Por qué cada persona percibe los colores de forma diferente en las pantallas modernas

Dos pantallas ajustadas para mostrar el mismo blanco pueden parecer idénticas a un espectador y distintas a otro. Un estudio explica por qué algunas tecnologías modernas acentúan esas diferencias, incluso entre personas que no padecen daltonismo.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La cuadrícula recrea una simulación de cómo pueden cambiar los colores de una misma pantalla según la sensibilidad de cada persona a la luz roja o verde.

La cuadrícula ilustra cómo pueden cambiar los colores de una pantalla según la sensibilidad del observador a distintas longitudes de onda. Imagen generada con IA a partir de una simulación de Andy Rider y Andrew Stockman, del Instituto de Oftalmología del University College de Londres

Cuando los presentes en una reunión de trabajo compararon las imágenes de dos proyectores de cine colocados uno junto al otro, todos coincidieron en que los colores se veían iguales, salvo un profesional del sector, que los veía muy distintos. John Frith, consultor en tecnologías de visualización, trasladó el caso a un equipo del Instituto de Oftalmología del University College de Londres (UCL). Cuando los investigadores examinaron al profesional, descubrieron que tenía una deficiencia en la visión del rojo y el verde que había pasado inadvertida.

La historia le resultaba familiar a Andy Rider, investigador de la UCL y coautor del estudio, junto al propio Frith y Andrew Stockman, profesor de la Zhejiang University (China). «Por casualidad, tengo la misma condición», confiesa este matemático. En su caso, el diagnóstico llegó cuando rondaba los 35 años, al incorporarse al laboratorio de visión del color de la universidad londinense.

La comparación de los dos proyectores plantea una pregunta que vale también para el televisor de casa: ¿cómo pueden parecernos del mismo color un objeto y su imagen en pantalla si la luz que llega a nuestros ojos es distinta en cada caso?

Cómo vemos los colores y cómo los reproduce una pantalla

Antes de nada, conviene detenerse en cómo procesamos los colores. El rojo de un tomate, por ejemplo, empieza con la luz que lo ilumina. Su piel absorbe parte de esa luz y refleja hacia nuestros ojos una mezcla de longitudes de onda. En la retina, unas células fotorreceptoras llamadas conos responden a esa mezcla.

Existen tres clases de conos, cada uno sensible a un rango distinto del espectro de la luz, según el tipo de pigmento (opsina) que contienen:

• Conos L (rojo): sensibles a longitudes de onda larga (pico máximo entre 564 y 580 nm).

• Conos M (verde): sensibles a longitudes de onda media (pico máximo entre 534 y 545 nm).

• Conos S (azul): sensibles a longitudes de onda corta (pico máximo entre 420 y 440 nm).

Las sensibilidades de los diferentes conos se solapan, y el cerebro combina las señales de los tres tipos para construir la percepción del color.

Las pantallas aprovechan ese sistema. Al mezclar tres luces primarias —la roja, la verde y la azul (RGB)— en la proporción adecuada, pueden provocar la misma respuesta de los conos que la luz reflejada por el tomate, aunque ambas luces tengan composiciones distintas. En esas condiciones, el tomate y su imagen pueden verse del mismo rojo.

Qué es el metamerismo del observador

Esa coincidencia entre el rojo del tomate y el de su imagen es un ejemplo de metamerismo. Dos luces de distinta composición pueden parecernos del mismo color. Lo mismo puede ocurrir con dos pantallas calibradas para mostrar el mismo blanco, aunque cada una lo produzca con una mezcla de luces distinta. Si una persona ve los dos blancos iguales y otra aprecia una diferencia de tono, se habla de un fallo de metamerismo entre observadores.

Por qué los proyectores láser pueden acentuar las diferencias

Que dos espectadores discrepen sobre ese blanco depende, en parte, de cómo lo genera cada aparato. En los televisores de tubo y en muchos proyectores de xenón, la luz de los primarios se repartía en franjas relativamente amplias del espectro. Algunos proyectores láser y pantallas con puntos cuánticos, en cambio, la concentran en bandas más estrechas. Así consiguen tonos más saturados y amplían su gama cromática, el conjunto de colores que pueden mostrar. Pero si dos personas tienen distinta sensibilidad en una de esas franjas, concentrar ahí la luz puede acentuar la diferencia entre los colores que percibe cada una.

Tal y como cuentan en la revista científica Optics Express, Rider, Frith y Stockman combinaron datos del espectro de distintos equipos con un modelo de la visión humana. Ajustaron virtualmente cada dispositivo para que reprodujera, para un observador estándar, el mismo blanco que el D65, una referencia que representa la luz diurna media. Después calcularon cuánto habría que modificar la mezcla de primarios para recuperar esa coincidencia al cambiar la sensibilidad del ojo.

Según el modelo, en el televisor de tubo bastaba con cambiar un 1 % la proporción de luz roja respecto a la verde para recuperar el blanco de referencia. En algunos proyectores láser, el ajuste llegaba al 12 %. En ambos casos, los investigadores habían desplazado solo cuatro nanómetros el punto del espectro en el que los conos L son más sensibles, una variación que puede darse entre personas con una visión del color considerada normal. Falta comprobar cuánto se notaría ese desajuste a simple vista.

Los conos, las células alargadas que aparecen en verde en esta micrografía de la retina de un mono, nos permiten distinguir los colores.

En verde, los conos de la retina de un mono. Estas células sensibles a la luz intervienen en la percepción del color. Crédito de la imagen: Cuenca (2009).

Qué papel juegan la edad y el daltonismo

El equipo usó ese mismo blanco para estudiar dos cambios en la visión. En algunas formas de daltonismo, lo que cambia es la respuesta de los conos a la luz. Con la edad, el cristalino modifica la luz que llega a la retina.

Daltonismo rojo-verde

En la protanomalía y la deuteranomalía, dos formas hereditarias de deficiencia de la visión del rojo y el verde, los tres tipos de conos siguen funcionando, pero las sensibilidades de los conos L y M se parecen más de lo habitual. Eso dificulta distinguir ciertos tonos. Cuando el modelo simuló esas variantes, los ajustes necesarios para igualar el blanco recayeron sobre todo en los primarios rojo y verde. El azul apenas necesitó retoques.

Envejecimiento del cristalino

Por otro lado, con los años, el cristalino amarillea y filtra más luz azul y violeta antes de que llegue a la retina. A primera vista, cabría esperar que eso hiciera que el blanco de una pantalla pareciera más amarillo. Sin embargo, al compararlo con el blanco D65, el modelo predice que el de algunas pantallas de gama amplia puede adquirir un matiz violáceo para un ojo de más edad.

La clave está en qué luz pierde cada blanco. El cristalino envejecido absorbe con especial intensidad las longitudes de onda más cortas, abundantes en el D65. Como el primario azul de muchas pantallas emite algo más allá de esa franja, se atenúa menos. En la comparación, el blanco de la pantalla conserva relativamente más azul.

En el cine, algunos proyectores láser consiguen colores más vivos, pero también pueden acentuar las diferencias entre lo que ve un espectador y lo que ve quien se sienta a su lado.

En el cine, algunos proyectores láser consiguen colores más vivos, pero también pueden acentuar las diferencias entre lo que ve un espectador y lo que ve quien se sienta a su lado. Foto de Krists Luhaers en Unsplash

Por qué la calibración y el entorno importan

El entorno también cuenta. En una sala de cine a oscuras, donde la pantalla domina la iluminación, el sistema visual puede adaptarse y amortiguar un pequeño desvío. Con dos monitores encendidos uno junto a otro, es más fácil advertirlo. Esa es una situación habitual en una sala de corrección de color, donde un equipo decide el tono de una piel o cuán fría debe resultar una escena nocturna.

A ello se añade un problema de calibración. Muchos sistemas todavía se apoyan en un estándar de 1931 que, según los autores, describe mal la respuesta visual a las longitudes de onda más cortas. Los estándares más recientes pueden reducir ese error de medida. La diversidad de los ojos sigue ahí, incluso cuando el instrumento mide mejor.

Una posibilidad sería rediseñar los primarios. El trabajo ofrece una pista en un proyector láser de seis primarios que emplea dos emisiones azules, con picos en 441 y 463 nanómetros. Fue uno de los dispositivos para los que el modelo predijo menos variación en la respuesta de los conos sensibles a las longitudes de onda cortas al cambiar la pigmentación del cristalino. El resultado sugiere que, para entender cómo se verá un aparato, conviene fijarse en las longitudes de onda concretas que emite, además de en la amplitud de su gama de colores.

Queda por comprobar cuánto se parecen esas predicciones a lo que la gente ve en condiciones reales. Rider comenta que el equipo planea pedir a voluntarios que comparen y ajusten los colores de pantallas con distintas tecnologías. «La visión del color es un fenómeno complicado que depende de muchos niveles de procesamiento neuronal», explica el investigador, que señala también el papel de la memoria, la emoción y el lenguaje.

La prueba devolverá al laboratorio la pregunta que surgió frente a aquellos dos proyectores. Si varias personas se sientan ante las mismas imágenes, ¿qué luces habría que mezclar para que el mayor número posible de ellas coincidiera en el color que está viendo? ▪️ (7 de noviembre de 2026)

El color de las pantallas, en tres preguntas

Dos pantallas calibradas para mostrar el mismo blanco pueden verse distintas según quién las mire. La sensibilidad del ojo, la tecnología de cada equipo y la luz del entorno ayudan a explicar por qué.

¿Pueden dos personas con visión normal ver colores distintos?

Sí. La sensibilidad de los conos y la cantidad de luz que filtra el cristalino varían también entre personas con una visión del color considerada normal. El modelo predice que, al comparar dispositivos, incluso pequeñas diferencias pueden hacerse perceptibles con algunas fuentes de banda estrecha.

¿Todas las pantallas de gama amplia producen el mismo desajuste?

El desajuste depende del espectro de cada pantalla y de qué característica del ojo varía. En el modelo, el proyector láser de seis primarios estuvo entre los menos sensibles a los cambios del cristalino, pero entre los que requirieron un mayor ajuste del rojo y el verde al variar la sensibilidad de los conos L. Estudio en Optics Express, tabla 1 y sección 5.2

¿Una diferencia entre dos pantallas se explica siempre por la vista?

También influyen la tecnología de cada pantalla, su calibración y la luz del entorno. Si dos equipos emiten mezclas de luz distintas para reproducir el mismo color, sus imágenes pueden coincidir para unos espectadores y diferir para otros.

  • Fuente: Andrew T. Rider, John A. Frith, and Andrew Stockman. Why the colours of modern displays can look so different to different observers. Optics Express (2026). DOI: https://doi.org/10.1364/OE.613255

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