El radiotelescopio de Green Bank no encuentra señales artificiales en el objeto interestelar 3I/ATLAS

El tercer visitante interestelar detectado hasta ahora pasó a tiro de radiotelescopio… y guardó completo silencio. En el cometa 3I/ATLAS no hubo señales artificiales o tecnofirmas, pero sí un avance importante sobre cómo escuchamos a los visitantes de otras estrellas.

Por Enrique Coperías

3I/ATLAS visto en una recreación artística cercana. La superficie irregular y silenciosa del tercer objeto interestelar descubierto refuerza un hallazgo clave: durante su paso por el vecindario solar, no emitió ninguna señal artificial detectable.

3I/ATLAS visto en una recreación artística cercana. La superficie irregular y silenciosa del tercer objeto interestelar descubierto refuerza un hallazgo clave: durante su paso por el vecindario solar, no emitió ninguna señal artificial detectable. Crédito: IA-DALL-E-©Rexmolón Producciones

Durante semanas, algunos de los radiotelescopios más sensibles del mundo han apuntado al cielo en busca de un susurro imposible: una señal que delatase la existencia de tecnología creada lejos de nuestro sistema solar. El objetivo era un cuerpo helado y oscuro, apenas perceptible desde la Tierra, pero con una particularidad que lo hace único: no nació aquí.

Se trata de 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar jamás detectado, un viajero procedente de otra estrella que atravesó nuestro vecindario a finales de 2025. Por su carácter excepcional, astrónomos del programa Breakthrough Listen para intentar algo que hasta hace poco parecía ciencia ficción: comprobar si ese objeto, aparentemente natural, escondía señales de tecnología extraterrestre.

Breakthrough Listen es un programa internacional de búsqueda de inteligencia extraterrestre financiado por la Breakthrough Prize Foundation y desarrollado principalmente en la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos). Su objetivo no es otro que detectar tecnofirmas, especialmente señales de radio o láser que pudieran revelar actividad tecnológica más allá de la Tierra.

Para ello, el Breakthrough Listen utiliza algunos de los radiotelescopios más sensibles del mundo, como el de Green Bank en Estados Unidos y el Parkes en Australia, y recopil enormes volúmenes de datos que se analizan con técnicas avanzadas de procesamiento. Es actualmente la iniciativa más ambiciosa y sistemática del mundo en la escucha del cosmos, tanto por la sensibilidad de sus instrumentos como por el tiempo de observación dedicado.

Ruido generado por la actividad humana

El resultado de este rastreo cósmico acaba de publicarse en arXiv y es, en apariencia, sencillo: no se detectaron tecnofirmas de radio procedentes del objeto. Pero, como suele ocurrir en ciencia, la respuesta encierra matices y, sobre todo, un profundo significado sobre cómo buscamos compañía inteligente en el cosmos.

El estudio, liderado por Ben Jacobson-Bell, investigadora de la Universidad de California en Berkeley, describe una observación minuciosa realizada con el gigantesco radiotelescopio Robert C. Byrd de Green Bank.

Para llevar a buen puerto su trabajo, Jacobson-Bell y sus colegas emplearon una estrategia especialmente diseñada para detectar emisiones de radio estrechas y continuas, el tipo de señales que la humanidad envía a sus propias naves espaciales, como las legendarias sondas Voyager.

👉 No apareció nada. Ni un pitido atribuido al objeto. Ni una única señal auténtica. Todas las candidatas detectadas terminaron siendo interferencias terrestres, lo que en la jerga radioastronómica se conoce como RFI: ruido generado por actividad humana.

Pero la historia no acaba ahí.

La búsqueda empezó con una pregunta

Pero, ¿por qué observar un objeto interestelar para buscar tecnofirmas? Porque, por extraño que parezca, esa posibilidad no es descabellada. Si una civilización avanzada quisiese explorar otros sistemas planetarios, una forma eficiente de hacerlo sería enviando sondas pequeñas, resistentes y numerosas, capaces de viajar durante miles de años.

La idea se remonta a los años 80, con propuestas como las del físico y psicólogo estadounidense Robert Freitas, que imaginaba sondas invisibles dispersas por la galaxia. Freitas, uno de los pioneros en formalizar la hipótesis de las sondas de vigilancia galáctica, sugirió que una civilización avanzada podría haber enviado millones de pequeñas naves autorreplicantes, discretas y autónomas, capaces de viajar entre estrellas durante tiempos cósmicos y asentarse en sistemas planetarios ajenos para observar, registrar y comunicar información.

Estas sondas, potencialmente indetectables para una tecnología como la nuestra, funcionarían como balizas silenciosas repartidas por la galaxia, una estrategia más eficiente que la comunicación directa por radio a largas distancias. Su propuesta abrió una vía conceptual que aún influye en la búsqueda moderna de tecnofirmas, incluida la posibilidad de examinar objetos interestelares como 3I/ATLAS en busca de rastros tecnológicos sutiles.

Imagen de alta resolución del cometa interestelar 3I/ATLAS, obtenida con la visión nítida del telescopio espacial Hubble, la más detallada conseguida hasta ahora de este visitante inesperado

Imagen de alta resolución del cometa interestelar 3I/ATLAS, obtenida con la visión nítida del telescopio espacial Hubble, la más detallada conseguida hasta ahora de este visitante inesperado. El Oficina de Defensa Planetaria de la ESA reaccionó rápido tras su descubrimiento y monitorizó su trayectoria desde julio de 2025. Cortesía: NASA, ESA, D. Jewitt (UCLA), J. DePasquale (STScI)

Tres visitantes de interestelares

Hasta 3I/ATLAS, la humanidad solo había tenido dos ocasiones de poner esa hipótesis a prueba: con el enigmático ‘Oumuamua en 2017 y con el cometa 2I/Borisov dos años después.

El primero dejó perplejo al mundo científico por su forma peculiar de puto habano y su comportamiento dinámico, difícil de encajar en modelos clásicos. 2I/Borisov, en cambio, se comportó como un cometa convencional. 3I/ATLAS vuelve a la senda de Borisov: presenta coma, núcleo poco alargado y propiedades que encajan con un cuerpo helado natural.

Sin embargo, que parezca natural no cierra la puerta a lo extraordinario. Ese punto es clave para los investigadores: con solo tres objetos interestelares conocidos, la estadística está vacía.

A la escucha con una oreja enorme

El 18 de diciembre de 2025, aproximadamente un día antes del máximo acercamiento, Breakthrough Listen programó cinco horas de observación continua con el telescopio de Green Bank, el radiotelescopio orientable más grande del planeta que opera con longitudes de onda de un metro a milímetro.

Los astrónomos cubrieron cuatro rangos de frecuencias entre los 1 y 12 gigahercios, una parte del espectro donde las señales de radio viajan con eficiencia a través del espacio interestelar.

La estrategia fue muy clara: se alternaron observaciones sobre el objetivo con observaciones de referencia, en una secuencia llamada ABACAD, algo así como un patrón de control para distinguir señales reales de ruido terrestre. Cada bloque duró cinco minutos: tres sobre el objeto, tres fuera de él.

Esa precisión es necesaria porque la Tierra está inundada de señales de radio pocedentes de satélites, radares, aviones e incluso microondas domésticos. De las casi medio millón de señales que inicialmente parecieron candidatas, solo nueve resistieron el primer filtrado. Y, tras análisis manual, todas mostraron huellas de interferencias conocidas.

En palabras del propio equipo, no quedó ninguna señal creíble procedente del visitante interestelar.

Una sensibilidad asombrosa y una conclusión contundente

Lo más llamativo del estudio no es solo la ausencia de señales de ET, sino hasta dónde llega esa ausencia. Los investigadores han calculado que, dada la sensibilidad alcanzada, habrían detectado emisores isotrópicos continuos de apenas 0,1 vatios de potencia, a la distancia de 1,8 unidades astronómicas.

Para ponerlo en contexto periodístico: eso es diez veces menos potencia que la de un teléfono móvil emitiendo de forma constante.Si en 3I/ATLAS hubiese una antena omnidireccional que transmitiera como un walkie-talkie extraterrestre, probablemente la habríamos visto.

Por supuesto, esto no descarta tecnologías direccionales, transmisiones intermitentes, ni la posibilidad de que si existe tecnología extraterrestre, no esté transmitiendo para que la detectemos.

Pero lo conseguido es relevante: los límites alcanzados sitúan la observación entre las más sensibles jamás realizadas para un objeto interestelar, confirmando lo que el equipo resume con sobriedad científica:

👉 «No hemos encontrado transmisiones de potencia superior a 0,1 vatios procedentes de 3I/ATLAS».

Distribución de las señales detectadas durante la búsqueda: los círculos marcan los hits iniciales y las estrellas los eventos que superaron el filtrado, en función de la frecuencia y la deriva de la señal.

Distribución de las señales detectadas durante la búsqueda: los círculos marcan los hits iniciales y las estrellas los eventos que superaron el filtrado, en función de la frecuencia y la deriva de la señal. Las zonas sombreadas indican los rangos esperados por el movimiento de la Tierra y de 3I/ATLAS: ningún evento se situó dentro de esas regiones, reforzando la ausencia de señales artificiales creíbles.

El ruido interno del planeta

Más allá de la búsqueda en sí, el estudio ilumina un problema persistente en la ciencia que escucha el cosmos: la contaminación por radiofrecuencia.

La enorme cantidad de hits471.198 señales potenciales— que fueron descartados muestran lo difícil que es trabajar en un mundo que no deja de emitir. De hecho, muchos de los picos detectados se concentraban en bandas donde la presencia de interferencias de radiofrecuencia es bien conocida.

Ese ruido es el precio de vivir en una civilización tecnológica: cada avance produce un eco que enturbia la escucha del universo. Paradójicamente, buscamos señales de tecnología extraterrestre con tecnología que nos interfiere.

¿Y ahora qué?

La respuesta negativa de 3I/ATLAS no cierra puertas: las abre. Así es, desde 2017, cada visita interestelar despierta más atención. La comunidad espera que futuros telescopios, incluido el Observatorio Vera C. Rubin, multiplicarán el número de objetos interestelares detectados en los próximos años.

Con más viajeros, habrá más oportunidades de escuchar.

Además, el equipo señala que todos los datos recogidos serán públicos, accesibles desde el portal de Breakthrough Listen. Esto significa que astrónomos profesionales, investigadores independientes e incluso estudiantes podrán revisar los registros en busca de señales que pasen inadvertidas o que requieran nuevas técnicas de análisis.

La ciencia es acumulativa: cada no riguroso acerca un poco más al sí hipotético.

Recreación artística de ‘Oumuamua, el primer objeto interestelar detectado, un fragmento extremadamente alargado que viajó millones de años antes de rozar el Sistema Solar en 2017.

Recreación artística de ‘Oumuamua, el primer objeto interestelar detectado, un fragmento extremadamente alargado que viajó millones de años antes de rozar el Sistema Solar en 2017. Su composición metálica o rocosa y su forma única desafiaron las expectativas: nunca antes se había observado nada similar. Cortesía: ESO/M. Kornmesser

Lo que significa no encontrar nada

Puede parecer frustrante: ¿de qué sirve buscar si siempre obtenemos silencio? Para quienes trabajan en el campo de la exobiología insisten en que el silencio es un resultado poderoso.

Cada objeto observado, cada rango descartado, construye un mapa de posibilidades que permite refinar preguntas.

La búsqueda de tecnofirmas es una actividad científica aún en pañales. La cantidad de espacio —en frecuencias, modos de emisión, intensidades— por explorar es inmensa. Dado ese desierto de posibilidades, que podamos descartar transmisores tan débiles como 0,1 vatios a unos 269 millones de kilómetros de distancia es, en sí, extraordinario.

Mientras esperamos al próximo visitante…

3I/ATLAS ya se aleja del Sol, rumbo al oscuro espacio entre estrellas. Quizá no vuelva nunca. Pero dejó algo más valioso que un mero registro orbital: una oportunidad de ensayar nuestra capacidad para escuchar el universo.

No encontramos señales artificiales, pero mejoramos nuestra sensibilidad, nuestra metodología y nuestro compromiso con una pregunta milenaria: ¿estamos solos?

Para algunos, el resultado de este estudio confirmará la hipótesis más sobria: los objetos interestelares son fragmentos naturales expulsados de otros sistemas solares. Para otros, será una llamada a perseverar: si queremos encontrar señales, debemos seguir mirando, seguir escuchando.

La próxima vez que otro visitante interestelar cruce el Sistema Solar, quizá estemos mejor preparados para analizarlo a fondo.▪️

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