Qué determina el contenido de nuestros sueños: la ciencia punta a nuestra personalidad y las experiencias vitales

Los sueños no son un caos sin sentido: la ciencia empieza a descifrar qué hay detrás de sus imágenes más extrañas. Un nuevo estudio desvela cómo la personalidad, el día a día e incluso grandes eventos, como la pasada pandemia de covid-19, moldean lo que soñamos cada noche.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un hombre duerme mientras su mente construye un paisaje onírico lleno de montañas flotantes, criaturas míticas y cielos imposibles; una representación visual de cómo el cerebro mezcla memoria, emoción e imaginación durante la fase REM del sueño.

Un hombre duerme mientras su mente construye un paisaje onírico lleno de montañas flotantes, criaturas míticas y cielos imposibles; una representación visual de cómo el cerebro mezcla memoria, emoción e imaginación durante la fase REM del sueño. Crédito: IA-Copilot-RexMolón Producciones

Un estudio revela por qué soñamos lo que soñamos

Los sueños han sido tradicionalmente territorio de la intuición, el arte y el psicoanálisis. Pero cada vez más, también lo son de la ciencia de datos. Un nuevo estudio científico liderado por investigadores de la Facultad de Estudios Avanzados IMT de Lucca, en IItalia, propone una respuesta ambiciosa a una pregunta clásica: ¿por qué soñamos lo que soñamos?

La conclusión principal es tan intuitiva como matizada: nuestros sueños no son ni un simple reflejo de la vigilia ni un caos sin sentido, sino el resultado de una interacción compleja entre nuestros rasgos personales y nuestras experiencias vitales recientes.

El trabajo, publicado en la revista Communications Psychology, analiza más de 3.000 relatos de sueños y experiencias en vigilia recogidos entre los años 2020 y 2024. Se trata de uno de los estudios más amplios llevados a cabo hasta la fecha sobre el contenido de los sueños, tanto por el número de participantes como por el uso de herramientas avanzadas de inteligencia artificial (IA) para desentrañar patrones semánticos.

🗣️ «Nuestros hallazgos muestran que los sueños no son simplemente un reflejo de experiencias pasadas, sino un proceso dinámico moldeado por quiénes somos y por lo que vivimos —explica Valentina Elce, investigadora de la Facultad IMT y autora principal del estudio. Y añade—: Al combinar datos a gran escala con métodos computacionales, hemos podido descubrir patrones en el contenido de los sueños que antes eran difíciles de detectar».

Cómo funcionan los sueños: un espejo transformado de la realidad

La primera gran conclusión del estudio es que los sueños mantienen una relación de «continuidad y discontinuidad» con la vida despierta. Es decir, los elementos de la vigilia —personas, lugares, preocupaciones— aparecen en los sueños, pero transformados.

Cuando estamos despiertos, nuestros pensamientos tienden a ser abstractos, reflexivos y centrados en uno mismo. En cambio, durante el sueño, la narrativa cambia radicalmente: predominan las experiencias perceptivas, sobre todo visuales y espaciales, con múltiples personajes y situaciones a menudo extrañas o improbables.

Los datos lo confirman con claridad. Los sueños contienen más referencias a escenarios, movimientos y estímulos sensoriales, mientras que los relatos en vigilia están más cargados de pensamiento consciente y control sobre las acciones. Dicho de otro modo: mientras soñamos, vemos más y pensamos menos.

Además, los sueños tienden a ser más emocionales y, en promedio, algo más negativos. También son más bizarros: incluyen saltos de escena, incoherencias y situaciones imposibles que rara vez aparecen en la vida real.

Qué factores determinan el contenido de los sueños

Más allá de estas diferencias generales, el estudio aporta una de sus contribuciones más relevantes: identificar cómo los rasgos individuales moldean el contenido de los sueños:

✅ Uno de los factores más influyentes es la actitud hacia los sueños. Las personas que consideran que soñar tiene sentido o valor —por ejemplo, como vía para entender sus emociones— tienden a tener sueños más vívidos, complejos y emocionalmente intensos.

✅ También destaca la propensión al mind-wandering, o sea, la tendencia a divagar mentalmente durante el día. Quienes tienen una mente más errante muestran sueños más extraños, con cambios frecuentes de escenario y mayor carga narrativa.

✅ La calidad del sueño, por su parte, también deja huella. Un descanso peor se asocia con sueños más centrados en aspectos físicos o visuales, mientras que una mejor calidad subjetiva del sueño se relaciona con menor extrañeza en el contenido onírico.

✅ Incluso habilidades cognitivas concretas influyen: por ejemplo, una mejor memoria visuoespacial se traduce en sueños con más detalles visuales.

En conjunto, estos resultados refuerzan una idea clave: el mundo onírico no es universal, sino profundamente personal. Cada cerebro sueña a su manera.

En un laboratorio de fantasía para el análisis del sueño, una paciente es monitoreada con tecnología avanzada que registra su actividad cerebral mientras sueña, permitiendo a los investigadores analizar patrones neuronales y avanzar en la comprensión científica de la experiencia onírica. Crédito: IA-Nano Banana 2-RexMolón Producciones

El impacto de la realidad compartida

Pero no todo depende del individuo. El estudio también explora cómo los grandes acontecimientos colectivos influyen en los sueños. Para ello, los investigadores analizaron un conjunto independiente de datos recogidos durante el confinamiento por la Covid-19 en 2020.

Los resultados muestran que, durante ese periodo, los sueños incorporaron con mayor frecuencia elementos relacionados con restricciones, limitaciones de movimiento y emociones intensas. Es decir, la experiencia colectiva de encierro dejó una huella clara en el contenido onírico.

Sin embargo, ese efecto no fue permanente. Con el paso de los meses y años, los sueños fueron recuperando patrones más habituales, lo que sugiere que el impacto de los eventos externos es dinámico y se diluye con el tiempo.

Este hallazgo es especialmente relevante porque demuestra que los sueños no solo reflejan la vida individual, sino también el contexto social e histórico.

Un mapa semántico de los sueños

Para llegar a estas conclusiones, el equipo utilizó una metodología innovadora basada en el análisis del lenguaje. En lugar de limitarse a clasificar los sueños en categorías simples, como hacían estudios anteriores, los investigadores emplearon modelos de lenguaje —similares a los que impulsan los chatbots actuales— para evaluar dieciséis dimensiones semánticas diferentes, desde la emoción hasta la percepción o la interacción social.

Además, desarrollaron un sistema que agrupa palabras en dominios léxicos, es decir, conjuntos de términos relacionados con temas como la naturaleza, la sociedad o las emociones. Este enfoque permitió construir un mapa detallado del contenido de los sueños.

El resultado es una especie de cartografía del mundo onírico, donde se pueden identificar patrones generales —por ejemplo, la abundancia de elementos visuales— y también diferencias individuales o cambios a lo largo del tiempo.

¿Para qué sirven los sueños?

Aunque el estudio no responde de modo dorecto a la función de los sueños, sus resultados encajan con teorías que les atribuyen un papel en procesos como la memoria, el aprendizaje o la regulación emocional.

El hecho de que los sueños integren experiencias recientes, preocupaciones personales y emociones sugiere que podrían actuar como un espacio donde el cerebro reorganiza la información de la vigilia. No sería una simple reproducción de la realidad, sino una reinterpretación creativa de la misma.

Al mismo tiempo, la influencia de los rasgos individuales apunta a que este proceso no es uniforme: cada persona procesa la realidad de forma distinta, y eso se refleja en sus sueños.

Entre lo universal y lo íntimo

En última instancia, el estudio ofrece una visión equilibrada del fenómeno onírico. Por un lado, confirma que hay patrones comunes: todos soñamos con escenas visuales, interacciones sociales y narrativas más o menos extrañas.

Por otro, subraya la enorme variabilidad entre individuos. Dos personas pueden vivir experiencias similares durante el día, pero soñarlas de manera completamente diferente.

Esa tensión entre lo universal y lo íntimo es, precisamente, lo que hace de los sueños un objeto de estudio fascinante. Y también lo que dificulta su comprensión.

Una mujer yace en el suelo en un entorno natural envuelto en tonos fríos y difusos, evocando el estado liminal entre vigilia y sueño, donde la percepción se distorsiona y las emociones pueden intensificarse, un fenómeno común en episodios de ensoñación profunda o desconexión sensorial. Foto de Jr Korpa en Unsplash

La ciencia entra en el territorio de lo subjetivo

Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es su intento de cuantificar algo tan subjetivo como un sueño. Tradicionalmente, el análisis de las vivencias oníricas dependía de interpretaciones cualitativas o de cuestionarios retrospectivos.

Aquí, en cambio, se utiliza inteligencia artificial para medir con precisión aspectos como la intensidad emocional o la presencia de elementos visuales. Y los resultados muestran que estas herramientas pueden alcanzar niveles de fiabilidad comparables a los evaluadores humanos.

Esto abre la puerta a una nueva etapa en la investigación del sueño, más cuantitativa y basada en grandes volúmenes de datos.

Una ventana al cerebro dormido

En conjunto, el estudio refuerza la idea de que los sueños son una ventana privilegiada al funcionamiento del cerebro. No solo porque reflejan lo que nos ocurre durante el día, sino porque muestran cómo lo procesamos.

Nuestros sueños, en definitiva, no son mensajes ocultos ni simples residuos de la actividad neuronal. Son narraciones construidas por el cerebro a partir de lo que somos y lo que vivimos.

Y aunque todavía queda mucho por descubrir, investigaciones como esta acercan la ciencia a uno de los territorios más misteriosos de la mente humana: ese en el que, cada noche, la realidad se disuelve y da paso a un mundo tan extraño como revelador.▪️(28-abril-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Sueños y Cerebro

😴 ¿Por qué soñamos cosas extrañas?

Porque el cerebro combina recuerdos y emociones de forma no lineal, generando escenarios nuevos y a veces incoherentes.

😴 ¿Los sueños reflejan la realidad?

Sí, pero de forma transformada. No reproducen la realidad, la reinterpretan.

😴 ¿La personalidad influye en los sueños?

Sí. Rasgos como la imaginación, la atención o el interés por los sueños afectan su contenido.

😴 ¿Se pueden analizar los sueños científicamente?

Sí. Hoy se utilizan herramientas de inteligencia artificial y análisis del lenguaje para estudiar patrones en los sueños.

😴 ¿Los sueños tienen función?

Probablemente sí: ayudan a procesar emociones, consolidar recuerdos y simular experiencias.

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