apareció el habla.

La risa, un «fósil sonoro» que nunca pudo fosilizar

El origen del lenguaje ha desconcertado durante décadas a antropólogos, lingüistas y neurocientíficos. A diferencia de los huesos o las herramientas de piedra, los sonidos no dejan rastro en el registro fósil. Nadie puede saber cómo hablaban —o si hablaban— los homínidos extinguidos hace millones de años.

Por eso los investigadores recurrieron a una estrategia diferente: estudiar una vocalización mucho más antigua que el lenguaje y que sigue presente en todos nuestros parientes vivos.

🗣️ «La capacidad humana para hablar no deja fósiles y el lenguaje complejo solo existe en nuestra especie. Pero hemos encontrado una pista de hace 15 millones de años en un lugar inesperado: nuestra risa», explica Chiara De Gregorio, investigadora honoraria del Departamento de Psicología de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, y autora principal del trabajo.

A diferencia del habla, la risa está presente en todas las especies actuales de grandes simios y en los seres humanos. Compararlas permite reconstruir cómo evolucionó el control de las vocalizaciones mucho antes de que apareciera el lenguaje.

Cómo analizaron la risa de humanos y grandes simios

Para ello, el equipo analizó grabaciones de diecisiete individuos pertenecientes a las cinco especies: cuatro orangutanes, dos gorilas, tres bonobos, cuatro chimpancés y cuatro niños humanos. En total estudiaron 140 secuencias de risa, registradas tanto durante situaciones de juego como mientras los animales y los niños recibían cosquillas.

Sin embargo, los investigadores no se fijaron tanto en el sonido como en el tiempo. Midieron con precisión los intervalos entre cada uno de los ja, los ha o las exhalaciones que forman una carcajada para averiguar si seguían un patrón regular o cambiaban de forma impredecible.

El resultado fue sorprendente: todas las especies compartían una misma estructura rítmica.

En términos musicales podría decirse que todas se ríen siguiendo un compás muy parecido. Los intervalos entre una emisión y la siguiente aparecen distribuidos de forma extraordinariamente regular, un patrón conocido como isocronía.

Según los autores, esa regularidad ya estaba presente en el ancestro común de todos los grandes simios y ha permanecido prácticamente inalterada durante unos 15 millones de años. Se trata de un rasgo evolutivo excepcionalmente conservado.

Así suenen las risas de un orangután, un bonobo, un chimpancé y un gorila, grabadas por los autores del estudio:

Orangutan-Laugh.-Credit-Dr-Marina-Davila-Ross.m4a
Bonobo-Laugh.-Credit-Dr-Marina-Davila-Ross.m4a
Chimp-Laugh.-Credit-Dr-Marina-Davila-Ross.m4a
Gorilla-Laugh.-Credit-Dr-Marina-Davila-Ross.m4a

La risa evolucionó, pero sin perder sus raíces

Que el patrón básico se haya mantenido durante tanto tiempo no significa que la risa humana sea idéntica a la de un chimpancé o un orangután. El estudio muestra precisamente lo contrario: sobre una misma base heredada, nuestra especie ha desarrollado una capacidad mucho mayor para modular y controlar sus carcajadas.

Los investigadores comprobaron que, a medida que avanzó la evolución de los homínidos, la risa fue acelerándose y haciéndose cada vez más variable. Los seres humanos representan el punto culminante de esa tendencia.

Nuestra risa es más rápida, cambia continuamente de ritmo y, sobre todo, puede adaptarse a las circunstancias sociales de una manera que no se observa en los demás grandes simios.

Los autores comprobaron que nosotros modificamos la velocidad y el patrón de nuestras carcajadas según el contexto. No nos reímos igual cuando alguien nos hace cosquillas que cuando respondemos con una risa de cortesía en una reunión de trabajo, tratamos de aliviar la tensión tras cometer un error o compartimos una carcajada contagiosa entre amigos.

En cambio, los chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes mantienen prácticamente el mismo ritmo independientemente de la situación.

Para De Gregorio, esta continuidad evolutiva resulta fascinante: «Al comparar cómo ríen las distintas especies vemos que la estructura rítmica básica ha permanecido inalterada desde nuestro último ancestro común. Eso resulta extraordinario».

Los chimpancés utilizan una risa característica durante el juego y las interacciones sociales.

Los chimpancés utilizan una risa característica durante el juego y las interacciones sociales. Aunque suena diferente a la humana, comparte un mismo origen evolutivo que se remonta al ancestro común de humanos y grandes simios, hace unos 15 millones de años. Foto de Manuel Velasquez en Unsplash

Qué tiene que ver la risa con el origen del lenguaje

Pero ¿por qué resulta tan importante descubrir estas diferencias? Porque controlar cuándo, cómo y con qué ritmo se emiten los sonidos constituye uno de los pilares sobre los que se construye el lenguaje.

Hablar exige coordinar con enorme precisión la respiración, la laringe, la lengua, los labios y numerosos músculos faciales. Esa sofisticada coordinación motora no apareció de repente cuando surgió nuestra especie.

Según los autores, la evolución de la risa revela que el control voluntario de las vocalizaciones fue aumentando poco a poco durante millones de años.

🗣️ «Es imposible evaluar directamente las formas precursoras del lenguaje en nuestros antepasados extinguidos —comenta Adriano Lameira, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Warwick. Y continúa—: La risa, al ser evolutivamente mucho más antigua y compartida por todos los grandes simios actuales, nos proporciona una ventana excepcional para observar las transformaciones vocales que se produjeron durante la evolución de los homínidos hasta la aparición de los primeros seres humanos».

Para el investigador, los resultados cuestionan una idea muy arraigada en la paleoantropología: «Contrariamente a la visión clásica de que los primeros humanos adquirieron de repente unas capacidades de control vocal completamente distintas a las de sus antepasados, la evolución de la risa nos dice que los humanos formamos parte de un continuo evolutivo, una prolongación de unas capacidades de control vocal que llevaban perfeccionándose de manera gradual desde hacía 15 millones de años».

En otras palabras, el lenguaje no habría surgido como una innovación repentina, sino como el resultado final de un largo proceso evolutivo.

Las cosquillas conservan una risa más antigua

Uno de los hallazgos más curiosos del estudio apareció al comparar dos tipos de carcajadas aparentemente muy parecidas.

Las provocadas por las cosquillas resultaron mucho más regulares que las emitidas durante el juego espontáneo.

La explicación está quizá en la propia mecánica corporal. Cuando dos individuos juegan, corren, forcejean, se empujan o cambian constantemente de postura, la respiración también se vuelve irregular. Ese movimiento altera el ritmo natural de las exhalaciones y, con él, el de la risa.

Las cosquillas, en cambio, producen una sucesión mucho más estable de respiraciones y vocalizaciones, permitiendo observar con mayor claridad el patrón rítmico heredado de nuestros ancestros.

Para los investigadores, esa risa casi automática constituye una especie de fósil viviente del sistema vocal de los antiguos homínidos.

Es mucho más que una expresión de alegría

Aunque solemos asociarla al humor, la risa desempeña funciones sociales mucho más profundas.

En los grandes simios aparece sobre todo durante el juego, y ayuda a comunicar que una persecución, un mordisco o un forcejeo forman parte de una interacción amistosa y no representan una amenaza real. Funciona como una señal que mantiene la cooperación y evita malentendidos.

Los seres humanos conservamos esa función ancestral, pero la hemos enriquecido enormemente.

Una carcajada puede expresar felicidad, reforzar vínculos sociales, aliviar una situación incómoda, transmitir complicidad, mostrar nerviosismo o incluso servir como herramienta de comunicación sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Precisamente esa enorme flexibilidad emocional parece estar relacionada con el mayor control vocal que describe el estudio.

Los orangutanes también producen vocalizaciones similares a la risa cuando juegan o reciben cosquillas. Estas expresiones forman parte de un antiguo sistema de comunicación emocional que la evolución ha conservado en nuestra familia de primates.

Los orangutanes también producen vocalizaciones similares a la risa cuando juegan o reciben cosquillas. Estas expresiones forman parte de un antiguo sistema de comunicación emocional que la evolución ha conservado en nuestra familia de primates. Foto de Caleb Jack en Unsplash

Los grandes simios controlan su voz mucho mejor de lo que se creía

Las conclusiones también respaldan una idea que está ganando peso entre los especialistas en comunicación animal.

Durante décadas predominó la visión de que los grandes simios apenas podían controlar voluntariamente sus vocalizaciones y que solo los seres humanos habían desarrollado esa capacidad.

Sin embargo, cada vez más investigaciones están desmontando esa frontera.

El primatólogo Simon Townsend, de la Universidad de Zúrich, que no participó en el estudio, considera en declaraciones a la revista Nature que estos resultados «encajan con un creciente conjunto de evidencias que sugieren que nuestros parientes vivos más cercanos, los primates y especialmente los grandes simios, poseen un control sobre su sistema vocal mucho mayor del que se pensaba hasta ahora».

Cada nuevo descubrimiento reduce un poco más la distancia que tradicionalmente hemos trazado entre nuestra especie y el resto de los grandes simios.

Una carcajada que conecta 15 millones de años de evolución

La próxima vez que una risa espontánea estalle en una reunión familiar, durante una conversación entre amigos o tras unas simples cosquillas, quizá convenga escucharla de otra manera.

Ese sonido aparentemente trivial podría ser uno de los comportamientos más antiguos que seguimos compartiendo con nuestros parientes evolutivos.

Mucho antes de inventar palabras, escribir poemas o mantener conversaciones, nuestros antepasados ya utilizaban un patrón rítmico que ha sobrevivido prácticamente intacto durante quince millones de años.

El lenguaje puede ser una conquista exclusivamente humana. Pero, según este nuevo estudio, la música que sostiene nuestras carcajadas empezó a sonar muchísimo antes de que pronunciáramos la primera palabra.▪️(26-junio-2026)

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Risa y Homínidos

🦧 ¿Los chimpancés y otros grandes simios se ríen?

Sí. Chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes producen vocalizaciones equivalentes a la risa, especialmente durante el juego y las cosquillas.

🦧 ¿Qué es la isocronía de la risa?

Es un patrón rítmico en el que los intervalos entre las vocalizaciones son regulares. El estudio demuestra que este patrón existe en todos los grandes simios.

🦧 ¿Por qué la risa puede ayudar a explicar el origen del lenguaje?

Porque refleja el grado de control que los animales tienen sobre su aparato vocal. La investigación sugiere que ese control fue aumentando gradualmente durante millones de años hasta hacer posible el habla humana.

🦧 ¿Cuántos millones de años tiene este patrón de risa?

Los investigadores estiman que ya existía hace aproximadamente 15 millones de años, en el ancestro común de todos los grandes simios actuales.

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • La risa de humanos y grandes simios comparte el mismo patrón rítmico básico desde hace unos 15 millones de años.

  • El estudio analizó 140 secuencias de risa de orangutanes, gorilas, bonobos, chimpancés y niños humanos.

  • La risa humana evolucionó para ser más rápida, más variable y adaptarse al contexto social.

  • Los resultados apoyan la idea de que el lenguaje surgió mediante una evolución gradual del control vocal.

  • La investigación se publica en la revista científica Communications Biology.

  • Información facilitada por la Universidad de Warwick

  • Fuente: De Gregorio, C., Davila-Ross, M. & Lameira, A. R. Rhythm and timing in laughter reveal that human vocal plasticity falls on a hominid continuum. Communications Biology (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s42003-026-10499-z

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