No todas las calorías son iguales: cómo los alimentos ultraprocesados afectan a la salud metabólica y la fertilidad masculina
Los alimentos ultraprocesados no solo suman calorías: alteran hormonas, engordan más y comprometen la fertilidad masculina incluso en hombres jóvenes y sanos. Un ensayo clínico demuestra que la calidad de lo que comemos importa tanto como la cantidad, con consecuencias alarmantes para la salud de ellos.
Por Enrique Coperías
¿Los ultraprocesados engordan más que los alimentos frescos aunque tengan las mismas calorías? Sí. El nuevo estudio muestra que con las mismas calorías, los ultraprocesados generan más grasa corporal y alteran el metabolismo.
Durante quizá demasiado tiempo, la nutrición se ha explicado con una ecuación aparentemente sencilla: engordamos o adelgazamos en función de las calorías que ingerimos y gastamos.
Sin embargo, un creciente cuerpo de evidencia científica está desmontando esa visión reduccionista. Un estudiopublicado en Cell Metabolism y liderado por investigadores de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, y la Universidad de Chicago, en Estados Unidos da un paso contundente en esa dirección: no todas las calorías son iguales, y las procedentes de alimentos ultraprocesados dañan la salud metabólica y reproductiva de los hombres, incluso cuando se controla la ingesta energética total.
Qué son los alimentos ultraprocesados y por qué dominan nuestra dieta
Los llamados alimentos ultraprocesados se han convertido en parte inseparable de nuestra dieta globalizada. Bollería industrial, refrescos, pizzas congeladas, snacks salados, cereales azucarados, embutidos envasados… la lista es interminable. Todos ellos se caracterizan por estar formulados con ingredientes industriales, aditivos y sustancias químicamente modificadas, alejándose cada vez más de su origen natural.
👉 Según datos recientes, más del 50% de la energía diaria consumida en países como Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos procede ya de este tipo de productos alimenticios.
El atractivo de los ultraprocesados es innegable: son baratos, accesibles, duraderos y altamente palatable, o sea, que son muy sabrosos. Pero su éxito comercial contrasta con las crecientes señales de alarma sobre sus efectos en la salud pública. Estudios epidemiológicos los han relacionado con la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer e incluso con los trastornos mentales.
Lo que faltaba por esclarecer era si estos efectos eran consecuencia del exceso de calorías que suelen aportar —grasas saturadas, azúcares y sal en cantidades elevadas— o si el problema reside en la propia naturaleza ultraprocesada de los alimentos.
El estudio: un ensayo clínico con hombres jóvenes y sanos
Para responder a esa incógnita, el equipo de Jessica M. Preston y Romain Barrès, de la Universidad de Copenhague, junto con colaboradores de Suecia, Francia y Estados Unidos, diseñó un ensayo clínico de precisión. Reclutaron a 43 varones jóvenes y sanos, de entre 20 y 35 años, sin problemas previos de salud metabólica o reproductiva.
Todos ellos fueron sometidos a un protocolo dietético de diseño cruzado 2x2: durante tres semanas consumieron una dieta compuesta mayoritariamente por ultraprocesados y, tras un periodo de lavado, otra dieta basada en alimentos frescos y mínimamente procesados. Además, en cada fase la ingesta calórica se ajustó para que algunos participantes recibieran una cantidad adecuada a su gasto energético y otros un excedente de 500 calorías diarias.
El detalle crucial del experimento fue que las dos dietas estaban cuidadosamente emparejadas en calorías y macronutrientes. De este modo, los investigadores podían aislar el efecto del grado de procesamiento de los alimentos, sin que los resultados quedaran distorsionados por el simple exceso energético.
El contraste era extremo, ya que en la dieta ultraprocesada, el 77% de las calorías procedía de productos industriales, mientras que en la dieta natural más del 66% venía de alimentos frescos. En otras palabras, se trataba de una simulación de la realidad alimentaria de muchos países, frente a un patrón más cercano a las recomendaciones nutricionales.
El veredicto: daño metabólico y reproductivo
Los resultados fueron tan claros como preocupantes. Los hombres que siguieron la dieta ultraprocesada aumentaron de peso y grasa corporal, incluso cuando las calorías totales eran iguales a las de la dieta sin procesar. En promedio, la diferencia fue de 1,3 a 1,4 kilos más de peso, atribuibles principalmente a tejido adiposo.
👉 Este hallazgo desafía la idea de que «una caloría es una caloría», y sugiere que el cuerpo no metaboliza igual los nutrientes dependiendo de su matriz alimentaria.
Como resume Preston, «nuestros resultados prueban que los alimentos ultraprocesados dañan nuestra salud reproductiva y metabólica, incluso si no se consumen en exceso. Esto indica que es la propia naturaleza procesada de estos alimentos lo que los hace dañinos».
En paralelo, los parámetros sanguíneos también se alteraron. Los niveles de colesterol total y la proporción LDL (colesterol bueno)/HDL (colesterol malo) —un importante indicador de riesgo cardiovascular— empeoraron significativamente con la dieta ultraprocesada. En algunos casos se observó un aumento de la presión arterial diastólica.
Además, hormonas relacionadas con el metabolismo, como el factor de crecimiento/diferenciación GDF-15 y la leptina, se vieron afectadas, lo que apunta a cambios en la regulación del apetito y del gasto energético.
Pero tal vez lo más llamativo del estudio fue el impacto sobre la salud reproductiva masculina. Los investigadores registraron una reducción en los niveles de la hormona foliculoestimulante (FSH), esencial para la producción de esperma, así como una tendencia a la disminución de testosterona.
La motilidad espermática —la capacidad de los espermatozoides de desplazarse— también cayó en picado, especialmente en el grupo con exceso calórico. Aunque no se detectaron cambios significativos en la concentración total de espermatozoides, la tendencia es preocupante si se considera el declive global de la calidad seminal observado en las últimas décadas.
Contaminantes ocultos: ftalatos y sustancias químicas en la dieta
Más allá de los macronutrientes, el estudio indagó en la presencia de contaminantes asociados a la comida ultraprocesada, como los ftalatos, unas sustancias químicas utilizadas como plastificantes para ablandar los plásticos, especialmente el PVC, y, debido a su débil unión a los materiales, pueden migrar a alimentos, al aire y a nuestro organismo.
Tras la dieta ultraprocesada se detectó en los participantes un aumento en sangre del metabolito cxMINP, que está relacionado con el ftalato DINP y que es conocido por su potencial efecto disruptor endocrino y su asociación con problemas cardiovasculares y reproductivos. También se observaron cambios en niveles de litio y mercurio en sangre y semen, aunque las implicaciones clínicas requieren más investigación.
Este hallazgo refuerza la idea de que los alimentos ultraprocesados no solo son calorías vacías, sino vectores de exposición a sustancias químicas con efectos biológicos adversos.
Por qué los ultraprocesados engordan más con las mismas calorías
Una de las conclusiones más provocadoras del trabajo es que las calorías de los ultraprocesados parecen pesar más en el organismo. A igualdad energética, los hombres ganaron más peso y grasa con este tipo de dieta. ¿La razón? Los investigadores apuntan a varios factores:
✅ Menor disponibilidad de energía metabolizable en los alimentos frescos.
✅ Alteraciones hormonales que afectan el metabolismo.
✅ Posibles cambios en la microbiota intestinal.
En definitiva, el organismo no responde igual a 500 calorías de frutas y verduras que a 500 calorías de galletas o embutidos industriales.
Los investigadores han detectado en la comida ultraprocesada niveles más altos en sangre del ftalato cxMINP, que está asociado a problemas cardiovasculares y reproductivos. Foto: Allan Lainez
Implicaciones para la salud pública y la fertilidad masculina
El estudio viene de la mano de un mensaje incómodo para las políticas nutricionales actuales: no basta con contar calorías ni con ajustar los porcentajes de grasas, proteínas e hidratos. La calidad del alimento, medida por su grado de procesamiento, importa tanto o más que su aporte energético.
El profesor Romain Barrès, autor sénior del estudio, lo resume con contundencia:
«Nos sorprendió la cantidad de funciones corporales que se vieron alteradas por los ultraprocesados, incluso en hombres jóvenes y sanos. Las implicaciones a largo plazo son alarmantes y subrayan la necesidad de revisar las guías nutricionales para proteger mejor frente a las enfermedades crónicas».
Para los hombres jóvenes, los resultados añaden un motivo adicional para reducir el consumo de comida ultraprocesada: su fertilidad puede estar en juego. En un contexto en el que la calidad del esperma ha caído un 60% a nivel global desde los años 70 y en el que factores ambientales y dietéticos son sospechosos directos, el estudio ofrece una pieza más en el puzle de la alimentación humana.
Podría afectar incluso a la salud de las descendencia
Los autores reconocen que la intervención duró solo tres semanas, lo que limita la extrapolación a efectos crónicos. Además, los voluntarios eran varones sanos y delgados, lo que no refleja toda la diversidad poblacional.
Aun así, el diseño controlado y el emparejamiento calórico otorgan una robustez inusual a los hallazgos.
En próximas publicaciones, el equipo planea detallar los resultados sobre la metilación del ADN en esperma, un marcador epigenético que podría revelar cómo los ultraprocesados afectan no solo a la fertilidad de los hombres, sino potencialmente a la salud de su descendencia.
Cocinar más y abrir menos envases
En última instancia, este estudio recuerda que la nutrición no puede reducirse a números en una etiqueta. El alimento es un entramado complejo de nutrientes, estructuras, compuestos bioactivos y contaminantes.
La comida ultraprocesada, diseñada para la eficiencia industrial y la adicción sensorial, rompe ese entramado y genera un producto que el cuerpo humano no sabe manejar sin consecuencias.
El mensaje es tan simple como desafiante: volver a comer comida de verdad. Legumbres, frutas, verduras, cereales integrales, pescado, carne fresca, frutos secos. Cocinar más y abrir menos envases. Una recomendación que no solo protege frente a la obesidad y las enfermedades crónicas, sino que también podría preservar algo tan fundamental como la capacidad de ser padres. ▪️
Información facilitada por la Universidad de Copenhagen
Fuente: Jessica M. Preston, Jo Iversen, Antonia Hufnagel, Line Hjort, Jodie Taylor, Clara Sanchez, Victoria George, Ann N. Hansen, Lars Ängquist, Susan Hermann, Jeffrey M. Craig, Signe Torekov, Christian Lindh, Karin S. Hougaard, Marcelo A. Nóbrega, Stephen J. Simpson, Romain Barrès. Effect of ultra-processed food consumption on male reproductive and metabolic health. Cell Metabolism (2025). DOI: https://doi.org/10.1016/j.cmet.2025.08.004