Bacterias antiguas congeladas durante 5.000 años ofrecen nuevas pistas sobre la resistencia a los antibióticos

Congeladas desde la prehistoria, estas bacterias han despertado con una sorprendente resistencia a los antibióticos modernos. Su ADN podría ofrecer pistas muy interesantes tanto sobre el origen de las superbacterias como de las claves para combatirlas.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una bacteria atrapada en el hielo durante 5.000 años despierta con un arsenal de resistencia a antibióticos: una amenaza antigua que también podría inspirar los fármacos del futuro.

Una bacteria atrapada en el hielo durante 5.000 años despierta con un arsenal de resistencia a antibióticos: una amenaza antigua que también podría inspirar los fármacos del futuro. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

En lo más profundo de una cueva de hielo de los Cárpatos rumanos, una bacteria ha permanecido congelada durante cinco milenios. Cuando los científicos la despertaron en el laboratorio, no solo estaba viva: era resistente a diez antibióticos modernos y, al mismo tiempo, capaz de producir sustancias que podrían servir para combatir a algunos de los agentes patógenos más peligrosos de la actualidad.

El hallazgo, publicado en la revista Frontiers in Microbiology, abre un doble interrogante: si estos microorganismos ancestrales pueden agravar la crisis global de resistencia a los antibióticos o si, paradójicamente, pueden ayudar a resolverla.

La historia comienza en la cueva de hielo de Scărișoara, en los montes Apuseni de Rumanía, uno de los mayores y más antiguos depósitos subterráneos de hielo del mundo. Su bloque helado permanente, con más de 100.000 metros cúbicos, conserva capas que se remontan hasta 13.000 años atrás, como una cápsula del tiempo biológica.

Qué se ha descubierto: bacterias antiguas resistentes a antibióticos modernos

En una de esas capas, datada en unos 5.000 años, un equipo internacional de investigadores aisló una cepa bacteriana del género Psychrobacter, especializada en sobrevivir en ambientes extremos.

La bacteria —bautizada como Psychrobacter SC65A.3— prospera a temperaturas entre 4 ºC y 15 ºC, y tolera concentraciones elevadas de sal, rasgos típicos de los llamados microorganismos psicrófilos, adaptados al frío. Pero lo verdaderamente sorprendente apareció al analizar su genoma y su comportamiento frente a antibióticos contemporáneos: la cepa resultó ser resistente a diez de los veintiocho fármacos testados, pertenecientes a ocho clases diferentes, incluidos antibióticos de amplio uso clínico, como son las cefalosporinas de tercera generación, las fluoroquinolonas, los aminoglucósidos y la rifampicina.

🗣️ «La cepa bacteriana Psychrobacter SC65A.3 aislada de la cueva de hielo de Scărișoara, a pesar de su origen antiguo, muestra resistencia a múltiples antibióticos modernos y porta más de cien genes relacionados con la resistencia —explica la investigadora Cristina Purcarea, del Instituto de Biología de Bucarest, en un comunicado de Frontiers. Y añade—: Pero también puede inhibir el crecimiento de varios supermicrobios resistentes a antibióticos y mostró importantes actividades enzimáticas con gran potencial biotecnológico».

Por qué la resistencia a antibióticos es anterior a la medicina moderna

Para Purcarea y sus colegas, el hallazgo confirma que la resistencia a los antibióticos no es un fenómeno exclusivamente moderno. «La resistencia es un proceso natural que existe desde hace millones de años», recuerdan en el estudio. Antes incluso de que los humanos comenzaran a fabricar antibióticos, los microorganismos ya competían entre sí produciendo compuestos antimicrobianos y desarrollando mecanismos de defensa.

«Estudiar microbios como la Psychrobacter SC65A.3, recuperados de depósitos de hielo de cuevas con miles de años de antigüedad, revela cómo la resistencia a los antibióticos evolucionó de forma natural en el medio ambiente mucho antes de que se utilizaran los antibióticos modernos», señaló Purcarea.

Sin embargo, el hecho de que una bacteria aislada en un entorno prácticamente intacto por la actividad humana posea genes de resistencia similares a los de agentes patógenos actuales tiene implicaciones inquietantes. El análisis del genoma completo de SC65A.3 sacó a la luz más de un centenar de genes asociados a la resistencia antimicrobiana, incluidos algunos conocidos por su relevancia clínica, como el ampC (resistencia a beta-lactámicos), el tetA y el tetC (tetraciclinas), el gyrA y el parC (fluoroquinolonas) e incluso el mcr-1, relacionado con la resistencia a la colistina, uno de los antibióticos de último recurso.

🗣️ «Los diez antibióticos frente a los que encontramos resistencia se utilizan de forma amplia en terapias orales e inyectables empleadas para tratar una variedad de infecciones bacterianas graves en la práctica clínica», apunta Purcarea.

La cueva de hielo de Scărișoara (Rumanía), donde científicos han aislado bacterias congeladas durante 5.000 años con resistencia a antibióticos modernos y potencial para inspirar nuevos fármacos.

La cueva de hielo de Scărișoara (Rumanía), donde científicos han aislado bacterias congeladas durante 5.000 años con resistencia a antibióticos modernos y potencial para inspirar nuevos fármacos. Cortesía: Paun V.I.

Riesgos potenciales: el deshielo podría liberar genes de resistencia

La presencia de estos genes en bacterias antiguas refuerza la idea de que los llamados resistomas —el conjunto de genes de resistencia presentes en el ambiente— son reservorios naturales de los que pueden surgir nuevas resistencias. Con el deshielo acelerado causado por el cambio climático, microorganismos congelados durante milenios podrían reintroducirse en los ecosistemas contemporáneos y transferir esos genes a bacterias modernas mediante procesos de intercambio genético.

La resistencia antimicrobiana se considera ya una de las mayores amenazas sanitarias globales. Según estimaciones recientes citadas en el estudio, socava la medicina humana y veterinaria, la seguridad alimentaria y la salud ambiental. Sin or más lejos, un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentado en 2025, «en 2023 una de cada seis infecciones bacterianas confirmadas en laboratorio que desembocaron en infecciones habituales en las personas eran resistente a los tratamientos con antibióticos. Entre 2018 y 2023, la resistencia a los antibióticos aumentó en más del 40 % de las combinaciones de patógeno-antibiótico monitoreadas, con un incremento anual medio de entre el 5 % y el 15 %».

En este contexto, comprender el origen y la evolución de los genes de resistencia es clave para anticipar su propagación.

Oportunidades científicas: nuevas moléculas contra las superbacterias

Pero la historia de esta bacteria no se limita a su capacidad defensiva. La SC65A.3 también demostró poseer actividad antimicrobiana propia. En pruebas de laboratorio, inhibió el crecimiento de catorce microbios patógenos a nivel clínico pertenecientes al llamado grupo ESKAPE, un conjunto de bacterias especialmente problemáticas por su resistencia a múltiples fármacos. Entre los villanos cabe destacar el Staphylococcus aureus, el Enterococcus faecium, la Pseudomonas aeruginosa y la Klebsiella pneumoniae.

Este doble perfil —resistencia a numerosos antibióticos y capacidad para producir compuestos antimicrobianos— ilustra la complejidad de las interacciones microbianas en entornos extremos. En la naturaleza, las bacterias no solo resisten a los antibióticos, sino que también los fabrican para competir con otras especies.

El genoma de SC65A.3 contiene al menos once genes vinculados a la biosíntesis de moléculas con potencial antibiótico, como los glicopéptidos, ls bacitracina y los compuestos relacionados con la rebeccamicina y la pikromicina.

Por qué estudiar bacterias antiguas es clave para el futuro de la medicina

Este hallazgo sitúa a las cuevas de hielo y otros ambientes criogénicos como posibles minas para la extracción de nuevos antibióticos. Durante décadas, la búsqueda de antibióticos se ha centrado en suelos y microorganismos fácilmente cultivables. Sin embargo, la creciente resistencia bacteriana ha obligado a explorar entornos menos convencionales, desde sedimentos marinos hasta el permafrost polar.

Los microorganismos adaptados al frío presentan, además, un interés biotecnológico añadido. Sus enzimas funcionan a bajas temperaturas y pueden emplearse en procesos industriales, farmacéuticos o de biorremediación con menor consumo energético.

En el caso de SC65A.3, los investigadores detectaron múltiples enzimas activas, como lipasas, fosfatasas y esterasas, y genes relacionados con la adaptación a condiciones extremas, lo que sugiere aplicaciones potenciales en distintos sectores.

Extracción de un núcleo de hielo de 25 metros en la Gran Sala de la cueva de Scărișoara, en Rumanía, que permitió recuperar bacterias atrapadas durante milenios para estudiar la evolución natural de la resistencia a los antibióticos

Extracción de un núcleo de hielo de 25 metros en la Gran Sala de la cueva de Scărișoara, en Rumanía, que permitió recuperar bacterias atrapadas durante milenios para estudiar la evolución natural de la resistencia a los antibióticos. Cortesía: Itcus C.

Una caverna llena de tesoros biológicos

La cueva de Scărișoara se ha convertido así en un laboratorio natural para estudiar la evolución microbiana a lo largo de milenios. Su hielo actúa como un archivo climático y biológico que conserva microorganismos de distintas épocas, lo que permite reconstruir cómo las comunidades bacterianas han respondido a cambios ambientales y geológicos.

El descubrimiento también subraya el papel del medioambiente en la crisis de resistencia antimicrobiana. Un informe de Naciones Unidas citado por los autores señala que el entorno natural es un actor clave en la aparición y difusión de resistencias. Ríos, suelos, aguas residuales o depósitos de hielo pueden actuar como reservorios de resistencia donde los genes de resistencia evolucionan y se intercambian.

La pregunta que surge ahora es qué ocurrirá cuando estos reservorios se alteren. El calentamiento global está acelerando el deshielo de glaciares, permafrost y cuevas heladas. Aunque la probabilidad de que bacterias antiguas provoquen infecciones directas es baja, los científicos advierten de que sus genes podrían transferirse a bacterias contemporáneas. Ese intercambio, invisible pero constante en el mundo microbiano, es uno de los motores principales de la evolución de la resistencia.

🗣️ «Si el deshielo libera estos microbios, estos genes podrían propagarse a bacterias modernas, sumándose al desafío global de la resistencia a los antibióticos. Por otro lado, producen enzimas únicas y compuestos antimicrobianos que podrían inspirar nuevos antibióticos, enzimas industriales y otras innovaciones biotecnológicas», advierte Purcarea.

Bacterias del pasado para combatir las superbacterias de hoy y mañana

Al mismo tiempo, explorar estos microorganismos puede ofrecer soluciones. La mayoría de los antibióticos actuales procede de compuestos naturales producidos por bacterias y hongos. Encontrar nuevas moléculas eficaces contra microorganismos patógenos resistentes es una prioridad mundial, y los ecosistemas extremos, donde la competencia microbiana ha seguido rutas evolutivas distintas, son candidatos prometedores.

La cepa SC65A.3 representa, en ese sentido, un recordatorio de que la naturaleza ha estado librando su propia guerra química durante millones de años. Comprender cómo las bacterias han desarrollado y gestionado la resistencia a los antibióticos en ausencia de intervención humana puede ayudar a diseñar estrategias sostenibles contra las infecciones.

«Estas bacterias antiguas son esenciales para la ciencia y la medicina, pero es fundamental aplicar un manejo cuidadoso y medidas de seguridad en el laboratorio para mitigar el riesgo de una propagación incontrolada», concluye la investigadora.

En el interior de una cueva helada, aislada del mundo durante cinco milenios, esta diminuta superviviente conserva un legado genético que conecta pasado y futuro. Puede ser un aviso sobre los riesgos ocultos en los ecosistemas congelados que comienzan a descongelarse. O una pista hacia los antibióticos del mañana. Probablemente, ambas cosas a la vez.▪️(17-febrero-2026)

  • Información facilitada por Frontiers

  • Fuente: Paun V. I., Itcus C., Lavin P., Chifiriuc M. C. and Purcarea C. First genome sequence and functional profiling of Psychrobacter SC65A.3 preserved in 5,000-year-old cave ice: insights into ancient resistome, antimicrobial potential, and enzymatic activities. Frontiers in Microbiology (2026). DOI: https://doi.org/10.3389/fmicb.2025.1713017

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