Confirmado: los perros pueden distinguir el miedo de la tristeza en el rostro humano
Un estudio con resonancia magnética funcional muestra que el cerebro de los perros distingue algunas expresiones emocionales humanas, incluso cuando todas son negativas. El miedo, la tristeza y la ira no dejan exactamente la misma huella cerebral, mientras que las caras felices activan regiones vinculadas al procesamiento social y la recompensa.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Los perros son extraordinariamente sensibles a nuestras señales sociales. Su cerebro puede distinguir no solo entre expresiones humanas positivas y negativas, sino también entre algunas emociones como el miedo y la tristeza. Foto de Charlie Green en Unsplash
Los perros no solo distinguen entre emociones positivas y negativas
Un perro no necesita que su dueño le explique que ha tenido un mal día. Basta a menudo una mirada, un cambio en el gesto o una manera diferente de moverse para que el animal modifique su comportamiento. Puede acercarse, mantenerse a cierta distancia o permanecer especialmente atento. La convivencia cotidiana lleva siglos sugiriendo que los perros son extraordinariamente sensibles a nuestro estado emocional.
Ahora, un estudio publicado en iScience ha entrado literalmente en su cerebro para averiguar hasta dónde llega esa capacidad.
El resultado añade un matiz importante a lo que sabíamos. Los perros no solo responden de manera diferente a una cara sonriente y a una expresión negativa. Su cerebro también es capaz de diferenciar algunas expresiones humanas negativas entre sí, en particular el miedo frente a la tristeza y el miedo frente a la ira. Es la primera evidencia cerebral directa de que su percepción de nuestros rostros emocionales va más allá de una sencilla clasificación entre algo agradable y algo desagradable.
🗣️ «Los seres humanos somos realmente buenos captando pequeños detalles del rostro, y los perros también —explica en un comunicado de Cell Press Raúl Hernández-Pérez, primer autor del trabajo e investigador de la Universidad de Viena, en Austria. Y añade—: Eso hace que los perros sean muy interesantes. Estudiando sus cerebros podemos comprender qué adaptaciones se han desarrollado para sustentar su extraordinaria comprensión social y emocional de los humanos».
Miles de años aprendiendo a interpretar nuestras caras
No es una habilidad menor. Durante la domesticación, los perros han quedado inmersos en un universo construido por otra especie y han desarrollado una notable capacidad para interpretar nuestras señales. Estudios anteriores habían demostrado que discriminan rostros humanos asociados con alegría, ira, miedo, tristeza o asco, que prestan una atención especial a determinadas zonas de la cara y que pueden utilizar nuestras expresiones como referencia para decidir cómo comportarse.
Incluso perros entrenados con fotografías de la cara de sus cuidadores han conseguido trasladar posteriormente ese aprendizaje a rostros desconocidos.
El problema es que demostrar que un perro se comporta de manera distinta ante dos expresiones no permite saber con precisión qué está haciendo su cerebro con esa información. ¿Reconoce realmente diferencias entre las emociones o se limita a dividir los rostros en dos grandes categorías, positivos y negativos?
Un perro entrenado permanece despierto durante una resonancia magnética funcional (fMRI), mientras los investigadores registran su actividad cerebral al mostrarle rostros humanos que expresan felicidad, ira, miedo y tristeza. Cortesía: Laura V. Cuaya.
Una resonancia magnética para mirar dentro del cerebro de un perro
Para investigarlo, Hernández-Pérez y sus colegas recurrieron a una técnica especialmente exigente cuando el voluntario tiene cuatro patas: la resonancia magnética funcional (fMRI) en perros despiertos. Los animales participantes eran perros domésticos entrenados para permanecer quietos dentro del escáner sin necesidad de sedación.
Recordemos que la fMRI es una técnica de neuroimagen que permite observar qué zonas del cerebro aumentan su actividad durante una tarea. Detecta cambios en el flujo y la oxigenación de la sangre —la llamada señal BOLD— que se producen cuando las neuronas de una región cerebral incrementan su actividad.
El estudio se desarrolló en dos experimentos.
Primer experimento: qué ocurre cuando un perro ve una sonrisa
En el primero participaron ocho perros, a los que se mostraron fotografías de personas desconocidas con expresiones felices o neutras. Los investigadores utilizaron de forma deliberada rostros de extraños para reducir la influencia emocional que podría tener reconocer al propietario.
El resultado fue llamativo: las caras felices produjeron una respuesta más intensa en una amplia región del hemisferio derecho centrada en la corteza temporal y extendida hasta el núcleo caudado. También aparecieron implicadas zonas como el giro silviano rostral, la corteza piriforme y el giro proreano.
Por qué una sonrisa humana puede ser especial para un perro
El núcleo caudado resulta especialmente interesante, ya que estudios anteriores lo han relacionado en perros con estímulos gratificantes, como la expectativa de comida o determinados olores familiares. De ahí que una sonrisa humana pueda ser algo más para el animal que una configuración particular de ojos, labios y mejillas.
🗣️ «La actividad en el núcleo caudado es particularmente interesante —apunta Laura Cuaya, de la Universidad de Viena, autora sénior del trabajo, que inició esta investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México y posteriormente la amplió mediante una colaboración con la Universidad Eötvös Loránd de Hungría. Y continúa—: Sugiere que los rostros humanos felices pueden tener un significado emocional para los perros».
Hay antecedentes que encajan con esta interpretación. En experimentos de aprendizaje, perros entrenados para reconocer caras felices o enfadadas consiguieron diferenciarlas, pero los que debían identificar las caras felices aprendieron significativamente más deprisa. Una posible explicación es que una expresión de enfado funcione como señal aversiva, mientras que la sonrisa posea cierto valor gratificante.
Los autores plantean así que incluso la sonrisa de una persona desconocida podría constituir un estímulo relevante para el cerebro canino.
Pero faltaba la parte más interesante del experimento. ¿Qué ocurre cuando todas las caras expresan emociones distintas?
La resonancia magnética funcional muestra cómo responde el cerebro de los perros a los rostros humanos. A la izquierda, las regiones activadas al observar caras; a la derecha, las áreas que responden con mayor intensidad ante rostros felices que ante expresiones neutras, principalmente en regiones temporales del cerebro canino. Crortesía: Hernández-Pérez et al. / iScience (2026).
Segundo experimento: qué ocurre cuando un perro ve diferentes emociones
En una segunda fase, doce perros contemplaron nuevos rostros que mostraban alegría, ira, miedo o tristeza. Esta vez los científicos combinaron las imágenes de resonancia magnética con técnicas de análisis multivariante y aprendizaje automático. Un clasificador entrenado con la actividad cerebral pudo distinguir de manera significativa la respuesta producida por una cara feliz de la generada por cualquiera de las tres expresiones negativas.
Sin embargo, utilizando solo esa red cerebral especialmente sensible a la felicidad, el algoritmo no consiguió separar de forma fiable unas emociones negativas de otras.
Parecía, en principio, que el cerebro canino podía estar utilizando la sencilla frontera entre positivo y negativo. Los investigadores ampliaron entonces el análisis al cerebro completo.
Y ahí apareció la sorpresa.
Los patrones cerebrales distinguían la tristeza del miedo y la ira del miedo. La diferencia entre tristeza y miedo apareció asociada al giro suprasilviano rostral derecho, mientras que la comparación entre ira y miedo produjo patrones diferenciados en el giro ectosilviano medio derecho y el giro esplenial izquierdo. En cambio, los científicos no encontraron una separación cerebral significativa entre tristeza e ira.
Por qué el miedo parece tan importante para los perros
El miedo parece, por tanto, especialmente reconocible para el cerebro de nuestros peludos.
Existen varias explicaciones posibles:
✅ Estudios previos habían observado que los perros prestan atención de forma diferente a los rostros temerosos y enfadados y que expresiones humanas de miedo e ira provocan respuestas de orientación más rápidas y mayor actividad cardiaca que otras de menor activación, como la tristeza.
✅ También hay evidencias procedentes del olfato: los perros adultos modifican su conducta ante señales químicas humanas relacionadas con el miedo y la felicidad, mientras que los cachorros parecen mostrar una respuesta especialmente diferenciada ante las señales de miedo.
Esto plantea la posibilidad de que detectar el miedo humano tenga una relevancia biológica o social particularmente alta.
Morante, Kunkun, Odin y Molly, de izquierda a derecha, son cuatro de los perros que participaron en el estudio. Los investigadores analizaron su actividad cerebral para descubrir cómo procesa el cerebro canino las expresiones emocionales humanas. Cortesía: Laura V. Cuaya.
¿Significa esto que los perros sienten nuestras emociones como nosotros?
Conviene, sin embargo, evitar una tentación muy humana: imaginar que el perro ve una cara y piensa “esta persona está triste” o “aquella persona tiene miedo” de la misma manera que nosotros. Los propios autores son muy cuidadosos en este punto.
El estudio demuestra que determinados patrones de actividad cerebral son separables, no que los perros posean categorías emocionales idénticas a las humanas.
Los términos felicidad, ira, tristeza y miedo describen las expresiones utilizadas en el experimento, no necesariamente la experiencia subjetiva del animal.
En la vida real, los perros disponen de muchas más pistas
Tampoco una fotografía inmóvil reproduce la riqueza de una interacción cotidiana. Cuando una persona está asustada o triste, su perro dispone de un auténtico cóctel de información: observa la postura corporal y los movimientos, escucha cambios en el tono de voz, analiza el rostro y puede captar señales químicas mediante un olfato incomparablemente más sensible que el nuestro.
De hecho, investigaciones con seguimiento ocular indican que, ante expresiones emocionales humanas en movimiento, los perros pueden obtener más información del cuerpo que de la cara.
Ese es también uno de los límites del trabajo. La muestra fue pequeña —doce perros en el segundo experimento— y estuvo formada mayoritariamente por border collies, una raza particularmente atenta a las señales sociales humanas. Los autores advierten de que no puede darse por hecho que todas las razas procesen nuestros rostros exactamente de la misma manera. Además, utilizar fotografías estáticas resta naturalidad al experimento.
Los investigadores proponen que los próximos trabajos incorporen rostros en movimiento, lenguaje corporal y estímulos procedentes de varios sentidos para aproximarse mejor a la vida real.
También hay otra cuestión pendiente: los participantes eran animales de compañía procedentes de hogares humanos. Un perro callejero o uno que haya crecido con un contacto mucho menor con las personas vive en un entorno social muy distinto y podría desarrollar otra manera de interpretar nuestras señales.
Así responde el cerebro de un perro cuando ve una cara feliz
La resonancia magnética funcional revela las regiones del cerebro canino que responden con mayor intensidad ante rostros humanos felices que ante rostros neutros. Las zonas resaltadas muestran dónde aumenta significativamente la señal cerebral asociada a la observación de una expresión de felicidad. Crédito: Hernández-Pérez et al. / iScience (2026).
La domesticación convirtió al perro en un especialista en observarnos
La comparación evolutiva es precisamente uno de los aspectos más sugerentes del trabajo.
🗣️ «Cuando comparamos a los humanos con los primates, estamos observando capacidades que pueden proceder de un antepasado común —explica Cuaya—. Con los perros, la historia es completamente diferente. Siguieron un camino evolutivo muy distinto y, sin embargo, a través de la domesticación desarrollaron las habilidades sociales necesarias para comprendernos y cooperar con nosotros».
Dos especies separadas por decenas de millones de años de evolución acabaron compartiendo casas, alimentos, juegos, trabajos y una extraordinaria red de señales sociales. El cerebro del perro parece haberse convertido, en parte, en un especialista en prestar atención a una especie que no es la suya: la nuestra.
Cuaya resume las implicaciones de esta historia compartida con una petición que va más allá de la neuroimagen: «Me gustaría que la gente viera a los perros como seres emocionales. Han evolucionado con nosotros para comprender nuestras expresiones y cooperar con nosotros, y reconocerlo puede cambiar la manera en que nos comunicamos con ellos y los cuidamos».
El nuevo estudio no demuestra que un perro sepa exactamente qué sentimos cuando nos mira. Pero sí revela algo quizá más interesante: para su cerebro, una sonrisa, una cara asustada y un rostro triste no son simplemente distintas versiones de una cara humana. Algunas contienen información social suficientemente importante como para dejar huellas diferentes en su actividad cerebral. Y después de miles de años viviendo a nuestro lado, parece que aprender a leernos ha pasado a formar parte de la particular especialización del mejor amigo del ser humano.▪️(11-agosto-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Perros y Emociones Humanas
🐶 ¿Pueden los perros distinguir el miedo de la tristeza humana?
Sí, al menos a nivel de patrones de actividad cerebral. El estudio encontró patrones diferentes cuando los perros observaban rostros humanos que expresaban miedo y tristeza. Esto no demuestra que conceptualicen esas emociones igual que nosotros.
🐶 ¿Los perros reconocen las emociones humanas?
Los perros son sensibles a diferentes expresiones emocionales humanas y modifican su comportamiento ante nuestras señales sociales. El nuevo estudio muestra además que su cerebro diferencia determinadas expresiones faciales incluso cuando poseen la misma valencia negativa.
🐶 ¿Qué ocurre en el cerebro de un perro cuando ve una persona feliz?
Las caras felices produjeron una mayor respuesta en una red situada principalmente en el hemisferio derecho, que incluye la corteza temporal y el núcleo caudado. Este último está relacionado en investigaciones anteriores con el procesamiento de estímulos gratificantes.
🐶 ¿Qué emociones humanas distinguieron los perros?
Los experimentos estudiaron felicidad, ira, miedo y tristeza, además de caras neutras en la primera fase. El análisis cerebral completo permitió distinguir miedo frente a tristeza y miedo frente a ira, pero no encontró una diferenciación significativa entre tristeza e ira.
🐶 ¿Cómo se realizó el estudio?
Los científicos utilizaron resonancia magnética funcional en perros despiertos mientras observaban fotografías de rostros humanos. Posteriormente analizaron los patrones de actividad cerebral mediante técnicas multivariantes y aprendizaje automático.
🐶 ¿Los perros entienden la tristeza y el miedo igual que los humanos?
No puede afirmarse. El estudio demuestra que sus cerebros generan representaciones neuronales diferenciables ante algunas expresiones, pero no que los perros experimenten o comprendan esas emociones mediante las mismas categorías psicológicas que las personas.
Información facilitada por Cell Press
Fuente: Raúl Hernández-Pérez, Luis Concha, Attila Andics, Rodolfo Bernal-Gamboa, Laura V. Cuaya. Dog brain representations of human facial expressions: Encoding happiness and differentiating specific negative expressions. iScience (2026). DOI: 10.1016/j.isci.2026.116900

