¿Por qué el verano se está alargando? La ciencia confirma un cambio más rápido de lo previsto

El verano ya no cabe en su lugar tradicional del calendario: llega antes, se va más tarde y cada año deja más calor a su paso. La ciencia confirma ahora que este cambio no solo es real, sino que avanza más rápido de lo que creíamos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El verano se alarga: las temperaturas típicas de esta estación llegan antes, duran más y acumulan más calor que nunca, según revela un nuevo estudio científico sobre el impacto del cambio climático.

El verano se alarga: las temperaturas típicas de esta estación llegan antes, duran más y acumulan más calor que nunca, según revela un nuevo estudio científico sobre el impacto del cambio climático. Foto de Rafael Cisneros Méndez en Unsplash‍ ‍

El verano ya no es lo que era. No estamos solo ante una sensación compartida en terrazas y conversaciones de ascensor: ahora también es una evidencia científica cada vez más sólida.

En efeto, un nuevo estudio internacional confirma que, en gran parte del planeta, los veranos no solo se están alargando, sino que lo hacen a un ritmo considerablemente más rápido del que se había estimado hasta ahora.

Según la investigación, publicada en la revista Environmental Research Letters, la duración del verano en las latitudes medias —donde vive buena parte de la población mundial— ha crecido en las últimas décadas a un ritmo que supera en hasta un 50 % las estimaciones previas. Y no es el único cambio: las estaciones están transformándose y perdiendo su carácter gradual. La transición entre la primavera y el verano, y entre el verano y el otoño, se está volviendo cada vez más abrupta.

Qué está pasando con el verano

Durante décadas, los científicos han medido el cambio de estaciones basándose en criterios astronómicos o calendarios convencionales. Sin embargo, este estudio adopta un enfoque más cercano a la experiencia real: define el verano como el periodo del año en el que las temperaturas superan los valores típicos de esa estación en el pasado.

Con esa vara de medir, los resultados son tan nítidos como preocupantes. Desde 1990, los veranos en el hemisferio norte y sur se están alargando entre cinco y siete días por década. Es decir, aproximadamente un mes más de condiciones veraniegas en comparación con los años sesenta.

Este crecimiento es notablemente más rápido que el detectado en estudios anteriores, que hablaban de unos cuatro días por década. La diferencia no es menor: implica que el cambio climático está avanzando a mayor velocidad de lo que se pensaba.

🗣️ «Estos resultados cuestionan lo que consideramos el ciclo normal de las estaciones —afirma Ted Scott, autor principal del estudio y geofísico del Departamento de Geografía, en la Universidad de Columbia Británica (Canadá). Y añade—: Cuándo llega el verano y con qué rapidez lo hace influye en los patrones y comportamientos de la vida vegetal y animal, así como en la sociedad humana».

Qué significa que el verano «se alargue»

El alargamiento del verano no ocurre por un único mecanismo, sino por una combinación de dos tendencias simultáneas.:

1️⃣ Por un lado, el verano empieza antes.

2️⃣ Por otro, termina más tarde.

Lo llamativo es que estos dos cambios avanzan, en general, de forma bastante simétrica. Es decir, la estación no se desplaza solo hacia el calendario, sino que se ensancha: invade parte de la primavera y del otoño.

En términos cotidianos, esto significa que los días típicos de verano —los que asociamos con olas de calor y calor sostenido— se multiplican a ambos lados del calendario tradicional.

Un hombre se refresca en una fuente en plena ola de calor: los veranos no solo son más largos, sino también más intensos y con mayor acumulación de calor, según advierte la ciencia.

Un hombre se refresca en una fuente en plena ola de calor: los veranos no solo son más largos, sino también más intensos y con mayor acumulación de calor, según advierte la ciencia. Imagen de Graphix Made en Pixabay

Transiciones más bruscas: adiós a las estaciones suaves

Pero quizá uno de los hallazgos más inquietantes del estudio no es cuánto dura el verano, sino cómo empieza y cómo termina.

Las estaciones intermedias —primavera y otoño— están perdiendo terreno. El paso de una estación a otra se está acelerando: las temperaturas cambian más rápidamente en esos momentos de transición.

En la práctica, esto se traduce en primaveras más cortas y en entradas al verano más repentinas, con menos tiempo de adaptación. Lo mismo ocurre al final: el paso al otoño es más abrupto.

Este fenómeno tiene una explicación física sencilla. A medida que el calentamiento global avanza, toda la curva anual de temperaturas se desplaza hacia arriba. Eso hace que los umbrales que definen el verano se crucen en puntos del año donde la pendiente de esa curva es mayor. El resultado: cambios más rápidos, menos graduales.

🗣️ «Los cambios pueden ser muy disruptivos para una amplia gama de sistemas. La idea, muy arraigada en el hemisferio norte, de que junio es cuando empieza el verano está integrada en la planificación y en las políticas, lo que significa que podríamos no estar preparados para un calor que llega antes», advierte Scott.

Más calor acumulado: un efecto multiplicador

El estudio introduce además un concepto clave para entender el impacto real del cambio climático: el calor acumulado en verano. No se trata solo de cuántos días hace calor, sino de cuánta energía térmica se acumula a lo largo de la estación. Y ahí los datos son aún más contundentes.

Desde 1990, el calor acumulado en verano está aumentando más de tres veces más rápido que en el periodo 1961–1990. Esto ocurre porque se combinan dos factores: veranos más largos y temperaturas más altas. El efecto no es lineal, sino exponencial en términos prácticos: más días y más calor por día.

Para hacerse una idea, los autores del trabajo estiman que este incremento equivale a que cada mes de verano se esté calentando aproximadamente medio grado adicional por década en algunas regiones.

Ciudades donde el cambio es más evidente

Los cambios no son uniformes a nivel global. Algunas ciudades en concreto están experimentando transformaciones especialmente rápidas.

En lugares como Sídney y Minneapolis, el verano se está alargando a un ritmo cercano o superior a un día por año. Es decir, en apenas una generación, la estación puede haberse extendido más de un mes adicional.

Este fenómeno no es ajeno a la geografía española, donde el avance del estío es igualmente agresivo. Según los registros de la AEMET, el verano en España le gana terreno al calendario a un ritmo de unos nueve días por década, lo que significa que hoy disfrutamos —o padecemos— de una estación estival cinco semanas más larga que en los años 80. Esta tropicalización del clima peninsular no solo desplaza el inicio del calor a finales de mayo, sino que devora las estaciones de transición, dejando una primavera y un otoño cada vez más breves y desdibujados.

Ahora bien, hay que decir que las diferencias regionales dependen de varios factores, entre ellos la forma del ciclo anual de temperaturas. Las zonas con menor variación térmica a lo largo del año, como muchas ciudades costeras, pueden experimentar aumentos más rápidos en la duración del verano.

Mapa de España que muestra el adelanto y la mayor duración del verano: las zonas en rojo más intenso indican regiones donde la estación se ha alargado significativamente en las últimas décadas, en línea con el aumento global de temperaturas.

Mapa de España que muestra el adelanto y la mayor duración del verano: las zonas en rojo más intenso indican regiones donde la estación se ha alargado significativamente en las últimas décadas, en línea con el aumento global de temperaturas. Cortesía: Predicta

Consecuencias del verano más largo

Más allá de los números, el estudio apunta a implicaciones profundas. En el plano ambiental, un verano más largo puede intensificar fenómenos como las sequías, los incendios forestales o las olas de calor extremas. También altera los ciclos biológicos de plantas y animales, que dependen de señales estacionales relativamente estables.

En el ámbito humano, los efectos son múltiples. El aumento del calor acumulado puede poner a prueba la capacidad fisiológica de adaptación, especialmente en poblaciones vulnerables.

Además, el consumo energético por calor —tanto de día como de noche— seguirá creciendo. Y las transiciones más bruscas pueden agravar los impactos de las primeras olas de calor de la temporada, que suelen ser especialmente peligrosas.

El mito del clima costero

De forma tradicional, las zonas costeras han sido percibidas como refugios climáticos más benignos. Sin embargo, el estudio advierte que esta ventaja podría ser engañosa.

Aunque las áreas costeras presentan, en general, menor acumulación total de calor que el interior, el ritmo de aumento es similar.

Esto plantea un desafío añadido: muchas de estas regiones concentran una gran densidad de población, lo que podría incrementar la exposición al riesgo climático en el futuro.

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que no se trata de proyecciones futuras, sino de cambios ya observados. El análisis abarca más de seis décadas de datos, con especial atención al periodo reciente, marcado por el acelerado calentamiento global.

En ese contexto, el verano de 2023 aparece como un ejemplo extremo dentro de una tendencia clara: la de estaciones desdibujadas y dominadas por el calor.

Qué cambia en nuestra forma de entender el clima

En última instancia, el estudio invita a repensar qué entendemos por estaciones. Las definiciones tradicionales —basadas en fechas fijas— resultan cada vez menos útiles para describir la realidad climática.

Lo que está cambiando no es solo el clima, sino también la forma en que lo experimentamos. El verano, tal como lo conocíamos, se está transformando en algo más largo, más intenso y menos predecible.

Y esa transformación, lejos de ser un fenómeno puntual, parece estar acelerándose.▪️(8-abril-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Verano y Cambio Climático

⛱️ ¿Por qué se está alargando el verano?

Porque el calentamiento global aumenta las temperaturas, haciendo que los días con condiciones veraniegas sean más numerosos y se extiendan en el calendario.

⛱️ ¿Cuánto se ha alargado el verano?

Entre 5 y 7 días por década desde 1990, lo que equivale a casi un mes más que en los años 60.

⛱️ ¿Qué es el calor acumulado?

Es la suma del calor total durante el verano, teniendo en cuenta duración e intensidad. Es clave para medir impactos reales del cambio climático.

⛱️ ¿Por qué es preocupante?

Porque implica:

  • Más olas de calor

  • Mayor consumo energético

  • Impactos en salud y agricultura

  • Cambios en ecosistemas

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