Un análisis de sangre predice cuándo aparecerán los síntomas de la ELA años antes del diagnóstico

¿Y si un simple análisis de sangre pudiera avisar con años de antelación de que una persona está a punto de desarrollar esclerosis lateral amiotrófica? Un estudio internacional demuestra que ese escenario está mucho más cerca de convertirse en realidad.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un panel de 19 proteínas presentes en una simple muestra de sangre permite anticipar la aparición de la ELA años antes de los primeros síntomas, un avance que podría facilitar el desarrollo de tratamientos preventivos cuando las neuronas motoras aún pueden protegerse. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

El gran enemigo de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) siempre ha sido el tiempo. Cuando aparecen los primeros síntomas, como debilidad muscular, dificultad para mover una mano y problemas al hablar, miles de neuronas motoras ya han iniciado un proceso irreversible de degeneración. Hasta ahora, la medicina solo podía actuar cuando la enfermedad, que solo en España afecta a más de 4.000 personas, ya estaba en marcha.

Sin embargo, esa situación podría empezar a cambiar. Un equipo internacional de investigadores acaba de identificar un conjunto de diecinueve proteínas presentes en la sangre capaz de estimar con una precisión inédita cuándo una persona con alto riesgo genético desarrollará los primeros síntomas de la ELA.

El trabajo, publicado en la revista Nature Medicine, representa uno de los avances más importantes hacia un objetivo que hasta hace poco parecía inalcanzable: prevenir la enfermedad antes de que aparezca.

La idea supone un cambio profundo de paradigma. En lugar de esperar a que el sistema nervioso muestre los primeros signos de deterioro, los médicos podrían identificar la fase silenciosa de la enfermedad y actuar justo en el momento en que las terapias tengan más posibilidades de proteger las neuronas motoras.

Qué ocurre en el organismo antes de que aparezcan los síntomas

La ELA es una enfermedad neurodegenerativa devastadora que destruye de forma lenta pero implacable las neuronas encargadas de controlar los movimientos voluntarios. A medida que estas células mueren, los músculos dejan de responder, lo que desata una pérdida creciente de movilidad, habla, deglución y, finalmente, respiración.

Lo que durante muchos años se desconocía es que ese proceso no comienza cuando aparecen los síntomas, sino años antes.

Al igual que sucede en enfermedades como el alzhéimer y el párkinson, los investigadores han comprobado que existe una larga fase presintomática, durante la cual ya se están produciendo cambios biológicos aunque la persona lleve una vida completamente normal.

El gran problema era que nadie sabía cómo identificar con precisión ese momento.

🗣️ «Si una persona portadora de una variante genética asociada a la ELA me hubiera preguntado hace unos años cuándo desarrollaría la enfermedad, me habría resultado muy difícil darle una respuesta razonable», reconoce Michael Benatar, neurólogo de la Universidad de Miami (Estados Unidos) y autor principal del estudio.

Ahora, asegura, la situación es muy distinta:

🗣️ «Estos biomarcadores nos ofrecen una idea mucho más precisa del momento en que aparecerán los síntomas, ya que nos permite estimarlo con un error medio de aproximadamente dieciocho meses. Es una precisión con la que ya podemos trabajar».

La detección precoz es uno de los grandes retos frente a la ELA. Nuevos biomarcadores en sangre podrían identificar el inicio de la enfermedad antes de que aparezcan los primeros síntomas, abriendo la puerta a tratamientos preventivos más eficaces.

La detección precoz es uno de los grandes retos frente a la ELA. Nuevos biomarcadores en sangre podrían identificar el inicio de la enfermedad antes de que aparezcan los primeros síntomas, abriendo la puerta a tratamientos preventivos más eficaces. Cortesía: MEDHOST Cloud Services

La clave del estudio: el seguimiento durante 20 años a personas sanas con alto riesgo

Uno de los aspectos más extraordinarios del trabajo es que no analiza pacientes ya diagnosticados, sino personas que todavía estaban sanas cuando comenzaron a ser seguidas.

Desde hace casi dos décadas, el proyecto Pre-fALS recluta voluntarios portadores de mutaciones genéticas que aumentan de forma considerable el riesgo de desarrollar ELA o demencia frontotemporal. Todos ellos se someten de forma periódica a exploraciones clínicas y análisis de sangre, incluso cuando no presentan ningún síntoma.

Gracias a ese seguimiento prolongado, los científicos han podido observar algo excepcional: qué ocurre en el organismo durante los años inmediatamente anteriores al inicio de la enfermedad.

En total, el nuevo trabajo analizó 516 muestras de plasma obtenidas de 137 participantes, entre ellos 33 personas que, durante el seguimiento, acabaron desarrollando la enfermedad. Esa circunstancia permitió comparar la evolución biológica antes y después de la llamada fenoconversión, el momento en que aparecen las primeras manifestaciones clínicas de la ELA.

Cuántas proteínas se analizaron

Para buscar señales tempranas de la ELA, los investigadores recurrieron a una potente tecnología de proteómica de alto rendimiento capaz de medir simultáneamente miles de proteínas presentes en una simple muestra de sangre.

El análisis escrutó inicialmente 5.440 proteínas, de las cuales 5.298 superaron todos los controles de calidad y pudieron incorporarse al estudio.

Los resultados sorprendieron incluso al propio equipo, ya que los investigadores identificaron 137 proteínas cuyas concentraciones diferían claramente entre las personas con ELA y los individuos sanos. Pero lo realmente relevante fue descubrir que 92 de ellas comenzaban a modificarse antes incluso de que aparecieran los primeros síntomas.

En otras palabras, el organismo empieza a dejar un rastro detectable mucho antes de que el paciente sea consciente de que algo va mal.

Algunas proteínas aumentan de manera progresiva durante años. Otras disminuyen conforme la enfermedad avanza. Ese comportamiento temporal ofrece una especie de calendario biológico que permite situar a cada persona dentro del proceso degenerativo.

Qué ha descubierto el nuevo estudio sobre la ELA

Hasta ahora, el principal candidato para detectar precozmente la ELA era el neurofilamento de cadena ligera (NfL), una proteína que se libera cuando las neuronas comienzan a sufrir daños.

Estudios anteriores ya habían demostrado que sus niveles aumentan poco antes de la aparición de los síntomas y que podía servir para identificar a las personas con mayor riesgo.

Sin embargo, el nuevo trabajo demuestra que el NfL cuenta solo una parte de la historia.

Los investigadores observaron que esta proteína experimenta un ascenso muy acusado durante los seis o doce meses previos al inicio clínico de la enfermedad, pero otras proteínas empiezan a alterarse varios años antes, lo que ofrece una ventana de observación mucho más amplia.

Entre ellas destacan proteínas como la CA3 y la EDA2R, cuyos niveles aumentan de manera progresiva mucho antes de que el deterioro neurológico sea evidente. En cambio, otras, como la ART3, siguen la trayectoria opuesta y disminuyen conforme se aproxima la enfermedad.

➡️ Este patrón sugiere que la ELA no depende de un único mecanismo biológico, sino de una compleja cascada de procesos que afectan al músculo, la inflamación, la matriz extracelular y la propia supervivencia neuronal.

Precisamente por eso, los investigadores concluyen que ningún biomarcador aislado puede describir adecuadamente toda la evolución de la enfermedad.

La resonancia magnética y la tractografía por tensor de difusión muestran el deterioro de las vías corticoespinales en un paciente con ELA.

La resonancia magnética y la tractografía por tensor de difusión muestran el deterioro de las vías corticoespinales en un paciente con ELA. La combinación de este tipo de imágenes médicas con nuevos biomarcadores en sangre podría transformar el diagnóstico precoz y la medicina preventiva. Cortesía: Jaime Toro, Saúl Reyes and Nicolás Useche

Cuál fue el papel de la IA en el estudio

Encontrar decenas de proteínas alteradas era solo el primer paso. El verdadero reto consistía en averiguar cuáles de ellas ofrecían información realmente útil para anticiparnos a la enfermedad.

Para resolverlo, los investigadores recurrieron a diferentes técnicas de aprendizaje automático (machine learning). Alimentaron varios modelos informáticos con los perfiles proteicos obtenidos a lo largo de años de seguimiento y les plantearon una pregunta muy concreta: ¿es posible predecir si una persona desarrollará síntomas en los próximos seis meses, uno, dos, tres o cinco años?

Tras comparar siete algoritmos distintos, el equipo comprobó que la respuesta era afirmativa.

El neurofilamento NfL más un panel de 19 proteínas

Los modelos más eficaces fueron capaces de discriminar con una precisión muy elevada qué personas estaban acercándose al momento de desarrollar la enfermedad. El sistema fue afinándose hasta seleccionar un panel de diecinueve proteínas que, trabajando conjuntamente, ofrecía la mayor capacidad predictiva para todos los intervalos temporales analizados.

Entre ellas figura el conocido neurofilamento de cadena ligera (NfL), pero también otras proteínas mucho menos estudiadas en la ELA, como la DUSP29, la CALCA, la EDA2R, la EPHA1, la NGRN y la MEGF10, que aportan información sobre distintos procesos biológicos implicados en la degeneración neuronal.

Los resultados fueron especialmente llamativos cuando los investigadores compararon el rendimiento del panel completo con el del neurofilamento utilizado de forma aislada.

Mientras que el NfL continúa siendo el mejor marcador individual, la combinación de las diecinueve proteínas ofrecía predicciones considerablemente más precisas para estimar cuándo aparecerían los síntomas, en especial cuando faltaban todavía varios años para el inicio clínico de la enfermedad. Solo durante los seis meses inmediatamente anteriores al debut de la ELA ambos métodos mostraban un rendimiento similar, ya que en esa fase el espectacular aumento del neurofilamento por sí solo resulta altamente informativo.

Acertar el calendario de la enfermedad

Uno de los aspectos más novedosos del estudio es que no se limita a indicar quién tiene mayor riesgo de desarrollar ELA. Así es, va un paso más allá.

El modelo también es capaz de estimar aproximadamente cuándo ocurrirá.

En conjunto, los investigadores lograron calcular el momento de aparición de los primeros síntomas con un error medio de unos 1,6 años, una precisión inédita para una enfermedad neurodegenerativa en fase presintomática.

Puede parecer un margen amplio, pero desde el punto de vista clínico supone un avance enorme.

En enfermedades para las que todavía no existe una cura, disponer de una ventana temporal aproximada permite decidir cuándo iniciar tratamientos experimentales, cuándo aumentar la vigilancia médica y cuándo incorporar a una persona a un ensayo clínico preventivo.

Precisamente esa es la gran utilidad práctica del descubrimiento.

Los avances en el diagnóstico precoz de la ELA buscan identificar la enfermedad antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Los avances en el diagnóstico precoz de la ELA buscan identificar la enfermedad antes de que aparezcan los primeros síntomas. Cortesía: Barrow Neurologycal Institute

Una validación más allá de los pacientes con riesgo genético

Los autores eran conscientes de que la cohorte Pre-fALS constituye un grupo muy especial, formado por personas con mutaciones hereditarias que predisponen a desarrollar la enfermedad.

Para comprobar que sus hallazgos no dependían en exclusiva de ese tipo de pacientes, recurrieron a una de las mayores bases de datos biomédicas del mundo: el UK Biobank, que reúne información clínica y biológica de cientos de miles de voluntarios.

Aunque el diseño de ambas cohortes era diferente y la validación presentaba algunas limitaciones reconocidas por los propios autores, los resultados apuntaron en la misma dirección.

Proteínas como la NEFL, la EDA2R y la CA3 también aumentaban antes del diagnóstico clínico, y, de nuevo, un panel de varios biomarcadores resultó claramente superior al uso exclusivo del neurofilamento NfL

Para los investigadores, esta coincidencia sugiere que los mecanismos biológicos identificados podrían extenderse más allá de las formas hereditarias de la enfermedad y tener relevancia también en un número mucho mayor de pacientes.

Qué significa este avance para los futuros tratamientos

La nueva investigación llega además en un momento especialmente oportuno.

En los últimos años han comenzado a desarrollarse terapias dirigidas contra algunas de las mutaciones genéticas responsables de la ELA. Entre ellas destaca el tofersén, (comercializado como Qalsody), un tratamiento aprobado para pacientes con determinadas mutaciones del gen SOD1 que en la actualidad está siendo evaluado como terapia preventiva en personas que todavía no presentan síntomas.

Ese ensayo clínico, denominado ATLAS y diseñado por el propio Benatar en colaboración con la compañía Biogen, intenta responder a una pregunta decisiva: ¿qué ocurriría si el tratamiento empezara antes de que las neuronas motoras comenzaran a morir de forma irreversible?

Hasta ahora, seleccionar el momento adecuado para iniciar esa intervención era extremadamente complicado.

Los nuevos biomarcadores podrían resolver precisamente ese problema.

🗣️ «Con la llegada de tratamientos preventivos dirigidos contra determinados genes existe una necesidad especialmente urgente de disponer de firmas biológicas fiables que indiquen la proximidad del inicio de la enfermedad en las personas portadoras de genes de riesgo», señala Amy Bany Adams, directora en funciones del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS), dependiente de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos.

Los próximos pasos antes de llegar a los hospitales

Los propios autores insisten en que todavía quedan pasos importantes antes de que este análisis pueda incorporarse a la práctica clínica. Será necesario validar el panel en poblaciones más amplias, confirmar su utilidad en distintos tipos de ELA y comprobar que realmente mejora la selección de pacientes para futuros tratamientos preventivos.

Pero el mensaje principal del estudio va mucho más allá de un simple avance técnico.

Durante décadas, la investigación sobre la ELA ha intentado frenar una enfermedad cuando el daño neuronal ya era irreversible. Este trabajo propone una estrategia completamente diferente: anticiparse al inicio del proceso degenerativo.

Un cambio de paradigma en la lucha contra la ELA

No se trata únicamente de disponer de un nuevo análisis de sangre. Se trata de cambiar el momento en que comienza la batalla contra la enfermedad.

Benatar resume ese cambio con una reflexión que refleja casi veinte años de trabajo siguiendo a personas que, aun sabiendo que tenían un elevado riesgo genético, aceptaron participar en el estudio con la esperanza de ayudar a futuras generaciones. «Todo esto —dice— ha sido posible gracias a los miembros de la comunidad de portadores de estas mutaciones, que creyeron en nuestra misión de prevenir la ELA y apoyaron esta investigación. Ha sido uno de los mayores privilegios de mi vida poder devolverles algo».

Quizá ese sea el auténtico alcance del estudio. Por primera vez, la ciencia dispone de herramientas que permiten mirar varios años por delante del diagnóstico. Y, en una enfermedad tan devastadora como la esclerosis lateral amiotrófica, ganar tiempo puede acabar significando mucho más que adelantar un diagnóstico: puede ser la diferencia entre tratar una enfermedad ya establecida o impedir que llegue siquiera a manifestarse.▪️27-julio-2026

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un análisis de sangre identifica 19 proteínas capaces de anticipar la aparición de la ELA.
  • El modelo predice el inicio de los síntomas con un error medio de 1,6 años.
  • Supera claramente al biomarcador actualmente utilizado, el neurofilamento ligero (NfL).
  • El hallazgo permitirá seleccionar mejor a los candidatos para ensayos preventivos.
  • Los resultados se han publicado en la revista científica Nature Medicine.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: ELA y Diagnóstico Precoz

🧠 ¿Puede un análisis de sangre detectar la ELA antes de los síntomas?

Todavía no forma parte de la práctica clínica, pero este estudio demuestra que un panel de proteínas en sangre puede anticipar la aparición de los síntomas en personas con alto riesgo genético.

🧠 ¿Qué proteínas permiten predecir la ELA?

Los investigadores identificaron un panel de 19 proteínas, entre ellas el neurofilamento ligero (NfL), DUSP29, CALCA, EDA2R y NGRN, cuya combinación ofrece la mejor capacidad predictiva.

🧠 ¿Qué precisión tiene el nuevo método?

El modelo estima el momento de aparición de los síntomas con un error medio aproximado de 1,6 años, una precisión sin precedentes para esta enfermedad.

🧠 ¿Servirá para cualquier paciente?

Todavía no. El estudio se ha realizado principalmente en personas portadoras de mutaciones genéticas asociadas a la ELA. Será necesario validar los resultados en poblaciones más amplias.

🧠 ¿Permitirá prevenir la ELA?

Aún es pronto para afirmarlo, pero disponer de biomarcadores que indiquen cuándo está a punto de comenzar la enfermedad permitirá iniciar antes tratamientos preventivos y mejorar el diseño de ensayos clínicos.

  • Información facilitada por los NIH

  • Fuente: Ran, X., Wuu, J., Qin, Z.S. et al.Longitudinal plasma proteomics predict phenoconversion to clinically manifest ALS.Nature Medicine (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41591-026-04528-x

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