¿Estudiar con música ayuda o distrae? Esto es lo que revela una nueva investigación sobre concentración, memoria y rendimiento académico
Millones de estudiantes de todo el mundo recurren a auriculares y listas de reproducción para concentrarse, pero la ciencia sigue dividida sobre si la música mejora el aprendizaje o sabotea la atención. Un nuevo estudio revela que la respuesta no depende solo del cerebro, sino también de la relación emocional que cada persona tiene con la música.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una estudiante escucha música con auriculares mientras toma apuntes: más de la mitad de los universitarios asegura que estudiar con música mejora su concentración y motivación, según la Universidad Edith Cowan. Foto: Julio Lopez
La escena es cotidiana en cualquier biblioteca universitaria o cafetería con wifi: estudiantes rodeados de apuntes, portátil abierto y auriculares puestos. De fondo suenan piezas clásicas, listas de reproducción lofi, rock suave o pop instrumental. Para muchos, estudiar sin música resulta casi inconcebible. Para otros, en cambio, cualquier melodía es una amenaza directa contra la concentración. ¿Quién tiene razón?
Una nueva investigación de la Universidad Edith Cowan (ECU), en Australia, acaba de explorar precisamente esa vieja disputa: si escuchar música mientras se estudia mejora el rendimiento o, por el contrario, actúa como una distracción encubierta.
El estudio, publicado en la revista Psychology of Music, no ofrece una respuesta tajante, como, dicho sea de paso, ocurre a menudo en psicología cognitiva, pero sí dibuja un mapa mucho más matizado de cómo y por qué los estudiantes recurren a la música cuando leen o estudian.
Qué descubrió el estudio sobre música y estudio
Los investigadores Lindsey Cooke, Craig Speelman y Ross Hollett analizaron los hábitos de 226 universitarios australianos de entre 18 y 55 años. El objetivo era entender no solo cuántos estudiantes escuchan música mientras leen material académico, sino también qué tipo de música eligen, qué esperan obtener de ella y qué rasgos personales influyen en esa elección.
Los resultados reflejan una sociedad profundamente dividida. El 54% de los participantes afirmó escuchar música mientras estudia o lee textos académicos, frente a un 46% que evita hacerlo deliberadamente. La diferencia es mínima, pero significativa: revela que no existe una receta universal para concentrarse.
La investigación parte de una paradoja interesante. Numerosos estudios previos habían concluido que la música de fondo perjudica la comprensión lectora. Sin embargo, millones de personas siguen estudiando acompañadas de canciones y melodías. Basta echar un vistazo al fenómeno de las listas de Spotify o canales como Lofi Girl, que acumulan miles de millones de reproducciones de música diseñada específicamente para «estudiar y relajarse».
Pero ¿por qué persiste este hábito si aparentemente perjudica el aprendizaje? Ahí es donde el estudio australiano aporta nuevos matices.
Qué música escuchan los estudiantes
Uno de los hallazgos más claros es que los estudiantes no eligen cualquier música al azar. La selección parece responder a una estrategia intuitiva para minimizar distracciones. El género más popular para estudiar fue la música clásica, elegida por el 48% de los participantes. Después aparecieron el rock (33%) y el pop (18%).
Pero lo más revelador no fue el género, sino las características del sonido. Mientras estudiaban, la mayoría prefería música lenta y, sobre todo, música sin letra. Solo un 22% optaba por canciones con voces durante la lectura académica, frente al 64% que sí escuchaba música con letra cuando realizaba tareas fáciles o rutinarias.
La explicación parece bastante lógica. Leer exige procesar lenguaje. Y las letras de las canciones también. Cuando ambos procesos compiten en el cerebro al mismo tiempo, la comprensión puede resentirse. Los autores relacionan este fenómeno con una teoría psicológica conocida como interferencia por proceso: dos tareas que utilizan mecanismos cognitivos similares terminan estorbándose mutuamente.
La música instrumental y sin letra es la preferida para estudiar: el estudio concluye que las canciones con voces pueden interferir en la comprensión lectora y la memoria. Foto: An Nhien
La otra teoría: cuando la música sí puede mejorar la concentración
No se trata simplemente de que la música distraiga porque sí, sino de que ciertas características sonoras interfieren con las operaciones mentales necesarias para comprender un texto. Por eso la música instrumental parece menos problemática: elimina la competencia semántica entre las palabras escritas y las cantadas.
Sin embargo, el asunto no termina ahí. La investigación también revisa otra gran hipótesis utilizada para explicar por qué la música puede ayudar a algunas personas: la llamada teoría de la activación y el estado de ánimo. Según este enfoque, determinadas piezas musicales elevan la activación fisiológica, mejoran el humor y aumentan la motivación, lo que podría traducirse en un mejor rendimiento cognitivo.
Diversos estudios previos han mostrado que ciertas músicas pueden alterar el ritmo cardíaco, la conductancia de la piel o incluso los niveles de cortisol. En algunos contextos, esa activación adicional podría ayudar a mantener la atención durante tareas monótonas o poco estimulantes.
Y eso conecta directamente con lo que declararon muchos estudiantes encuestados.
✅ Entre quienes sí escuchaban música mientras estudiaban, el 57% aseguró que les ayudaba a concentrarse.
✅ La mitad dijo que servía para enmascarar ruidos externos.
✅ Y un 49% afirmó que aumentaba su motivación.
🗣️«Muchos estudiantes sienten que la música les ayuda a entrar en estado de concentración, especialmente cuando estudian en entornos ruidosos o llenos de distracciones», explica la investigadora Cooke.
Notas para estudiar en un ambiente agradable
La música, por tanto, aparece aquí como una herramienta de regulación emocional y ambiental. No necesariamente como un potenciador mágico de la memoria, sino como un mecanismo para crear condiciones subjetivas más agradables para estudiar.
De hecho, algunos testimonios recogidos en respuestas abiertas apuntan claramente en esa dirección. Varios estudiantes explicaron que utilizan la música para reducir la ansiedad, controlar el estrés o evitar pensamientos negativos. «Calma mi sistema nervioso cuando estoy estresado», escribió uno de ellos. Otro afirmó que le ayuda a «reducir la sobreestimulación».
La diferencia entre quienes estudian con música y quienes no parece depender menos de una capacidad cognitiva objetiva que de la relación emocional que cada persona mantiene con la música.
La gran sorpresa del estudio: la memoria de trabajo no marcó diferencias
Y aquí surge uno de los resultados más inesperados del trabajo. Los investigadores esperaban encontrar que los estudiantes más vulnerables a la distracción musical tendrían menor capacidad de memoria de trabajo o mayor tendencia a la dispersión mental. Pero no ocurrió así.
La llamada memoria de trabajo es uno de los sistemas fundamentales de la cognición humana: permite mantener información activa en la mente mientras realizamos tareas complejas. Tradicionalmente se ha considerado una pieza clave para resistir distracciones. Sin embargo, en este estudio no aparecieron diferencias significativas entre quienes estudiaban con música y quienes preferían el silencio.
Tampoco la tendencia a divagar mentalmente explicó las preferencias de unos u otros. En otras palabras: los estudiantes que evitan la música no son necesariamente más fáciles de distraer, ni los que la usan poseen un cerebro especialmente resistente al ruido.
El factor decisivo: la relación emocional con la música
Lo que sí marcó una diferencia clara fue el grado de implicación emocional con la música. Los estudiantes más enganchados a ella —los que la utilizan habitualmente para regular emociones, motivarse o acompañar actividades cotidianas— eran también los más proclives a estudiar escuchándola.
➡️ Ese resultado, sostiene Cooke, cuestiona algunas ideas tradicionales sobre el impacto cognitivo de la música durante el estudio: «Existe una creencia muy extendida de que la música agota automáticamente los recursos cognitivos, pero nuestros datos muestran que la realidad es mucho más individual».
Ese hallazgo ayuda a entender por qué el debate científico lleva décadas sin resolverse del todo. Las investigaciones anteriores sobre música y concentración han producido resultados contradictorios: algunos trabajos encuentran efectos negativos, otros positivos y otros ninguno.
Parte del problema, sugieren los autores, es metodológico. La música es un estímulo extremadamente complejo. Cambian el tempo, el volumen, la familiaridad, el tipo de instrumento, la presencia de letra o el contexto emocional asociado a cada canción. Resulta muy difícil controlar todas esas variables en un laboratorio.
Además, el impacto depende mucho de la tarea concreta. No es lo mismo memorizar listas de palabras que comprender un ensayo filosófico. Tampoco es igual leer algo apasionante que enfrentarse a un texto técnico obligatorio a las dos de la madrugada.
No todos los cerebros reaccionan igual a la música durante el estudio: la investigación revela que la relación emocional con la música influye más que la memoria de trabajo o la facilidad para distraerse. Foto: www.kaboompics.com
La música como ruido y como escudo contra él
La propia investigación australiana encontró que los estudiantes adaptan intuitivamente la música al tipo de actividad. Para tareas consideradas fáciles o repetitivas preferían canciones rápidas y con letra. Para leer o estudiar, en cambio, optaban por piezas más lentas y discretas.
En cierto modo, el cerebro parece negociar continuamente con el entorno sonoro para encontrar un punto óptimo entre estimulación y distracción.
Eso también explica otra paradoja interesante del estudio. Entre quienes evitaban la música, el 86% afirmaba hacerlo porque les distraía. Pero entre quienes sí la utilizaban, un 50% decía precisamente que la ponían para bloquear otras distracciones externas.
La misma música puede ser vista como ruido o como escudo contra el ruido.
Entonces, ¿es bueno o malo estudiar con música?
Los autores son prudentes y reconocen las limitaciones del trabajo. El estudio se basa en autopercepciones y hábitos declarados por los propios estudiantes, no en pruebas directas de rendimiento académico. Es decir, que muchos participantes crean estudiar mejor con música no implica necesariamente que su rendimiento académico o su comprensión mejoren objetivamente.
La respuesta científica más honesta es: depende.
1️⃣ La música puede ayudar cuando:
✅ Hay ruido ambiental externo.
✅ El estudiante necesita motivación.
✅ La tarea es repetitiva
✅ La música es instrumental o suave
✅ Existe una relación positiva con la música
2️⃣ La música puede perjudicar cuando:
✅ Tiene letra compleja.
✅ La tarea exige comprensión profunda.
✅ El volumen es elevado.
✅ La canción genera demasiada atención emocional.
✅ El estudiante es especialmente sensible a distracciones
Qué recomienda la investigación
En sí misma, la investigación aporta algo valioso: desmonta la idea simplista de que la música es siempre buena o siempre mala para estudiar. Para algunas personas, el silencio absoluto favorece la concentración profunda. Para otras, una cierta atmósfera sonora ayuda a regular emociones, mantener la motivación o aislarse del caos exterior.
«Para algunos estudiantes, la música realmente mejora su experiencia de lectura. Para otros, supone un obstáculo. La clave está en comprender la relación personal que cada uno tiene con la música, en lugar de asumir que existe un consejo universal válido para todos», resume Cooke.
Quizá el verdadero hallazgo no sea que la música ayude o perjudique, sino que cada cerebro negocia de manera distinta con el ruido del mundo. Y en una época dominada por auriculares permanentes y listas de reproducción infinitas, entender esa negociación empieza a ser casi tan importante como entender la memoria misma.▪️(22-mayo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Estudio y Música
🎧 ¿Es mejor estudiar con música o en silencio?
Depende del tipo de persona, de la tarea y del tipo de música. La evidencia científica muestra que no existe una respuesta universal.
🎧 ¿Qué música es mejor para estudiar?
La investigación apunta a que la música instrumental, lenta y sin letra suele generar menos interferencias cognitivas.
🎧 ¿La música clásica ayuda a estudiar?
Muchos estudiantes la prefieren porque suele tener menos cambios bruscos, carece de letra y facilita un ambiente de concentración.
🎧 ¿Escuchar música mejora la memoria?
No necesariamente. Algunos estudios sugieren mejoras indirectas relacionadas con motivación o estado de ánimo, pero no existe consenso científico definitivo.
🎧 ¿La música con letra distrae más?
Sí. Las canciones con letra pueden competir con los procesos lingüísticos implicados en la lectura y la comprensión.
Información facilitada por la Edith Cowan University
Fuente: Lindsey Cooke, Craig Speelman and Ross Hollett. Music as a distraction during reading: Music listening habits of university students. Psychology of Music (2026). DOI: https://doi.org/10.1177/03057356261421

