3I/ATLAS, el cometa interestelar que podría ser más antiguo que el Sol desvela cómo nacían los primeros sistemas planetarios
Ha recorrido la Vía Láctea durante miles de millones de años para traernos un mensaje del pasado. El cometa interestelar 3I/ATLAS podría haberse formado mucho antes que el Sol y está mostrando a los astrónomos cómo nacían los primeros sistemas planetarios de la galaxia.
Por Enrique Coperías, periodista científico
El cometa interestelar 3I/ATLAS, fotografiado por el Very Large Telescope (VLT) el 18 de enero de 2026. Su excepcional brillo permitió medir por primera vez la composición isotópica de un cometa procedente de otro sistema estelar, una huella química que apunta a un origen anterior al del propio Sol. Cortesía:
ESO/O. Hainaut
Hace unos 4.600 millones de años nacía el Sol rodeado por un disco de gas y polvo del que acabarían surgiendo los planetas, los asteroides y los cometas. Pero mientras que el Sistema Solar apenas daba sus primeros pasos, otros sistemas planetarios llevaban miles de millones de años evolucionando. Uno de ellos acaba de enviarnos, por puro azar cósmico, un mensajero excepcional.
Se llama 3I/ATLAS y se erige como el tercer objeto interestelar descubierto hasta la fecha y, según un nuevo estudio, podría ser más del doble de antiguo que nuestro propio sol.
Los astrónomos llevaban años esperando una oportunidad así. El primer visitante interestelar conocido, ʻOumuamua, descubierto en 2017, apareció demasiado tarde y nunca llegó a desarrollar una cola cometaria que permitiera analizar su composición.
Dos años después llegó el cometa 2I/Borisov, pero era demasiado débil para obtener mediciones químicas precisas. Pero 3I/ATLAS ha cambiado completamente las reglas del juego. Su extraordinario brillo ha permitido, por primera vez, medir con detalle la composición isotópica de un cometa nacido fuera del Sistema Solar. Y lo que han encontrado sugiere que este viajero se formó en un entorno radicalmente distinto al del nuestro.
Los espectros más precisos de un objeto interestelar
El estudio, publicado en la revista Nature Astronomy, ha sido dirigido por Cyrielle Opitom, radioastrónoma de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), junto a Jean Manfroid y Damien Hutsemékers, de la Universidad de Lieja (Bélgica), y ha utilizado el espectrógrafo UVES instalado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile.
Durante varias noches de observación, entre el 6 y el 26 de diciembre de 2025, el equipo obtuvo los espectros más precisos jamás conseguidos de un objeto interestelar.
🗣️ «Los cometas interestelares son una especie de fósiles del proceso de formación planetaria ocurrido muy lejos de nosotros, pero que tenemos la oportunidad de estudiar desde mucho más cerca», explica Opitom.
La comparación no es casual. Igual que un fósil conserva información sobre organismos extinguidos hace millones de años, estos pequeños cuerpos helados preservan intacta la química del sistema estelar donde nacieron.
Un mensajero llegado desde otra estrella
Aunque solemos imaginar el espacio interestelar como un inmenso vacío, en realidad está recorrido por incontables fragmentos expulsados de los sistemas planetarios durante su formación. Muchos nunca volverán a encontrarse con otra estrella. Otros, tras vagar durante miles de millones de años por la galaxia, terminan cruzándose con sistemas como el nuestro.
Eso es precisamente lo que ha ocurrido con 3I/ATLAS.
Descubierto en julio de 2025 por el Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS) —una red internacional de telescopios automatizados diseñada para detectar asteroides y cometas potencialmente peligrosos antes de que puedan acercarse o impactar contra la Tierra—cuando aún se encontraba a unas cinco veces la distancia entre la Tierra y el Sol, el objeto llegó con suficiente antelación para que observatorios de todo el mundo pudieran seguirlo durante meses. Esa circunstancia, unida a su brillo excepcional, lo convirtió ipso facto en uno de los objetivos astronómicos más codiciados del año.
Las primeras observaciones ya apuntaban a que no se parecía demasiado a los cometas habituales del Sistema Solar. El telescopio espacial James Webb detectó una coma sorprendentemente rica en dióxido de carbono y monóxido de carbono. Otros estudios identificaron cantidades inusualmente elevadas de níquel e incluso hierro gaseoso, además de una abundancia extraordinaria de metanol. Era evidente que aquel cuerpo se había formado bajo condiciones muy diferentes a las que dieron origen a los cometas que conocemos.
Sin embargo, la verdadera sorpresa estaba aún por llegar.
El espectro obtenido con el instrumento UVES del Very Large Telescope permitió medir por primera vez las proporciones isotópicas de carbono y nitrógeno en un cometa interestelar. Estas huellas químicas revelan que 3I/ATLAS tal vez se formó en las regiones exteriores de un sistema planetario que orbitaba una estrella más antigua que el Sol. Cortesía: ESO/C. Opitom, J. Manfroid et al. Comet image: O. Hainaut
¿Qué ha descubierto exactamente este estudio?
Para reconstruir el origen de un cometa no basta con identificar qué moléculas contiene. Los astrónomos necesitan algo mucho más preciso: conocer sus isótopos.
Aunque el término pueda sonar complejo, la idea es sencilla. Todos los átomos de un mismo elemento químico poseen el mismo número de protones, pero no siempre el mismo número de neutrones. Esas variantes reciben el nombre de isótopos. El carbono, por ejemplo, existe principalmente como carbono-12 y carbono-13; el nitrógeno, como nitrógeno-14 y nitrógeno-15.
Las proporciones entre unos y otros funcionan como una auténtica huella dactilar química. Dependiendo de la temperatura, la radiación o la composición del disco de gas donde se formó un cometa, determinados isótopos quedan ligeramente favorecidos frente a otros. Lo más interesante es que esas proporciones apenas cambian durante miles de millones de años, incluso después de recorrer enormes distancias por la galaxia.
En otras palabras, un cometa conserva la memoria química del lugar donde nació.
🗣️ «A diferencia de los cometas del Sistema Solar, este visitante interestelar presenta proporciones isotópicas de carbono y nitrógeno inusualmente elevadas», resume Aravind Krishnakumar, investigador de la Universidad de Lieja y coautor del trabajo.
Tres visitantes interestelares
| Objeto | Año | Qué aprendimos |
|---|---|---|
| ʻOumuamua | 2017 | Fue el primer objeto interestelar conocido que atravesó el Sistema Solar. |
| 2I/Borisov | 2019 | Confirmó que también existen cometas interestelares activos, con gas y polvo. |
| 3I/ATLAS | 2025 | Es el primer cometa interestelar cuya composición isotópica ha podido medirse en detalle. |
La clave está en el cianuro
Para obtener esas proporciones isotópicas, el equipo analizó las moléculas de cianuro (CN) presentes en la nube de gas que rodea al núcleo del cometa. Los astrónomos utilizan habitualmente este compuesto porque sus líneas espectrales permiten medir con gran precisión las proporciones de los isótopos del carbono y del nitrógeno, una auténtica huella química del lugar donde se formó el cometa.
Recordemos que cada isótopo absorbe y emite la luz en longitudes de onda ligeramente distintas, lo que deja pequeñas marcas en el espectro luminoso. Detectarlas exige instrumentos extremadamente sensibles y observaciones de gran calidad, algo que hasta ahora había resultado imposible con los anteriores visitantes interestelares.
Los resultados fueron sorprendentes.
El cometa mostraba unas proporciones de carbono-12 frente a carbono-13 y de nitrógeno-14 frente a nitrógeno-15 claramente superiores a las habituales en los cometas del Sistema Solar. En especial, la relación entre los isótopos del nitrógeno se alejaba de forma notable de los valores medidos en prácticamente todos los cometas conocidos.
Un origen mucho más antiguo que el del Sol
Las cifras, por sí solas, no cuentan una historia. Lo interesante es cómo encajan con los modelos actuales de evolución química de la galaxia.
Desde hace décadas, los astrónomos saben que las primeras generaciones de estrellas estaban compuestas casi exclusivamente por hidrógeno y helio. Los elementos más pesados, como el carbono, el oxígeno, el hierro y el silicio, fueron cocinándose, poco a poco, en el interior de las estrellas y liberándose al espacio mediante explosiones de supernova y otros procesos estelares.
Cada nueva generación de estrellas nacía, por tanto, en un medio interestelar cada vez más enriquecido en esos elementos pesados, conocidos por los astrónomos como metales.
La cámara JANUS de la misión Juice captó el cometa interestelar 3I/ATLAS pocos días después de su máximo acercamiento al Sol. La imagen revela la extensa coma y la cola de polvo y gas del cometa, cuyo comportamiento coincide con el de un cometa "normal", pese a proceder de otro sistema estelar. Cortesía: ESA/Juice/JANUS
De dónde viene 3I/ATLAS
El Sistema Solar pertenece a una generación relativamente reciente y rica en estos elementos. Pero si un objeto presenta unas proporciones isotópicas muy diferentes, cabe la posibilidad de que proceda de un sistema planetario mucho más antiguo, formado cuando la galaxia aún era químicamente mucho más pobre.
Eso es precisamente lo que indican los nuevos datos.
Los investigadores concluyen que 3I/ATLAS tal vez nació en las regiones exteriores del disco protoplanetario que rodeaba una estrella antigua y de baja metalicidad, es decir, una estrella formada mucho antes que el Sol. Allí, las condiciones físicas favorecieron unas proporciones isotópicas que hoy siguen impresas en el hielo del cometa como una firma química prácticamente inalterable.
«3I/ATLAS representa una oportunidad extraordinaria para estudiar la composición de otro sistema planetario, uno que se formó mucho antes de que existieran el Sol y el Sistema Solar», señala Rosemary Dorsey, investigadora de la Universidad de Helsinki, en Finlandia, y coautora del trabajo.
De hecho, combinando estos resultados con los obtenidos recientemente por otro equipo mediante el telescopio espacial James Webb, los científicos creen que este visitante interestelar podría tener más del doble de la edad del Sol. Si esa interpretación se confirma, estaríamos contemplando uno de los materiales sólidos más antiguos jamás estudiados de forma directa.
Mucho más que un cometa interestelar
La idea de que un pequeño bloque de hielo pueda revelar la historia de otra estrella puede parecer exagerada, pero los investigadores insisten en que precisamente ahí reside el valor científico de estos objetos.
A diferencia de los planetas, cuya evolución transforma profundamente su composición, los cometas permanecen congelados durante miles de millones de años. Son cápsulas del tiempo que apenas han cambiado desde su formación. En el caso de 3I/ATLAS, además, esa cápsula procede de un sistema planetario completamente ajeno al nuestro.
Los datos obtenidos con el Very Large Telescope (VLT) no solo apuntan a una estrella antigua y pobre en metales. También sugieren que el cometa se formó en las regiones exteriores de su sistema planetario.
Pero ¿por qué es importante ese detalle? Veamos.
No sabemos de qué estrella procede
En los discos de gas y polvo donde nacen los planetas existen fuertes diferencias entre las zonas cercanas y lejanas a la estrella. La temperatura, la radiación ultravioleta y las reacciones químicas cambian con la distancia. Esas diferencias dejan una firma en las proporciones de los isótopos del carbono y del nitrógeno.
Los valores medidos en 3I/ATLAS encajan precisamente con un objeto formado en las regiones exteriores del disco protoplanetario, donde las bajas temperaturas y determinadas reacciones químicas favorecen la composición observada por los astrónomos.
El estudio no permite identificar la estrella concreta de la que procede el cometa —sería prácticamente imposible tras un viaje de miles de millones de años por la galaxia—, pero sí reconstruir algunas de las características del entorno donde nació.
Es una forma de hacer arqueología galáctica utilizando un simple trozo de hielo.
Las observaciones del telescopio espacial James Webb revelan la distribución de agua (H₂O), dióxido de carbono (CO₂) y monóxido de carbono (CO). Cortesía: NASA, ESA, CSA, STScI, M.Cordiner (Catholic University of America, GSFC)
Un rompecabezas que empieza a encajar
Los resultados del equipo europeo adquieren todavía más fuerza porque coinciden con otro trabajo independiente publicado recientemente en Nature por investigadores del Centro Goddard de la NASA.
Ese estudio, basado en observaciones realizadas con el telescopio espacial James Webb, había detectado también una proporción anómala de carbono-12 frente a carbono-13 y una abundancia elevada de deuterio —el llamado hidrógeno pesado—, otra firma química que suele asociarse a entornos muy fríos y primitivos.
Que dos instrumentos completamente distintos —el James Webb, observando en el infrarrojo, y el Very Large Telescope, trabajando desde tierra con espectroscopía óptica de alta resolución— lleguen a conclusiones compatibles refuerza enormemente la interpretación de los datos.
Por separado, ambos trabajos ya resultaban llamativos. Juntos dibujan una imagen mucho más coherente: 3I/ATLAS parece proceder de un sistema planetario muy antiguo, formado cuando la Vía Láctea aún no había acumulado gran parte de los elementos químicos presentes hoy en estrellas como el Sol.
Un superviviente de miles de millones de años
Pero la cosa no queda aquí, pues hay otra cuestión fascinante.
Si el cometa interestelar lleva miles de millones de años viajando por el espacio interestelar, su superficie debería haber recibido el impacto continuo de los rayos cósmicos galácticos. Esa radiación modifica lentamente los materiales expuestos y podría alterar las señales químicas originales.
Los investigadores tuvieron en cuenta esta posibilidad.
Sus observaciones se realizaron después del paso del cometa por el perihelio, el punto de máxima aproximación al Sol. Durante esos meses de intensa actividad, el calor solar vaporizó enormes cantidades de hielo y polvo, arrancando varios metros de material superficial del núcleo.
Según las estimaciones del equipo, el cometa pudo perder al menos unos cinco metros de su capa externa. Eso significa que el gas analizado quizá procedía de capas más profundas, preservadas desde su formación y mucho menos alteradas por la radiación cósmica.
No puede asegurarse con absoluta certeza, pero es una explicación consistente con los datos disponibles.
Una nueva ventana para estudiar otros sistemas planetarios
Hasta hace apenas una década, los objetos interestelares pertenecían casi al terreno de la especulación. Hoy constituyen uno de los campos más dinámicos de la astronomía.
Cada nuevo visitante ofrece una oportunidad única para estudiar directamente materiales formados alrededor de otras estrellas sin necesidad de abandonar nuestro propio Sistema Solar.
Y todo indica que apenas estamos empezando a descubrir los secretos que esconde este viajero interestelar. Su extraordinaria naturaleza ha alimentado incluso hipótesis muy controvertidas. El astrofísico Abraham (Avi) Loeb y otros investigadores llegaron a plantear en un artículo publicado en arXiv —un repositorio de prepublicaciones científicas sin revisión por pares— la posibilidad de que 3I/ATLAS tuviera un origen tecnológico.
Los grandes programas de vigilancia del cielo descubrirán cada vez más objetos interestelares en los próximos años. Algunos serán demasiado pequeños o débiles para analizarlos con detalle, pero otros podrían revelar información todavía más sorprendente que la obtenida con 3I/ATLAS.
Ahí entrará en escena el próximo gran gigante de la astronomía europea: el Extremely Large Telescope (ELT), que el Observatorio Europeo Austral (ESO) construye actualmente en el desierto chileno de Atacama.
Con un espejo primario de 39 metros de diámetro —el mayor jamás construido para astronomía óptica e infrarroja—, el ELT podrá obtener espectros mucho más sensibles que los actuales y analizar objetos interestelares considerablemente más débiles que 3I/ATLAS.
En otras palabras, permitirá convertir este tipo de estudios en algo relativamente habitual, en lugar de depender de un visitante excepcionalmente brillante.
Un pequeño viajero con una gran historia
La astronomía suele reconstruir el pasado observando objetos inmensos: galaxias, cúmulos estelares o nebulosas situadas a millones o miles de millones de años luz. Sin embargo, en esta ocasión la historia del universo llega encapsulada en un cuerpo de apenas unos kilómetros de diámetro.
Un pequeño cometa helado ha atravesado la Vía Láctea durante un tiempo difícil de imaginar para terminar cruzándose fugazmente con la Tierra.
Durante unas pocas semanas, los astrónomos han podido leer en él una historia escrita mucho antes de que existieran el Sol, la Tierra o cualquier forma de vida.
🗣️ «El campo de los objetos interestelares todavía está dando sus primeros pasos y realmente no sabemos qué espera — reconoce Opitom. Y concluye—: Cada vez que se descubre uno nuevo, nos llevamos una sorpresa».
Y quizá esa sea la mayor enseñanza de 3I/ATLAS. Más allá de revelar el posible origen de un cometa interestelar extraordinario, demuestra que la galaxia está llena de mensajeros silenciosos capaces de transportar información intacta desde sistemas planetarios desaparecidos hace miles de millones de años. Cada uno de ellos constituye una oportunidad irrepetible para reconstruir cómo se formaron otros mundos y, de paso, comprender mejor el lugar que ocupa el nuestro en la historia de la Vía Láctea.▪️(6-julio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: 3I/ATLAS y Edad
💫 ¿Qué es 3I/ATLAS?
Un cometa interestelar descubierto en 2025 procedente de otro sistema planetario.
💫 ¿Qué significa que sea interestelar?
Que no se formó alrededor del Sol, sino alrededor de otra estrella.
💫 ¿Por qué es importante?
Porque conserva intacta la química del sistema donde nació.
💫 ¿Qué descubrieron los astrónomos?
Que posee proporciones isotópicas muy diferentes de las de los cometas del Sistema Solar.
💫 ¿Es realmente más antiguo que el Sol?
Todo apunta a que sí. Las mediciones sugieren que podría haberse formado hace más de 9.000 millones de años, aunque la edad exacta aún deberá confirmarse con futuras observaciones.
💫 ¿Qué telescopio realizó el estudio?
El Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO).
LO MÁS IMPORTANTE DEL DESCUBRIMIENTO, EN 30 SEGUNDOS
3I/ATLAS es el tercer objeto interestelar descubierto.
Es el cometa interestelar más brillante observado hasta la fecha.
Los astrónomos han medido por primera vez la composición isotópica de un cometa nacido fuera del Sistema Solar.
Los datos indican que se formó alrededor de una estrella antigua y pobre en metales.
El cometa podría ser más del doble de antiguo que el Sol.
Su estudio ayuda a comprender cómo nacían los primeros sistemas planetarios de la galaxia.
ASTRONOMÍA Y EXPLORACIÓN ESPACIAL
Información facilitada por el ESO
Fuente: Opitom, C., Manfroid, J., Hutsemékers, D. et al. High nitrogen and carbon isotopic ratios in the interstellar comet 3I/ATLAS. Nature Astronomy (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41550-026-02921-7

