El origen de los gatos: nuevos estudios desvelan una historia inesperada
Nuevos análisis genómicos han desmontado la idea clásica de que los gatos llegaron a Europa con los primeros agricultores. Su verdadera historia apunta a un origen africano y a una expansión mucho más reciente y sorprendente de lo que se creía.
Por Enrique Coperías
Nuevos estudios genómicos publicados en Science revelan que los gatos domésticos llegaron a Europa desde el norte de África hace solo 2.000 años, mucho después de lo que se creía. Foto: The Lucky Neko
Hasta ayer, la historia de los gatos domésticos parecía estar bien encajada en la narrativa del nacimiento de la agricultura. Las primeras aldeas del Neolítico, en el Levante mediterráneo, habrían atraído a pequeños felinos salvajes, que, seducidos por la proliferación de roedores, habrían iniciado con los seres humanos una convivencia que acabaría en domesticación.
Esa imagen, repetida en manuales y museos, sugería que los gatos, como el trigo, la cerámica o la vida sedentaria, habían llegado a Europa de la mano de los primeros agricultores, hace unos 9.000 años.
Pero esa historia acaba de saltar por los aires. Una serie de estudios genómicos de gran alcance, liderados por equipos de Italia y China y publicados en la revista Science, han reconstruido con una precisión sin precedentes la larga relación entre nosotros y los mininos. La conclusión de los trabajos es rotunda: los gatos domésticos no entraron en Europa con los pioneros neolíticos, sino unos 2.000 años atrás, en plena época romana, y procedentes del norte de África.
La revelación no es menor. Reordena por completo la línea temporal de una especie que hoy parece inseparable de la vida humana, y demuestra que su triunfo planetario es mucho más reciente —y más veloz— de lo que se pensaba.
Un linaje africano detrás del gato doméstico
Las tres investigaciones coinciden en el punto de partida: el gato doméstico (Felis catus) desciende del gato montés africano (Felis lybica lybica), distribuido por el norte de África y el Próximo Oriente. La continuidad morfológica entre ambas especies es tan fuerte que distinguirlos sin herramientas genéticas resulta casi imposible.
Sin embargo, esa similitud ha sido precisamente uno de los grandes obstáculos para reconstruir su proceso de domesticación. A diferencia del perro, cuyas formas craneales y corporales cambian radicalmente bajo selección humana, los gatos mantuvieron durante milenios rasgos casi idénticos a los de sus parientes salvajes. Y la escasez de restos felinos en yacimientos arqueológicos, junto a la dificultad de asignar cada hueso a una especie exacto, dejaba un panorama bastante borroso.
La genética ha venido a encajar las piezas del puzle. El equipo de Claudio Ottoni, de la Universidad de Roma Tor Vergata, en Italia, analizó 225 restos felinos antiguos procedentes de casi un centenar de yacimientos en Europa y Anatolia, de los cuales obtuvieron setenta genomas antiguos que abarcan más de 11.000 años de historia gatuna, además de compararlos con diecisite genomas de gatos salvajes modernos de Italia, Bulgaria, Marruecos y Túnez.
Y lo que encontraron sorprendió incluso a los especialistas. Todos los gatos europeos anteriores al siglo II d. C. pertenecían genéticamente al gato montés europeo (Felis silvestris). El primer ejemplar claramente emparentado con Felis lybica lybica, es decir, con el linaje que daría origen al gato doméstico moderno, aparece en Cerdeña, datado hacia el 200 a. C.. El resto de Europa no muestra presencia de gatos domésticos antes del año 0–200 d. C..
Esto significa que la llegada de los gatos domésticos a Europa fue miles de años más tardía de lo que se pensaba.
Cráneos de gatos antiguos analizados en los laboratorios de ADN antiguo de la Universidad de Roma Tor Vergata. Cortesía: Patrizia Serventi, proyecto ERC-Felix.
Ni neolíticos ni levanteños: el verdadero origen africano
Hasta ahora, el consenso entre los expertos se basaba en indicios mitocondriales que apuntaban a dos centros de domesticación felina:
1️⃣ El Levante neolítico, hace unos 9.500 años.
2️⃣ El Egipto faraónico, hace unos 3.500 años.
A ello se sumaban restos de gatos domésticos en Anatolia y el sudeste europeo, interpretados como señales de que felinos de origen oriental habían viajado con agricultores desde Turquía hacia Europa en torno a 6.000 años atrás.
El nuevo análisis genómico matiza esa lectura: muchos de esos gatos levantinos resultaron ser Felix silvestris europeos que se habían hibridado en algún momento con Felix lybica, pero no eran gatos domésticos. La supuesta entrada neolítica de gatos domésticos en Europa queda, así, descartada.
En contraste, los análisis indican que los gatos modernos se relacionan mucho más estrechamente con los gatos salvajes del norte de África que con los del Levante. El verdadero flujo genético que originó al gato doméstico europeo procede de poblaciones norteafricanas que comenzaron a moverse por el Mediterráneo hace alrededor de 2.000 años.
El Mediterráneo como autopista de expansión felina
Entonces, ¿cómo se produjo esa dispersión tan rápida? Los estudios apuntan a un medio de transporte fundamental: los barcos.
Las civilizaciones mediterráneas del primer milenio a. C., como es el caso de los fenicios, los cartagineses, los griegos y posteriormente los romanos, mantenían intensas redes comerciales. La presencia de cereales, animales y tejidos en los navíos favorecía la proliferación de roedores, y con ellos llegaba una respuesta eficaz: los gatos.
Ottoni explica que la «plasticidad ecológica» de los felinos fue clave, ya que «podían prosperar con los seres humanos en condiciones muy diferentes, en contextos urbanos o suburbios, y acompañarlos en largos viajes». Esa versatilidad convirtió a los mininos en compañeros idóneos para rutas que conectaban África, Europa y Asia Menor.
Este patrón no solo explica su difusión, sino que también da sentido a uno de los hallazgos más llamativos: la población felina de Cerdeña. Los gatos de la isla —tanto antiguos como modernos— derivan de un linaje distinto de Felix lybica, procedente del noroeste de África. Es una introducción previa, quizás del primer milenio a. C., que dio origen a la población salvaje actual de la isla y que no participó en la domesticación posterior.
El grueso de los gatos domésticos modernos procede de un segundo flujo africano, de origen aún por precisar, que comenzó a expandirse por el Mediterráneo no antes del siglo I d. C. y que acabaría imponiéndose como el linaje doméstico dominante en Europa.
Los genomas de gatos antiguos hallados en yacimientos de Europa y Anatolia muestran que los gatos domésticos llegaron al continente desde el norte de África hace unos 2.000 años, mucho después del Neolítico. En Cerdeña, los gatos salvajes proceden de una población distinta del noroeste africano. Cortesía: M. De Martino et al.
China y la domesticación fallida del gato leopardo
La historia en Asia oriental añade otro giro notable en esta historia gatesca. El equipo de Shu-Jin Luo, de la Universidad de Pekín, en China, analizó restos felinos chinos de los últimos 5.000 años y secuenció 130 genomas antiguos y modernos de gatos euroasiáticos. La sorpresa fue inmediata: los primeros felinos asociados a asentamientos humanos en China no eran gatos domésticos, sino gatos leopardo o de Bengala (Prionailurus bengalensis), una pequeña especie autóctona de Asia Oriental.
Durante más de 3.500 años, estos gatos leopardo vivieron una relación de commensalismo con los humanos, atraídos por los roedores de los graneros. Sin embargo, nunca llegaron a domesticarse. Luo lo resume con humor: «A menudo me preguntan si estos gatos tan bonitos podrían ser buenos animales de compañía si se crían desde pequeños. Mi respuesta es simple: no lo intenten. Nuestros antepasados probaron durante más de 3.000 años y no lo consiguieron».
Los verdaderos gatos domésticos —los mismos que ya circulaban por el Mediterráneo— no llegaron a China hasta la dinastía Tang, hace unos 1.300 años, quizá introducidos por comerciantes a través de la Ruta de la Seda. Fue entonces cuando desplazaron a los gatos leopardo como felinos asociados a la vida humana.
Una domesticación reciente y un éxito global
Pese a su expansión planetaria, los gatos domésticos modernos conservan una genética extraordinariamente homogénea. Esto respalda la idea de que su éxito es muy reciente y derivado de un número relativamente reducido de poblaciones fundadoras. Mientras que razas caninas y linajes bovinos muestran ramas complejas y antiguas, los gatos despliegan un árbol genealógico cuya diversidad surge, en gran medida, de los últimos dos milenios.
La domesticación en sí tampoco se ajusta al molde habitual. Los gatos mantuvieron siempre un grado notable de independencia y siguen siendo, en gran parte, animales semidomésticos. Pueden vivir sin nuestra ayuda, cazar por sí mismos y reproducirse libremente. Su relación con las sociedades humanas se forjó más por tolerancia y mutualismo que por una captura o cría sistemática.
No es extraño que muchas culturas antiguas mantuvieran vínculos variados —prácticos, simbólicos o rituales— con diferentes especies de felinos sin llegar a domesticarlas plenamente.
A diferencia de otros animales domesticados, los gatos conservaron gran parte de su autonomía y siguen siendo, en esencia, semidomésticos, fruto de una relación con los humanos basada más en la tolerancia que en la cría dirigida. Foto de Umit Ozbek
Una historia aún abierta: próximos pasos científicos
Los investigadores subrayan que el mapa no está completo. A pesar del avance, sigue faltando una pieza esencial: más datos genómicos de Egipto, donde abundan restos momificados y representaciones felinas, pero escasea el ADN antiguo de calidad suficiente. También falta definir con precisión el origen exacto de las poblaciones africanas que dieron lugar tanto a los gatos domésticos europeos como a los linajes insulares.
Lo que sí es seguro es que la historia felina es mucho más rica y fragmentaria de lo que se pensaba. En vez de un único centro de domesticación que irradiara hacia el resto del mundo, el ADN revela múltiples focos de domesticación, múltiples rutas y múltiples intentos, algunos exitosos y otros fallidos, de convivir con los humanos.
El resultado final —ese gato que duerme hoy en un sofá, deambula por un callejón o merodea por los tejados— es el producto de una mezcla vertiginosa de migraciones, viajes en barco, hibridaciones y una capacidad extraordinaria para adaptarse a casi cualquier entorno.
Más que un conquistador diseñado por los humanos, el gato doméstico emerge ahora como lo que quizás siempre fue: un oportunista brillante, capaz de aprovechar nuestras rutas, nuestras casas y nuestros desechos para extenderse por el mundo con una velocidad casi sin precedentes en la historia animal. ▪️
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Fuente: M. De Martino et al. The dispersal of domestic cats from North Africa to Europe around 2000 years. Science (2025). DOI: 10.1126/science.adt2642

