Los dinosaurios más grandes no podían sentarse sobre sus huevos. Según los científicos, hacían esto para calentarlos

El hallazgo de 255 fragmentos de cáscara en el extremo sur de la Patagonia confirma que los titanosaurios no solo vivieron en latitudes frías, sino que también se reprodujeron allí. Para mantener calientes sus huevos, probablemente los enterraban bajo montículos de vegetación que funcionaban como incubadoras naturales.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación de un nido de titanosaurio en la Patagonia del Cretácico: la vegetación en descomposición habría proporcionado el calor necesario para incubar los huevos.

Recreación de un nido de titanosaurio en la Patagonia del Cretácico: la vegetación en descomposición habría proporcionado el calor necesario para incubar los huevos. Crédito: IA-Gemini / RexMolón Producciones

Hace unos 67 millones de años, cuando el reinado de los dinosaurios se acercaba a su abrupto final, algunos de los animales más grandes que han pisado la Tierra eligieron un lugar inesperado para reproducirse. No fueron las cálidas llanuras tropicales ni las regiones próximas al ecuador donde se han localizado la mayoría de los huevos de saurópodos, reptiles prehistóricos de enormes proporciones, herbívoros y cuadrúpedos.

Aquellos titanosaurios, que prosperaron durante el Cretácico, anidaron en lo que entonces era una zona situada entre los 55 y los 60 grados de latitud sur, en el extremo austral de la actual Patagonia argentina.

La prueba ha aparecido cerca de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz. Un equipo internacional de investigadores dirigido por Kohei Tanaka, paleontólogo de la Universidad de Tsukuba, en Japón, ha analizado 255 fragmentos de cáscara recuperados durante las campañas de 2020 y 2024 en la formación Chorrillo. El estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science, ofrece la primera evidencia directa de que los titanosaurios (Titanosauria) anidaron en latitudes meridionales tan elevadas y obliga a revisar la imagen de estos gigantes como reproductores vinculados principalmente a ambientes cálidos.

Un criadero de dinosaurios cerca de El Calafate

Los fragmentos de cáscaras proceden del yacimiento de Magallanodon, situado unos 29 kilómetros al sureste de El Calafate. Allí, los investigadores encontraron las cáscaras incrustadas en capas de barro y limo que se depositaron en una antigua llanura fluvial, posiblemente en un terreno pantanoso o anegado.

El paisaje estaba recorrido por ríos sinuosos y salpicado de charcas, humedales y zonas de vegetación abundante. No era una Patagonia helada como la actual, pero tampoco un paraíso tropical.

Los estudios de los antiguos suelos de la formación Chorrillo indican que el clima era templado o moderadamente cálido, húmedo durante una parte del año y con una temperatura media anual próxima a los 13 ºC. Las precipitaciones rondarían los 1.150 milímetros anuales.

Una reconstrucción paleoclimática publicada en 2025 y dirigida por el paleontólogo Fernando Emilio Novas, del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (CONICET), confirmó que estos ecosistemas australes estaban sometidos a una marcada estacionalidad, con periodos frescos y una fuerte variación de la luz solar a lo largo del año.

En ese mundo vivían dinosaurios acorazados, pequeños herbívoros bípedos, hadrosaurios, grandes terópodos depredadores y saurópodos titanosaurios. Entre estos últimos se encontraba el Nullotitan glaciaris, un dino de cuello y cola largos cuyo peso pudo alcanzar las veinte toneladas. En el mismo yacimiento de Magallanodon también se han descubierto dientes de titanosaurio, aunque los autores advierten de que no existe una asociación directa que permita atribuir las cáscaras a una especie concreta.

Distintas vistas de una cáscara de huevo de Fusioolithus hallada en la formación Chorrillo, en el extremo sur de la Patagonia.

Distintas vistas de una cáscara de huevo de Fusioolithus hallada en la formación Chorrillo, en el extremo sur de la Patagonia. Las imágenes obtenidas mediante microtomografía, microscopía electrónica y luz polarizada muestran la ornamentación exterior (a-b), las unidades minerales y restos de la membrana (c-d, g-h), y los numerosos canales porosos que permitían respirar al embrión dentro del nido enterrado (e-f). Cortesía: Tanaka et al., Royal Society Open Science (2026).

Las cáscaras revelan cómo eran los nidos

Los fragmentos de cascaras han sido clasificados dentro del oogénero Fusioolithus. Los paleontólogos utilizan esta clase de nombres —los llamados ootaxones— para ordenar huevos y cáscaras fósiles cuando se desconoce con seguridad qué especie los puso. Por su estructura, distribución geográfica y relación con otros hallazgos, Fusioolithus se considera vinculado a los titanosaurios.

Las cáscaras miden entre 0,63 y 1,78 milímetros de grosor, con una media de 1,17 milímetros. Su superficie presenta pequeños nódulos y numerosos conductos que comunicaban el interior del huevo con el exterior. Para estudiarlos, el equipo combinó microscopía óptica, microscopía electrónica de barrido y microtomografía computarizada, una técnica capaz de reconstruir en tres dimensiones conductos invisibles a simple vista.

La característica decisiva no ha sido el tamaño ni la ornamentación de las cáscaras, sino su extraordinaria porosidad. Los investigadores calcularon una densidad media de 3,17 poros por milímetro cuadrado. El análisis estadístico situó los huevos, con una probabilidad superior al 99,8%, entre los propios de especies que incubaban en nidos cubiertos.

Por qué la porosidad permite reconstruir un nido

La explicación se encuentra en la respiración del embrión. Un huevo enterrado bajo tierra, arena o materia vegetal necesita intercambiar oxígeno, dióxido de carbono y vapor de agua con el exterior. Como el sustrato dificulta ese intercambio, las cáscaras presentan más poros y conductos de mayor tamaño que las de los huevos incubados al aire libre.

El cascarón se convierte así en el registro fósil de una conducta que se practicaba hace decenas de millones de años.

«Estas cáscaras proporcionan, hasta donde sabemos, el primer indicio de que los titanosaurios anidaban en latitudes relativamente altas —escriben Tanaka y sus colaboradores.

El yacimiento constituye, además, la evidencia inequívoca de huevos de dinosaurio situada a mayor paleolatitud del hemisferio sur y la localización más austral conocida para huevos atribuidos a titanosaurios.

Un talégalo australiano (Alectura lathami) sobre su montículo de incubación. Esta ave entierra los huevos entre materia vegetal y aprovecha el calor liberado durante su descomposición.

Un talégalo australiano (Alectura lathami) sobre su montículo de incubación. Esta ave entierra los huevos entre materia vegetal y aprovecha el calor liberado durante su descomposición, un sistema comparable al propuesto para los titanosaurios de la Patagonia. Cortesía: D. Cowell/Flickr.

Huevos de hasta seis kilos enterrados bajo la vegetación

A partir de otros fósiles atribuidos a Fusioolithus, los científicos estiman que los huevos completos pudieron medir entre 11 y 23 centímetros de diámetro y pesar desde unos 730 gramos hasta más de seis kilos.

No obstante, en Chorrillo en el yacimiento de Magallanodon no se han encontrado huevos completos, embriones ni nidos intactos. Tampoco se conoce el número de huevos que contenía cada puesta ni la forma exacta en que los adultos construían los nidos.

Lo que sí indica la porosidad es que los huevos permanecieron cubiertos durante la incubación. La siguiente pregunta resulta inevitable: ¿cómo conseguían mantenerlos calientes unas criaturas colosales que no podían sentarse sobre ellos sin correr el riesgo de aplastarlos?

Montículos de vegetación como incubadoras naturales

La respuesta podría estar en el presente. Los cocodrilos actuales y algunas aves megapódidas entierran sus puestas o construyen montículos con tierra, hojas y otros restos orgánicos. Al descomponerse, la vegetación libera calor y transforma el montón en una incubadora natural.

➡️ «El elevado grado de porosidad indica que los huevos habrían sido incubados en nidos cubiertos y que habrían utilizado el calor generado por la vegetación en descomposición», sostienen los autores.

La energía solar parece una opción insuficiente en aquellas latitudes, especialmente durante los meses con menos horas de luz. Tampoco se han encontrado indicios de actividad geotérmica, a diferencia de otros criaderos de titanosaurios asociados a fuentes hidrotermales.

La fermentación de la vegetación es, por tanto, la hipótesis más verosímil, aunque no puede considerarse definitivamente demostrada porque no se ha recuperado la estructura completa de ningún nido.

Los experimentos con nidos de aves megapódidas muestran que la descomposición puede producir suficiente calor incluso cuando la temperatura ambiental ronda los 15 ºC. Los titanosaurios habrían aprovechado los meses más benignos para construir sus montículos, quizá seleccionando terrenos húmedos donde la fermentación fuese más intensa.

Su estrategia reproductiva no consistiría tanto en resistir el frío como en modificar el entorno inmediato del huevo.

Reconstrucción del esqueleto de Patagotitan mayorum, un titanosaurio que vivió en la Patagonia hace entre 100 y 95 millones de años y pudo rondar las 70 toneladas.

Reconstrucción del esqueleto de Patagotitan mayorum, un titanosaurio que vivió en la Patagonia hace entre 100 y 95 millones de años y pudo rondar las 70 toneladas. Aunque no es la especie que puso los huevos de Chorrillo, permite apreciar las enormes dimensiones alcanzadas por este grupo de saurópodos. Cortesía: American Museum of Natural History

El criadero de titanosaurios situado más al sur

Hasta ahora, los huevos atribuidos a saurópodos se habían localizado principalmente en regiones de paleolatitud baja o intermedia, con una media aproximada de 31 grados. Los fósiles de la formación Chorrillo amplían ese límite hasta los 55 o 60 grados de latitud sur.

El yacimiento representa la evidencia inequívoca de huevos de dinosaurio situada a mayor paleolatitud del hemisferio sur. También constituye el registro más austral conocido de huevos atribuidos a titanosaurios.

En el hemisferio norte se han encontrado pruebas de reproducción de dinosaurios en zonas todavía más extremas. En Siberia, Alaska y Canadá han aparecido cáscaras, huesos de individuos recién nacidos y huellas juveniles en regiones que durante el Cretácico se encontraban entre los 60 y los 75 grados de latitud norte.

Estos descubrimientos indican que varias especies de dinosaurios no se limitaban a visitar estacionalmente las regiones polares. Al menos algunas nacían y se desarrollaban en ellas.

Mapa paleogeográfico de hace 68 millones de años con los principales yacimientos argentinos de huevos y cáscaras de saurópodos: Ciénaga del Río Huaco (1), Los Llanos (2), Allen (3), Bajo de la Carpa (4), Anacleto (5), Los Alamitos (6) y Chorrillo (7). Este último, situado entonces entre los 55 y los 60 grados de latitud sur, constituye el registro de nidificación de titanosaurios más austral conocido. Fuente: Tanaka et al., Royal Society Open Science (2026).

Otros estudios reconstruyen la reproducción de los titanosaurios

El descubrimiento de la Patagonia encaja con otras investigaciones recientes que están revelando una sorprendente variedad de comportamientos reproductivos entre los dinosaurios.

En 2023, un equipo describió en el valle del Narmada, en la India, 92 áreas de nidificación con 256 huevos de titanosaurio. La disposición de las puestas indicaba que estos lagartos excavaban hoyos poco profundos y regresaban repetidamente a los mismos lugares, formando enormes colonias reproductoras.

La escasa separación entre algunos nidos apenas dejaba espacio para los adultos. Esto respalda la posibilidad de que las crías de titanosaurio tuviesen que valerse por sí mismas poco después de salir del huevo, sin recibir cuidados parentales prolongados.

No todos los dinosaurios de la Patagonia austral recurrieron a montículos. En la formación Chorrillo también se han encontrado unas pocas cáscaras delgadas y poco porosas atribuidas a pequeños dinosaurios terópodos o aves primitivas. Sus huevos probablemente permanecían al menos parcialmente expuestos y recibían el calor de un adulto que los empollaba.

Un experimento publicado en 2026, basado en la reproducción a tamaño natural de un nido de oviraptórido, mostró que algunos dinosaurios emplumados pudieron combinar el calor corporal del adulto con el procedente del sol. Esta fórmula era menos eficiente que la incubación de las aves modernas, pero podía resultar suficiente en determinadas condiciones ambientales, afirman los autores del estudio en la revista Frontiers in Ecology and Evolution.

En un mismo ecosistema convivieron así dos soluciones opuestas: pequeños dinosaurios que calentaban directamente sus huevos y gigantes que confiaban la incubación a la tierra, la vegetación y millones de microorganismos.

➡️ «Futuros descubrimientos en latitudes todavía más elevadas ampliarán sin duda nuestro conocimiento sobre la incubación y la nidificación de los dinosaurios en ambientes fríos», concluyen los autores.

En el extremo del mundo cretácico, los titanosaurios habían encontrado una manera sencilla y extraordinariamente eficaz de fabricar calor: dejar que el propio nido fermentara.▪️(10-septiembre-2026)

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Los titanosaurios también anidaban en latitudes frías: las cáscaras se encontraron en una región situada hace unos 67 millones de años entre los 55 y los 60 grados de latitud sur.
  • Es el criadero de titanosaurios más austral conocido: el hallazgo amplía considerablemente el territorio en el que estos dinosaurios gigantes podían reproducirse.
  • La investigación analizó 255 fragmentos de cáscara: fueron recuperados cerca de El Calafate, en la formación Chorrillo, durante las campañas paleontológicas de 2020 y 2024.
  • Los huevos permanecían enterrados: la elevada porosidad de las cáscaras indica, con una probabilidad superior al 99,8%, que se incubaban en nidos completamente cubiertos.
  • La vegetación actuaba como una incubadora natural: la descomposición de hojas y otros restos orgánicos habría generado el calor necesario para desarrollar los embriones.
  • Los huevos podían pesar más de seis kilos: a partir de fósiles semejantes, los científicos calculan que medían entre 11 y 23 centímetros de diámetro.
  • La especie exacta continúa siendo desconocida: las cáscaras se atribuyen a titanosaurios, pero no se han encontrado embriones ni esqueletos directamente asociados que permitan identificar al animal que las puso.
  • El descubrimiento revela una extraordinaria adaptación: estos gigantes no dependían exclusivamente del calor solar, sino que podían modificar su entorno para reproducirse en regiones australes y estacionales.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Titanosaurios y Huevos

🦕 ¿Dónde se encontraron las cáscaras de huevo de dinosaurio?

En el yacimiento de Magallanodon, dentro de la formación Chorrillo, unos 29 kilómetros al sureste de El Calafate, en la provincia argentina de Santa Cruz.

🦕 ¿Cuántos fragmentos analizaron los investigadores?

El equipo estudió 255 fragmentos de cáscara recogidos durante campañas paleontológicas realizadas en 2020 y 2024.

🦕 ¿Qué dinosaurio puso los huevos?

Las cáscaras se atribuyen al oogénero Fusioolithus y probablemente pertenecieron a titanosaurios. No es posible determinar la especie concreta porque no se encontraron embriones ni restos óseos directamente asociados a los huevos.

🦕 ¿Cómo incubaban los titanosaurios sus huevos?

Probablemente los enterraban bajo tierra y materia vegetal. La descomposición de las plantas generaba calor y mantenía los huevos a una temperatura adecuada.

🦕 ¿Cómo saben que los huevos estaban enterrados?

Por la elevada porosidad de las cáscaras. Los huevos enterrados necesitan numerosos poros para permitir que el embrión respire a través de la tierra o la vegetación que cubre la puesta.

🦕 ¿Los titanosaurios cuidaban de sus crías?

El estudio no permite responder directamente a esta cuestión. Otros yacimientos muestran nidos muy juntos, con poco espacio para los adultos, lo que sugiere que algunas crías de titanosaurio pudieron ser relativamente independientes desde el nacimiento.

🦕 ¿Por qué es importante el hallazgo?

Demuestra que los titanosaurios podían reproducirse en latitudes más frías y australes de lo conocido. También revela que estos gigantes utilizaban estrategias de incubación capaces de compensar la escasez estacional de calor solar.

  • Fuente: Kohei Tanaka, Fernando E. Novas, Makoto Manabe, Chisako Sakata, Jordi Alexis Garcia Marsà, Darla K. Zelenitsky. Titanosaur eggshells from the latest Cretaceous of Patagonia, Argentina: implications for nesting at high latitude. Royal Society Open Science (2026). DOI: https://doi.org/10.1098/rsos.260333

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