La deforestación está secando la Amazonia más rápido de lo previsto, según un estudio científico

Un análisis de cuatro décadas de datos satelitales demuestra que la pérdida de selva explica hasta el 72% de la reducción de las lluvias en el sur del Amazonas y que los modelos climáticos subestiman el riesgo de un colapso ecológico en este pulmón del planeta.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La selva amazónica no solo pierde árboles: está perdiendo su capacidad de hacer llover. Un nuevo estudio científico revela que la deforestación está secando el sur del Amazonas mucho más rápido de lo que preveían los modelos climáticos.

La selva amazónica no solo pierde árboles: está perdiendo su capacidad de hacer llover. Un nuevo estudio científico revela que la deforestación está secando el sur del Amazonas mucho más rápido de lo que preveían los modelos climáticos. Foto de PROJETO CAFÉ GATO-MOURISCO en Unsplash‍ ‍

La Amazonia ha sido descrita en el imaginario popular como una gigantesca fábrica de lluvia. Cada árbol, cada hoja, contribuye a bombear vapor de agua a la atmósfera y a mantener un delicado sistema de reciclaje de humedad que sostiene las precipitaciones no solo sobre la propia selva amazónica, sino sobre amplias regiones de Sudamérica.

Sin embargo, esa maquinaria climática se está averiando. Y lo está haciendo mucho más rápido de lo que los modelos climáticos habían anticipado.

Un nuevo estudio científico publicado en la revista Nature Communications aporta la evidencia más sólida hasta ahora de que la deforestación histórica está secando el sur de la Amazonia de forma acelerada. Según los autores del informe, entre 1980 y 2019 las precipitaciones anuales en esta región han disminuido entre un 8% y un 11%, una caída que no puede explicarse únicamente por la variabilidad climática o por el calentamiento global.

Más de la mitad de ese descenso —entre el 52% y el 72%— está directamente relacionado con la pérdida de masa forestal, tanto local como en regiones situadas a cientos o miles de kilómetros desde donde procede la humedad atmosférica.

El hallazgo es inquietante no solo por su magnitud, sino porque sugiere que la Amazonia se aproxima a un punto crítico de no retorno antes de lo previsto.

👉 «Los modelos climáticos están subestimando la sensibilidad de la lluvia a la deforestación», advierten los investigadores. En otras palabras: al talar árboles, estamos apagando la lluvia más deprisa de lo que creíamos.

Un Amazonas que se parte en dos

El estudio, liderado por científicos de China, Reino Unido y Alemania, analiza cuatro décadas de observaciones satelitales de precipitación y evapotranspiración, combinadas con un sofisticado modelo de seguimiento de la humedad atmosférica. El resultado es un mapa claro y preocupante: mientras el norte de la cuenca amazónica ha experimentado un ligero aumento de las lluvias, el sur se está secando de manera sistemática.

Este contraste norte-sur no es nuevo, pero ahora se cuantifica con una precisión inédita. En el sur de la Amazonia —una región que incluye amplias zonas de Brasil, Bolivia y Perú— la lluvia ha disminuido a un ritmo de entre 3,9 y 5,4 milímetros por año. Puede parecer poco, pero acumulado durante cuarenta años equivale a una pérdida masiva de agua comparable a la de las grandes sequías históricas.

Lo más relevante es que esta tendencia no se explica principalmente por cambios en la humedad oceánica. El informe demuestra que la mayor parte del descenso de las precipitaciones se debe a la reducción de la llamada lluvia reciclada: la que se origina a partir del vapor de agua que liberan los propios bosques.

Cuando los árboles hacen llover

La selva amazónica no es solo un conjunto de árboles: es un sistema climático activo. A través de la evapotranspiración —el proceso por el cual las plantas liberan agua a la atmósfera—, los bosques tropicales alimentan las nubes que luego devuelven la lluvia al territorio. Parte de ese vapor puede viajar largas distancias antes de precipitar, creando de este modo auténticos ríos voladores que conectan regiones enteras del continente.

Al talar la selva, este circuito se debilita. Menos árboles significan menos evapotranspiración, una atmósfera más seca y estable, y una mayor probabilidad de que la humedad disponible sea transportada fuera de la cuenca amazónica en lugar de transformarse en lluvia local.

El estudio cuantifica por primera vez este efecto de forma integral. Para ello, los investigadores desarrollaron un indicador denominado cobertura forestal ponderada, que tiene en cuenta no solo la deforestación local, sino también la pérdida de bosque en las regiones situadas a barlovento, es decir, aquellas desde las que procede la humedad atmosférica.

El resultado es contundente: por cada punto porcentual de pérdida de cobertura forestal, la precipitación anual en el sur de la Amazonia se reduce en unos 11,6 milímetros. Traducido a cifras globales, la deforestación explica hasta tres cuartas partes del descenso observado de las lluvias en esta región.

Las imágenes de satélite permiten seguir con precisión la evolución de la deforestación en la Amazonia y su impacto sobre el clima regional.

Las imágenes de satélite permiten seguir con precisión la evolución de la deforestación en la Amazonia y su impacto sobre el clima regional, gracias a datos de la NASA, el Servicio Geológico de Estados Unidos y universidades, fundamentales para medir la pérdida de bosque y sus efectos sobre las lluvias. Cortesía: NASA

Un efecto dominó atmosférico

La pérdida de árboles no solo reduce la cantidad de vapor de agua disponible. También altera la dinámica atmosférica. El estudio detecta una disminución significativa de la energía convectiva, esto es, la energía disponible en la atmósfera para que el aire cálido y húmedo ascienda, forme nubes y produzca lluvia, así como un aumento de la distancia que recorre la humedad antes de precipitar.

En la práctica, esto significa que la Amazonia está perdiendo eficiencia para generar su propia lluvia. El vapor de agua viaja más lejos, se escapa del sistema y acaba lloviendo en otros lugares, o no llueve en absoluto. Es un proceso silencioso, pero profundamente transformador.

Paradójicamente, algunas regiones situadas al sur del Amazonas muestran una ligera compensación de este efecto, al recibir parte de esa humedad exportada. Pero ese trasvase no salva a la selva amazónica: simplemente redistribuye el problema.

Modelos climáticos demasiado optimistas

Uno de los aspectos más alarmantes del estudio es la comparación con los modelos climáticos utilizados de forma habitual para proyectar el futuro del Amazonas. Según los autores, estos modelos subestiman hasta en un 50% el impacto real de la deforestación sobre las precipitaciones.

La razón es técnica pero crucial: muchos modelos climáticos no representan adecuadamente el papel de la transpiración vegetal, ni capturan bien los efectos no lineales de la pérdida de bosque sobre la atmósfera. El resultado es una imagen excesivamente optimista de la resiliencia climática del sistema amazónico.

Este sesgo tiene consecuencias directas. Si la lluvia disminuye más rápido de lo previsto, el riesgo de que grandes extensiones de selva tropical crucen un umbral crítico —y se transformen en sabanas degradadas— aumenta de forma significativa. Y una vez cruzado ese umbral, la recuperación puede ser imposible a escala humana.

Mientras el norte del Amazonas registra un leve aumento de las lluvias, a pesar de la tala de árboles —arriba— el sur —como esta zona deforestada de Brasil, Bolivia y Perú— pierde precipitaciones de forma sostenida.

El contraste climático de la Amazonia se acentúa: mientras el norte registra un leve aumento de las lluvias, a pesar de la tala de árboles —arriba— el sur —como esta zona deforestada de Brasil, Bolivia y Perú— pierde precipitaciones de forma sostenida, hasta el equivalente a una gran sequía acumulada en cuatro décadas. Cortesía: Daniel Beltrá / Greenpeace

Un futuro aún abierto

El estudio también mira hacia adelante. Utilizando escenarios de uso del suelo para el siglo XXI, los investigadores estiman que, si la deforestación continúa al ritmo actual, las precipitaciones en el sur de la Amazonia podrían reducirse hasta un 15% adicional antes de 2100. En algunos escenarios, la pérdida de lluvia asociada a la deforestación supera incluso a la provocada directamente por el cambio climático.

La buena noticia es que el proceso es, al menos en parte, reversible. Los escenarios que incluyen políticas de conservación forestal, reforestación y regeneración natural muestran una reducción mucho menor de las precipitaciones. En algunos casos, la recuperación del bosque amazónico podría amortiguar los efectos del calentamiento global y reforzar la resistencia de la Amazonia frente a sequías e incendios forestales.

👉 «El destino de la selva amazónica no está escrito», concluyen los autores. Pero el margen de maniobra se estrecha.

La lluvia como señal de alarma

Más allá de los números, el estudio lanza un mensaje claro: la deforestación no es solo una amenaza para la biodiversidad o el carbono almacenado en los árboles. Es un ataque directo al sistema climático que mantiene viva a la Amazonia.

Medir y vigilar la pérdida de lluvia podría convertirse en una de las señales de alerta temprana más fiables de que la selva amazónica se acerca a un punto de no retorno. Y actuar sobre la deforestación —detenerla, revertirla— no es solo una cuestión ecológica, sino una estrategia climática de primer orden.

La Amazonia, ese gigantesco motor de humedad, sigue funcionando. Pero cada árbol talado es una pieza menos en el engranaje. Y el estudio científico demuestra que el sistema empieza a chirriar mucho antes de pararse del todo.▪️(29-enero-2026)

  • Fuente: Cui, J., Piao, S., Huntingford, C. et al. Historical deforestation drives strong rainfall decline across the southern Amazon basin. Nature Communications (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-026-68361-z

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