Un compuesto de las setas alucinógenas podría prevenir el dolor causado por la quimioterapia
Un estudio en ratones desvela que la psilocibina protege los nervios y evita la hipersensibilidad provocada por varios fármacos contra el cáncer. El hallazgo abre una vía para prevenir uno de los efectos secundarios más dolorosos y persistentes de la quimioterapia, aunque todavía debe confirmarse en pacientes.
Por Enrique Coperías, periodista científico
La psilocibina, el compuesto psicodélico presente en algunas setas alucinógenas, protegió en ratones los nervios periféricos frente a los daños y la hipersensibilidad provocados por varios fármacos de quimioterapia. Cortesía: UCSF
La quimioterapia contra el cáncer salva vidas, pero a veces deja tras de sí una factura dolorosa. Fármacos tan utilizados como el cisplatino, el oxaliplatino o los taxanos pueden lesionar los nervios periféricos y provocar hormigueo, ardor, entumecimiento, hipersensibilidad al frío y pérdida de sensibilidad en manos y pies.
En algunos pacientes, estas molestias persisten durante años e interfieren en acciones tan cotidianas como abrocharse una camisa, caminar con seguridad o sostener una taza. Cuando la toxicidad es grave, los oncólogos pueden verse obligados a reducir la dosis, retrasar un ciclo o interrumpir un tratamiento potencialmente curativo.
Un compuesto conocido principalmente por alterar la percepción podría ayudar a impedir que ese daño llegue a producirse. Una investigación dirigida por científicos del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, muestra que la psilocibina, el principio activo de varias especies de setas alucinógenas u hongos psilocibios, protegió a ratones frente a la neuropatía periférica inducida por la quimioterapia.
El trabajo, publicado en la revista Science, no demuestra todavía que el tratamiento funcione en personas, pero aporta algo más que una reducción pasajera del dolor: los experimentos indican que la sustancia preserva físicamente los nervios y mantiene el suministro de energía que necesitan sus terminaciones más alejadas.
Qué es la neuropatía periférica causada por la quimioterapia
La neuropatía periférica causada por la quimioterapia afecta hasta al 60 % de los pacientes que reciben determinados compuestos de platino o taxanos (medicamentos que impiden la multiplicación celular al detener la mitosisy que interfieren con los microtúbulos, las estructuras celulares que ayudan al movimiento de los cromosomas durante la mitosis).
El problema resulta especialmente difícil de abordar porque, cuando la lesión nerviosa ya está establecida, puede ser irreversible.
«En lugar de intentar recomponer algo que se ha roto, la idea es intervenir y protegerlo desde el principio», explica Patrick Dougherty, anestesiólogo del dolor en el MD Anderson y uno de los autores principales de la investigación.
El equipo decidió por ello administrar la psilocibina antes de la quimioterapia, como medida preventiva y no como analgésico posterior.
Dos dosis evitaron la hipersensibilidad en los ratones
Los investigadores trataron ratones machos y hembras con cisplatino —uno de los agentes quimioterapéuticos más utilizados para el tratamiento de tumores sólidos y cánceres hematológicos— y evaluaron su respuesta al tacto y al frío. Como era previsible, los animales que recibieron solo el antitumoral desarrollaron una intensa hipersensibilidad mecánica que se prolongó durante más de cuatro meses.
Una sola dosis preventiva de psilocibina no impidió la aparición inicial del problema, pero acortó su duración hasta aproximadamente tres meses. En cambio, dos dosis de un miligramo por kilo, separadas por una semana y administradas antes de la quimioterapia, evitaron la hipersensibilidad mecánica.
Esta cantidad administrada a un ratón, advierten los especialistas, no puede trasladarse directamente a una dosis humana mediante una simple regla de tres. Antes de establecer una pauta para pacientes es necesario estudiar cómo absorbe, metaboliza y elimina el organismo humano la psilocibina cuando se administra junto con medicamentos oncológicos.
El efecto del fármaco resistió además una prueba más exigente. Los científicos reprodujeron hasta seis ciclos consecutivos de quimioterapia y siguieron a algunos animales durante más de ocho meses. La psilocibina administrada antes de cada ciclo mantuvo la protección durante todo ese tiempo.
Esquema del mecanismo neuroprotector propuesto: la quimioterapia interrumpe el transporte de mitocondrias por los axones y favorece la pérdida de terminaciones nerviosas, mientras que la psilocibina, transformada en psilocina, activa la vía 5-HT2A–TrkB, restablece el suministro de energía y preserva las fibras sensitivas de la piel. Ilustración: Dave Aten
La protección debe administrarse antes de cada ciclo
Los resultados se repitieron con paclitaxel y docetaxel, dos taxanos que dañan los nervios mediante mecanismos parcialmente diferentes de los del cisplatino. En ratones con tumores, el psicodélico tampoco aceleró el crecimiento del cáncer, alteró las citocinas inmunitarias ni redujo la actividad antitumoral de la quimioterapia.
Esto último es esencial. No serviría de mucho prevenir una neuropatía a costa de debilitar el tratamiento oncológico. Sin embargo, los experimentos tampoco permiten dar por resuelta esa cuestión en pacientes, cuyos tumores, combinaciones farmacológicas y sistemas inmunitarios son mucho más heterogéneos.
El propio estudio muestra, además, que la protección no es permanente: cuando los investigadores extirparon el tumor de los ratones y reanudaron después el cisplatino sin volver a administrar psilocibina, la hipersensibilidad regresó. El compuesto tendría que acompasarse, por tanto, con los ciclos de quimioterapia.
Cómo protege la psilocibina los nervios
La parte más novedosa del trabajo se encuentra en el mecanismo propuesto. Una neurona puede prolongar su axón—prolongación larga de una neurona que transmite los impulsos nerviosos hacia otras células— a lo largo de distancias enormes en comparación con el tamaño de su cuerpo celular.
Para mantener vivas sus terminaciones necesita transportar hasta ellas mitocondrias, los orgánulos que producen la mayor parte de la energía celular. Estas pequeñas centrales energéticas viajan por el interior del axón sobre una red de microtúbulos, impulsadas por proteínas motoras. El cisplatino atasca ese tráfico: las mitocondrias quedan inmovilizadas, disminuye el suministro local de adenosín trifosfato (ATP) —el combustible celular— y las zonas más distantes del nervio comienzan a degenerar.
La psilocibina —que el organismo convierte en psilocina— activó el receptor de serotonina 5-HT2A y una cadena de señales denominada TrkB-Akt-PAK5-MAP2-KIF5B. Dicho de forma sencilla, la sustancia volvió a poner en marcha los motores moleculares que desplazan las mitocondrias hacia los extremos del axón y liberó parte de las que permanecían ancladas por una proteína llamada sintafilina.
El compuesto también liberó parte de las mitocondrias retenidas por la sintafilina, una proteína que actúa como anclaje. Como resultado, los nervios conservaron su suministro energético, la estructura interna de sus mitocondrias y la densidad de las fibras sensitivas que penetran en la piel.
Los nervios conservaron así su energía, la arquitectura de sus mitocondrias y la densidad de las finas fibras que penetran en la epidermis.
Los médicos Amy Case y William Alexander, del Roswell Park Comprehensive Cancer Center, muestran una cápsula de psilocibina. Ambos investigan si dosis bajas del psicodélico pueden aliviar las dimensiones físicas y psicológicas del dolor asociado al cáncer. Fuente: Roswell Park Comprehensive Cancer Center
Una doble acción sobre los nervios y el cerebro
El efecto tuvo dos componentes diferenciados, según los autores del estudio:
✅ En el sistema nervioso periférico —la red de nervios y ganglios que se extiende por fuera del cerebro y la médula espinal., y cuya función principal es conectar el sistema nervioso central con los órganos, la piel y los músculos de todo el cuerpo—, la psilocibina protegió las terminaciones sensitivas y evitó la pérdida de tacto.
✅ En el cerebro, normalizó alteraciones de la actividad sináptica de la corteza prefrontal medial y de las ondas alfa y beta asociadas al dolor neuropático.
No suprimió, en cambio, la hiperexcitabilidad inmediata que el cisplatino desencadena en determinadas neuronas sensitivas. Esto sugiere que no se comporta como un anestésico convencional: parece reforzar la resistencia estructural de los nervios y, al mismo tiempo, impedir que los circuitos cerebrales del dolor adopten una configuración anómala.
El receptor 5-HT2A resulta imprescindible
Para comprobar que el receptor 5-HT2A era indispensable, los científicos lo bloquearon mediante dos agentes antagonistas, la ketanserina y la volinanserina. Entonces la protección desapareció. Cuando utilizaron tabernanthalog, un agonista experimental del mismo receptor diseñado para no producir alucinaciones, recuperaron buena parte del efecto.
Esta observación abre la posibilidad de desarrollar moléculas neuroprotectoras sin experiencia psicodélica, algo especialmente valioso para pacientes debilitados o con antecedentes psiquiátricos.
Alex Kwan, neurocientífico de la Universidad Cornell ajeno al estudio, considera los resultados «bastante increíbles», aunque reclama más datos antes de confiar en que puedan reproducirse en personas.
Qué demostraron los experimentos con células y tejidos humanos
El trabajo sí incluye material humano, pero conviene precisar su alcance. Ningún paciente fue tratado con psilocibina. Los investigadores realizaron experimentos de laboratorio con neuronas sensitivas derivadas de células madre, ganglios procedentes de seis donantes y nervios periféricos o biopsias cutáneas obtenidos de veintinueve pacientes.
El cisplatino frenó el movimiento de las mitocondrias en esos tejidos, mientras que la exposición previa a ls psilocibina lo preservó. También se comprobó que los nervios humanos poseen los receptores y las proteínas de transporte implicados. Es una valiosa prueba de plausibilidad biológica, no una demostración de eficacia clínica.
Giampietro Schiavo, neurobiólogo celular del University College de Londres, en el Reino Unido, califica de preliminares algunos análisis y recuerda en la revista Science que habrá que estudiar el transporte de otros orgánulos, no solo el de las mitocrias. Y Susanna Park, neurocientífica de la Universidad de Sídney, en Australia, señala otro punto débil: numerosos tratamientos contra esta neuropatía han funcionado en animales y fracasado después en seres humanos.
También pide datos más sólidos sobre las fibras nerviosas de gran calibre, muy vulnerables a la quimioterapia y fundamentales para la sensibilidad profunda y el equilibrio. Muchos experimentos del nuevo trabajo utilizaron, además, grupos de apenas cuatro a ocho ratones.
Mitocondrias observadas en una célula cancerosa HeLa viva. Estos orgánulos suministran la energía que necesitan las células y deben desplazarse por los axones para mantener activas sus terminaciones nerviosas. Cortesía: Dr. Reto Paul Fiolka, Departamento de Biología Celular de la Universidad de Texas Southwestern
Otros estudios sobre psilocibina y dolor crónico
El hallazgo llega en un momento de creciente interés por los psicodélicos y el dolor. Un estudio publicado en 2025 en la revista Nature Neuroscience observó que una sola dosis de psilocibina revertía durante días la alodinia y conductas semejantes a la ansiedad y la depresión en dos modelos de dolor crónico en ratones.
En aquel caso se administró después de aparecer la lesión y actuó principalmente sobre circuitos de la corteza cingulada anterior. La nueva investigación da un paso diferente: intenta prevenir el daño y revela una acción directa sobre los nervios periféricos.
La necesidad clínica es evidente. La duloxetina ofrece un alivio modesto a algunos pacientes con neuropatía dolorosa ya establecida, pero no existe un fármaco preventivo aceptado. En un ensayo publicado en 2026, 199 personas con cáncer colorrectal recibieron duloxetina o placebo durante el tratamiento con oxaliplatino. Ninguna de las dos dosis ensayadas previno la neuropatía. La crioterapia, la compresión de manos y pies, el ejercicio y otras intervenciones físicas siguen investigándose, con resultados todavía irregulares.
La experiencia acumulada con psilocibina en otros contextos ofrece algunas pistas sobre su seguridad bajo supervisión. En un ensayo de fase 2b con 35 personas que sufrían depresión o ansiedad asociadas a enfermedades potencialmente mortales, una dosis de 25 miligramos acompañada de psicoterapia produjo mejorías mantenidas durante seis meses. No hubo acontecimientos adversos graves, aunque fueron frecuentes los efectos leves o moderados y una persona abandonó el estudio por ansiedad durante la sesión. Estos datos no garantizan que sea segura junto a la quimioterapia, una combinación que tendrá que evaluarse específicamente.
NeuroGuard: el ensayo clínico que probará la psilocibina en pacientes
El MD Anderson prepara ahora NeuroGuard, un ensayo clínico de fase 2 en el que participarán alrededor de ochenta pacientes con cáncer de mama, colorrectal o de cabeza y cuello. Estos recibirán una serie de sesiones de quimioterapias neurotóxicas. El objetivo será averiguar si varias dosis preventivas de psilocibina reducen el deterioro sensitivo y si pueden administrarse sin comprometer el tratamiento contra el tumor.
Obtener resultados fiables sobre eficacia y seguridad a largo plazo llevará años.
Los autores han presentado una solicitud provisional de patente relacionada con el uso de agonistas 5-HT2A para reducir la toxicidad, un interés económico que la revista declara y que deberá tenerse en cuenta al valorar futuros resultados.
Tampoco hay base alguna para que los pacientes consuman setas alucinógenas por su cuenta: su contenido es impredecible, pueden causar reacciones psicológicas intensas e interactuar con otros medicamentos.
Lo que abre el estudio no es un atajo doméstico, sino una hipótesis médica sugerente: quizá una parte del dolor de la quimioterapia pueda evitarse si se mantiene en movimiento la maquinaria energética de los nervios antes de que estos comiencen a apagarse.▪️(4-septiembre-2026)
TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Psilocibina, Dolor y Quimioterapia
🍄🟫 ¿La psilocibina evita el dolor provocado por la quimioterapia?
En ratones, la psilocibina administrada antes de la quimioterapia evitó o redujo la hipersensibilidad y protegió las fibras nerviosas. Todavía no se ha demostrado que produzca el mismo efecto en pacientes.
🍄🟫 ¿Cómo actúa la psilocibina sobre los nervios?
Activa el receptor de serotonina 5-HT2A y una cadena de señales que mantiene el transporte de mitocondrias por los axones. De este modo, las terminaciones nerviosas conservan la energía necesaria para sobrevivir al estrés causado por la quimioterapia.
🍄🟫 ¿La psilocibina interfiere con el tratamiento contra el cáncer?
En los ratones estudiados no alteró el crecimiento de los tumores ni redujo la eficacia antitumoral del cisplatino. Su seguridad en combinación con quimioterapia debe confirmarse en ensayos con personas.
🍄🟫 ¿Es necesario que produzca alucinaciones para proteger los nervios?
No está claro. Un compuesto experimental no alucinógeno que activa el mismo receptor reprodujo parte de la protección en ratones. Esto sugiere que podrían desarrollarse medicamentos neuroprotectores sin efectos psicodélicos intensos.
🍄🟫 ¿Se ha probado ya en pacientes con neuropatía por quimioterapia?
No. El estudio publicado en Science utilizó ratones, células humanas cultivadas y tejidos obtenidos de pacientes. El ensayo NeuroGuard será el encargado de evaluar la estrategia directamente en personas sometidas a quimioterapia.
🍄🟫 ¿Puede un paciente consumir setas alucinógenas para prevenir la neuropatía?
No. Las setas contienen cantidades variables de psilocibina, pueden producir reacciones psicológicas intensas e interactuar con otros medicamentos. Su consumo sin control médico no constituye un tratamiento preventivo y puede entrañar riesgos adicionales para una persona con cáncer.
Fuente: Mario Heles et al. Psilocybin prevents chemotherapy-induced peripheral neuropathy through mitochondrial trafficking preservation. Science (2026). DOI: 10.1126/science.aec6116

