¿Por qué el canibalismo se convirtió en un tabú? Un estudio en PNAS revela que pudo salvar a la humanidad de epidemias
Durante miles de años, comerse a otro ser humano podía significar la diferencia entre vivir o morir. Un estudio publicado en la revista PNAS sugiere que el tabú del canibalismo surgió porque, a largo plazo, protegía a las comunidades de epidemias devastadoras.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Las evidencias arqueológicas y paleoanteopológicas muestran que el canibalismo existió desde la prehistoria, aunque los investigadores creen que fue una estrategia de supervivencia excepcional, reservada para situaciones extremas de hambre. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
¿Por qué prácticamente todas las culturas consideran el canibalismo una de las peores atrocidades imaginables? La respuesta quizá no esté en la religión, la moral o la filosofía, sino en la biología. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) plantea que el rechazo casi universal a comer carne humana pudo surgir como una estrategia evolutiva para evitar epidemias capaces de destruir comunidades enteras.
En otras palabras, el tabú del canibalismo podría haber sido una de las herramientas de supervivencia más eficaces desarrolladas por nuestra especie.
La idea resulta tan provocadora como lógica. En circunstancias extremas, alimentarse de un cadáver humano podía proporcionar las calorías necesarias para sobrevivir unos días más. Sin embargo, convertir esa solución desesperada en una práctica habitual habría tenido un coste enorme: facilitar la propagación de enfermedades letales entre individuos con una biología prácticamente idéntica.
Esta es la conclusión a la que han llegado los investigadores Michal Misiak, psicólogo del Instituto de Psicología, en la Facultad de Ciencias Históricas y Pedagógicas de la Universidad de Breslavia (Polonia); y Petr Tureček, biólogo evolutivo del Departamento de Filosofía e Historia de la Ciencia, en la Universidad Carolina (República Checa), que ha desarrollado un modelo matemático para responder a una pregunta que lleva décadas intrigando a antropólogos y arqueólogos: si el canibalismo apareció repetidamente a lo largo de la evolución humana, ¿por qué terminó convirtiéndose en uno de los tabúes más universales de todas las culturas?
La respuesta no está en la moral, sino en un equilibrio entre beneficios y riesgos.
El canibalismo ha acompañado a la humanidad desde la prehistoria
El canibalismo ha acompañado a los seres humanos desde tiempos prehistóricos. Restos hallados en yacimientos de Europa, África y Asia muestran huesos humanos con marcas de descarnado, fracturas para extraer la médula y señales de cocción idénticas a las observadas en animales destinados al consumo. También abundan los relatos históricos de episodios de antropofagia durante hambrunas, asedios, naufragios o expediciones perdidas.
Pero que existiera no significa que fuera habitual.
Misiak y Tureče recuerdan que el canibalismo también apareció en rituales funerarios, ceremonias religiosas o conflictos bélicos. En algunas culturas se creía que consumir a un enemigo permitía apropiarse de su fuerza o de su prestigio, mientras que en otras el consumo ritual de familiares formaba parte de ceremonias de despedida. Sin embargo, incluso en esos casos, se trataba de prácticas muy restringidas y cargadas de significado simbólico, no de una fuente regular de alimento.
Precisamente por eso, el nuevo estudio deja a un lado todos esos aspectos sociales y culturales para centrarse en una única pregunta: ¿compensa comer carne humana únicamente desde el punto de vista de la supervivencia?
¿Es rentable alimentarse de carne humana?
A primera vista, la respuesta podría parecer afirmativa.
Un cuerpo humano contiene unas 32.000 kilocalorías aprovechables, una cantidad suficiente para alimentar a varias personas durante un corto periodo de tiempo. Pero esa cifra, explican los investigadores, está lejos de convertir al ser humano en una presa especialmente atractiva. Comparado con animales de gran tamaño, el rendimiento energético es relativamente modesto.
Además, obtener esa carne tiene un precio.
Capturar a otra persona exige un enorme esfuerzo físico y entraña un elevado riesgo de resultar herido o morir durante el enfrentamiento. Después hay que procesar la carne, cocinarla y consumirla. Todo ello reduce de forma considerable el beneficio energético.
Pero el verdadero problema aparece después de comer.
Según el nuevo modelo matemático, el mayor peligro del canibalismo no eran las calorías, sino la transmisión de agentes patógenos. El riesgo de infección aumenta a medida que los caníbales consumen a otros caníbales, favoreciendo epidemias capaces de colapsar una población. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
El verdadero problema no son las calorías: son los microbios
Cuando un depredador consume un herbívoro, la mayoría de los microorganismos presentes en el animal tienen dificultades para adaptarse al nuevo huésped. Sin embargo, cuando el alimento pertenece a la misma especie, esa barrera prácticamente desaparece.
➡️ «Los agentes patógenos lo tienen mucho más fácil porque llegan a un organismo con una fisiología casi idéntica», explican los investigadores.
Eso convierte cada acto de canibalismo en una vía extraordinariamente eficaz para transmitir virus, bacterias, parásitos y, sobre todo, priones, unas proteínas infecciosas responsables de enfermedades neurodegenerativas mortales, como es el caso de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.
El caso del kuru demuestra el peligro
El ejemplo más conocido es el del pueblo Fore, en Papúa Nueva Guinea. Durante buena parte del siglo XX practicó un ritual funerario conocido como endocanibalismo, en el que los familiares consumían partes del cuerpo de los fallecidos. Aquella tradición propagó el kuru (temblar de miedo), una enfermedad causada por priones que provocó una devastadora epidemia hasta que el ritual fue abandonado.
Para los autores del trabajo en PNAS, ese episodio constituye una demostración de que el coste biológico del canibalismo puede ser enorme.
Los priones son proteínas infecciosas capaces de transmitir enfermedades neurodegenerativas letales y resisten temperaturas que destruyen la mayoría de virus y bacterias. Cortesía: USC
Qué es el «orden del canibalismo»
Con ese punto de partida, los investigadores desarrollaron un modelo capaz de comparar los beneficios energéticos obtenidos al consumir carne humana con los costes asociados.
En los cálculos incluyeron tres factores principales: la energía necesaria para digerir la carne, el esfuerzo requerido para obtenerla y el riesgo de infección.
Sin embargo, el elemento más novedoso del trabajo es otro: el denominadoorden del canibalismo.
No es igual consumir a una persona que jamás ha practicado canibalismo que hacerlo con alguien que ya había comido carne humana. Cada nuevo eslabón de esa cadena incrementa la probabilidad de que determinados agentes patógenos se acumulen o evolucionen hacia variantes más peligrosas.
Y ese riesgo no aumenta poco a poco.
Lo hace de forma exponencial.
Zamparse a un caníbal multiplica el peligro
Las simulaciones muestran que el canibalismo solo produce un balance energético positivo bajo un conjunto muy limitado de circunstancias: cuando existe una escasez extrema de alimentos, los cadáveres están fácilmente disponibles y el riesgo de infección permanece relativamente bajo.
Pero esa ventana de oportunidad se cierra muy deprisa.
En cuanto varios individuos comienzan a consumir a otros caníbales, los costes epidemiológicos crecen mucho más rápido que los beneficios calóricos.
Los investigadores llegan a una conclusión contundente: una comunidad que mantuviera el canibalismo durante mucho tiempo acabaría favoreciendo epidemias capaces de provocar el colapso de la propia población.
En otras palabras, una estrategia útil para sobrevivir a corto plazo se convertiría en una trampa evolutiva a largo plazo.
¿Sirve de algo cocinar la carne?
La respuesta es sí... pero solo parcialmente.
El fuego destruye gran parte de las bacterias, virus y parásitos presentes en la carne. Según el modelo, cocinarla amplía de manera notable las situaciones en las que el canibalismo podría resultar desde el punto de vista energético rentable.
Sin embargo, existe un enemigo contra el que el calor apenas sirve de nada.
Los priones soportan temperaturas capaces de eliminar la inmensa mayoría de los microorganismos. Incluso si toda la carne estuviera perfectamente cocinada, esos agentes infecciosos seguirían acumulándose conforme aumentara el número de generaciones de caníbales.
Por eso, el modelo concluye que cocinar reduce el riesgo, pero no elimina el problema fundamental.
El estudio propone que el rechazo casi universal al canibalismo pudo surgir como una adaptación cultural frente al riesgo de enfermedades. Más que una norma moral, el tabú habría actuado como una eficaz herramienta de supervivencia colectiva. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Endocanibalismo y exocanibalismo: dos estrategias muy diferentes
El estudio también ayuda a comprender por qué algunas formas de canibalismo aparecen con mayor frecuencia que otras:
✅ El endocanibalismo, practicado sobre miembros fallecidos del propio grupo, requiere muy poco esfuerzo para obtener el cuerpo.
✅ El exocanibalismo, en cambio, obliga a capturar o matar a otro ser humano, lo que multiplica los costes energéticos y el riesgo físico.
Desde un punto de vista estrictamente biológico, el primer escenario resulta mucho más rentable que el segundo.
Esto ayuda a explicar por qué muchas evidencias arqueológicas apuntan a prácticas funerarias o rituales, mientras que el consumo sistemático de enemigos habría sido mucho menos frecuente de lo que tradicionalmente se pensaba.
El tabú pudo convertirse en una herramienta evolutiva
La conclusión más llamativa del trabajo ni siquiera habla de comer carne humana.
Habla del origen de los tabúes.
Misiak y Tureče proponen que el rechazo casi universal al canibalismo no surgió como una norma moral arbitraria, sino como una respuesta cultural a un problema biológico muy real.
Las comunidades que limitaron esa práctica habrían sufrido menos epidemias y, por tanto, tendrían mayores probabilidades de sobrevivir y transmitir sus normas a las generaciones siguientes.
Como resume uno de los investigadores, «el tabú actúa como una salvaguarda evolutiva».
La repulsión que hoy sentimos ante la idea de comer carne humana podría ser, en realidad, el resultado de miles de años de selección cultural favoreciendo aquellos comportamientos que protegían a las poblaciones frente a enfermedades devastadoras.
Una investigación con implicaciones actuales
Los autores reconocen que su modelo simplifica una realidad mucho más compleja. No incorpora factores sociales, religiosos o psicológicos, ni intenta explicar por qué determinadas culturas recurrieron al canibalismo con fines simbólicos o rituales. Tampoco pretende calcular con exactitud cuándo apareció cada episodio de antropofagia.
Su objetivo es mucho más concreto: demostrar que, incluso ignorando todos esos factores, el canibalismo solo resulta adaptativo bajo condiciones extremadamente restringidas.
Y quizá esa sea la principal enseñanza del estudio.
Lo que hoy interpretamos como uno de los mayores tabúes de la humanidad podría ser, en realidad, una sofisticada estrategia de salud pública desarrollada mucho antes de que existieran la microbiología, la epidemiología o la medicina moderna.
Paradójicamente, nuestros antepasados nunca supieron qué eran los priones ni cómo se transmitían las enfermedades infecciosas. Pero, generación tras generación, aprendieron que había una regla que aumentaba sus posibilidades de supervivencia.
No comerse unos a otros.▪️(6-julio-2026)
PALEOANTROPOLOGÍA Y FÓSILES
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Canibalismo y Tabu
☠️ ¿Por qué los seres humanos dejaron de practicar el canibalismo?
Según este estudio, porque el riesgo de transmitir enfermedades entre individuos de la misma especie supera rápidamente cualquier beneficio nutricional.
☠️ ¿El canibalismo aporta muchas calorías?
Sí. Un cuerpo humano contiene alrededor de 32.000 kilocalorías, pero obtenerlas implica elevados riesgos físicos y sanitarios.
☠️ ¿Qué enfermedad demuestra el peligro del canibalismo?
El ejemplo más conocido es el kuru, una enfermedad causada por priones que afectó al pueblo Fore de Papúa Nueva Guinea debido al endocanibalismo funerario.
☠️ ¿Cocinar elimina todos los riesgos?
No. El calor destruye muchos microorganismos, pero los priones resisten la cocción, por lo que el peligro nunca desaparece completamente.
☠️ ¿Cuál es la principal conclusión del estudio?
El tabú del canibalismo pudo evolucionar como una adaptación cultural destinada a reducir epidemias y aumentar las probabilidades de supervivencia de las comunidades humanas.
LO MÁS IMPORTANTE DEL DESCUBRIMIENTO, EN 30 SEGUNDOS
El canibalismo aparece repetidamente en la historia de la humanidad, pero casi todas las culturas terminaron prohibiéndolo.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) propone que ese tabú evolucionó para evitar epidemias.
Los investigadores desarrollaron un modelo matemático que compara los beneficios energéticos de consumir carne humana con sus riesgos biológicos.
El modelo concluye que el canibalismo solo resulta adaptativo en situaciones de hambre extrema, cuando los cadáveres ya están disponibles y el riesgo de infección es reducido.
El mayor peligro no son las calorías, sino la transmisión de priones, virus, bacterias y otros patógenos entre individuos de la misma especie.
Los autores sostienen que el tabú del canibalismo pudo convertirse en una auténtica herramienta evolutiva de salud pública.
Fuente: M. Misiak & P. Tureček. The cannibalistic trade-off: Why human cannibalism emerges and why taboos suppress it. PNAS (2026). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2605120123

