Astrónomos proponen que los «pequeños puntos rojos» son los primeros cúmulos globulares del universo

Los pequeños puntos rojos, unos diminutos y brillantes objetos descubiertos por el telescopio James Webb en el universo primitivo, podrían ser los primeros cúmulos globulares jamás observados. Si la hipótesis se confirma, explicaría tanto el origen de estos misteriosos puntos rojos como el nacimiento de algunos de los sistemas estelares más antiguos conocidos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística inspirada en las observaciones del telescopio espacial James Webb. El nuevo estudio propone que los misteriosos Little Red Dots detectados en el universo primitivo podrían ser cúmulos globulares en plena formación.

Recreación artística inspirada en las observaciones del telescopio espacial James Webb. El nuevo estudio propone que los misteriosos Little Red Dots detectados en el universo primitivo podrían ser cúmulos globulares en plena formación. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón producciones

Apenas habían transcurrido unos 600 millones de años desde el big bang cuando el universo comenzó a iluminarse con unos objetos tan pequeños como desconcertantes. Eran compactos, extraordinariamente brillantes y mostraban una extraña firma luminosa: emitían una intensa radiación ultravioleta, pero al mismo tiempo brillaban con un característico tono rojizo.

Cuando el telescopio espacial James Webb (JWST) los descubrió en 2022, nadie esperaba encontrarse con ellos. Desde entonces, esos diminutos objetos, bautizados como Little Red Dots o pequeños puntos rojos— se han convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza de la astronomía moderna.

Ahora, un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad de Texas en Austin propone una idea tan sencilla como ambiciosa: quizá esos misteriosos puntos rojos no constituyan una nueva clase de objetos cósmicos, sino el primer capítulo de la historia de unas viejas conocidas. Según su hipótesis, los Little Red Dots serían en realidad cúmulos globulares en pleno proceso de formación.

Pero ¿qué son exactamente los cúmulos globulares? Se trata de enormes enjambres esféricos formados por cientos de miles —e incluso millones— de estrellas unidas por la gravedad. La Vía Láctea alberga alrededor de 150 de estos sistemas, considerados algunos de los objetos más antiguos del universo, con edades superiores a los 12.000 millones de años. Precisamente porque son auténticos fósiles cósmicos, descubrir que los pequeños puntos rojos representan su fase de nacimiento permitiría observar, por primera vez, cómo se formaron estas gigantescas ciudades estelares poco después del origen del unierso.

Si la nueva propuesta resulta correcta, un único modelo podría resolver de forma simultánea dos enigmas que llevan décadas desconcertando a los astrónomos.

Un descubrimiento inesperado del James Webb

El telescopio espacial James Webb fue diseñado para observar las primeras estrellas y galaxias que surgieron tras el big bang, el punto inicial del cual surgió la materia, el espacio y el tiempo, hace aproximadamente 13.800 millones de años. Su extraordinaria sensibilidad en el infrarrojo le permite contemplar un universo que hasta hace pocos años permanecía completamente oculto.

Pero una de sus primeras sorpresas no fueron galaxias gigantes ni agujeros negros primordiales, sino cientos de pequeños objetos extremadamente compactos distribuidos por el universo temprano. Los astrónomos comprobaron que aparecían cuando el cosmos tenía apenas entre 600 millones y 1.500 millones de años de edad y, después, desaparecían prácticamente del registro observacional. Era como si hubieran existido durante un brevísimo instante de la historia cósmica.

Su espectro presentaba una peculiar forma en V: una intensa emisión ultravioleta producida por estrellas muy jóvenes y una inesperada emisión rojiza en longitudes de onda ópticas. Esa combinación no se parecía a la de ningún objeto conocido.

Desde entonces, la gran pregunta ha sido evidente: ¿qué demonios son realmente estos pequeños puntos rojos?

Qué son los pequeños puntos rojos

Durante los últimos tres años, la hipótesis dominante ha apuntado hacia los agujeros negros supermasivos.

Según esta interpretación, cada uno de esos puntos escondería un agujero negro gigantesco que estaría creciendo a enorme velocidad mientras devora el gas que lo rodea. Ese proceso de acreción liberaría cantidades colosales de energía, aunque gran parte de la radiación quedaría envuelta por espesas nubes de gas que ocultarían al monstruo cósmico.

La idea parecía encajar con varias observaciones y, de hecho, terminó convirtiéndose en la explicación preferida por buena parte de la comunidad astronómica.

Sin embargo, poco a poco comenzaron a aparecer problemas difíciles de ignorar.

Muchos Little Red Dots apenas emiten rayos X, algo sorprendente si realmente albergan agujeros negros activos. Tampoco presentan la intensa emisión infrarroja que cabría esperar de enormes cantidades de polvo caliente. Además, algunos parecen demasiado pequeños —menos de 30 pársecs de diámetro— para albergar las gigantescas galaxias que inicialmente se pensó que podían ser.

Como suele ocurrir en ciencia, una hipótesis no tiene por qué ser falsa para resultar incompleta.

Comparación entre un Little Red Dot (izquierda), observado por el telescopio espacial James Webb, y el cúmulo globular 47 Tucanae (derecha). Un nuevo estudio plantea que estos enigmáticos puntos rojos podrían ser cúmulos globulares captados en sus primeras etapas de formación. Cortesía: NASA, ESA, CSA, STScI, Dale Kocevski / Colby College, ESO

El otro gran misterio: los cúmulos globulares

Mientras tanto, existe otro rompecabezas mucho más antiguo.

Si levantamos la vista hacia el halo de la Vía Láctea encontramos alrededor de 150 cúmulos globulares: enormes esferas formadas por cientos de miles —e incluso millones— de estrellas muy viejas que orbitan alrededor de nuestra galaxia.

Son algunos de los objetos más antiguos conocidos del universo.

Los astrónomos llevan más de un siglo estudiándolos y, sin embargo, todavía ignoran cómo nacieron.

El problema es que solo podemos observarlos cuando ya han envejecido durante miles de millones de años. Para entonces, las estrellas más masivas han desaparecido, el gas original se ha disipado y multitud de procesos gravitatorios han modificado profundamente su aspecto.

🗣️ «Normalmente los observamos después de miles de millones de años de evolución, cuando sus estrellas más masivas ya han desaparecido, el gas se ha dispersado y los procesos dinámicos han alterado tanto su masa como su estructura —explica Danielle Berg, coautora del trabajo. Y añade—: Eso hace muy difícil reconstruir las condiciones originales en las que se formaron».

En otras palabras: los astrónomos llevan décadas intentando reconstruir la infancia de los cúmulos globulares... sin haber podido observar nunca un solo ejemplar recién nacido.

Cómo relaciona el estudio los «Little Red Dots» con los cúmulos globulares

Fue entonces cuando John Chisholm, astrónomo de la Universidad de Texas en Austin y autor principal del estudio, y sus colaboradores decidieron plantearse una pregunta distinta: ¿Y si los Little Red Dots no fueran un fenómeno extraño sin descendientes actuales? ¿Y si, sencillamente, fueran los cúmulos globulares cuando todavía estaban naciendo?

«Puede que no estemos ante una población completamente nueva del James Webb sin relación con el universo actual —explica Chisholm—. Quizá estos pequeños puntos rojos sobrevivan al cosmos primitivo y evolucionen hasta convertirse en algo que hoy nos resulta bastante familiar».

La propuesta resulta elegante porque conecta dos piezas que hasta ahora se estudiaban por separado:

✅ Por un lado están los misteriosos objetos descubiertos por el James Webb.

✅ Por otro, los antiquísimos cúmulos globulares cuya formación continúa siendo un misterio.

Si ambos representan distintas etapas de un mismo proceso, el rompecabezas comienza a adquirir una lógica completamente nueva.

Seis ejemplos de Little Red Dots identificados en diferentes programas de observación del telescopio espacial James Webb

Seis ejemplos de Little Red Dots identificados en diferentes programas de observación del telescopio espacial James Webb. Cortesía: NASA, ESA, CSA, STScI, Dale Kocevski (Colby College)

La clave estaría en una estrella imposible

Pero existe un ingrediente adicional que convierte esta hipótesis en algo mucho más interesante.

Como cuentan en la revista The Astrophysical Journal Letters, los investigadores proponen que, durante los primeros millones de años de vida de un cúmulo globular, numerosas colisiones entre estrellas extremadamente masivas podrían acabar formando una única estrella central gigantesca.

No se trataría de un astro corriente, ya que su masa podría alcanzar decenas o incluso cientos de miles de veces la del Sol.

Esa estrella supermasiva viviría muy poco —alrededor de un millón de años—, pero durante ese breve intervalo dominaría completamente la luz emitida por el joven cúmulo. Precisamente esa combinación entre una población de estrellas recién nacidas y una gigantesca estrella central produciría la característica firma luminosa en forma de V que hoy observa el James Webb en los Little Red Dots.

Y cuando esa estrella colosal desapareciera, el objeto dejaría de parecer un pequeño punto rojo. Lo que permanecería sería un cúmulo globular prácticamente indistinguible de los que todavía orbitan alrededor de la Vía Láctea.

Ese sería, precisamente, el puente que conecta dos enigmas separados por casi 13.000 millones de años de evolución cósmica.

La química que podría resolver el enigma

La propuesta de los investigadores no se sostiene solo porque la apariencia de los Little Red Dots recuerde a la de un cúmulo globular en formación. La clave está en algo mucho más profundo: la química de las estrellas.

Desde hace décadas, los astrónomos saben que muchos cúmulos globulares contienen estrellas con composiciones químicas muy extrañas.

En teoría, todas las estrellas de un mismo cúmulo deberían haberse formado casi al mismo tiempo y a partir de la misma nube de gas. Por tanto, cabría esperar que compartieran una composición química muy similar.

Pero no ocurre así.

Con mucho helio, nitrógeno, sodio y aluminio

Muchos presentan cantidades anormalmente elevadas de helio, nitrógeno, sodio y aluminio, mientras que muestran niveles sorprendentemente bajos de carbono, oxígeno y magnesio.

Ese patrón lleva años desconcertando a los especialistas.

🗣️ «La combinación de estos elementos indica que debieron producirse reacciones de fusión nuclear a temperaturas muchísimo más altas que las que existen incluso en el núcleo de las estrellas masivas normales —explica Michael Boylan-Kolchin, otro de los autores del estudio—. Y precisamente una estrella supermasiva proporcionaría el entorno adecuado para fabricar esa mezcla química».

Según el modelo, esa gigantesca estrella actuaría como un auténtico horno nuclear durante aproximadamente un millón de años. En su interior se sintetizarían esos elementos químicos tan peculiares que, tras la muerte de la estrella, serían expulsados al medio circundante.

«Cuando esa estrella muere, devuelve ese material al entorno, enriqueciendo la siguiente generación de estrellas con las huellas químicas que todavía observamos hoy en los cúmulos globulares», comenta Berg.

En otras palabras, las anomalías químicas que llevan décadas intrigando a los astrónomos dejarían de ser un misterio para convertirse en una consecuencia natural del nacimiento de los cúmulos globulares.

El cúmulo globular NGC 6717, fotografiado por el telescopio espacial Hubble, reúne cientos de miles de estrellas concentradas en una esfera compacta mantenida por la gravedad.

El cúmulo globular NGC 6717, fotografiado por el telescopio espacial Hubble, reúne cientos de miles de estrellas concentradas en una esfera compacta mantenida por la gravedad. Cortesía: ESA / Hubble and NASA, A. Sarajedini; CC BY 4.0

Qué pruebas apoyan esta hipótesis

Los autores no se limitaron a plantear una idea sugerente. También comprobaron si las propiedades de los Little Red Dots evolucionan de forma compatible con las de los cúmulos globulares actuales.

Para ello analizaron la distribución de masas observada por el James Webb entre objetos situados a corrimientos al rojo de entre 5 y 7 —es decir, cuando el universo apenas tenía unos mil millones de años— y calcularon cómo cambiarían esos sistemas tras unos 13.000 millones de años de evolución.

Durante ese enorme intervalo temporal, los cúmulos perderían estrellas debido a explosiones de supernovas, interacciones gravitatorias y el efecto de las mareas ejercidas por las galaxias donde residen.

Cuando los investigadores incorporaron todos esos procesos, ocurrió algo inesperado.

La distribución final de masas obtenida mediante el modelo coincidía sorprendentemente bien con la que presentan los cúmulos globulares que observamos hoy alrededor de la Vía Láctea y de otras galaxias cercanas. Incluso el pico de masas aparecía prácticamente en el mismo lugar.

Los cálculos también muestran que la densidad numérica de pequeños puntos rojos en el universo primitivo resulta compatible, dentro de las incertidumbres, con la cantidad de cúmulos globulares existentes en el universo local.

Ninguna de estas coincidencias constituye una demostración definitiva, pero todas apuntan en la misma dirección.

Un calendario la mar de coherente

Existe otro detalle que también llamó la atención del equipo.

Los Little Red Dots aparecen precisamente durante el intervalo temporal en el que los modelos indican que debieron formarse los cúmulos globulares más antiguos.

No antes.

No mucho después.

Simplemente coinciden.

Además, la distribución temporal de estos objetos se ajusta como un guante a los cúmulos globulares pobres en metales, los más antiguos de la Vía Láctea. En cambio, todavía no se ha encontrado una población equivalente para los cúmulos más ricos en metales, que quizá se formaron más tarde. Los autores sugieren dos posibles explicaciones: o bien esos objetos aún no han podido detectarse debido a limitaciones observacionales, o bien las estrellas supermasivas solo pueden formarse en ambientes muy pobres en elementos pesados.

Cómo podrán comprobar los astrónomos si la hipótesis es correcta

Una buena teoría científica no solo explica observaciones conocidas. También realiza predicciones que pueden comprobarse.

Precisamente eso hace este trabajo.

1️⃣ La primera predicción es que algunos Little Red Dots deberían mostrar abundancias anormalmente altas de helio y nitrógeno, además de las mismas relaciones químicas entre sodio, oxígeno, aluminio y magnesio que caracterizan a numerosos cúmulos globulares actuales.

2️⃣ La segunda establece que los futuros estudios deberían descubrir una población de pequeños puntos rojos asociada a cúmulos globulares más ricos en metales o, si no aparecen, confirmar que la formación de estrellas supermasivas depende de la composición química del gas.

3️⃣ La tercera resulta igualmente interesante: si realmente existieron esas enormes estrellas centrales, algunos cúmulos globulares actuales podrían conservar en su interior agujeros negros de masa intermedia, un tipo de objeto cuya existencia sigue siendo objeto de intenso debate.

Una hipótesis tan atractiva como prudente

Los propios autores son los primeros en pedir cautela. En ningún momento afirman haber resuelto el enigma.

«Por ahora no existe una prueba definitiva que demuestre que los Little Red Dots sean cúmulos globulares en formación —reconoce Boylan-Kolchin—. Pero esta idea consigue explicar muchas observaciones distintas que hasta ahora resultaban sorprendente».

John Chisholm va incluso un paso más alla: «Los Little Red Dots podrían ser galaxias, podrían estar relacionados con agujeros negros o incluso corresponder a algo todavía más inesperado. Nuestro trabajo demuestra que los cúmulos globulares en formación con una estrella supermasiva deben formar parte de esa conversación».

Es precisamente esa prudencia la que convierte el estudio en una propuesta especialmente interesante. No intenta cerrar el debate, sino ampliarlo.

Mirar el universo... para entender nuestro propio vecindario

Si la hipótesis termina confirmándose, el descubrimiento tendría una enorme trascendencia.

Por primera vez, los astrónomos estarían observando directamente el nacimiento de unos objetos que todavía sobreviven en las galaxias actuales después de más de 13.000 millones de años de historia cósmica.

En lugar de representar una población completamente nueva y efímera, los Little Red Dots serían simplemente la fotografía de infancia de los cúmulos globulares que hoy rodean la Vía Láctea.

Sería una de esas conexiones extraordinarias que, de vez en cuando, transforma nuestra forma de entender el universo: descubrir que dos misterios aparentemente independientes eran, en realidad, dos capítulos de la misma historia.

Y una vez más, el telescopio James Webb habría abierto una ventana inesperada hacia los primeros instantes del cosmos, permitiéndonos contemplar no solo cómo nacieron las primeras galaxias, sino quizá también cómo comenzaron a formarse algunos de los objetos estelares más antiguos que aún iluminan nuestro cielo.▪️(21-julio-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Los Little Red Dots son pequeños objetos muy brillantes descubiertos por el telescopio espacial James Webb.
  • Hasta ahora se pensaba que ocultaban agujeros negros supermasivos.
  • Un nuevo estudio propone que los pequeños puntos rojos podrían ser cúmulos globulares en formación.
  • La hipótesis explicaría el origen de algunos de los objetos estelares más antiguos del universo.
  • Futuras observaciones del James Webb permitirán comprobar si la idea es correcta.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Little Red Dots y Cúmulos Globulares

🔴 ¿Qué son los Little Red Dots?

También llamados pequeños puntos rojos, son pequeños objetos extremadamente brillantes y compactos descubiertos por el telescopio espacial James Webb en el universo primitivo. Su verdadera naturaleza sigue siendo uno de los grandes enigmas de la astronomía.

🔴 ¿Por qué son importantes?

Porque podrían ofrecer una ventana única a los primeros cientos de millones de años del universo y ayudar a entender cómo se formaron las primeras estructuras estelares.

🔴 ¿Qué relación tienen con los agujeros negros?

Hasta ahora, la explicación más aceptada era que ocultaban agujeros negros supermasivos en rápido crecimiento. El nuevo estudio plantea una alternativa: que muchos sean cúmulos globulares en formación.

🔴 ¿Qué es un cúmulo globular?

Es una enorme agrupación esférica formada por cientos de miles o incluso millones de estrellas muy antiguas unidas por la gravedad. La Vía Láctea alberga alrededor de 150.

🔴 ¿Qué papel ha tenido el telescopio James Webb?

El James Webb descubrió los Little Red Dots y ha proporcionado las observaciones que han permitido plantear esta nueva hipótesis sobre su origen.

🔴 ¿Está demostrada esta hipótesis?

No. Es una propuesta científica respaldada por varias evidencias, pero todavía necesita ser confirmada mediante nuevas observaciones.

🔴 ¿Cómo podrán comprobarla los astrónomos?

Analizando con mayor detalle la composición química, las propiedades físicas y la evolución de los Little Red Dots con futuras observaciones del telescopio James Webb y otros instrumentos de nueva generación.

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