Qué es la nueva piel robótica que permite a los robots sentir dolor y reaccionar como humanos
Los robots ya no solo calculan: ahora retiran el brazo antes de pensar, como haría cualquiera de nosotros ante una quemadura. Una nueva piel robótica con reflejos inspirados en el sistema nervioso humano abre la puerta a máquinas que sienten el peligro y actúan para protegerse —y protegernos.
Por Enrique Coperías
Parches modulares de la nueva piel electrónica neuromórfica desarrollada por el equipo de Xinge Yu, en la City University of Hong Kong. Cada sección puede detectar el dolor, localizar daños y activar reflejos automáticos en robots humanoides, acercando a las máquinas a una sensibilidad protectora similar a la humana. Cortesía: Xinge Yu / City University of Hong Kong.
Los robots humanoides están empezando a sentir el dolor… o algo muy parecido. Un equipo de investigadores en China ha desarrollado una nueva piel electrónica neuromórfica, bautizada como NRE-skin, que acerca a las máquinas a una capacidad que hasta ahora parecía exclusiva de los seres vivos: detectar el dolor y reaccionar de forma instintiva para evitar daños.
El avance, publicado en ña revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), representa un salto de gigante hacia robots capaces de convivir con humanos en hogares, hospitales o centros de atención sin comportarse como meras herramientas programadas.
La idea de una piel robótica no es nueva, pero hasta ahora las soluciones disponibles se parecían más a una colección de almohadillas de presión que a un sistema sensorial complejo. Podían registrar un toque, pero no interpretar su intensidad, ni mucho menos distinguir entre una caricia inocua y una fuerza potencialmente peligrosa. El nuevo trabajo rompe esa barrera imitando no solo la estructura de la piel humana, sino también el lenguaje eléctrico con el que nuestros nervios traducen la realidad exterior.
Cómo funciona la NRE-skin, el «sistema nervioso» de los robots
La NRE-skin está formada por cuatro capas. La más externa actúa como una epidermis que protege el resto del conjunto. Debajo se despliega una red de sensores táctiles y circuitos inspirada en las terminaciones nerviosas humanas.
Esa arquitectura permite transformar cualquier contacto en una serie de pulsos eléctricos —como los que viajan por nuestros nervios— y enviarlos al cerebro del robot.
Bajo condiciones normales, el sistema se comporta como la piel de cualquiera de nosotros: percibe, informa y permite que el cerebro interprete el entorno.
Reflejos inmediatos sin pasar por el «cerebro» del robot
Pero la clave está en lo que ocurre cuando el peligro acecha. Si un humano toca una superficie demasiado caliente, el reflejo de retirada se activa incluso antes de que la mente sea consciente del dolor. La NRE-skin reproduce ese atajo biológico.
Cuando los sensores detectan una presión por encima de un umbral predefinido, el circuito emite una señal de alto voltaje que viaja directamente hasta los motores del robot, sin pasar por el procesador central. El resultado: un movimiento inmediato de retirada que protege la integridad de la máquina del mismo modo que nuestros reflejos protegen nuestro cuerpo.
Los investigadores, dirigidos por Xinge Yu, del Departamento de Ingeniería Biomédica en la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, demostraron esta capacidad montando la piel sobre un robot humanoide capaz de gesticular. Ante un roce suave, el autómata mostraba una expresión relajada; al aumentar la presión hasta niveles dañinos, el gesto cambiaba a uno doloroso y el brazo se apartaba con brusquedad. No era una actuación: la acción se desencadenaba por la propia arquitectura sensorial, no por una instrucción programada en segundo plano.
Una forma rudimentaria de autoconsciencia corporal
La piel no solo percibe el exterior; también se vigila a sí misma. Incluso cuando nadie la toca, cada sección envía una señal periódica al procesador central, una especie de todo va bien.
Pero si un módulo deja de emitir ese pulso, porque ha sido rasgado, perforado o desconectado, el sistema identifica el punto exacto de la avería. Es una forma rudimentaria de autoconsciencia corporal que, según los autores, será crucial para robots destinados al contacto continuo con personas.
La reparación tampoco exige un desmontaje complejo. Cada fragmento de piel se fija mediante imanes, de modo que sustituir una pieza dañada es tan sencillo como retirar un bloque y colocar otro, como si se tratara de un juego de construcción. El nuevo módulo se integra automáticamente en la red sensorial y comienza a emitir sus propios pulsos de control en cuestión de segundos.
Las pieles electrónicas del futuro permitirá a los robots reaccionar ante peligros como si fueran humanos. Cortesía: University of Cambridge
Por qué es importante: seguridad, empatía robótica y asistencia humana
La llegada de robots a espacios compartidos, desde residencias de ancianos hasta hospitales, talleres o escuelas, exige máquinas que reaccionen de forma intuitiva, y que eviten accidentes antes de que estos ocurran. Una piel capaz de sentir y protegerse no solo reduce el riesgo de daños costosos; también dibuja un futuro donde los robots puedan manejar objetos delicados, ayudar a personas vulnerables o trabajar codo con codo con profesionales sanitarios sin comportarse como brazos mecánicos torpes.
Los autores del estudio confían en mejorar la sensibilidad del sistema para que pueda interpretar múltiples contactos simultáneos, una destreza esencial para desenvolverse en entornos saturados de estímulos. El horizonte apunta hacia robots que sienten el entorno y reaccionan con la misma inmediatez con la que una mano humana se aparta del fuego.
En definitiva, esta nueva piel electrónica neuromórfica para robots humanoides no acerca a las máquinas a sentir como nosotros en un sentido emocional, pero sí marca un paso decisivo hacia robots con reflejos propios, capaces de protegerse y actuar de forma segura, e interactuar de manera natural con humanos.
Un requisito indispensable para que algún día dejen de parecer objetos inteligentes y empiecen a comportarse como compañeros útiles, aunque nunca olviden que seguirán siendo de metal bajo la piel.▪️
Fuente: Y. Gao et al. A neuromorphic robotic electronic skin with active pain and injury perception. PNAS (2025). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2520922122

