Sacrificios humanos en el antiguo Egipto: las nuevas pistas forenses de los cráneos de Abidos

Hace 5.000 años, servir a los primeros faraones pudo significar acompañarlos a la tumba. Las lesiones presentes en dieciocho cráneos refuerzan la hipótesis de que algunos miembros de la corte fueron asesinados para seguir sirviéndolos en el más allá, según un estudio de la antropóloga Roselyn Campbell.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística de un funeral real en Abidos hace unos 5.000 años, inspirada en la hipótesis del sacrificio de acompañantes.

Recreación artística de un funeral real en Abidos hace unos 5.000 años, inspirada en la hipótesis del sacrificio de acompañantes. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Morir podía formar parte del servicio a la realeza. Hace unos 5.000 años, cuando el Estado egipcio daba sus primeros pasos, los funerales de sus gobernantes pudieron arrastrar a la tumba a personas de su entorno. En Abidos, en el sur de Egipto, cientos de sepulturas situadas alrededor de los complejos reales alimentaban esa sospecha desde hacía un siglo.

Ahora, las fracturas de algunos cráneos aportan indicios de una violencia que los primeros excavadores no supieron reconocer: fracturas compatibles con golpes potencialmente mortales.

La antropóloga Roselyn Campbell, de la Universidad Purdue, en Estados Unidos, ha examinado 46 cráneos conservados en la colección Duckworth de Cambridge. En dieciocho de ellos ha identificado traumatismos próximos a la muerte, principalmente fracturas lineales, además de algunas lesiones por objetos cortantes. Su artículo científico, publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, reúne y contextualiza investigaciones anteriores, con resultados publicados desde 2019, para explicar cómo los avances forenses permiten reinterpretar los restos.

Qué es el sacrificio de acompañantes

El 39 % corresponde a los cráneos examinados, no al conjunto de personas enterradas en Abidos. Las lesiones son potencialmente mortales, pero los huesos no permiten demostrar por sí solos que todas causaran el fallecimiento.

Recordemos que el sacrificio de acompañantes es una forma de sacrificio humano que consiste en matar a personas del entorno de un gobernante cuando este fallece, generalmente con la creencia de que seguirán sirviéndolo en el más allá. En diversas culturas se ha relacionado con la creencia de que continuarían sirviéndolo en el más allá.

Campbell precisa que también puede ser «una demostración visceral del poder del gobernante». La participación de las víctimas plantea un dilema: «Algunos podrían haberse ofrecido voluntariamente para alcanzar la vida eterna o el honor; otros podrían haber sido elegidos o incluso obligados». Ninguna fractura permite averiguar si una persona aceptó morir o fue forzada.

Desde que se puso manos a la obra con la colección Duckworth de Cambridge, la antropóloga se marcó el objetivo de recuperar también las historias de las víctimas de Abidos. «Me atrajeron estas personas en parte porque, aunque fueron enterradas alrededor de la realeza, casi siempre quedan relegadas a notas al pie en el relato general», explica la antropóloga en un comunicado de Frontiers al que RexMolón, la Ciencia en Acción ha tenido acceso. Su pregunta desplaza el foco del soberano a quienes lo rodeaban: «¿Quiénes eran estas personas y cómo veían al gobernante y su propio papel en su vida y en su muerte?».

Roselyn Campbell, bioarqueóloga y egiptóloga de la Universidad Purdue y autora del estudio sobre Abidos.

Roselyn Campbell, bioarqueóloga y egiptóloga de la Universidad Purdue y autora del estudio sobre Abidos. Su investigación se centra en la violencia ejercida por los antiguos Estados y en las enfermedades, incluido el cáncer, documentadas en restos humanos. Cortesía: Purdue Ybuversity / Tratamiento digital con Grok

Abidos y las tumbas de la Primera Dinastía

Los enterramientos pertenecen a la Dinastía I de faraones egipcios, situada por el estudio aproximadamente entre los años 3078 y 2900 antes de nuestra era. Constituyó el comienzo del Egipto de los faraones, varios siglos antes de la construcción de las grandes pirámides de Guiza. La Primera Dinastía consolidó la unión del Alto Egipto, situado al sur, y el Bajo Egipto, en el delta del Nilo. Aquella unificación fue un proceso gradual, una de cuyas etapas decisivas se asocia al rey Narmer, probable sucesor de los reyes protodinásticos Horus Escorpión II o Horus Ka.

Los sucesores de Narmer reforzaron el poder de la corona sobre el territorio, mientras Menfis se convertía en un centro político fundamental y Abidos conservaba su importancia como lugar de enterramiento real. Las tumbas cada vez más monumentales reflejaban esa creciente autoridad: los soberanos comenzaban a concentrar un poder que también marcaba cómo debían ser recordados después de morir.

Los monarcas construyeron tumbas y recintos cercanos que tal vez acogían rituales funerarios. A su alrededor se alineaban pequeñas cámaras individuales. Algunas contenían ataúdes sencillos; otras, recipientes cerámicos, herramientas de cobre o figurillas de marfil. Unas pocas estelas conservaban nombres y cargos. Entre sus ocupantes habría funcionarios de rango bajo o medio y artesanos vinculados a la casa real.

Primera sala hipóstila del templo de Seti I en Abidos.

Primera sala hipóstila del templo de Seti I en Abidos. En la pared izquierda se encuentra la célebre Lista Real, testimonio de la importancia religiosa y política que la ciudad conservó muchos siglos después de los enterramientos estudiados. Cortesía: Matson Collection

Cómo identifica la ciencia forense las lesiones antiguas

El egiptólogo británico Flinders Petrie excavó las sepulturas de los recintos funerarios en los años veinte. La cantidad de enterramientos y los indicios de que algunos grupos habían sido cubiertos simultáneamente le hicieron sospechar que aquellas muertes estaban relacionadas con las de los monarcas. Pero no identificó en los esqueletos heridas letales.

Durante décadas, esa ausencia sostuvo interpretaciones alternativas: quizá eran personas fallecidas por causas naturales y sepultadas allí a lo largo de los años. Ahra bien, la disposición de las tumbas sugería un sacrificio, pero faltaba una lectura especializada de los restos humanos.

Y este ha sido el reto de Cambell, examinar con las herramientas de la moderna ciencia forense los 46 cráneos de la colección Duckworth de Cambridge, que proceden de sepulturas asociadas a los recintos funerarios de Djer, Djet y Merneith, una reina que ejerció la regencia durante la juventud de su hijo Den.

Qué significa una lesión perimortem

El desafío para la antropóloga no era otro que distinguir una lesión sufrida cuando el hueso todavía conservaba sus propiedades de tejido fresco de una rotura ocurrida mucho después. El hueso húmedo mantiene cierta elasticidad: puede doblarse antes de quebrarse y producir fracturas incompletas o fragmentos unidos, como una bisagra.

Ahora bien, una vez seco, los huesos se fracturan de otra manera. La forma de los bordes y de las superficies de fractura ayuda a reconstruir cuándo se produjo el daño. En los cráneos de Abidos, Campbell identifica rasgos de lesiones perimortem, es decir, próximas a la muerte.

Casi con toda seguridad, Petrie también tuvo que detectar algunas de las grietas en los restos de Abidos, pero las atribuyó al deterioro del enterramiento. Una pista es la parafina que el egiptólogo aplicó para consolidar las zonas frágiles de los cráneos, a menudo alrededor de las fracturas.

Qué daños presentan los cráneos

🗣️ «Las lesiones de los cráneos conservados son generalmente fracturas lineales, que probablemente causarían una rápida pérdida de conciencia, hemorragias internas y la muerte», afirma Campbell.

El artículo también recoge una herida penetrante en un lateral de la cabeza y otra por un golpe cortante en la región del ojo. Pero, ¿qué arma se utilizó para causar este tipo de lesiones?

Los expertos responden encogiéndose de hombros. Una maza de piedra, el arma más característica del predinástico egipcio y que aparece representada en escenas de reyes golpeando a sus enemigos, tendería a producir hundimientos localizados. Y las fracturas lineales observadas encajan mejor con impactos contra superficies amplias y planas. Las caídas también pueden causarlas, aunque Campbell considera poco probable que tantos individuos sufrieran accidentes semejantes.

El egiptólogo británico Flinders Petrie en Abidos. Sus excavaciones de las tumbas subsidiarias en la década de 1920 le llevaron a sospechar que algunos acompañantes de los primeros faraones habían sido sacrificados.

El egiptólogo británico Flinders Petrie en Abidos. Sus excavaciones de las tumbas subsidiarias en la década de 1920 le llevaron a sospechar que algunos acompañantes de los primeros faraones habían sido sacrificados.

Qué limitaciones tiene la hipótesis del sacrificio

El echo de que los arqueólogos no puedan completar el puzle es porque faltan muchas piezas. Los cráneos conservados representan solo entre el 5 % y el 15 % de la población funeraria de cada recinto. Petrie volvió a enterrar buena parte de los esqueletos, aparentemente mezclados, y los otros huesos no están disponibles para buscar lesiones adicionales. Además, la parafina y los sedimentos adheridos ocultan detalles.

Por otro lado, el hueso conserva humedad durante un tiempo después del fallecimiento. Una fractura perimortem puede haberse producido poco después de morir, y no necesariamente ser la causa de la muerte. La interpretación del sacrificio se apoya en la combinación de las lesiones y el contexto arqueológico.

El destino de los otros 28 individuos sigue abierto. Algunos pudieron morir por causas naturales; otros, mediante procedimientos que no dejan marcas en el cráneo, como la asfixia. Tampoco las posturas extrañas prueban que fueran enterrados vivos: la descomposición y la entrada de tierra pueden modificar la posición del cuerpo.

Quiénes eran las posibles víctimas y cuándo desapareció la práctica

La muestra incluye hombres y mujeres, sin niños y con pocos adultos de edad avanzada, un perfil compatible con funcionarios y trabajadores. Campbell cuestiona que las mujeres fueran identificadas de forma automática como integrantes de un supuesto harén: podían desempeñar otras funciones en la casa real.

El paralelo de Ur, en la antigua Mesopotamia, ilustra el valor de revisar las colecciones. El arqueólogo británico Leonard Woolley había propuesto que los acompañantes de los gobernantes bebían veneno para morir pacíficamente y seguir sirviéndolos en el más allá. Décadas después, las tomografías de dos cráneos revelaron lesiones graves causadas por golpes, que apuntaban a una muerte violenta.

En Egipto, estos enterramientos disminuyeron rápidamente y parecen desaparecer al comenzar la Segunda Dinastía. Los indicios de Abidos corresponden a una etapa concreta, no a toda la historia egipcia. «Si tuviera recursos ilimitados, me encantaría averiguar dónde podrían estar los cuerpos de estas personas y analizarlos», concluye Campbel. Recuperarlos permitiría investigar con más detalle el coste humano de aquellos funerales reales.▪️(5-octubre-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Qué se encontró: 18 de 46 cráneos de Abidos, aproximadamente el 39 %, presentan lesiones próximas a la muerte y potencialmente mortales.
  • Qué significa: los traumatismos y el contexto funerario respaldan la hipótesis del sacrificio de acompañantes de los primeros monarcas egipcios.
  • Qué no demuestra: el porcentaje no se puede extrapolar a todos los enterrados ni confirma la causa de muerte de cada individuo.
  • Quién lo estudia: Roselyn A. Campbell, de la Universidad Purdue, en un artículo publicado el 5 de octubre de 2026 en Frontiers in Environmental Archaeology.
  • Información facilitada por Frontiers

  • Fuente: Campbell R. A. New data from old bones: using bioarchaeology and forensics to reassess legacy data from ancient Abydos, Egypt. Frontiers in Environmental Archaeology (2026). DOI: https://doi.org/10.3389/fearc.2026.1858940

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