Científicos descubren cómo la hiperglucemia ayuda a que el cáncer se fabrique escudos de azúcar para escapar del sistema inmunitario

Un estudio revela que el exceso de glucosa en sangre permite a las células cancerosas engrosar una burbuja de azúcar que las hace casi invisibles para el sistema inmunitario. El hallazgo identifica además una posible nueva diana terapéutica que podría potenciar la eficacia de la inmunoterapia contra el cáncer.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El azúcar que esconde al cáncer
Con Gemini Notebook / RexMolón, la Ciencia en Acción
Ilustración conceptual de una célula cancerosa protegida por un grueso escudo de azúcar (glicocálix), que dificulta que las células NK del sistema inmunitario la reconozcan y destruyan.

Ilustración conceptual de una célula cancerosa protegida por un grueso escudo de azúcar (glicocálix), que dificulta que las células NK del sistema inmunitario la reconozcan y destruyan. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

La relación entre la hiperglucemia y el cáncer está bien documentada: las personas con niveles elevados de glucosa en sangre presentan un mayor riesgo de desarrollar determinados tumores y suelen responder peor a los tratamientos. Lo que aún no estaba claro del todo era qué mecanismo biológico explicaba esta endiablada conexión.

Un estudio publicado en la revista Science Advances aporta ahora una explicación convincente a este vínculo entre los tumores y la glucosa. Un equipo liderado por investigadores del Sanford Burnham Prebys Medical Discovery Institute, en Estados Unidos, ha descubierto que el exceso de glucosa favorece la formación de una especie de capa de camuflaje alrededor de las células tumorales. Esa cubierta, formada por moléculas derivadas del azúcar, dificulta que las células asesinas naturales del sistema inmunitario o células NK reconozcan y destruyan el tumor.

El hallazgo no solo ayuda a entender por qué la hiperglucemia resulta tan perjudicial en los pacientes oncológicos, sino que también identifica una posible diana terapéutica para mejorar la eficacia de la inmunoterapia.

En qué consiste el disfraz hecho de azúcar

Las células cancerosas llevan años sorprendiendo a los investigadores por su extraordinaria capacidad para burlarse del sistema inmunitario. En cierto modo, actúan como espías expertos en ocultar su identidad. Una de sus estrategias consiste en recubrirse de un espeso glicocálix, una estructura formada por glicoproteínas y glicolípidos que recubre la superficie celular y que forma una capa de invisibilidad al estilo de Harry Potter.

Hay que decir que este glicocálix no es exclusivo del cáncer. Prácticamente todas las células del organismo poseen uno, pero en muchos tumores esta cubierta adquiere un grosor y una composición muy diferentes. El resultado es que actúa como una auténtica barrera física y química que dificulta el contacto entre las células inmunitarias y las células malignas.

Hasta ahora se desconocía qué factores determinaban que ese escudo de azúcar se hiciera más grueso.

Kevin Tharp, investigador del Sanford Burnham Prebys Cancer Center, dirigió el estudio que identifica cómo la hiperglucemia favorece la formación de un escudo de azúcar alrededor de las células cancerosas.

Kevin Tharp, investigador del Sanford Burnham Prebys Cancer Center, dirigió el estudio que identifica cómo la hiperglucemia favorece la formación de un escudo de azúcar alrededor de las células cancerosas. Cortesía: Sanford Burnham Prebys.

Qué papel juega el microambiente tumoral

Los investigadores partieron de una idea sencilla: los tumores sólidos no crecen en condiciones normales. El tejido que los rodea suele ser mucho más rígido que el tejido sano, presenta una composición distinta de nutrientes y obliga a las células a soportar importantes tensiones mecánicas.

🗣️ «Los tumores primarios suelen ser más rígidos que el tejido que los rodea —dice Kevin Tharp, autor principal del trabajo—. Eso me llevó a plantear la hipótesis de que las propiedades biofísicas de las células influyen en los cambios metabólicos que todos observamos en los tumores».

Para comprobarlo, el equipo cultivó células en condiciones que imitaban tanto a los tejidos sanos como a los tumores. Además, comparó dos medios de cultivo diferentes: el clásico utilizado desde hace décadas en los laboratorios y otro mucho más parecido a la composición química de la sangre humana. En ambos casos añadieron concentraciones normales y elevadas de glucosa para simular la hiperglucemia.

El resultado fue sorprendente.

Solo cuando las células crecían en un entorno que reproducía fielmente las condiciones fisiológicas del organismo, el exceso de glucosa provocaba un marcado aumento del grosor del glicocálix. En los medios tradicionales de laboratorio ese efecto apenas aparecía.

«Observamos que modificar la composición del medio fisiológico y cambiar los metabolitos disponibles para las células tumorales revela diferencias muy importantes entre el metabolismo de las células normales y el de las cancerosas», señala Tharp.

La glucosa, un material de construcción

La explicación está en el destino que sigue la glucosa dentro de la célula.

Normalmente pensamos en el azúcar como combustible energético. Sin embargo, una parte también sirve como materia prima para fabricar moléculas complejas que terminan incorporándose a la superficie celular.

El estudio demuestra que, cuando coinciden un entorno tumoral y niveles elevados de glucosa, una mayor proporción de ese azúcar se desvía hacia la síntesis de glicoconjugados, los componentes básicos del glicocálix. En lugar de utilizarse únicamente para producir energía, la glucosa acaba empleándose para fabricar un recubrimiento protector cada vez más espeso.

Los análisis metabólicos mostraron además que la composición química de esa cubierta cambia profundamente dependiendo del entorno celular, lo que confirma que el microambiente tumoral desempeña un papel mucho más activo de lo que se pensaba.

Reconstrucción 3D del glicocálix que recubre un cilio del alga verde Chlamydomonas reinhardtii. Esta densa capa de moléculas de azúcar ilustra la compleja arquitectura del glicocálix.

Reconstrucción 3D del glicocálix que recubre un cilio del alga verde Chlamydomonas reinhardtii. Esta densa capa de moléculas de azúcar ilustra la compleja arquitectura del glicocálix, una estructura que, en las células cancerosas, puede engrosarse y favorecer su evasión del sistema inmunitario. Cortesía: A. Nievergelt, adaptado de Hoepfner et al. (2025)

Qué función tiene la proteína HSF1

El siguiente paso consistió en averiguar quién dirige este proceso.

Los experimentos señalaron rápido a una proteína conocida como HSF1 (Heat Shock Factor 1), un factor de transcripción famoso por activar mecanismos de protección celular frente al estrés térmico, pero que también se había relacionado anteriormente con la progresión de distintos cánceres.

Cuando los investigadores bloquearon la HSF1 mediante un inhibidor experimental llamado KRIBB11, observaron que disminuía la producción de varios componentes esenciales del glicocálix. La gruesa cubierta de azúcar dejaba de crecer incluso en presencia de niveles elevados de glucosa.

🗣️ En palabras de Tharp, «nuestros resultados indican que los cambios en la función mitocondrial conducen a la síntesis de moléculas derivadas del azúcar en la superficie celular que dificultan que el sistema inmunitario reconozca y elimine las células cancerosas».

Y añade una consecuencia especialmente relevante: «Ahora que conocemos este mecanismo, se abre una enorme oportunidad para desarrollar fármacos capaces de eliminar esa cubierta superficial que las protege de la vigilancia inmunitaria».

Por qué el sistema inmunitario deja de ver al enemigo

La parte más llamativa del estudio llegó al poner frente a frente células tumorales y células NK, uno de los principales brazos de la inmunidad innata encargados de destruir células infectadas o cancerosas.

Las células cultivadas con hiperglucemia y en condiciones similares al microambiente tumoral resistían mucho mejor el ataque de las células NK.

Sin embargo, esa ventaja desaparecía prácticamente por completo cuando se inhibía a la proteína HSF1. En ese momento, el glicocálix se hacía más fino, disminuía la cantidad de determinados azúcares superficiales y las células inmunitarias recuperaban su capacidad para identificar y matar las células cancerosas.

Los investigadores comprobaron además que esta relación también aparecía al analizar datos genómicos de tumores humanos de mama. Aquellos con una mayor actividad de la vía HSF1 presentaban señales compatibles con una menor activación de las células NK.

Por qué es importante esta investigación

Los resultados ayudan a comprender mejor por qué enfermedades metabólicas como la diabetes de tipo 2 y el síndrome metabólico suelen asociarse con peores resultados en oncología. Recordemos que el síndrome metabólico es un conjunto de alteraciones que suelen aparecer juntas —obesidad abdominal, hipertensión, niveles elevados de glucosa en sangre, triglicéridos altos y colesterol HDL bajo— y que aumentan el riesgo de padecer diabetes de tipo 2, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

Desde hace años existen numerosos estudios epidemiológicos que muestran que los pacientes con hiperglucemia presentan una mayor probabiñodad de desarrollar determinados tumores, y, que una vez diagnosticados, suelen responder peor a los tratamientos. Sin embargo, faltaba una explicación molecular sólida.

🗣️ «Lo que hemos encontrado es un mecanismo plausible mediante el cual la hiperglucemia contribuye directamente a que los tumores escapen del sistema inmunitario» afirma Tharp. Y añade que este conocimiento podría permitir «el cierre de una ventaja que el cáncer obtiene de la hiperglucemia asociada al síndrome metabólico y a las dietas modernas».

Imágenes obtenidas mediante microscopía de interferencia de barrido que muestran el grosor del glicocálix de células cultivadas con niveles normales (5 mM) y elevados (15 mM) de glucosa.

Imágenes obtenidas mediante microscopía de interferencia de barrido que muestran el grosor del glicocálix de células cultivadas con niveles normales (5 mM) y elevados (15 mM) de glucosa. Al inhibir la proteína HSF1 (KRIBB11), desaparece el engrosamiento del escudo de azúcar inducido por la hiperglucemia, lo que podría facilitar que el sistema inmunitario vuelva a reconocer las células cancerosas. Cortesía: Kevin Tharp el al.

Un cambio de perspectiva para la investigación

Más allá del descubrimiento concreto, el trabajo lanza un mensaje importante para la investigación biomédica.

Gran parte de los experimentos realizados durante décadas se han llevado a cabo utilizando medios de cultivo que no reproducen con fidelidad la composición química del organismo humano. El nuevo estudio demuestra que ese detalle puede modificar profundamente el comportamiento metabólico de las células e incluso ocultar mecanismos biológicos de gran relevancia.

Los propios autores concluyen que las propiedades físicas y químicas del microambiente tumoral no son simples elementos secundarios, sino factores decisivos que condicionan la biología del cáncer y su interacción con el sistema inmunitario.

Un nuevo candidato para la inmunoterapia

Aunque los resultados proceden de experimentos celulares y modelos preclínicos, abren una vía especialmente prometedora.

En lugar de atacar directamente al tumor, podría ser posible retirar esa burbuja que lo protege y hacerlo de nuevo visible a las células cancerosas para el sistema inmunitario. En teoría, combinar futuros inhibidores de HSF1 o de las rutas responsables de fabricar el glicocálix con las inmunoterapias actuales podría aumentar notablemente la eficacia de estos tratamientos, especialmente frente a tumores metastásicos.

Todavía queda un largo recorrido antes de comprobar si esta estrategia funciona en pacientes. Sin embargo, el estudio aporta una pieza clave a un rompecabezas que llevaba años intrigando a los oncólogos: cómo un exceso de azúcar en sangre puede convertirse, literalmente, en el material con el que las células cancerosas confeccionan su propio traje de invisibilidad.▪️(8-agosto-2026)

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Cáncer y Glicocálix

🧫 ¿Cómo ayuda el exceso de glucosa al cáncer?

La glucosa favorece la formación de un glicocálix más grueso que dificulta que el sistema inmunitario detecte las células cancerosas.

🧫 ¿Qué es el glicocálix?

También conocido como glicocáliz, se trata de una capa rica en azúcares que recubre la superficie celular y que, en los tumores, puede actuar como un mecanismo de camuflaje.

🧫 ¿Qué papel desempeña HSF1?

HSF1 activa procesos metabólicos que favorecen la síntesis de moléculas necesarias para engrosar el glicocálix.

🧫 ¿Tiene relación con la diabetes?

El estudio aporta un mecanismo biológico que ayuda a explicar por qué la hiperglucemia asociada a la diabetes o al síndrome metabólico puede empeorar la evolución del cáncer.

🧫 ¿Este descubrimiento permitirá nuevos tratamientos?

Todavía no. Los resultados son preclínicos, pero apuntan a HSF1 como una posible diana terapéutica para potenciar la inmunoterapia.

  • Información facilitada por el Sanford Burnham Prebys

  • Fuente: Kevin M. Tharp et al. The microenvironment dictates glyco-immune surveillance via HSF1-mediated metabolism. Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aeb1136

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