Un nuevo estudio asocia la vacuna contra el herpes zóster con un menor riesgo cardiovascular

Una vacuna concebida para mantener dormido al virus de la varicela podría ofrecer una inesperada protección al corazón. Un estudio con casi 73.000 adultos vincula la vacuna contra el herpes zóster Shingrix con un riesgo menor de padecer cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular, aunque la relación causal aún debe confirmarse.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La vacuna Shingrix previene el herpes zóster, pero podría ofrecer un beneficio adicional: induciría cambios inmunitarios capaces de reducir temporalmente el riesgo de determinados problemas cardiovasculares.

La vacuna recombinante Shingrix previene el herpes zóster, pero podría ofrecer un beneficio adicional: induciría cambios inmunitarios capaces de reducir temporalmente el riesgo de determinados problemas cardiovasculares, una hipótesis aún pendiente de confirmación. Cortesía: Medical Dialogues

La principal razón para vacunarse contra el herpes zóster, también conocido popularmente como culebrill, culebrina o culebrón, sigue siendo evitar una enfermedad capaz de convertir el simple roce de una camisa en una tortura. Sin embargo, la inmunización podría ofrecer un beneficio adicional e inesperado: reducir durante algunos años el riesgo de sufrir determinados problemas cardiovasculares.

Es la conclusión de un estudio publicado en la revista Nature Medicine y basado en los historiales médicos electrónicos de casi 73.000 adultos estadounidenses. Los autores encontraron que las personas vacunadas con Shingrix, una vacuna recombinante contra el herpes zóster desarrollada por la farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK), presentaron una menor carga de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular que quienes recibieron la antigua vacuna de virus vivos atenuados.

El resultado no convierte a Shingrix en una vacuna contra el infarto ni permite recomendarla todavía con ese propósito. El trabajo es observacional y, por tanto, no puede probar que la inmunización sea la causa directa de la reducción.

Pero su diseño reduce algunos de los principales sesgos de estudios anteriores y refuerza una idea que comienza a ganar terreno: algunas vacunas pueden modificar temporalmente el sistema inmunitario de una forma beneficiosa para órganos alejados de su objetivo original.

Qué es el herpes zóster y por qué puede afectar a la salud cardiovascular

El herpes zóster está causado por la reactivación del virus de la varicela-zóster. Tras superar la varicela durante la infancia, el virus no desaparece del organismo. Permanece acantonado durante décadas en los ganglios nerviosos y puede despertar cuando las defensas inmunitarias pierden eficacia, algo más frecuente con el envejecimiento o la inmunosupresión.

La reactivación provoca una erupción de vesículas que suele extenderse como una franja por un lado del cuerpo. El problema no siempre termina cuando se cura la piel. Algunas personas desarrollan una neuralgia posherpética: un dolor intenso que puede persistir durante meses e incluso años. Además, diferentes investigaciones han relacionado los episodios de herpes zóster con un aumento transitorio del riesgo de infarto, ictus y otras complicaciones vasculares.

Era razonable preguntarse si evitar la reactivación del virus también podía prevenir parte de esos problemas.

El problema del «sesgo del vacunado sano»

Varios estudios anteriores habían observado que las personas vacunadas sufrían menos enfermedades cardiovasculares que las no vacunadas. Sin embargo, estas comparaciones están expuestas al llamado sesgo del vacunado sano: quienes aceptan una vacuna suelen cuidar más su salud, acudir con mayor frecuencia al médico, hacer más ejercicio o controlar mejor la tensión y el colesterol. Cualquiera de estas diferencias podría explicar parte del aparente beneficio.

Para tratar de sortear este problema, el equipo dirigido por Maxime Taquet, psiquiatra clínico de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, recurrió a una especie de experimento natural.

Erupción característica del herpes zóster, formada por grupos de vesículas sobre una zona de piel enrojecida. Aparece cuando el virus de la varicela-zóster, latente durante años en los ganglios nerviosos, vuelve a activarse.

Erupción característica del herpes zóster, formada por grupos de vesículas sobre una zona de piel enrojecida. Aparece cuando el virus de la varicela-zóster, latente durante años en los ganglios nerviosos, vuelve a activarse.

Un experimento natural entre Shingrix y Zostavax

En octubre de 2017, Estados Unidos pasó con rapidez de utilizar Zostavax, una vacuna que contenía virus vivos atenuados, a administrar Shingrix, una formulación recombinante más eficaz que incluye una proteína del virus y el potente sistema adyuvante AS01, destinado a potenciar la respuesta inmunitaria.

Los investigadores compararon a personas vacunadas inmediatamente antes y después de aquella transición.

Analizaron los datos de 36.460 adultos de sesenta años o más vacunados entre abril y septiembre de 2017, y los emparejaron con otros 36.460 inmunizados en los mismos meses de 2018:

✅ En el primer grupo, el 98,6% recibió la vacuna de virus vivos.

✅ En el segundo grupo, el 93,5% recibió la recombinante.

Todos los participantes habían decidido inmunizarse, por lo que, en principio, deberían parecerse más entre sí que los vacunados y los no vacunados. El equipo emparejó además los grupos mediante 83 variables, entre ellas, la edad, el sexo, la etnia, las enfermedades previas, la medicación cardiovascular, los antecedentes de infecciones herpéticas y la vacunación contra la gripe.

El análisis, dichos sea de paso, utilizó datos de la red estadounidense TriNetX, que reúne historiales médicos de alrededor de 60 organizaciones sanitarias y más de 100 millones de pacientes.

Cuánto disminuyeron los problemas cardiovasculares

Durante un seguimiento de hasta siete años, la vacuna recombinante se asoció con una reducción del 9% en la carga conjunta de tres diagnósticos médicos: la cardiopatía isquémica, la insuficiencia cardíaca y el ictus isquémico. Este porcentaje procede de una medida estadística del tiempo perdido por enfermedad y no significa exactamente que cada vacunado tuviera un 9% menos de probabilidades de sufrir un episodio.

Al estudiar por separado las distintas enfermedades, la carga de cardiopatía isquémica fue un 10 % menor y la de insuficiencia cardíaca, un 12%. También apareció una reducción del 7% en fibrilación auricular.

En cambio, no se observaron diferencias estadísticamente significativas en la miocarditis, la enfermedad arterial periférica, los accidente isquémico transitorio y los ictus hemorrágicos.

En el caso del ictus isquémico, la asociación solo resultó significativa entre los hombres, con una reducción del 12 %. Los autores plantean que puede existir un efecto más específico sobre el corazón, pero reconocen otra explicación más sencilla: los ictus fueron menos frecuentes que la cardiopatía isquémica y la insuficiencia cardíaca, por lo que el estudio tenía menos capacidad estadística para detectar diferencias.

Micrografía electrónica coloreada artificialmente del virus de la varicela-zóster, causante de la varicela y, cuando se reactiva años después, del herpes zóster. La varicela suele producir una erupción de vesículas acompañada de picor, cansancio y fiebre. Cortesía: CDC / Dr. Erskine Palmer / B. G. Partin.

Un efecto más intenso durante los primeros años

La asociación fue más pronunciada durante los primeros tres años y medio posteriores a la vacunación. En ese periodo, el riesgo de insuficiencia cardíaca fue un 16 % menor y el de cardiopatía isquémica, un 14 %. Después, las diferencias dejaron de aumentar y la asociación se debilitó. Esa pérdida progresiva de intensidad ofrece una pista sobre el posible mecanismo, aunque también obliga a a considerar explicaciones alternativas.

Los autores del estudio realizaron numerosas comprobaciones para averiguar si el resultado podía deberse simplemente al paso de 2017 a 2018. Compararon, por ejemplo, a cientos de miles de personas que habían recibido en esos mismos periodos la vacuna contra el tétanos, la difteria y la tosferina, cuya formulación no había cambiado. En este caso no apareció ninguna diferencia cardiovascular.

Tampoco encontraron variaciones importantes en el uso de servicios preventivos entre los dos grupos del herpes zóster.

Holly Janes, bioestadística del Fred Hutchinson Cancer Center, en Estados Unidos, destaca en un artículo de la revista Science que los numerosos análisis de control reducen su preocupación ante la posibilidad de que factores ocultos expliquen el resultado. Y Sharon Curhan, médica y epidemióloga del Brigham and Women’s Hospital y de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, considera el trabajo «interesante y bien realizado», aunque subraya que los mecanismos propuestos siguen siendo especulativos. Ninguna de las dos participó en la investigación.

Cómo podría Shingrix proteger el corazón

La explicación más inmediata sería que Shingrix evita más casos de herpes zóster que la vacuna antigua, y, con ellos, la inflamación y el estrés vascular asociados a la infección. Sin embargo, los datos sugieren que esta prevención solo explicaría una pequeña parte del beneficio.

A mitad del seguimiento, la diferencia en los casos de herpes zóster entre ambos grupos era inferior a medio punto porcentual, mientras que la separación en cardiopatía isquémica se acercaba a 1,5 puntos.

Los investigadores dirigen por ello su atención al adyuvante AS01 de Shingrix. Los adyuvantes son sustancias que activan y orientan la respuesta inmunitaria. Estudios anteriores han mostrado que AS01 puede provocar cambios funcionales y epigenéticos relativamente duraderos en los monocitos, unas células de la inmunidad innata. Entre esos cambios figura una menor producción de interleucina 6, una molécula inflamatoria relacionada con el riesgo cardiovascular.

La hipótesis es que la vacuna produciría una especie de reprogramación temporal del sistema inmunitario y del endotelio, el tejido que recubre el interior de los vasos sanguíneos. Esa modificación podría reducir la inflamación vascular durante un tiempo. Para Jalees Rehman, biólogo celular de la Universidad de Illinois también consultado por Science, la explicación resulta biológicamente plausible, pero hacen falta estudios específicos para averiguar qué componentes de la vacuna intervienen y cuánto dura su efecto.

Por qué el estudio no demuestra que la vacuna proteja a nuestro corazón

A pesar de su cuidado diseño, la investigación presenta varias limitaciones. Estas son algunas de las más relevantes:

✅ Los participantes no fueron asignados al azar a recibir una u otra vacuna.

✅ Los diagnósticos procedían de historiales médicos y no se validaron individualmente.

✅ La base de datos ofrecía poca información sobre dieta, ejercicio, ingresos, educación, consumo de alcohol o tabaquismo.

✅ El estudio analizó la primera vacunación registrada, pero no pudo evaluar adecuadamente el efecto de completar las dos dosis de Shingrix.

✅ La comparación se realizó con otra vacuna contra el herpes zóster y no con un placebo.

✅ Siempre pueden existir diferencias no registradas entre quienes se vacunaron en 2017 y quienes lo hicieron en 2018.

Los propios autores advierten de que una separación muy temprana entre las curvas de riesgo puede ser una señal de factores de confusión no medidos. Por ello, los resultados deben describirse como una asociación y no como una relación causal demostrada.

Financiación y posibles conflictos de interés

El estudio recibió financiación pública y académica, principalmente del National Institute for Health and Care Research del Reino Unido, el centro SMARTbiomed y otras instituciones británicas.

El propio Taquet ha recibido honorarios de consultoría para GSK. Otro autor, John Todd, es consultor de la compañía y codirector del Oxford-GSK Institute for Molecular and Computational Medicine.

Según la declaración incluida en el artículo científico, GSK no financió, diseñó ni intervino en la investigación y no tuvo conocimiento del estudio hasta que el manuscrito fue aceptado para su publicación.

Los ensayos clínicos tendrán la última palabra

La confirmación deberá llegar de ensayos clínicos aleatorizados, en los que los participantes sean asignados al azar a recibir la vacuna o formar parte de un grupo de comparación.

Según informa Science, un ensayo desarrollado por investigadores daneses evaluará los posibles efectos de Shingrix sobre la demencia y las enfermedades cardiovasculares. Otro estudio promovido por GSK en Finlandia se centrará en el deterioro cognitivo.

Estos ensayos permitirán separar mejor el efecto biológico de la vacuna de las diferencias de salud y comportamiento existentes entre los participantes.

Foto de HH E en Unsplash

¿Quién debe vacunarse contra el herpes zóster en España?

En España, el calendario común de vacunación de 2026 recomienda la vacuna contra el herpes zóster a los 65 años, en dos dosis separadas por un mínimo de ocho semanas, además de contemplar la captación progresiva de cohortes de entre 66 y 80 años y la vacunación de determinados grupos de riesgo desde los 18 años, según el Ministerio de Sanidad:

  • Personas trasplantadas o en espera de trasplante.

  • Pacientes con infección por VIH.

  • Personas con hemopatías malignas.

  • Pacientes con tumores sólidos tratados con quimioterapia.

  • Personas que reciben determinados medicamentos inmunosupresores.

  • Quienes han sufrido dos o más episodios de herpes zóster.

La razón para administrarla continúa siendo la prevención del herpes zóster y de sus dolorosas complicaciones. Pero, si los ensayos confirman los resultados sobre el corazón y la demencia, una vacuna concebida para mantener dormido a un viejo virus podría acabar protegiendo mucho más de lo que se esperaba. Como resume Taquet, el beneficio potencial para la salud pública sería enorme.▪️(26-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Qué se investigó: los historiales médicos de 72.920 adultos estadounidenses de 60 años o más.
  • La comparación: la vacuna recombinante Shingrix frente a la antigua vacuna de virus vivos Zostavax.
  • El resultado principal: Shingrix se asoció con una carga de enfermedad cardiovascular un 9% menor durante siete años.
  • Los mayores descensos: un 10% menos de cardiopatía isquémica, un 12% menos de insuficiencia cardíaca y un 7% menos de fibrilación auricular.
  • Cuándo fue más evidente: la asociación protectora destacó durante los primeros tres años y medio posteriores a la vacunación.
  • Cómo podría actuar: el adyuvante AS01 podría reprogramar temporalmente la respuesta inmunitaria y reducir la inflamación vascular.
  • La cautela esencial: el estudio demuestra una asociación, pero no que la vacuna sea la causa directa del menor riesgo cardiovascular.
  • El siguiente paso: confirmar el posible beneficio mediante ensayos clínicos aleatorizados.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Vacuna del Herpes Zóster y Corazón

💉 ¿La vacuna Shingrix previene los infartos?

Todavía no se puede afirmar. El estudio encontró una asociación con menos cardiopatía isquémica e insuficiencia cardíaca, pero no demuestra que la vacuna sea la causa directa de esa reducción.

💉 ¿Cuánto reduce el riesgo cardiovascular?

La vacuna recombinante se asoció con una carga cardiovascular un 9 % menor durante siete años frente a la antigua vacuna de virus vivos. Esta cifra es una medida de la carga acumulada de enfermedad y no equivale exactamente a una reducción individual del riesgo del 9%.

💉 ¿El beneficio se debe únicamente a que evita el herpes zóster?

Probablemente no. La menor incidencia de herpes zóster explicaría solo una parte de la diferencia. Los investigadores sospechan que el adyuvante AS01 podría inducir cambios inmunitarios y antiinflamatorios temporales.

💉 ¿La vacuna sustituye a las medidas habituales de prevención cardiovascular?

No. Vacunarse no sustituye el control de la tensión arterial, el colesterol y la diabetes, ni dejar de fumar, mantener una alimentación saludable y realizar actividad física.

💉 ¿Por qué debería vacunarse una persona ahora?

La indicación demostrada de Shingrix es prevenir el herpes zóster y la neuralgia posherpética. La posible protección cardiovascular debe considerarse por ahora un beneficio adicional todavía pendiente de confirmación.

Anterior
Anterior

Un «cementerio» de tiburones desvela que el desierto de Egipto fue un mar tropical hace decenas de millones de años

Siguiente
Siguiente

Una señal de rayos gamma podría ser la prueba más esperada de las escurridizas partículas WIMP