Una rara variante genética protege de la grasa corporal, la diabetes y el hígado graso
Una mutación genética extremadamente infrecuente parece dar a sus portadores una ventaja metabólica natural: menos grasa corporal y hepática, mejor control del azúcar y menor riesgo cardiometabólico. El hallazgo, descubierto tras analizar a más de un millón de personas, podría inspirar nuevos tratamientos contra la obesidad, la diabetes de tipo 2 y el hígado graso.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una rara variante del gen FNIP1 parece conferir a sus portadores una ventaja metabólica natural: menos grasa corporal y hepática, mejor control de la glucosa y menor riesgo de enfermedades cardiometabólicas. Foto de Vitaly Gariev en Unsplash
Hay personas que parecen jugar con cierta ventaja metabólica. Acumulan menos grasa, mantienen un hígado relativamente libre de depósitos grasos y presentan mejores niveles de glucosa en sangre. La explicación no tiene por qué estar únicamente en lo que comen o en cuánto ejercicio hacen. En un pequeño grupo de individuos, parte de esa ventaja parece estar escrita desde el nacimiento en su ADN.
Un estudio basado en la información genética de más de un millón de personas ha identificado variantes extremadamente raras del genFNIP1 asociadas con un perfil metabólico sorprendentemente favorable. Sus portadores presentan menos grasa corporal y abdominal, menos grasa acumulada en el hígado, mejores indicadores de control de la glucosa y niveles más bajos de algunos lípidos relacionados con el riesgo cardiovascular.
Y, en conjunto, sus probabilidades de padecer enfermedades cardiometabólicas son aproximadamente un 60% menores.
Un estudio genético con más de un millón de personas
El hallazgo no significa que exista un gen de la delgadez, ni que sus portadores puedan comer sin límites sin engordar. La historia es más interesante. El gen FNIP1, que contiene las instrucciones para fabricar la proteína folliculin-interacting protein, parece actuar como uno de los reguladores del gasto energético del organismo. Reducir parcialmente su actividad podría hacer que determinadas células utilicen más energía y degraden grasas con mayor eficacia.
Esa peculiaridad genética ofrece además una pista para desarrollar futuros tratamientos contra la obesidad, la diabetes de tipo 2 y el hígado graso metabólico. Esta última es una enfermedad en la que se acumula un exceso de grasa en el hígado, generalmente asociado con obesidad, resistencia a la insulina, diabetes de tipo 2 u otras alteraciones metabólicas. Puede provocar inflamación, fibrosis y, en casos avanzados, cirrosis.
El trabajo, publicado en la revista Nature, parte de una de las mayores investigaciones realizadas hasta ahora sobre las bases genéticas del metabolismo energético. Los investigadores analizaron mediante secuenciación del exoma —la parte del genoma que contiene las instrucciones para fabricar proteínas— a 1.032.116 personas procedentes de once cohortes de América, Europa y Asia. Su objetivo era localizar variantes poco frecuentes capaces de alterar significativamente el metabolismo.
La distribución de la grasa corporal puede variar considerablemente entre individuos y constituye un importante indicador de salud metabólica. Las raras variantes de FNIP1 identificadas en el estudio se asocian con menor porcentaje de grasa corporal, menos grasa visceral y una mayor proporción de masa magra.
Cazados asi sesenta genes «sospechosos»
Para rastrearlas utilizaron como brújula una medida aparentemente sencilla: la relación entre los triglicéridos y el colesterol HDL, conocida como TG:HDL. Un cociente elevado se relaciona con resistencia a la insulina, la diabetes de tipo 2 y la enfermedad cardiovascular. El análisis confirmó que también funciona como una especie de ventana al estado energético del organismo: cuanto mayor era esta relación, mayor tendía a ser la adiposidad total y visceral, la acumulación de grasa en órganos y otros indicadores metabólicos desfavorables.
Al cruzar este marcador con millones de variantes genéticas, los científicos identificaron 59 genes independientemente asociados con la relación TG:HDL. No aparecieron repartidos al azar por la biología humana. Muchos están especialmente activos en el hígado y el tejido adiposo, dos de los grandes centros de gestión de la energía corporal. Además, veintitrés de esos genes codifican proteínas que ya son dianas de medicamentos aprobados o de fármacos que se encuentran en desarrollo clínico.
Entre todos ellos hubo uno que llamó especialmente la atención, según los supervisores del estudio Viktoria Gusarova y Luca A. Lotta, de Regeneron Pharmaceuticals (Estados Unidos): el citado gen FNIP1.
Un alelo extremadamente raro
Las variantes o alelos estudiadas en este gen son extraordinariamente infrecuentes. Estas variantes genéticas son extremadamente raras: solo alrededor de una de cada 7.000 personas analizadas portaba una variante capaz de reducir la función del gen FNIP1. En total localizaron 86 variantes distintas de este tipo.
A pesar de su rareza, su efecto metabólico era lo suficientemente grande como para destacar entre el enorme ruido genético de más de un millón de individuos.
El FNIP1 contiene las instrucciones para producir la proteína folliculin-interacting protein 1. Esta interactúa con otra proteína llamada foliculina, que está fabricada por el gen FLCN, lo que forma parte de un sistema molecular relacionado con la producción y el consumo de energía.
En condiciones normales, el complejo FNIP1-FLCN funciona, simplificando mucho, como una especie de freno metabólico. Inhibe procesos relacionados con la formación de nuevas mitocondrias, la fosforilación oxidativa y el gasto energético. Las mitocondrias son las estructuras celulares encargadas de transformar nutrientes en energía. Cuando disminuye la actividad de esta vía, ese freno parece aflojarse y las células pueden incrementar algunos mecanismos destinados a consumir combustible.
Los propios investigadores plantean que la pérdida parcial de función del FNIP1 puede aumentar la biogénesis mitocondrial y el gasto energético en tejidos metabólicamente activos.
Imagen microscópica de una célula endotelial en la que se distinguen la actina (rosa), el ADN (rojo) y las mitocondrias (negro). Estas desempeñan un papel esencial en la producción de energía celular y están implicadas en los mecanismos metabólicos regulados por la vía de FNIP1. Cortesía: Dr. Talley J. Lambert / Departamento de Biología Celular, Harvard Medical School / https://www.nikonsmallworld.com/
Menos grasa corporal y un hígado más sano
La comparación entre portadores y no portadores de este alelo resulta reveladora. Las personas con estas variantes presentaban menos triglicéridos en sangre, menor porcentaje de grasa corporal, una distribución de la grasa más favorable y mayor proporción de masa magra.
También tenían menos grasa hepática, menores concentraciones de enzimas asociadas al daño del hígado y niveles inferiores de hemoglobina glucosilada o HbA1c, uno de los principales indicadores utilizados para conocer cómo se ha comportado la glucosa sanguínea durante los meses anteriores.
Algunos números ayudan a dimensionar el fenómeno. Los portadores presentaron, en promedio, unos 41 miligramos por decilitro menos de triglicéridos y 7,5 miligramos por decilitro menos de apolipoproteína B. En las personas de las que se disponía de resonancias magnéticas, la proporción de grasa del hígado era casi cuatro puntos porcentuales inferior. Ademas mostraban una reducción de 0,18 puntos porcentuales de HbA1c.
Hasta un 60% menos de enfermedad cardiometabólica
Pero tal vez el resultado más llamativo apareció al estudiar las enfermedades. En un análisis que reunió 227.636 casos y 265.114 controles, las variantes de pérdida de función del FNIP1 se asociaron con unas probabilidades aproximadamente un 60% menores de padecer conjuntamente enfermedad coronaria, diabetes de tipo 2, enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica o cirrosis. En términos sencillos, los portadores de estas variantes presentaban alrededor de un 60% menos de probabilidades de sufrir estas enfermedades cardiometabólicas que quienes no las tenían.
Conviene subrayar una palabra: asociaron. Los investigadores no han demostrado que portar una de estas variantes garantice estar delgado o protegido frente a esas enfermedades. Tampoco que la FNIP1 explique por sí solo el metabolismo de una persona. El peso corporal y el riesgo de diabetes o enfermedad cardiovascular dependen de una compleja interacción entre cientos de genes, alimentación, ejercicio, edad y numerosos factores ambientales. Lo extraordinario aquí es el tamaño del efecto detectado para variantes genéticas tan infrecuentes.
Los experimentos en ratones respaldan la hipótesis
Los científicos quisieron comprobar después si aquella asociación estadística tenía una explicación biológica plausible. Para ello llevaron el FNIP1 al laboratorio.
Primero utilizaron pequeñas moléculas de ARN interferente, o siRNA, para reducir en más de un 90% la actividad del gen en hepatocitos humanos primarios. Las células respondieron activando genes relacionados con los lisosomas y la degradación de lípidos. Era precisamente lo que cabría esperar si retirar parcialmente el FNIP1 permitiera a las células movilizar y consumir más combustible.
El siguiente paso fueron los ratones. Los investigadores manipularon en el hígado distintos componentes de la vía FNIP1-FLCN y alimentaron a los roedores con una dieta rica en grasas y fructosa. La biología del ratón resultó algo más complicada: eliminar únicamente el FNIP1 en el hígado no reprodujo el efecto observado en los seres humanos. Sin embargo, inhibir simultáneamente el Fnip1 y el Fnip2, o bloquear el FNIP1, protegió considerablemente a los animales frente al aumento de peso y grasa provocado por la dieta.
Estos ratones también mostraron mejor sensibilidad a la insulina, menos insulina circulante, menos triglicéridos acumulados en el hígado y menores niveles de ALT, una enzima utilizada como indicador de lesión hepática. Los autores consideran que las diferencias entre ratones y humanos pueden reflejar simplemente que ambas especies utilizan esta maquinaria metabólica de manera distinta.
Los resultados, explican los investigadores, sugieren que los efectos protectores de las variantes de FNIP1 podrían deberse a una «mayor degradación de lípidos, oxidación mitocondrial de ácidos grasos y gasto energético en tejidos metabólicamente activos». Y añaden que modular terapéuticamente el FNIP1 podría resultar beneficioso frente a distintas enfermedades cardiometabólicas al favorecer el consumo de grasas y energía.
El estudio combinó el análisis genético de más de un millón de personas con experimentos en células humanas y ratones para investigar cómo la reducción de la actividad del gen FNIP1 puede favorecer el metabolismo de las grasas y mejorar distintos indicadores de salud metabólica. Foto de Julia Koblitz
Una posible nueva diana contra la obesidad y la diabetes
Aquí aparece quizá la consecuencia más interesante del estudio. La genética humana lleva años proporcionando a la farmacología una estrategia peculiar: buscar personas que, debido a mutaciones naturales, poseen una protección excepcional frente a una enfermedad e intentar imitar ese efecto mediante un medicamento.
En cierto sentido, estos individuos son experimentos naturales que llevan funcionando toda una vida.
El FNIP1 resulta especialmente atractivo porque los científicos no necesitarían necesariamente bloquearlo en todo el organismo. El gen se expresa en los hepatocitos —las células principales del hígado— y ya existen medicamentos basados en ARN interferente capaces de silenciar selectivamente genes en el hígado.
Los autores consideran por ello que reducir la actividad del FNIP1 específicamente en los hepatocitos mediante siRNA podría ser una vía viable para reproducir parte de los beneficios metabólicos observados en los portadores y, al mismo tiempo, limitar posibles efectos secundarios derivados de bloquear la proteína en otros tejidos.
La cautela: reducir FNIP1 no es lo mismo que eliminarlo
La prudencia, sin embargo, es imprescindible. La pérdida completa del FNIP1, cuando afecta a las dos copias del gen, está relacionada con una rara inmunodeficiencia hereditaria y cardiomiopatía hipertrófica. Los individuos metabólicamente favorecidos identificados en el estudio son heterocigotos: conservan una copia funcional del gen. Además, manipular rutas celulares tan fundamentales como las relacionadas con las mitocondrias y el crecimiento celular puede tener consecuencias difíciles de anticipar.
Los propios autores advierten de que la seguridad deberá estudiarse cuidadosamente. Aunque en sus datos las variantes heterocigotas del FNIP1 se asociaron con menos grasa hepática, niveles menores de ALT y protección frente a la enfermedad metabólica del hígado, serán necesarios más experimentos para establecer qué grado de inhibición podría ser eficaz y seguro. «Los futuros trabajos —señalan—, deberán aclarar tanto el espectro completo de efectos como la eficacia y la seguridad de modular esta vía en humanos.»
No hay, por tanto, una píldora FNIP1 a la vuelta de la esquina. Pero el estudio deja una pista excepcional. Entre más de un millón de genomas, los investigadores han encontrado a un reducido grupo de personas cuyo metabolismo parece funcionar con el freno energético ligeramente levantado. Tienen menos grasa, un hígado metabólicamente más saludable y un mejor control de la glucosa.
Comprender por qué ocurre podría permitir algún día que una ventaja genética reservada por azar a una persona entre varios miles se convierta en una estrategia terapéutica para millones de nosotros. ▪️(11-agosto-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Las variantes de pérdida de función de FNIP1 aparecen aproximadamente en una de cada 7.000 personas estudiadas.
- Sus portadores tienden a presentar menos grasa corporal y visceral, una mayor proporción de masa magra y menor grasa hepática.
- También muestran niveles más bajos de triglicéridos y hemoglobina glucosilada (HbA1c), un indicador del control de la glucosa.
- En conjunto, estas variantes se asociaron con aproximadamente un 60% menos de probabilidades de enfermedad cardiometabólica.
- FNIP1 participa en una vía molecular que regula el gasto energético, las mitocondrias y el metabolismo de las grasas.
- Los investigadores plantean que inhibir parcialmente FNIP1, especialmente en el hígado, podría convertirse en una futura estrategia terapéutica.
CIENCIA Y BIOMEDICINA
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Gen FNIP1 y Metabolismo
🧬 ¿Qué es FNIP1?
FNIP1 es un gen implicado en la regulación del metabolismo energético. La proteína que codifica interactúa con la foliculina y participa en mecanismos relacionados con las mitocondrias, la oxidación de nutrientes y el gasto energético.
🧬 ¿Las personas con variantes del gen FNIP1 tienen menos grasa corporal?
En este estudio, las variantes raras de pérdida de función del gen FNIP1 se asociaron con menor porcentaje de grasa corporal, una distribución más favorable de la grasa y mayor proporción de masa magra.
🧬 ¿Estas variantes o alelos protegen frente a la diabetes?
Los portadores presentaban mejores indicadores del metabolismo de la glucosa y, dentro del análisis conjunto de enfermedades cardiometabólicas, mostraron una reducción importante del riesgo. Esto supone una asociación estadística y no garantiza protección individual frente a la diabetes de tipo 2.
🧬 ¿El FNIP1 podría convertirse en un tratamiento contra la obesidad?
Es una posibilidad que plantea el estudio, pero todavía experimental. Los investigadores consideran que inhibir parcialmente FNIP1 en el hígado mediante tecnologías como el siRNA podría merecer investigación como estrategia contra enfermedades metabólicas.
🧬 ¿Sería seguro bloquear el FNIP1?
Todavía no se sabe. La pérdida completa de FNIP1 puede causar enfermedades graves, por lo que cualquier futura terapia tendría que modular el gen de forma cuidadosamente controlada. Los autores subrayan que serán necesarios más estudios de eficacia y seguridad.
🧬 ¿Qué enfermedades podrían beneficiarse de esta línea de investigación?
El estudio apunta principalmente a trastornos relacionados con el metabolismo energético, como obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica. Por ahora se trata de una potencial vía terapéutica, no de un tratamiento disponible.
SALUD Y BIENESTAR
Fuente: Hindy, G., Adam, R. C., Sosina, O. et al. FNIP1 variants are associated with favourable metabolism in 1 million humans. Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10864-2

