Por qué los roedores roen: por la mima razón que a los humanos les gusta mascar chicle. O sea, por placer
Un equipo de científicos ha descubierto que los roedores no roen solo para desgastar sus dientes: también porque les produce placer. El nuevo estudio revela una motivación hasta ahora desconocida para roer en los mamíferos, lo que podría ayudar a desarrollar tratamientos más eficaces para los problemas de salud bucodental en los seres humanos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Las ardillas, como otros roedores, deben roer para mantener a raya el crecimiento continuo de sus incisivos. Científicos han identificado el circuito neuronal que recompensa este comportamiento, un hallazgo que podría ayudar a desarrollar tratamientos para problemas dentales humanos como el bruxismo o la maloclusión mandibular. Foto de Dušan veverkolog en Unsplash
Los roedores roen porque su cerebro los recompensa
La explicación parecía sencilla: los roedores roen porque lo necesitan. Sus incisivos crecen sin parar y deben desgastarlos contra superficies duras para evitar que se deformen y les impidan comer. Pero un nuevo estudio sugiere que esa conducta tiene también otro motor más profundo: roer les produce placer.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Míchigan, en Estados Unidos, ha identificado un circuito neuronal en ratones que conecta las sensaciones procedentes de los dientes con los centros cerebrales de recompensa. Cuando los animales roen, este circuito activa neuronas que liberan dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y la motivación, lo que refuerza así el comportamiento.
El hallazgo, publicado en la revista Neuron, sugiere que incluso conductas aparentemente mecánicas de mantenimiento corporal están impulsadas por los sistemas de recompensa del cerebro.
🗣️ «En la visión clásica, todo el mundo creía que roer era un comportamiento muy pasivo impulsado por consideraciones mecánicas —explica Bo Duan, neurocientífico sensorial de la Universidad de Míchigan y uno de los autores principales del estudio. Y añade—: Lo que estamos aprendiendo es que en realidad es un comportamiento motivado. Existe un circuito neuronal definido que conecta la información sensorial de los dientes con neuronas dopaminérgicas en el mesencéfalo».
Para Duan, esto revela algo más general sobre el funcionamiento del cerebro: «Esto nos dice que incluso comportamientos muy básicos de mantenimiento están reforzados activamente por el cerebro».
Un comportamiento que antes se consideraba solo un reflejo
La idea de que roer es una simple reacción automática llevaba décadas asentada entre los biólogos. En animales como ratones, ratas o hámsteres, los incisivos delanteros crecen continuamente a lo largo de la vida. Si no los desgastan de forma regular, se alargan y se desalinean, lo que puede impedir la alimentación y llegar a ser mortal. Por eso se asumía que el comportamiento era comparable a parpadear: un reflejo automático de mantenimiento corporal.
Pero la hipótesis empezó a tambalearse cuando el laboratorio de Duan observó algo extraño en algunos de sus ratones experimentales. A pesar de tener acceso a la misma comida que los demás, ciertos animales desarrollaban incisivos anormalmente largos, señal de que no estaban roiendo lo suficiente. «Esa observación nos sugirió que podría haber algo más que un simple reflejo», recuerda Duan.
Para investigarlo, el equipo colaboró con Joshua Emrick, dentista y neurocientífico sensorial también en la Universidad de Michigan, especializado en la sensación oral y craneofacial. Los investigadores emplearon ratones modificados genéticamente que permitían desactivar selectivamente distintos tipos de neuronas mediante toxinas.
Al ir apagando partes concretas del sistema nervioso y observar qué ocurría, pudieron reconstruir las rutas neuronales implicadas.
El circuito cerebral que conecta los dientes con el placer
El resultado reveló una arquitectura inesperada. Las neuronas sensibles al tacto situadas en los tejidos alrededor de los dientes envían señales a una región que se bifurca en dos caminos distintos:
✅ Uno de ellos conecta con neuronas motoras que controlan el movimiento de la mandíbula y la posición de los incisivos: la parte mecánica del comportamiento.
✅ El otro camino se dirige al mesencéfalo, una de las partes del cerebro ubicadas en el tronco del encéfalo, sobre el puente de Varolio, donde activa un centro de la dopamina relacionado con la recompensa y la motivación.
Cuando los investigadores interrumpieron este segundo circuito, los ratones dejaron de roer con normalidad y sus dientes comenzaron a crecer en exceso. «Si bloqueas la vía de motivación, la vía sensoriomotora sigue intacta y aún ayuda a mantener los dientes —explica Duan—. Pero sin la motivación no es muy eficiente. Así que la parte motivacional es muy importante».
Mascar chicle es otro ejemplo de comportamiento oral repetitivo que puede activar los circuitos de recompensa del cerebro. Investigaciones recientes sugieren que las sensaciones en dientes y mandíbula pueden estimular la liberación de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la motivación. Foto de Royce Fonseca en Unsplash
Nacidos para roer
Desde el punto de vista evolutivo, el sistema tiene sentido. Para los roedores —un orden de mamíferos que incluye ratones, ratas, ardillas, castores o capibaras— roer es literalmente una cuestión de supervivencia. El propio término roedor procede del latín rodens, que significa roer.
Convertir esa conducta en algo gratificante asegura que los animales la practiquen con la frecuencia necesaria para mantener los dientes y la mandíbula en condiciones funcionales.
«Roer en sí mismo puede ser gratificante —señala en la revista Science Malavika Murugan, neurobióloga de la Universidad de Emory que no participó en el estudio. Y añade—: En retrospectiva, esto tiene sentido desde un punto de vista ecológico, dado que los roedores dependen muchísimo de sus incisivos para interactuar con el entorno».
Lo que el estudio revela sobre los hábitos humanos
El trabajo también abre una ventana a comportamientos aparentemente muy distintos en otros animales, incluidos los seres humanos. «Cuando ocurre, tiene esta recompensa positiva —esta retroalimentación positiva y continúa —resume Emrick. Ese mismo tipo de circuito podría ayudar a explicar por qué los perros mastican huesos o por qué muchas personas se muerden las uñas.
«¿Por qué mascamos chicle? —plantea el propio Emrick.— ¿Por qué un perro mastica un hueso?».
A pesar de que nuestros dientes dejan de crecer tras la infancia, los circuitos cerebrales que conectan las sensaciones orales con la recompensa podrían seguir activos. «Aunque los dientes humanos no crecen de forma indefinida, los mecanismos cerebrales que impulsan comportamientos orales repetitivos pueden seguir funcionando —dice Duan—. Comprender este circuito nos ayuda a ver cómo las señales sensoriales de la boca influyen en la motivación y, potencialmente, en la salud oral».
Implicaciones médicas: bruxismo, depresión o párkinson
De hecho, la dopamina ya se había relacionado con varios problemas dentales. Entre ellos está el bruxismo —rechinar o apretar los dientes de forma involuntaria— y la maloclusión, cuando los dientes superiores e inferiores no encajan correctamente.
«Creo que el impacto más duradero de esto es que nos ayuda a entender por qué los animales tienen comportamientos orales repetitivos y cómo se relacionan con patologías humanas», señala Emrick.
Diversos trastornos que afectan a la motivación y al comportamiento, como el estrés, la ansiedad, la depresión o el trastorno del espectro autista, presentan tasas más altas de maloclusión y de hábitos orales repetitivos. También ocurre en enfermedades neurológicas, como el párkinson, donde los tratamientos que aumentan la dopamina pueden provocar bruxismo con el tiempo.
Un paso hacia tratamientos más precisos
Para los investigadores, comprender estas conexiones neuronales es clave porque los tratamientos actuales suelen centrarse en las consecuencias físicas —como el uso de férulas dentales— y no en las causas neurológicas.
«Si se produce un mal funcionamiento en el sistema a un nivel superior, en última instancia puede ser muy destructivo para nuestros tejidos bucales y, sinceramente, no disponemos de tratamientos específicos para el problema subyacente —advierte Emrick—. Necesitamos comprender de forma fundamental cómo y dónde se originan estos comportamientos en el cerebro».
El equipo cree que este circuito neuronal podría ser solo un ejemplo de un principio más amplio sobre cómo el cerebro refuerza comportamientos necesarios para el mantenimiento del cuerpo. «Pensamos que esto puede representar un principio más general —dice Duan. Y concluye—: Entender cómo se organizan estos circuitos cerebrales podría ayudarnos algún día a intervenir sobre ellos cuando el comportamiento se vuelve desadaptativo».▪️(11-marzo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Roedores y Placer de Roer
🐀 ¿Por qué los roedores roen constantemente?
Porque sus dientes crecen continuamente y deben desgastarlos. Además, un estudio ha demostrado que roer activa circuitos cerebrales de recompensa que liberan dopamina, lo que refuerza el comportamiento.
🐀 ¿Roer produce placer en los roedores?
Sí. Investigadores han identificado un circuito neuronal que conecta las señales de los dientes con el sistema de recompensa del cerebro, generando una sensación placentera.
🐀 ¿Qué tiene que ver esto con los humanos?
Los científicos creen que circuitos similares podrían explicar hábitos orales repetitivos en humanos, como morderse las uñas, mascar chicle o el bruxismo.
🐀 ¿Qué es el bruxismo?
El bruxismo es el acto involuntario de apretar o rechinar los dientes, a menudo durante el sueño, y puede estar relacionado con mecanismos cerebrales que implican dopamina.
Información facilitada por la Universidad de Míchigan
Fuente: Su, Xin-Yu et al. A touch-guided neural circuit regulates motivated gnawing to maintain dental alignment. Neuron (2026). DOI: 10.1016/j.neuron.2026.01.021

