Huellas fósiles de hace 1,4 millones de años arrojan nueva luz sobre cómo vivían los «Paranthropus boisei»

Mucho antes de que existiera el Homo sapiens, un grupo de Paranthropus boisei dejó sus huellas sobre el barro de un antiguo lago africano. Ahora, 1,4 millones de años después, esas pisadas revelan que eran más grandes de lo que se creía y ofrecen una extraordinaria ventana a su vida social.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Reconstrucción artística de un grupo de Paranthropus boisei caminando por los márgenes fangosos del antiguo lago Turkana hace 1,43 millones de años

Reconstrucción artística de un grupo de Paranthropus boisei caminando por los márgenes fangosos del antiguo lago Turkana hace 1,43 millones de años. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Lo que revela el nuevo descubrimiento de las huellas fósiles

La historia de la evolución humana suele reconstruirse a partir de huesos fósiles dispersos. Pero, de vez en cuando, el registro fósil regala algo mucho más excepcional: un instante congelado en el tiempo. Es el caso de un conjunto de huellas fosilizadas halladas en la orilla del lago Turkana, en el norte de Kenia, que han permitido averiguar no solo cómo era el Paranthropus boisei, sino también cómo caminaba y cómo se organizaba hace 1,43 millones de años.

El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) por un equipo internacional de investigadores de Estados Unidos y Kenia, ofrece la imagen más completa hasta la fecha del comportamiento del homínido bautizado por los paleoantropólogos como Paranthropus boisei, uno de los parientes evolutivos más enigmáticos de nuestra familia.

Las veintiúna huellas conservadas en el yacimiento conocido como GaJi10 pertenecen a ocho individuos adultos que caminaban juntos por el barro de la orilla de un antiguo lago africano. Lo más sorprendente es que la mayoría parecen haber sido dejadas por machos adultos, una composición del grupo que apunta a una organización social mucho más compleja de lo que se pensaba para esta especie, que fue descubierta por la antropóloga británica Mary Leakey el 17 de julio de 1959 en la garganta de Olduvai (Tanzania). El cráneo fue datado en 1,75 millones de años y su pareja, Louis Leakey, lo clasificó inicialmente como Zinjanthropus boisei.

«Paranthropus boisei» era mucho más grande de lo que se creía

Hasta ahora, la imagen que tenían los científicos del Paranthropus boisei procedía casi exclusivamente de sus impresionantes cráneos, que se caracterizaban por enormes mandíbulas y dientes adaptados para triturar alimentos muy duros. De hecho, durante años fue conocido como el Cascanueces de la evolución humana.

Sin embargo, apenas se conocía cómo era el resto de su cuerpo. Los fósiles postcraneales son extraordinariamente escasos, y habían llevado a pensar que se trataba de un homínido considerablemente más pequeño que el Homo erectus, la especie que vivía en la misma región. Y muchos investigadores lo consideran un posible antepasado directo de los seres humanos modernos.

Las nuevas huellas fósiles cambian de cabo a rabo ese escenario.

Gracias a un método de análisis desarrollado por el propio equipo en 2024, los investigadores pudieron atribuir las pisadas al Paranthropus boiseia partir de la anatomía del pie y de su forma de caminar. Pero las dimensiones de las huellas fue toda una sorpresa.

🗣️ «El tamaño de las huellas indica cuerpos de dimensiones similares a las humanas, de hasta 1,8 metros de altura y alrededor de 75 kilogramos de peso», explica Kevin Hatala, profesor de Biología de la Universidad de Chatham, investigador asociado del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y autor principal del estudio.

Estas dimensiones son muy superiores a las estimaciones obtenidas con anterioridad mediante el estudio de los pocos huesos conservados, y obligan a replantear el aspecto físico de esta especie. En lugar de ser un homínido claramente más pequeño que el Homo erectus, ambos podrían haber compartido tamaños corporales muy similares mientras ocupaban el mismo territorio.

Una de las huellas fósiles de Paranthropus boisei descubiertas en el yacimiento de GaJi10, en el norte de Kenia.

Una de las huellas fósiles de Paranthropus boisei descubiertas en el yacimiento de GaJi10, en el norte de Kenia. Cortesía: Kay Behrensmeyer

Cómo las huellas permiten reconstruir el comportamiento de nuestros antepasados

Las huellas fósiles poseen una virtud única frente a los restos óseos: congelan un momento preciso de la vida de un animal.

🗣️ «Lo especial de las huellas desde el punto de vista científico es que preservan un instante en el tiempo —afirma Kay Behrensmeyer, geóloga e investigadora del Smithsonian que descubrió el yacimiento original en 1978. Y añade—: Además, permiten que las personas se identifiquen mucho más fácilmente con estos fósiles que con un hueso o una mandíbula aislados».

La historia del descubrimiento comenzó casi por casualidad. Durante una campaña de excavación en 1978, varios investigadores kenianos estaban abriendo una zanja para estudiar las distintas capas geológicas cuando Behrensmeyer observó una profunda depresión redondeada en la roca. Era la huella de un hipopótamo.

Al retirar cuidadosamente el sedimento aparecieron dos pisadas de homínidos. Tras documentarlas, el lugar volvió a cubrirse con arena para protegerlo. Solo décadas más tarde, en las campañas de 2016 y 2023, los investigadores regresaron para ampliar la excavación y descubrieron que aquellas dos huellas formaban parte de un conjunto mucho mayor.

Hoy se sabe que GaJi10 conserva veintiúna huellas humanas, además de rastros de hipopótamos, antílopes y otros grandes mamíferos que compartían aquel ecosistema hace más de un millón de años.

Por qué caminaban juntos ocho machos adultos

Pero quizá la información más fascinante no sea el tamaño de sus pies, sino la composición del grupo.

Las huellas muestran que ocho individuos caminaban prácticamente al mismo tiempo y en la misma dirección, siguiendo la orilla del antiguo lago Turkana. El análisis indica que casi todos eran adultos y, probablemente, machos.

Para Neil Roach, investigador de la Universidad de Harvard y coautor del estudio, este patrón resulta muy revelador:

«El hecho de que ocho individuos de Paranthropus boisei, en su mayoría machos adultos, aparentemente viajaran juntos como grupo, sin hembras ni crías, apunta a una estructura social compleja en esta especie».

Y plantea una hipótesis sugerente sobre su comportamiento:

«Puede que vivieran en grupos numerosos en los que los machos competían por las parejas, pero que también se toleraban entre sí en determinados momentos por motivos de seguridad en un entorno peligroso».

Naturalmente, los investigadores insisten en que se trata de una interpretación basada en una instantánea muy concreta y no de una descripción completa de la conducta de toda la especie. Sin embargo, es una de las pocas ocasiones en que el registro fósil permite hacer inferencias sobre la organización social de unos homínidos extinguidos.

En efecto, no es la primera vez que unas huellas revolucionan nuestro conocimiento sobre la evolución humana. Las célebres huellas de Laetoli, descubiertas en Tanzania y con una antigüedad de 3,66 millones de años, demostraron que el Australopithecus afarensis, especie a la que pertenece la famosa Lucy, ya caminaba sobre dos piernas mucho antes de la aparición del género Homo. Casi cuatro millones de años después de aquellas pisadas fósiles o icnitas, las del lago Turkana aportan un tipo de información diferente: cómo era el cuerpo de Paranthropus boisei, cómo se desplazaba y, posiblemente, cómo se relacionaban entre sí los miembros de esta especie.

El paleoantropólogo Kevin Hatala examina junto a sus colegas la superficie del yacimiento GaJi10, en el norte de Kenia, donde se excavaron las huellas fosilizadas de Paranthropus boisei.

El paleoantropólogo Kevin Hatala examina junto a sus colegas la superficie del yacimiento GaJi10, en el norte de Kenia, donde se excavaron las huellas fosilizadas de Paranthropus boisei. Cortesía: Kay Behrensmeyer

La convivencia entre «Paranthropus boisei» y «Homo erectus»

Hace 1,43 millones de años, la región del lago Turkana era muy distinta de la actual. Sus orillas constituían un auténtico oasis frecuentado por elefantes, cocodrilos, hipopótamos, antílopes y numerosos herbívoros.

Y como ya hemos visto, también convivían allí al menos dos especies de homínidos.

Por un lado estaba el Paranthropus boisei, especializado en una dieta basada en vegetales duros y de anatomía robusta. Por otro, el Homo erectus, un homínido con un cerebro mayor, una tecnología lítica más sofisticada y considerado por muchos investigadores como uno de los principales candidatos a ancestro directo de nuestra especie.

El mismo equipo ya había demostrado en 2024, gracias a otro conjunto de huellas fósiles ligeramente más antiguo, que ambas especies utilizaron simultáneamente estos paisajes durante cientos de miles de años.

🗣️ «No podemos decir cómo interactuaban ambos homínidos en estas llanuras cenagosas, pero sabemos que los dos estaban aquí en la misma época», explica Behrensmeyer.

La coexistencia de dos especies de tamaño similar obliga a reconsiderar cómo compartían los recursos disponibles y qué estrategias ecológicas permitieron que ambas sobrevivieran durante tanto tiempo en el mismo entorno.

El lago Turkana, uno de los lugares clave para entender la evolución humana

El yacimiento GaJi10 no es un caso aislado.

En los últimos años, los investigadores han documentado cientos de huellas fósiles repartidas en más de media docena de enclaves situados a lo largo de la ribera oriental del lago Turkana. Todos ellos abarcan un periodo superior a 100.000 años.

Para Behrensmeyer, esta repetición difícilmente puede ser casual.

«Me parece asombroso que tengamos el mismo tipo de depósitos en dos zonas del Turkana Oriental separadas por 40 kilómetros y con aproximadamente la misma antigüedad», afirma.

La investigadora cree que comprender las condiciones geológicas que permitieron conservar estas huellas ayudará también a explicar por qué los homínidos regresaban una y otra vez a las orillas del lago.

«Si conseguimos entender qué condiciones geológicas permitieron preservar estas huellas, sabremos mucho más sobre por qué los homínidos siguieron regresando a este ambiente lacustre durante más de 100.000 años», sostiene Behrensmeyer.

Todo apunta a que estos márgenes del lago ofrecían agua permanente, alimento abundante y una elevada concentración de animales, lo que lo convirtió en un enclave estratégico para la supervivencia de distintas especies humanas.

Vista general del yacimiento GaJi10, en el norte de Kenia, donde se conservan huellas fosilizadas de Paranthropus boisei junto a rastros de hipopótamos, antílopes y otros animales.

Vista general del yacimiento GaJi10, en el norte de Kenia, donde se conservan huellas fosilizadas de Paranthropus boisei junto a rastros de hipopótamos, antílopes y otros animales. Cortesía: Kay Behrensmeyer

Un álbum fotográfico del pasado

Para Hatala, cada nuevo yacimiento representa una oportunidad excepcional para reconstruir la vida cotidiana de nuestros remotos parientes.

🗣️«Cada yacimiento representa una instantánea de nuestro pasado y estamos construyendo rápidamente un álbum fotográfico con distintas ventanas hacia la anatomía, la locomoción, el comportamiento y los ambientes de los homínidos durante el Pleistoceno Inferior», afirma este biólogo.

La comparación no es casual. A diferencia de un esqueleto, una superficie repleta de huellas fósiles permite observar quién caminaba junto a quién, la velocidad de desplazamiento, la dirección seguida e incluso aspectos de la interacción social.

Los investigadores regresarán este mismo año a Kenia para seguir excavando nuevos niveles fosilíferos con la esperanza de ampliar ese singular "álbum" de la evolución humana.

Qué significa este descubrimiento para la paleoantropología

Más allá del descubrimiento científico, el estudio vuelve a poner de relieve el valor excepcional de la cuenca del lago Turkana como uno de los lugares más importantes del planeta para comprender nuestros orígenes.

«El descubrimiento de estas huellas fósiles en las orillas del lago Turkana refuerza la importancia mundial de esta región para comprender la evolución humana, puesto que conserva pruebas extraordinarias de cómo vivían nuestros antiguos parientes hace 1,4 millones de años», destaca Purity Kiura, investigadora de los Museos Nacionales de Kenia.

En palabras de esta arqueóloga, «también fortalece la posición de Kenia como uno de los grandes paisajes paleoantropológicos del mundo y subraya nuestra responsabilidad de proteger este patrimonio irreemplazable».

Incluso para Behrensmeyer, que lleva trabajando en Turkana desde 1969 y fue quien descubrió las primeras huellas hace casi medio siglo, el alcance del hallazgo supera cualquier expectativa: «Nunca imaginé, cuando las encontramos en 1978, que acabarían formando un conjunto tan amplio y proporcionando una visión tan extensa sobre la ecología de estos homínidos».

Unas simples pisadas impresas sobre barro hace casi un millón y medio de años han terminado convirtiéndose en uno de los testimonios más vivos de nuestros antiguos parientes. No cuentan únicamente cómo eran sus pies, sino cómo caminaban, con quién compartían el camino y qué paisajes eligieron para vivir. En un registro fósil dominado por huesos aislados, estas huellas fósiles ofrecen algo mucho más raro: un breve pero extraordinario fragmento de la vida cotidiana de una humanidad desaparecida.▪️(28-julio-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • 21 huellas fósiles pertenecientes a ocho individuos de Paranthropus boisei fueron halladas en el norte de Kenia.
  • Los análisis indican que algunos alcanzaban 1,8 metros de altura y unos 75 kilos, un tamaño muy superior al estimado anteriormente.
  • Las pisadas muestran que varios machos adultos caminaban juntos, lo que apunta a una organización social compleja.
  • Las huellas tienen una antigüedad de 1,43 millones de años.
  • El descubrimiento confirma que Paranthropus boisei compartía el mismo hábitat con Homo erectus.
  • Los márgenes del lago Turkana fueron utilizados durante más de 100.000 años por distintas especies de homínidos.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Huellas y «Paranthropus boisei»

👣 ¿Qué descubrieron los científicos en el lago Turkana?

Descubrieron 21 huellas fósiles de ocho individuos de Paranthropus boiseicon una antigüedad de 1,43 millones de años.

👣 ¿Quién fue el Paranthropus boisei?

Fue una especie de homínido que vivió en África oriental y convivió con Homo erectus durante el Pleistoceno Inferior.

👣 ¿Qué es una icnita?

Es una huella, rastro o marca fosilizada dejada por un ser vivo, como una pisada, un surco o una madriguera, que conserva evidencias de su actividad o comportamiento en el pasado geológico.

👣 ¿Por qué son importantes estas huellas fósiles?

Porque permiten estudiar el comportamiento, el tamaño corporal y la organización social de una especie humana extinta.

👣 ¿Cuánto medían los Paranthropus boisei?

Las nuevas estimaciones indican que algunos individuos alcanzaban aproximadamente 1,8 metros de altura y unos 75 kilogramos de peso.

👣 ¿Dónde se encontraron las huellas?

En un antiguo margen del lago Turkana, en el norte de Kenia.

👣 ¿Convivían con Homo erectus?

Sí. Las evidencias indican que ambas especies utilizaron los mismos ambientes del lago Turkana durante cientos de miles de años.z

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