La «era de los peces» comenzó con una extinción masiva: así cambió la evolución de los vertebrados
Hace la friolera de 445 millones de años, una glaciación global arrasó los océanos y eliminó la mayor parte de la vida marina. Lejos de frenar la evolución, aquella extinción sentó las bases de la era de los peces y del dominio de los vertebrados con mandíbulas.
Por Enrique Coperías, divulgador científico
Una pareja de Sacabambaspis, peces sin mandíbulas de unos 35 centímetros de longitud, con ojos frontales y cabeza acorazada. Este grupo desapareció tras la extinción masiva del Ordovícico tardío. Ilustración: Nobu Tamura.
Si ojeas un libro de texto te encontrarás con que la historia evolutiva de los vertebrados está narrada como un relato de progreso gradual. Primero aparecieron los peces sin mandíbulas, luego surgieron las mandíbulas, después los grandes depredadores marinos y, finalmente, la explosión de diversidad que convirtió al Devónico en la célebre «era de los peces».
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revistaScience Advances propone una revisión profunda de ese relato: el gran auge de los vertebrados no comenzó con una expansión tranquila, sino tras una mortandad masiva provocada por una de las mayores crisis climáticas de la historia de la Tierra.
La investigación, liderada por el paleontólogo Wahei Hagiwara y la bióloga evolucionista Lauren Sallan, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST), en Japón, sostiene que la extinción masiva del Ordovícico tardío, que ocurrió hace unos 445 millones de años, fue el detonante que permitió la diversificación temprana de los vertebrados con mandíbulas y de sus parientes vertebrados sin mandíbulas.
En otras palabras, la llamada Era de los Peces no nació de la abundancia, sino del colapso ecológico.
🗣️ «Hemos demostrado que los peces con mandíbulas solo llegaron a ser dominantes porque este evento tuvo lugar —explica la profesora Sallan, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST). Y añade—: En un sentido fundamental, hemos matizado nuestra comprensión de la evolución al trazar una línea clara entre el registro fósil, la ecología y la biogeografía».
Un misterio de cien millones de años
Los vertebrados —un subfilo muy diverso de cordados que comprende a los animales con espina dorsal o columna vertebral, compuesta de vértebras— surgieron en el Cámbrico, hace más de 520 millones de años, en los mismos mares donde florecieron los trilobites, las esponjas y otros animales primitivos.
Sin embargo, durante casi cien millones de años, los fósiles de peces con mandíbulas son escasos, bastante fragmentados y muy localizados. Este vacío, conocido como la brecha de los gnatostomados, ha sido tradicionalmente atribuido a una mala conservación de los fósiles o a un muestreo insuficiente. Recordemos que los gnatostomados son los vertebrados que tienen mandíbulas articuladas; incluyen a los peces con mandíbulas y a todos los vertebrados terrestres, desde los anfibios hasta los mamíferos.
El nuevo estudio cuestiona esta explicación. «Si fuera solo un problema de registro fósil, no se entiende por qué otros organismos con esqueletos igualmente delicados, como los conodontos aparecen en abundancia en esos mismos sedimentos», explican los autores. Los conodontos —vertebrados primitivos, parecidos a anguilas y dotados de diminutos elementos dentales— dominaban los océanos del Ordovícico. Su presencia masiva contrasta con la rareza de otros vertebrados móviles, lo que apunta a una causa ecológica real y no solo a una laguna del registro.
El día que los océanos se congelaron
La clave del asunto está en la extinción masiva del Ordovícico tardío, una de las cinco grandes extinciones del planeta. Provocada por un brusco enfriamiento global, la formación de enormes capas de hielo en el polo sur y cambios radicales en el nivel del mar y la química oceánica, esta extinción eliminó a cerca del 85% de las especies marinas.
🗣️ «Aunque no conocemos las causas últimas de la extinción masiva del Ordovícico tardío, sí sabemos que hubo un antes y un después muy claros. El registro fósil lo muestra», subraya Sallan.
El estudio muestra que este evento devastó especialmente a los conodontos y a otros depredadores pelágicos que dominaban los ecosistemas marinos. Con ellos desaparecieron los inquilinos históricos de los océanos, y dejaron nichos ecológicos vacíos. Según Hagiwara y Sallan, esta liberación ecológica fue el punto de partida para una reorganización profunda de los vertebrados.
Una nueva base de datos fósil ofrece una visión inédita de los primeros ecosistemas de vertebrados y muestra cómo las extinciones masivas fueron motores clave de la diversificación evolutiva. Sobre estas líneas, ejemplares de Sacabambaspis. Cortesía: © Kaori Serakaki (OIST)
Una base de datos sin precedentes
Para llegar a estas conclusiones, los dos investigadores han construido la base de datos fósil más completa hasta la fecha sobre vertebrados del Paleozoico temprano. Han analizado más de 1.500 registros fósiles del Ordovícico y Silúrico, correspondientes a 449 especies, y los han comparado con miles de registros de conodontos extraídos de bases de datos internacionales.
🗣️ «Hemos reunido doscientos años de paleontología del Ordovícico tardío y del Silúrico temprano, creando una nueva base de datos del registro fósil que nos permitió reconstruir los ecosistemas de los refugios», explica Hagiwara.
Este enfoque ha permitido reconstruir, con una resolución inédita, cómo cambiaron la diversidad, la distribución geográfica y la composición ecológica de los vertebrados antes y después de la extinción. El resultado es un patrón claro: tras el colapso del Ordovícico, la diversidad global cayó a mínimos durante millones de años, un periodo casi vacío conocido como el intervalo de Talimaa, comparable a la famosa brecha de Romer que siguió a la extinción del Devónico y que se caracteriza por una laguna de fósiles al inicio del Carboníero.
El renacer desde los refugios
Lejos de una recuperación rápida, el renacimiento de los vertebrados fue lento y desigual. Durante el Silúrico temprano, la biodiversidad siguió siendo baja, pero comenzaron a aparecer faunas nuevas, pequeñas y muy distintas entre sí. Estas comunidades surgieron en refugios geográficos aislados, regiones que escaparon parcialmente a los efectos más extremos de la glaciación.
🗣️ «Esta es la primera vez que hemos podido examinar cuantitativamente la biogeografía antes y después de un evento de extinción masiva —señala Sallan. Y continúa—: Hemos podido seguir el movimiento de las especies por todo el planeta, y así identificar refugios evolutivos que ahora sabemos que desempeñaron un papel clave en la posterior diversificación de los vertebrados».
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es el papel del sur de China como refugio evolutivo. Allí aparecen los primeros fósiles inequívocos de vertebrados con mandíbulas, junto con una diversidad inesperada de formas tempranas. Estas faunas eran endémicas, es decir, no se encontraban en otros continentes, lo que indica que la evolución de los peces con mandíbulas ocurrió de forma paralela y aislada en distintos rincones del planeta.
🗣️ «Por ejemplo, en lo que hoy es el sur de China vemos los primeros fósiles completos de peces con mandíbulas directamente relacionados con los tiburones modernos —dice Hagiwara—. Estos animales permanecieron concentrados en refugios estables durante millones de años, hasta que evolucionaron la capacidad de cruzar el océano abierto y colonizar otros ecosistemas».
Mientras tanto, otras regiones, como Gondwana —el supercontinente que incluía gran parte del hemisferio sur—, permanecieron casi desiertas de vertebrados durante más de diez millones de años. No fue una falta de exploración: incluso en zonas bien estudiadas, como Australia, los fósiles brillan por su ausencia durante ese intervalo.
Mandíbulas tardías, pero decisivas
Aunque las mandíbulas surgieron probablemente antes de la extinción, el estudio demuestra que su éxito ecológico fue posterior al desastre. Durante gran parte del Silúrico, los vertebrados sin mandíbulas siguieron dominando los mares, mientras que los peces con mandíbulas permanecieron restringidos geográficamente.
«¿Evolucionaron las mandíbulas para crear un nuevo nicho ecológico, o nuestros antepasados ocuparon primero un nicho ya existente y después se diversificaron? —plantea Sallan—. Nuestro estudio apunta claramente a lo segundo».
Solo hacia el final del Silúrico, cuando los continentes comenzaron a conectarse y los mares poco profundos se expandieron, los vertebrados con mandíbulas empezaron a dispersarse y diversificarse de manera más amplia. Esta expansión sentó las bases de la explosión evolutiva del Devónico, cuando aparecieron los grandes depredadores, los primeros peces óseos modernos y, eventualmente, los ancestros de los vertebrados terrestres.
Un conodonto Promissum, de entre 5 y 50 centímetros de longitud, conocido por sus característicos dientes cónicos y considerado un posible antepasado de las actuales lampreas y mixinos. Cortsía: 3D Dinopedia
La extinción como motor creativo
El trabajo encaja con una idea cada vez más aceptada en paleontología: las grandes innovaciones evolutivas no siempre surgen en tiempos de estabilidad, sino tras las crisis biológicas. La desaparición de especies dominantes abre oportunidades para linajes minoritarios, que pueden experimentar, diversificarse y ocupar nuevos nichos.
🗣️ «Al quedar confinados en áreas geográficas pequeñas, con muchos huecos libres en los ecosistemas dejados por los vertebrados sin mandíbulas y otros animales extinguidos, los gnatostomados pudieron ocupar de repente una amplia variedad de nichos, resume Sallan.
«El Ordovícico tardío no solo eliminó formas de vida, sino que redefinió las reglas del juego evolutivo», señalan los autores. En ese nuevo escenario, los vertebrados desarrollaron una diversidad de formas, tamaños y modos de vida que acabarían dominando los océanos durante cientos de millones de años.
Una lección para el presente
Aunque el estudio se centra en acontecimientos remotos, su mensaje resuena con fuerza en el presente. La actual crisis de biodiversidad, impulsada por el cambio climático y la actividad humana, también está alterando los ecosistemas de forma abrupta. La historia evolutiva de la vida muestra que la recuperación es posible, pero lenta, desigual y marcada por pérdidas irreversibles.
La era de los peces, concluyen Hagiwara y Sallan, no fue un triunfo inmediato de la evolución, sino el resultado de millones de años de reconstrucción tras una catástrofe global.
«Al integrar localización, morfología, ecología y biodiversidad, por fin podemos ver cómo los primeros ecosistemas de vertebrados se reconstruyeron tras grandes alteraciones ambientales —comenta Sallan. Y concluye—: Este trabajo ayuda a explicar por qué evolucionaron las mandíbulas, por qué los vertebrados con mandíbulas acabaron imponiéndose y por qué la vida marina moderna desciende de estos supervivientes y no de formas anteriores como los conodontos o los trilobites. Revelar estos patrones evolutivos a largo plazo y los procesos que los sustentan es uno de los aspectos más apasionantes de la biología evolutiva».▪️
Información facilitada por OITS
Fuente: Wahei Hagiwara, Lauren Sallan. Mass extinction triggered the early radiations of jawed vertebrates and their jawless relatives (gnathostomes). Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aeb2297

