Una estrella se come a sorbos su compañera, una enana marrón situada a 300 años luz de nosotros
Un misterioso parpadeo ha delatado un banquete estelar que podría durar miles de millones de años. La pareja, formada por una enana roja y otra marrón, gira cada 87 minutos mientras una corriente de gas alimenta una región abrasadora: el descubrimiento revela una nueva forma en que las estrellas y sus satélites planetarios pueden interactuar.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de ZTF J0440+2325: una corriente de gas fluye desde la enana marrón (izquierda) hacia la enana roja y calienta su superficie al impactar. La pareja completa una órbita cada 87 minutos. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
El menú es una enana marrón, y la comensal, una enana roja, tiene una paciencia astronómica. A unos 300 años luz de la Tierra, una pequeña estrella está arrancando materia a su compañera y recibiéndola sobre su superficie. Cada impacto alimenta una región caliente que aparece y desaparece de nuestra vista mientras ambos cuerpos giran en el espacio.
El banquete podría prolongarse durante miles de millones de años. Para los astrónomos, la escena ofrece la primera evidencia directa de una relación que la teoría permitía, pero que todavía no habían observado: una estrella puede consumir poco a poco a un compañero subestelar sin destruirlo de inmediato.
El sistema se llama ZTF J0440+2325 y es el protagonista de un estudio que acaba de publicarse en la revista Nature Astronomy. Está encabezado por Aaron Householder, investigador doctoral del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, y entre los firmantes figuran Kaitlyn Shin, Saul Rappaport, Joheen Chakraborty y Emma Chickles, junto con colaboradores del Caltech, la Universidad de Hawái, el Instituto de Astrofísica de Canarias y la Universidad de La Laguna, en España, así como del Centro de Astrofísica de Harvard y el Smithsonian.
La investigación amplía el repertorio de destinos posibles para las enanas marrones y abre nuevas preguntas sobre las relaciones entre estrellas y planetas.
Qué han descubierto los astrónomos en ZTF J0440+2325
«En vez de tragarse el objeto de una sentada, la estrella puede comérselo de forma gradual a lo largo de miles de millones de años», explica Kevin Burdge, profesor de Física del MIT y coautor del trabajo, en declaraciones recogidas por MIT News.
La imagen habitual, recuerda Burdge, es la de una estrella que termina engullendo a su acompañante. Algo así se prevé para la Tierra cuando el Sol se transforme en una gigante roja, dentro de unos 5.000 millones de años.
El nuevo hallazgo pone sobre la mesa otra posibilidad: una estrella puede consumir lentamente a su compañera, extrayéndole materia durante miles de millones de años. Las condiciones de este sistema son muy distintas de las del nuestro, por lo que el descubrimiento no modifica el destino previsto para nuestro planeta.
Los protagonistas son dos cuerpos pequeños para los estándares estelares. Los autores del estudio sitúan sus masas en unas 85 veces la de Júpiter para la estrella y unas 25 para la enana marrón.
Qué es una enana marrón y cómo se diferencia de una enana roja
El objeto principal es una enana roja, una estrella tenue que obtiene energía de la fusión del hidrógeno. Su compañera pertenece a una categoría intermedia: las enanas marrones tienen más masa que los planetas gigantes, pero carecen de la necesaria para sostener esa fusión como las estrellas. Llamarlas estrellas fallidas resulta muy gráfico, aunque oculta que constituyen una familia de objetos con características propias.
La cercanía entre ambos cuerpos es extrema. Completan una vuelta cada 86,65 minutos, en una órbita que cabría dentro del diámetro del Sol. Durante el tiempo que dura un largometraje, la enana marrón puede haber rodeado por completo a su compañera. A esa distancia tan corta, la gravedad altera la distribución de su materia, y permite que parte de ella escape hacia la estrella.
La primera pista apareció en los datos del Zwicky Transient Facility, un rastreo del cielo realizado desde el observatorio del monte Palomar, en California. Burdge encontró una curva de luz extraña: al representar el brillo frente al tiempo, surgía un triángulo que se repetía. La regularidad indicaba un fenómeno periódico; la forma del dibujo resultaba desconcertante. «Recuerdo que al verlo por primera vez pensé: las estrellas no producen ondas triangulares como estas», cuenta el astrofísico en MIT News.
CHXR 73 B (abajo a la derecha), candidata a enana marrón, orbita lejos de su estrella. En ZTF J0440+2325, la pareja está tan próxima que el gas de la enana marrón fluye hacia la superficie estelar. Imagen del Hubble. Crédito: NASA, ESA y K. Luhman (Universidad Estatal de Pensilvania).
La aportación de los telescopios de Canarias y Hawái
Durante años, la señal se resistió a una explicación. Una posibilidad era que procediera de una binaria de tipo viuda negra, formada por una estrella de neutrones —el núcleo ultradenso que queda cuando una estrella masiva explota como supernova— y un acompañante sometido a su intensa radiación. Estos sistemas pueden generar grandes variaciones de brillo, porque una de las caras del compañero recibe mucho más calor que la otra.
Sin embargo, algunas piezas no encajaban con esa interpretación.
Para resolver el enigma, el equipo combinó observaciones de distintos telescopios. Un de ellas fue la de la cámara óptica de alta velocidad HiPERCAM, instalada en el Gran Telescopio Canarias, en el Observatorio del Roque de los Muchachos en la isla de La Palma, que registró el brillo simultáneamente en cinco bandas de luz. Las variaciones eran mucho mayores hacia el azul y el ultravioleta que hacia el rojo; en una de las bandas, el brillo aumentaba más de 30 veces. El comportamiento apuntaba a una zona muy caliente.
Esa dependencia del color apuntaba a una región especialmente caliente, capaz de dominar la emisión cuando quedaba orientada hacia la Tierra.
Por su parte, el observatorio W. M. Keck, con sus dos telescopios Keck I y Keck II, en Hawái, aportó otra prueba crucial. Al descomponer la luz, los investigadores identificaron las huellas de una enana roja y midieron su movimiento de acercamiento y alejamiento. La oscilación era demasiado pequeña para favorecer la presencia de una estrella de neutrones, salvo bajo una orientación muy improbable.
La ausencia de una detección en rayos X reforzaba el descarte. «Cuando medimos esa oscilación, descubrimos que no estábamos viendo una viuda negra», resume Householder.
Cómo una estrella puede consumir lentamente a su compañera
La explicación exige introducir una frontera invisible: el lóbulo de Roche. Habalmos de la región alrededor de cada componente de un sistema binario dentro de la cual puede retener materia frente a la atracción de su compañero. Eso ocurre en ZTF J0440+2325. La proximidad permite que el gas de la enana marrón escape por las inmediaciones del punto que conecta ambos dominios gravitatorios y avance hacia la estrella.
Acreción por impacto directo: una corriente contra la superficie
Recordemos aquí que la acreción es el proceso por el que un objeto incorpora materia procedente de su entorno. Alrededor de muchos cuerpos compactos, el gas forma un disco antes de pecipitarse. En este sistema, la estrella ocupa suficiente espacio como para interceptar directamente la corriente.
Las simulaciones de trayectorias realizadas por el equipo muestran que las partículas alcanzan la superficie estelar. Burdge compara el choque con «un asteroide que impactara contra la Luna». La energía del movimiento se transforma en calor y mantiene una región especialmente luminosa.
Así se entiende el misterioso triángulo. Conforme cambia la orientación de la pareja, vemos una porción distinta de la región caliente. El brillo aumenta cuando esta queda más expuesta y disminuye cuando se oculta tras la propia estrella. Los telescopios no han grabado una película del gas cayendo: la reconstrucción surge de combinar las variaciones luminosas, los espectros, las velocidades y los modelos físicos.
La enana marrón de ZTF J0440+2325 cede aproximadamente una cienmilésima de la masa terrestre al año, una fracción minúscula de su materia. Este lento intercambio podría prolongarse durante miles de millones de años. Cortesía: Aaron Householder (MIT)
Por qué el intercambio podría durar miles de millones de años
Según la estimación divulgada por el MIT, la transferencia equivale aproximadamente a una cienmilésima de la masa terrestre al año. Parece una pérdida enorme, pero supone una fracción minúscula de una enana marrón. Además, la relación entre las masas permite que el intercambio sea estable, en lugar de desencadenar una destrucción rápida.
La duración exacta sigue siendo incierta. Los miles de millones de años son una posibilidad evolutiva, no un tiempo medido ni una garantía de que el ritmo actual permanezca constante. Cuantificarla exige modelizar conjuntamente la transferencia de materia y la evolución orbital.
l trabajo publicado presenta también ZTF J1444+4820, con un periodo de 67 minutos, como un candidato sólido a otro sistema de transferencia entre objetos de baja masa, dentro de una configuración triple. Necesita más observaciones para caracterizarlo.
También falta explicar por completo cómo estas parejas alcanzan órbitas tan estrechas. «Creo que vamos a aprender mucho sobre una forma diferente en que los planetas y las enanas marrones interactúan con sus estrellas», afirma Householder. Buscar más ejemplos permitirá conocer el alcance de este larguísimo banquete estelar.▪️(8-octubre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- El hallazgo: una estrella consume lentamente a una enana marrón en el sistema ZTF J0440+2325, situado a unos 300 años luz.
- Una pareja muy cercana: ambos cuerpos completan una órbita cada 87 minutos, en un espacio que cabría dentro del diámetro del Sol.
- Cómo se alimenta: una corriente de gas cae directamente sobre la estrella y genera una región caliente, responsable de las variaciones de brillo.
- El ritmo estimado: la enana marrón cede aproximadamente una cienmilésima de la masa terrestre al año.
- Un banquete duradero: el intercambio podría mantenerse durante miles de millones de años, aunque su duración exacta sigue siendo incierta.
- Por qué importa: es la primera evidencia directa de transferencia estable de materia desde un objeto subestelar hacia una estrella de la secuencia principal.
Información facilitada por MIT News
Fuente: Householder, A., Shin, K., Burdge, K.B. et al. Stable mass transfer from a substellar object onto an M dwarf. Nature Astronomy (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41550-026-02992-6
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