Ictus y cerebro: el sorprendente «rejuvenecimiento» cerebral que podría mejorar la recuperación

Tras padecer un ictus, el cerebro no solo sufre: también se adapta y, en algunos casos, parece volverse más joven. Estamos ante un descubrimiento inesperado que podría abrir nuevas vías para entender —y mejorar— la recuperación neurológica en los accidentes cerebrovasculares.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El uso de resonancias magnéticas rápidas en urgencias podría reducir la estancia hospitalaria y los costes en pacientes con sospecha de ictus, aunque los resultados aún son preliminares, según un estudio publicado en The Neuroradiology Journal.

El uso de resonancias magnéticas rápidas en urgencias podría reducir la estancia hospitalaria y los costes en pacientes con sospecha de ictus, aunque los resultados aún son preliminares, según un estudio publicado en The Neuroradiology Journal. Cortesía: Medical Dialogues

El cerebro humano, lejos de ser una estructura rígida y condenada a deteriorarse tras padecer una lesión grave, parece esconder una capacidad inesperada de rejuvenecimiento.

Esta es, al menos, la sugerente conclusión de un ambicioso estudio internacional liderado por la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos, y enmarcado en el consorcio ENIGMA, que ha analizado a cientos de pacientes que han sufrido un ictus con el objetivo de comprender la estructura, la función y las enfermedades del cerebro, basándose en imágenes cerebrales y datos genético.

Su hallazgo más llamativo es que en los casos más graves de infarto cerebral algunas regiones de la sesera que han salido indemnes muestran señales de juventud biológica, como si intentaran compensar el daño.

Publicado en la revista The Lancet Digital Health, el estudio propone una nueva forma de entender la recuperación tras un ictus, una interrupción brusca del flujo de sangre al cerebro, ya sea por un bloqueo o una hemorragia, que provoca un daño neurológico y puede afectar al movimiento, el habla o la memoria.

Qué es la «edad cerebral» y por qué importa

No se trata solo de reparar lo que se rompe, sino de reorganizar el conjunto del sistema nervioso. Y, en ese proceso, algunas zonas parecen retroceder en su edad neurológica, un fenómeno que los investigadores interpretan como una forma de neuroplasticidad adaptativa.

De un tiempo para acá, los neurocientíficos llevan observando que nuestro encéfalo experimenta cambios estructurales tras ser víctima de un ictus: pérdida de volumen, alteraciones en las conexiones neuronales y deterioro de funciones motoras. En general, estos procesos se asocian a un envejecimiento acelerado del tejido cerebral. Pero el nuevo estudio introduce un matiz inesperado.

El equipo de expertos, dirigidos por la doctora Sook-Lei Liew y el doctor Hosung Kim, del Instituto de Neuroimagen e Informática Mark y Mary Stevens, en la Universidad del Sur de California, analizó los datos clínicos de 501 pacientes que sobrevivieron a un ictus crónico —en concreto, durante más de seis meses después del episodio, procedentes de 34 cohortes en ocho países.

Para interpretar las imágenes cerebrales, los investigadores entrenaron a un modelo de inteligencia artificial (IA) con casi 18.000 cerebros sanos del citado biobanco británico. Así pudieron estimar la edad cerebral de distintas regiones encefálicas, y la compararon con la edad real —la del DNI— de cada persona.

El resultado es una medida llamada edad cerebral o PAD (brain predicted age difference), que indica si una zona del cerebro parece más vieja o más joven de lo esperado. Y ahí surgió la paradoja: mientras las regiones dañadas por el ictus mostraban un envejecimiento acelerado, las áreas del hemisferio contrario —el llamado hemisferio contralesional— parecían más jóvenes.

🗣️ «Hemos decuboerto que los ictus más grandes aceleran el envejecimiento en el hemisferio dañado, pero paradójicamente hacen que el lado opuesto del cerebro parezca más joven» explica Kim. Y añade—: Este patrón sugiere que el cerebro podría estar reorganizándose, esencialmente rejuveneciendo las redes no dañadas para compensar la pérdida de función».

Una paciente se somete a una resonancia magnética cerebral, una técnica clave para detectar lesiones tras un ictus y analizar los cambios estructurales del cerebro.

Una paciente se somete a una resonancia magnética cerebral, una técnica clave para detectar lesiones tras un ictus y analizar los cambios estructurales del cerebro. Cortesía: American Stroke Association

El hallazgo clave: un cerebro que rejuvenece para compensar

El descubrimiento más intrigante apareció cuando se relacionaron estos cambios con la gravedad del déficit motor. Los pacientes con mayor deterioro, esto es, aquellos que habían perdido más capacidad de movimiento, son precisamente los que presentan un cerebro contralesional más joven.

En concreto, el estudio muestra que un mayor daño en la vía corticoespinal, clave para el control del movimiento, se asocia con peores resultados motores. Pero, al mismo tiempo, estos pacientes exhiben una disminución de la edad cerebral en el hemisferio intacto.

Lejos de ser contradictorio, este fenómeno apunta a un mecanismo compensatorio. Es como si el cerebro sano tratara de asumir funciones que antes correspondían a las áreas dañadas. Ese rejuvenecimiento podría reflejar una reorganización estructural y funcional para sostener, en la medida de lo posible, la capacidad motora.

👉 Los autores lo resumen así: el deterioro motor grave no solo es consecuencia del daño, sino también un motor de cambio en el resto del cerebro.

Redes cerebrales en acción

Los neurocientíficos no se limitaron a observar regiones aisladas del encéfalo, sino que analizaron redes cerebrales completas. Entre ellas, destacan dos por su papel en la recuperación neurológica:

✅ La red frontoparietal, que está implicada en funciones ejecutivas y control cognitivo.

✅ La red de saliencia, actúa como un sistema de alerta que coordina la atención y la respuesta a estímulos relevantes.

El estado de estas redes, tanto su daño como su edad cerebral, resulta ser clave para predecir la recuperación tras un ictus, según los datos de la investigación.

De hecho, entre todos los factores analizados, tres destacan como los mejores predictores del pronóstico:

1️⃣ El daño en la vía corticoespinal.

2️⃣ El daño en la red de saliencia.

3️⃣ La edad cerebral de la red frontoparietal en el hemisferio sano.

Lo más llamativo de todo esto es que, entre los veinte factores más relevantes, ocho corresponden a regiones contralesionales con apariencia más joven, y ninguno a regiones dañadas. Es decir, la clave de la recuperación podría estar más en lo que el cerebro intacto es capaz de hacer que en lo que se ha perdido.

Neuroplasticidad, la clave de la recuperación

Tradicionalmente, la rehabilitación tras un ictus se ha centrado en las zonas afectadas. Pero este estudio refuerza una idea que gana terreno en neurociencia: el cerebro funciona como un sistema distribuido, y la recuperación depende de su capacidad global de reorganización.

En este sentido, el rejuvenecimiento observado no implica que el tejido vuelva literalmente a un estado joven, sino que adopta características estructurales asociadas a cerebros más sanos o menos deteriorados. Es una forma indirecta de medir la plasticidad cerebral, esto es, la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones y funciones, adaptándose a cambios, aprendizajes o lesiones.

Liew, Kim y sus colegas sugieren que este fenómeno podría deberse a varios mecanismos:

✅ Uno de ellos es el mayor uso del lado no afectado del cuerpo, que estimularía las regiones cerebrales correspondientes.

✅ Otro sería la activación de circuitos alternativos a través del cuerpo calloso, que conecta ambos hemisferios.

✅ También cabe la posibilidad de que el cerebro reclute redes más amplias para compensar la pérdida de funciones específicas, una estrategia que ya se ha observado en estudios de resonancia funcional.

🗣️ «Estos hallazgos sugieren que, cuando el daño causado por un ictus provoca una mayor pérdida de movimiento, las regiones no dañadas del lado opuesto del cerebro pueden adaptarse para ayudar a compensarlo —señala Kim. Y añade—: Lo observamos en la red frontoparietal contralesional, que mostró un patrón más juvenil y se sabe que participa en la planificación del movimiento, la atención y la coordinación. Más que indicar una recuperación completa, este patrón podría reflejar el intento del cerebro de ajustarse cuando el sistema motor dañado ya no funciona con normalidad. Esto nos ofrece una nueva forma de entender la neuroplasticidad que las técnicas de imagen tradicionales no podían captar».

Tras un ictus, el daño en el tejido cerebral (rojo) a lo largo de una vía motora clave (amarillo) se asocia con un envejecimiento acelerado en el hemisferio afectado, mientras que áreas del lado opuesto pueden mostrar un aspecto relativamente más joven (azul) como mecanismo de compensación; este patrón se relaciona con mayor deterioro motor y menor recuperación. Cortesía: Stevens INI

Implicaciones para la rehabilitación neurológica

Más allá de su interés teórico, los resultados tienen implicaciones para la práctica clínica. Si la edad cerebral regional refleja la capacidad de recuperación, esta podría convertirse en un biomarcador útil para diseñar terapias personalizadas.

Por ejemplo, identificar qué redes están más implicadas en cada paciente permitiría orientar la rehabilitación neurológica hacia ejercicios o intervenciones que potencien esas áreas. También podría ayudar a determinar qué pacientes atesoran más probabilidades de mejorar y en qué plazos.

El estudio apunta, además, a la posibilidad de intervenir directamente sobre estas redes mediante técnicas como la estimulación cerebral no invasiva o programas de entrenamiento cognitivo y motor específicos.

Sin embargo, los autores del trabajo advierten de que aún queda camino por recorrer. El trabajo es de tipo observacional y se centra en pacientes en fase crónica, por lo que no permite establecer relaciones causales definitivas ni seguir la evolución desde el momento del ictus.

Las limitaciones de mirar una foto fija

Una de las principales limitaciones del estudio es su carácter transversal: analiza el cerebro en un momento concreto, pero no sigue su evolución a lo largo del tiempo. Esto impide saber cuándo empieza exactamente el rejuvenecimiento y cuánto dura.

Tampoco está claro si este fenómeno es siempre beneficioso o si, en algunos casos, podría reflejar adaptaciones menos eficientes. Además, el análisis se centra en la corteza cerebral y no incluye estructuras subcorticales, que también desempeñan un papel importante en el control motor.

Aun así, la magnitud de la muestra y la sofisticación de los métodos —incluido el uso de inteligencia artificial y redes neuronales— convierten el estudio de The Lancet en una de las aproximaciones más completas hasta la fecha al problema de la recuperación tras un ictus.

🗣️ «Al combinar datos de cientos de supervivientes de ictus en todo el mundo y aplicar inteligencia artificial de última generación, podemos detectar patrones sutiles de reorganización cerebral que pasarían desapercibidos en estudios más pequeños”, afirma Arthur W. Toga, director del Stevens Neuroimaging and Informatics Institute. Y continúa—: Estos hallazgos sobre el envejecimiento diferencial del cerebro en el ictus crónico podrían, en el futuro, guiar estrategias de rehabilitación personalizadas».

Un cambio de paradigma en neurociencia

En última instancia, el nuevo trabajo contribuye a un cambio de paradigma en la neurología. Frente a la visión clásica de un cerebro que pierde funciones de forma irreversible, emerge la imagen de un órgano dinámico, capaz de reorganizarse incluso en condiciones adversas.

El ictus, una de las principales causas de discapacidad en el mundo (en España, cada año se producen unos 90.000 nuevos casos de ictus y más de 23.000 fallecimientos, según la Sociedad Española de Neurología o SEN), deja de ser solo una historia de pérdida para convertirse también en una historia de adaptación. Y en esa adaptación, el cerebro no solo intenta reparar el daño, sino reinventarse.

La idea de que algunas regiones puedan rejuvenecer en respuesta a una lesión abre nuevas preguntas: ¿hasta qué punto puede el cerebro revertir el envejecimiento funcional? ¿Es posible potenciar este proceso con terapias dirigidas? ¿Podría aplicarse este conocimiento a otras enfermedades neurológicas?

Por ahora, el estudio ofrece una pista poderosa: incluso en los casos más graves, el cerebro guarda reservas de plasticidad cerebral que la ciencia apenas empieza a comprender. Y en esa capacidad de cambio podría estar la clave para mejorar la vida de millones de personas que sobreviven a un ictus.▪️(28-marzo-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Ictus y Rejuvenecimiento Cerebral

🧠 ¿Qué es un ictus?

Es una interrupción brusca del flujo de sangre al cerebro, ya sea por un bloqueo o una hemorragia, que provoca daño cerebral y puede afectar al movimiento, el habla o la memoria.

🧠 ¿Puede el cerebro recuperarse tras sufrir un ictus?

Sí. Gracias a la neuroplasticidad, el cerebro puede reorganizarse y compensar funciones perdidas, especialmente con rehabilitación adecuada.

🧠 ¿Qué significa que el cerebro parezca más joven?

Significa que ciertas regiones muestran características estructurales asociadas a mejor estado o mayor eficiencia, lo que puede indicar adaptación.

🧠 ¿La edad cerebral puede predecir la recuperación?

Sí. Este estudio sugiere que la edad cerebral regional es un indicador clave del pronóstico motor.

🧠 ¿Se puede mejorar la recuperación tras un ictus?

Sí. La rehabilitación, la estimulación cerebral y el entrenamiento motor pueden potenciar la reorganización cerebral.

🧠 ¿El ictus se puede prevenir?

Sí, un 90% de los ictus podrían prevenirse con hábitos de vida saludables y control de los factores de riesgo vascular, según la SEN.

  • Información facilitada por la Keck School of Medicine of USC

  • Fuente: Park G, Khan M, Andrushko J et al. Associations between contralesional neuroplasticity and motor impairment through deep learning-derived MRI regional brain age in chronic stroke (ENIGMA): a multicohort, retrospective, observational study. The Lancet Digital Health (2026). DOI: 10.1016/j.landig.2025.100942 

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