Detectan por primera vez un azúcar en el espacio interestelar: una pista clave sobre el origen de la vida
Un equipo de investigadores liderado por el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) ha descubierto eritrulosa en una nube molecular de la Vía Láctea. El hallazgo demuestra que los azúcares pueden formarse de manera natural en el espacio y refuerza la hipótesis de que algunos de los ingredientes esenciales para la vida llegaron a la Tierra transportados por meteoritos y cometas.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un diminuto grano de polvo recubierto de hielo puede convertirse en un auténtico laboratorio químico. Los investigadores proponen que sobre estas superficies se sintetizó la eritrulosa, el primer azúcar detectado en el medio interestelar, mucho antes de que existieran la Tierra o el Sistema Solar. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Hace unos 4.000 millones de años, cuando la Tierra era un mundo joven castigado por el impacto constante de meteoritos y cometas, nuestro planeta pudo recibir desde el espacio mucho más que agua y minerales. También pudo ser bombardeado por algunas de las moléculas que acabarían convirtiéndose en los ladrillos químicos de la vida.
Esa posibilidad acaba de ganar fuerza gracias a un hallazgo que hasta hace poco parecía fuera del alcance de la astroquímica: la detección, por primera vez, de un azúcar en el espacio interestelar.
Un equipo internacional liderado por el Centro de Astrobiología (CAB-CSIC/INTA), en Madrid (España), ha identificado eritrulosa, un azúcar simple de cuatro átomos de carbono, en una enorme nube molecular situada cerca del centro de la Vía Láctea. El descubrimiento, publicado en la revista Nature Astronomy, no solo amplía el catálogo de moléculas complejas presentes entre las estrellas, sino que aporta nuevas pistas sobre uno de los mayores enigmas de la ciencia: cómo surgieron las primeras moléculas biológicas capaces de dar origen a la vida.
La prueba de que los azúcares se pueden formar de manera natural en el espacio
Hasta ahora, los científicos ya habían encontrado azúcares como la ribosa o la glucosa en meteoritos e incluso en muestras recogidas directamente de asteroides. Sin embargo, nadie había conseguido detectar un azúcar en el medio interestelar, el inmenso espacio que separa unas estrellas de otras dentro de una galaxia.
Este vacío químico planteaba una incógnita importante: si esos azúcares no se fabricaban en el espacio, ¿dónde se habían originado antes de incorporarse a los cuerpos del Sistema Solar?
🗣️ «Nuestro trabajo muestra que los azúcares se pueden formar de manera natural en el espacio», explica la astrofísica Izaskun Jiménez-Serra, investigadora del Centro de Astrobiología y primera autora del estudio, en un comunicado del CSIC.
La afirmación supone un cambio de perspectiva para quienes estudian la química prebiótica, porque indica que algunas de las moléculas imprescindibles para la aparición de la vida podrían haberse sintetizado millones de años antes del nacimiento de la Tierra, en las frías nubes de gas y polvo donde también se gestan las futuras estrellas y sistemas planetarios.
Qué es la eritrulosa
La protagonista de este hallazgo no es un azúcar tan famoso como la glucosa o la fructosa. La eritrulosa es un monosacárido relativamente sencillo que, en nuestro planeta, aparece de forma natural en las frambuesas y otros frutos rojos, y que también se utiliza como ingrediente en algunos cosméticos autobronceadores.
Sin embargo, desde el punto de vista de la química, posee características que la convierten en una molécula especialmente interesante. Se trata de la única cetosa conocida formada por cuatro átomos de carbono y, además, es una molécula quiral. Esto significa que puede existir en dos versiones que son imágenes especulares una de otra, igual que ocurre con nuestras manos derecha e izquierda: parecen idénticas, pero no pueden superponerse perfectamente.
La quiralidad constituye uno de los grandes misterios del origen de la vida, ya que todos los organismos terrestres utilizan prácticamente una única orientación de muchas moléculas biológicas. Encontrar una molécula quiral en el espacio proporciona un nuevo escenario para investigar cómo pudo surgir esa preferencia química mucho antes de que existieran los primeros seres vivos.
La nube molecular G+0.693-0.027, situada cerca del centro de la Vía Láctea, es uno de los entornos más ricos en moléculas orgánicas conocidos. Cortesía: CSIC
Una nube molecular muy dulce
La eritrulosa fue localizada en la nube molecular G+0.693-0.027, una región situada en las proximidades del centro galáctico que los astroquímicos consideran uno de los laboratorios naturales más ricos del universo conocido. Allí se han identificado durante los últimos años decenas de compuestos orgánicos complejos relacionados con la química prebiótica.
Detectar una molécula tan delicada no ha sido sencillo. El equipo recurrió a barridos espectroscópicos de altísima sensibilidad realizados con dos de los radiotelescopios más importantes de Europa: la antena de 40 metros del Observatorio de Yebes, en Guadalajara, y el radiotelescopio de 30 metros del IRAM, situado en Sierra Nevada (Granada). Ambos instrumentos analizaron durante años la tenue radiación emitida por la nube molecular hasta encontrar el inconfundible patrón espectral de la eritrulosa.
La identificación fue especialmente sólida, porque los investigadores localizaron doce conjuntos de señales espectrales que coincidían exactamente con las medidas obtenidas previamente en laboratorio por científicos de la Universidad del País Vasco. Además, seis de esas señales aparecían prácticamente libres de interferencias de otras moléculas, lo que reforzó considerablemente la fiabilidad del descubrimiento.
Pero la sorpresa no terminó ahí.
Un resultado que llamó la atención de los investigadores
Una molécula más compleja… pero mucho más abundante
Cuando calcularon la abundancia de la nueva molécula comprobaron que la eritrulosa era al menos ocho veces más abundante que los únicos azúcares conocidos de tres átomos de carbono, el gliceraldehído y la dihidroxiacetona, que ni siquiera llegaron a detectarse en esa misma nube molecular.
El resultado chocaba con la teoría astroquímica dominante, según la cual las moléculas orgánicas complejas crecen añadiendo de forma proigresiva átomos de carbono. Si ese modelo fuera completamente correcto, los compuestos de tres carbonos deberían ser mucho más abundantes que uno formado por cuatro.
🗣️ «Este resultado fue inesperado, puesto que la idea más aceptada en astroquímica es que las moléculas interestelares crecen en tamaño por la adición consecutiva de átomos de carbono —reconoce Jiménez-Serra—. Por ello, teníamos que continuar investigando».
Cómo se forma un azúcar entre las estrellas
Resolver esa aparente contradicción llevó a los investigadores a mirar más allá de las observaciones astronómicas. Si la eritrulosa era más abundante de lo esperado, debía existir un mecanismo químico capaz de producirla de forma eficiente en las condiciones extremas del espacio interestelar.
La respuesta apareció al combinar las observaciones con experimentos de laboratorio y modelos computacionales desarrollados junto a especialistas de la Universidad de Extremadura y de la Universidad Radboud, en los Países Bajos.
Los hielos interestelares funcionan como pequeños laboratorios químicos
Según concluye el estudio, la eritrulosa no se forma añadiendo un átomo de carbono cada vez, como se suponía hasta ahora. En realidad, surge mediante la combinación de moléculas orgánicas mucho más pequeñas que ya abundan en los hielos que recubren los diminutos granos de polvo interestelar. En concreto, los protagonistas de esta reacción son el glicolaldehído y el etilenglicol, dos compuestos con solo dos átomos de carbono cuya presencia en el espacio ya era conocida desde hace años.
En las gélidas superficies de esos granos de polvo —auténticos laboratorios químicos microscópicos donde las temperaturas apenas alcanzan unas pocas decenas de grados por encima del cero absoluto— estas moléculas reaccionan entre sí hasta construir la eritrulosa. Los cálculos muestran que el proceso puede desarrollarse con gran eficacia incluso en las durísimas condiciones del medio interestelar, donde la radiación, las bajas temperaturas y el vacío parecían hacer improbable una química tan compleja.
Las simulaciones confirmaron el mecanismo
Para comprobar que esa hipótesis era realista, los investigadores reprodujeron virtualmente durante millones de años la evolución química de una nube molecular semejante a la observada. Sus simulaciones mostraron que la eritrulosa podía sintetizarse de forma natural y alcanzar abundancias muy similares a las medidas por los radiotelescopios, reforzando así la interpretación de los datos observacionales.
En las heladas superficies de los granos de polvo interestelar, moléculas sencillas como el glicolaldehído y el etilenglicol pueden reaccionar hasta formar azúcares más complejos. El estudio demuestra que esta química prebiótica puede desarrollarse de forma natural en el espacio. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Mucho más que un azúcar perdido entre las estrellas
El descubrimiento va bastante más allá de añadir una nueva molécula al inventario del cosmos.
Los azúcares desempeñan un papel esencial en todos los seres vivos. Constituyen una fuente de energía para las células y, sobre todo, forman parte del esqueleto químico del ADN y del ARN, las moléculas responsables de almacenar y transmitir la información genética.
Sin embargo, los científicos llevan décadas enfrentándose a un problema aparentemente irresoluble: los experimentos realizados en laboratorio muestran que los azúcares no se generan fácilmente en las condiciones que existían sobre la Tierra antes de la aparición de la vida. Dicho de otro modo, la química prebiótica terrestre parece insuficiente para explicar por sí sola el origen de estos compuestos fundamentales.
Esta dificultad llevó hace tiempo a plantear una hipótesis sugerente: quizá una parte de esas moléculas llegó desde el espacio transportada por meteoritos y cometas.
La pieza que faltaba al rompecabezas
La presencia de ribosa, glucosa y otros azúcares en meteoritos primitivos y, más recientemente, en muestras del asteroide Bennu, reforzó esa idea. Pero faltaba una pieza clave del rompecabezas: demostrar que esos compuestos podían originarse antes incluso de que existieran los asteroides, cuando el Sistema Solar no era más que una inmensa nube de gas y polvo.
La detección de eritrulosa en el medio interestelar llena precisamente ese vacío.
Cuánto azúcar pudo llegar a la Tierra
Los investigadores fueron un paso más allá, y trataron de calcular cuánta eritrulosa pudo llegar realmente a nuestro planeta durante los primeros compases de su historia.
A partir de la abundancia medida en la nube molecular y de las estimaciones sobre el material orgánico transportado por meteoritos durante el denominado bombardeo intenso tardío, ocurrido hace entre 4.100 y 3.800 millones de años, el equipo calcula que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar podrían haber alcanzado la superficie terrestre.
La cifra es enorme, aunque los propios autores recuerdan que se trata de una estimación basada en varios modelos y que existe incertidumbre sobre la intensidad real de aquel episodio de impactos. Aun así, incluso en los escenarios más conservadores, la cantidad de material orgánico entregado desde el espacio habría sido suficiente para enriquecer notablemente la química de la Tierra primitiva.
La importancia de la eritrulosa radica, además, en que este azúcar puede transformarse con relativa facilidad en otras moléculas de enorme interés biológico cuando entra en contacto con agua líquida.
Hace entre 4.100 y 3.800 millones de años, durante el bombardeo intenso tardío, millones de meteoritos y cometas pudieron transportar hasta la Tierra primitiva grandes cantidades de moléculas orgánicas, incluida la eritrulosa, enriqueciendo el inventario químico del que surgiría la vida. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Qué implica este descubrimiento para la astrobiología
Entre ellas se encuentra la treosa, un azúcar que forma parte del denominado ácido nucleico de treosa (TNA), una molécula considerada por algunos investigadores como uno de los posibles precursores evolutivos del ARN. Según esta hipótesis, antes de que apareciera el ARN —y posteriormente el ADN— pudo existir un mundo químico basado en moléculas más simples capaces de almacenar información y autorreplicarse.
Si la eritrulosa ya estaba presente en la Tierra gracias al aporte de meteoritos y cometas, habría proporcionado una materia prima especialmente valiosa para esa etapa inicial de la evolución química.
César Menor Salván, astrobiólogo de la Universidad de Alcalá, valora el descubrimiento de eritrulosa en el espacio interestelar como un trabajo técnico extraordinario, sólido y muy relevante para la astroquímica y la química prebiótica, pero advierte que el hallazgo no resuelve el origen de la vida ni del ADN/ARN. En declaraciones a SMC España, lamenta que no se detectaran otras moléculas clave predichas por los modelos y alerta sobre el riesgo de titulares exagerados basados en cuatro falacias o extrapolaciones especulativas:
✅ Disponibilidad de materia prima: detectar eritrulosa en el espacio no demuestra que esta llegue a la Tierra, sobreviva al viaje, alcance concentraciones relevantes o participe en la síntesis prebiótica.
✅ Vínculo con el TNA (alternativa al ARN): afirmar que puede conducir al TNA es una cadena enorme de inferencias que carece de respaldo experimental.
✅ Origen de los azúcares en asteroides: el hecho de que haya azúcares en cuerpos como el asteroide Bennu demuestra su existencia final, pero no que provengan directamente del medio interestelar.
✅ Origen de la homoquiralidad: es el punto más débil de la discusión. Aunque la eritrulosa sea una molécula quiral, la detección por radiotelescopio no ofrece ninguna información sobre si existe una preferencia o quiralidad preferencial en el espacio.
Una puerta abierta a moléculas aún más complejas
Para Carlos Briones, investigador del Centro de Astrobiología y coautor del trabajo, el hallazgo tiene otra consecuencia igualmente emocionante:
🗣️ «La detección de eritrulosa en una nube molecular es un descubrimiento emocionante, porque abre la posibilidad de identificar en el medio interestelar azúcares más grandes, como la ribosa, que forma parte del ARN, y otras moléculas relevantes para el origen de la vida».
Si futuras observaciones consiguen detectar ribosa u otros monosacáridos todavía más complejos en las nubes interestelares, la idea de que la química necesaria para la vida comienza mucho antes del nacimiento de un planeta dejaría de ser una hipótesis sugerente para convertirse en un escenario cada vez más sólido.
Porque quizá la vida no empezó realmente en la Tierra. Tal vez comenzó mucho antes, entre diminutos granos de hielo suspendidos en el espacio interestelar, donde durante millones de años la naturaleza fue ensamblando, paso a paso, las piezas químicas que acabarían haciendo posible la aparición de los primeros seres vivos.▪️(13-julio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Azúcar y Espacio Interestelar
🍭 ¿Qué azúcar se ha detectado por primera vez en el espacio?
Los investigadores han identificado eritrulosa, un monosacárido de cuatro átomos de carbono, en una nube molecular cercana al centro de la Vía Láctea.
🍭 ¿Por qué es importante este descubrimiento?
Porque demuestra que los azúcares pueden formarse de manera natural en el medio interestelar, lo que respalda la hipótesis de que algunos de los ingredientes químicos necesarios para el origen de la vida llegaron a la Tierra desde el espacio.
🍭 ¿Dónde se encontró la eritrulosa?
En la nube molecular G+0.693-0.027, situada cerca del centro de la Vía Láctea.
🍭 ¿Cómo se detectó el azúcar?
Mediante observaciones espectroscópicas realizadas con el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes y el radiotelescopio de 30 metros del IRAM, comparando las señales detectadas con medidas obtenidas previamente en laboratorio.
🍭 ¿Podría existir este azúcar en otros planetas?
Los investigadores consideran que sí. Si la eritrulosa se forma de manera habitual en las nubes interestelares, también podría incorporarse a cometas, asteroides y planetas en formación, aumentando las posibilidades de que otros mundos dispongan de moléculas precursoras de la vida.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
Primera detección de un azúcar en el medio interestelar, un hito para la astroquímica y la astrobiología.
La molécula identificada es eritrulosa, un monosacárido de cuatro átomos de carbono.
El descubrimiento se realizó en una nube molecular cercana al centro de la Vía Láctea mediante observaciones con los radiotelescopios de Yebes e IRAM.
Los investigadores muestran que este azúcar puede formarse espontáneamente sobre los hielos que recubren el polvo interestelar.
Los resultados respaldan la idea de que parte de las moléculas precursoras de la vida llegaron desde el espacio a la Tierra primitiva.
El hallazgo abre la puerta a detectar en el futuro azúcares aún más complejos, como la ribosa, componente esencial del ARN.
Información facilitada por el CSIC
Fuente: Jiménez-Serra, I., García de la Concepción, J., Cuppen, H.M. et al.Detection of a four-carbon sugar in interstellar space.Nature Astronomy (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41550-026-02905-7

