El primer mapa del olfato: cómo los científicos han descifrado la organización de los receptores en la nariz
El olfato, uno de los sentidos más misteriosos, empieza a revelar su arquitectura interna. Un nuevo mapa científico muestra cómo se organizan los receptores en la nariz y cómo percibimos los olores.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Oler una flor activa un patrón específico de neuronas en la nariz: cada aroma es detectado por combinaciones de receptores distribuidos en posiciones concretas del epitelio olfativo. Foto de Dimmis Vart en Unsplash
El olfato es un potentísimo mago que nos transporta a través de miles de kilómetros y de todos los años que hemos vivido, dijo la escritora y activista política sordociega estadounidense Helen Keller. Esa capacidad evocadora, casi mágica, contrasta con el hecho de que, pese a su poder en nuestra experiencia cotidiana, durante décadas su funcionamiento ha sido uno de los grandes enigmas de la ciencia.
Sabíamos que los olores activan neuronas en la nariz y que esa información viaja al cerebro, pero faltaba una pieza esencial: ¿cómo se organiza, exactamente, ese sistema? ¿Existe un orden o todo ocurre al azar?
Un nuevo estudio científico internacional acaba de ofrecer una respuesta contundente: el olfato no es caótico, sino que está cuidadosamente cartografiado. Y ese mapa olfativo —el primero de su tipo— acaba de ser descrito con un nivel de detalle sin precedentes.
El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Cell, reconstruye la lógica espacial con la que las neuronas olfativas eligen qué receptor olfativo expresar y cómo esa decisión se alinea con la organización del encéfalo. En términos sencillos: cada tipo de receptor del olfato ocupa una posición concreta en la nariz, y esa posición determina cómo se conectará con nuestro casquete pensante.
¿Qué es el «mapa olfativo» y por qué es importante?
Hasta ahora, el modelo dominante sostenía que los más de mil receptores olfativos, cada uno especializado en detectar moléculas olorosas distintas, se distribuían en grandes zonas dentro de la nariz. Dentro de cada área, la elección del receptor por parte de las neuronas era, en gran medida, aleatoria. Ese modelo combinaba orden y azar.
Pero el nuevo estudio desmonta esa idea. En lugar de zonas amplias y difusas, los investigadores han descubierto un patrón continuo y preciso: cada uno de los aproximadamente 1.100 receptores olfativos ocupa una posición media específica a lo largo de un eje que va de la parte dorsal (superior) a la ventral (inferior) del epitelio olfativo. Es el tejido especializado situado en la parte superior de la nariz que contiene las neuronas encargadas de detectar los olores.
Es decir, el olfato funciona como un mapa con miles de picos organizados en el espacio, no como un mosaico de regiones difusas. Cada receptor tiene su lugar. Como resume Sandeep Robert Datta, del Departamento de Neurobiología en el Harvard Medical School, en Estados Unidos, «nuestros resultados aportan orden a un sistema que antes se pensaba que carecía de él, lo que cambia conceptualmente cómo creemos que funciona».
Un código espacial escrito en los genes
La sustancia de este hallazgo está en lo que los autores llaman un código espacial. Mediante técnicas masivas de secuenciación de ARN a nivel de célula individual, o sea, analizando millones de neuronas, identificaron un programa genético que varía de forma gradual a lo largo de la nariz.
Ese programa incluye unos 250 genes cuya actividad cambia de forma continua según la posición de la célula. A partir de esa actividad, los científicos construyeron un indicador —una especie de coordenada molecular— que permite situar cada neurona en el eje dorsal-ventral.
Lo sorprendente es que ese código genético no solo refleja dónde está la célula, sino que también influye en qué receptor olfativo elegirá. En otras palabras, la posición física de la neurona condiciona su identidad funcional.
Corte transversal de la nariz de un ratón visto al microscopio: las neuronas del olfato brillan en verde gracias a una modificación genética, mientras que un pequeño grupo de neuronas en degeneración aparece marcado en rojo. Cortesí: Datta Lab
Antes de oler, las neuronas ya «saben» dónde están
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es que este patrón espacial aparece antes incluso de que las neuronas olfativas maduras expresen su receptor definitivo.
Las células precursoras —las que darán lugar a las neuronas del olfato— ya muestran ese gradiente genético.
Esto sugiere que las célulassaben dónde están desde el principio, y que esa información guía su desarrollo posterior. No es el receptor olfativo el que define la identidad de la neurona; es, en gran medida, su posición la que determina qué receptor acabará expresando.
El papel de una señal química clave: el ácido retinoico
Pero ¿qué informa a las células de su posición? Los investigadores apuntan a un sospechoso conocido: el ácido retinoico, una molécula derivada de la vitamina A que juega un papel crucial en el desarrollo celular.
El estudio muestra que esta sustancia forma un gradiente en los tejidos que rodean el epitelio olfativo. Ese gradiente actúa como una señal que indica a las células dónde están situadas. Manipular ese sistema —aumentando o disminuyendo la señal— cambia la distribución de los tipos de neuronas y los receptores olfativos que expresan.
Es un mecanismo elegante: una señal química externa se traduce en un programa genético interno que, a su vez, define la función de cada célula.
De la nariz al cerebro: mapas que encajan
El descubrimiento no se queda en la nariz. Las neuronas olfativas proyectan sus axones —los canales de salida de información de las neuronas— hacia el bulbo olfatorio, la primera estación de procesamiento en el cerebro. Allí, las neuronas que expresan el mismo receptor convergen en estructuras llamadas glomérulos.
El nuevo estudio demuestra que la posición de los receptores en la nariz está alineada con la posición de esos glomérulos en el cerebro. Es decir, el mapa olfativo periférico y el central están coordinados.
Esta correspondencia resuelve un problema clásico de la neurociencia: cómo logra el sistema olfativo organizar con precisión miles de tipos de señales diferentes. La respuesta es que esa organización ya está preconfigurada en la propia nariz.
Cómo se elige un receptor entre mil
Aunque el sistema es altamente organizado, no es completamente rígido. Las neuronas no siempre eligen el receptorperfecto para su posición. Existe un componente de variabilidad: cada tipo de receptor olfativo ocupa una distribución de posiciones, no un punto exacto.
Este margen de flexibilidad podría ser importante para el funcionamiento del sistema, permitiendo cierta redundancia o adaptabilidad. Pero, en promedio, el patrón es extraordinariamente consistente entre individuos.
El estudio también arroja luz sobre uno de los mayores misterios del olfato: cómo una neurona elige un único receptor olfativo entre más de mil posibles.
Los datos sugieren un proceso secuencial. Durante el desarrollo, las células precursoras activan de forma transitoria varios receptores —sobre todo los más dorsales— y los van apagando progresivamente hasta quedarse con uno solo. Este proceso sigue un patrón espacial: los receptores se prueban en un orden que refleja su posición en el epitelio olfativo.
Además, mecanismos epigenéticos, como la formación de heterocromatina, que silencia genes, ayudan a bloquear los receptoresincorrectos, reforzando la elección final.
El aroma de un plato de pasta ilustra cómo distintos compuestos activan receptores repartidos por toda la nariz, cuya organización espacial permite al cerebro interpretar olores complejos. Foto de Antonius Ferret
El ADN también fija la posición
Otro resultado llamativo es que la posición de cada receptor olfativo no depende solo de la célula, sino también de su contexto genómico. Experimentos en ratones híbridos muestran que el mismo receptor puede ocupar posiciones distintas si su secuencia reguladora cambia.
Esto indica que elementos del ADN que no codifican proteínas —regiones reguladoras— determinan dónde se expresa cada receptor en el epitelio olfativo.
Podría pensarse que receptores olfativos similares —los que detectan moléculas parecidas— estarían agrupados en el espacio. Sin embargo, el estudio encuentra que esta relación es débil. Aunque algunos receptores cercanos en el genoma o con funciones similares pueden estar próximos, en general los olores activan neuronas distribuidas por toda la nariz.
Esto sugiere que el mapa olfativo no está organizado principalmente por la química de los olores, sino por reglas de desarrollo y organización espacial.
Por qué este hallazgo cambia la ciencia del olfato
El trabajo redefine nuestra comprensión del olfato. Frente a la idea de un sistema parcialmente aleatorio, emerge un modelo altamente estructurado, en el que la posición, la genética y el desarrollo están íntimamente conectados.
En palabras de Datta, «el olfato ha sido la gran excepción; es el sentido que ha carecido de un mapa durante más tiempo». Ahora, ese vacío empieza a llenarse.
Este mapa olfativo no es solo una curiosidad anatómica. Tiene implicaciones profundas para entender cómo el cerebro procesa la información sensorial y cómo se construyen los circuitos neuronales.
«Este es, probablemente, el tejido neuronal más secuenciado hasta ahora, pero necesitábamos esa escala de datos para poder entender el sistema», explica el investigador.
En última instancia, el estudio muestra que incluso un sentido tan aparentemente subjetivo y etéreo como el olfato está regido por reglas precisas. El olor de una rosa o de un café comienza, en realidad, en una geografía microscópica cuidadosamente ordenada dentro de la nariz.
Pero más allá de su valor conceptual, el hallazgo abre la puerta a aplicaciones clínicas largamente esperadas. «No podemos reparar el olfato sin entender cómo funciona a un nivel básico», advierte Datta.
Y añade para finalizar una dimensión que trasciende lo puramente biológico: «El olfato tiene un efecto realmente profundo y generalizado en la salud humana, así que restaurarlo no es solo cuestión de placer o seguridad, sino también de bienestar psicológico».
Por eso, concluye, el nuevo mapa no es solo un avance científico, sino una condición necesaria para el futuro: «sin entender este mapa, estamos condenados a fracasar en el desarrollo de nuevos tratamientos».▪️(28-abril-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Olfato y Receptores Olfativos
👃 ¿Qué es un receptor olfativo?
Es una proteína en las neuronas de la nariz que detecta moléculas olorosas específicas.
👃 ¿Cuántos receptores olfativos existen?
Más de 1.000 tipos diferentes en mamíferos como el ratón.
👃 ¿Por qué es importante este descubrimiento?
Porque permite entender cómo funciona el olfato y abre la puerta a tratamientos médicos.
👃 ¿El mapa olfativo es igual en humanos?
Se está investigando, pero se espera que haya principios similares.
👃 ¿Se puede recuperar el olfato perdido?
Este estudio es clave para desarrollar futuras terapias, aunque aún no existen soluciones completas.
Información facilitada por el Harvard Medical School
Fuente: David H. Brann et al. A spatial code governs olfactory receptor choice and aligns sensory maps in the nose and brain. Cell (2026). DOI: 10.1016/j.cell.2026.03.051

