Los primates mantienen la misma tasa de envejecimiento desde hace 25 millones de años, según un estudio

Un estudio internacional demuestra que la velocidad a la que envejecen los grandes simios apenas ha cambiado durante los últimos 25 millones de años. Aunque especies como la nuestra, los chimpancés y los gorilas presentan esperanzas de vida diferentes, su tasa biológica de envejecimiento permanece sorprendentemente estable, lo que podría cambiar la investigación sobre la longevidad humana.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Los chimpancés viven más de cuarenta años, pero su tasa de envejecimiento es muy similar a la humana, según el estudio.

Los chimpancés viven más de cuarenta años, pero su tasa de envejecimiento es muy similar a la humana, según el estudio. Foto de Faizal Sulthan en Unsplash‍ ‍

Un chimpancé puede vivir más de cuarenta años; un tití pigmeo apenas supera los ocho. Un gorila pesa más de cien kilos; un lémur ratón cabe en la palma de la mano. En estado salvaje, el primero suele vivir entre 35 y 40 años; el segundo, entre 10 y 15 años. A primera vista, todo invita a pensar que la evolución ha modificado profundamente la velocidad a la que envejecen los primates.

Sin embargo, un nuevo estudio acaba de desmontar esa intuición con una conclusión tan inesperada como reveladora: durante al menos los últimos 25 millones de años, la tasa de envejecimiento de los grandes simios apenas ha cambiado. Lo que ha variado no es tanto la velocidad con la que el organismo envejece, sino el riesgo inicial de morir una vez alcanzada la edad adulta.

El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, aporta una nueva perspectiva sobre uno de los grandes enigmas de la biología: por qué unas especies de primate viven mucho más que otras y hasta qué punto la evolución puede modificar el propio proceso del envejecimiento. Para llegar a esa conclusión, los investigadores Eugene Melamud, de Calico Life Sciences; Wendy Newton, de CleMetric; y Joseph W. Kemnitz, de la University of Wisconsin-Madison, analizaron los registros de longevidad de más de 12.000 individuos pertenecientes a 39 especies de primates mantenidos en zoológicos y centros de investigación, una de las bases de datos más completas reunidas hasta la fecha sobre este grupo de mamíferos.

La idea central del estudio puede resumirse en una frase: la esperanza de vida y la velocidad del envejecimiento no son exactamente la misma cosa.

Envejecer no significa simplemente vivir más o menos años

En el lenguaje cotidiano solemos pensar que quien vive más despacio envejece más despacio. Pero desde hace casi dos siglos los demógrafos utilizan otra medida mucho más precisa. Desde que Benjamin Gompertz formuló en 1825 el modelo matemático que lleva su apellido y que describe cómo aumenta el riesgo de morir con la edad, los científicos han intentado averiguar si esa velocidad de envejecimiento podía cambiar a lo largo de la evolución.

Según este modelo matemático, el riesgo de morir aumenta de forma exponencial a medida que envejecemos.

En los seres humanos, por ejemplo, la probabilidad de morir se duplica aproximadamente cada ocho años a partir del inicio de la edad adulta. Ese ritmo apenas ha cambiado a pesar de que la esperanza de vida se ha disparado durante el último siglo gracias a la medicina, la higiene o la alimentación. Vivimos más tiempo, sí, pero nuestroreloj biológico parece seguir avanzando prácticamente a la misma velocidad.

Los autores decidieron comprobar si ese mismo patrón se había repetido a lo largo de la evolución de los primates.

Para ello recopilaron décadas de información procedente de la Primate Aging Database y de numerosos registros internacionales de zoológicos. Tras un exhaustivo proceso de depuración —eliminando muertes accidentales, animales utilizados en experimentos o individuos cuya historia vital era incompleta— obtuvieron un conjunto de datos excepcionalmente sólido para reconstruir cómo pudieron envejecer los antepasados de los primates actuales.

En los seres humanos, el riesgo de muerte se duplica aproximadamente cada ocho años desde la edad adulta, y este ritmo se ha mantenido estable durante siglos

En los seres humanos, el riesgo de muerte se duplica aproximadamente cada ocho años desde la edad adulta, y este ritmo se ha mantenido estable durante siglos. Foto de Donald Teel en Unsplash‍ ‍

El ancestro de los grandes simios ya envejecía casi al mismo ritmo que los seres humanos

Gracias a modelos estadísticos y reconstrucciones filogenéticas, los investigadores pudieron viajar atrás en el tiempo y estimar cómo era el envejecimiento de especies desaparecidas hace millones de años.

El resultado más llamativo apareció al estudiar la rama evolutiva de los grandes simios: chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes.

Según sus cálculos, el ancestro común de estos cuatro primates y seres humanos ya presentaba una velocidad de envejecimiento muy parecida a la nuestra. En términos demográficos, el riesgo de mortalidad se duplicaba aproximadamente cada 7,8 años, una cifra extraordinariamente cercana a la observada hoy en nuestra especie.

En otras palabras, aunque durante millones de años cambiaron el tamaño corporal, la dieta, el hábitat o la forma de vida, el ritmo básico del envejecimiento permaneció prácticamente intacto.

Los autores sostienen que este hallazgo indica que la evolución encontró muy pronto un ritmo de envejecimiento extraordinariamente estable en la línea de los hominoideos y que ese patrón se ha conservado desde la separación respecto a los monos del Viejo Mundo hace entre 20 y 30 millones de años.

Por qué algunos primates viven mucho más que otros, si envejecen al mismo ritmo

La respuesta a esta cuestión es que la longevidad depende de dos componentes distintos:

1️⃣ Por un lado está la velocidad con la que aumenta el riesgo de morir, es decir, la auténtica tasa de envejecimiento.

2️⃣ Por otro, existe un riesgo inicial de mortalidad cuando el individuo alcanza la madurez sexual, algo que los investigadores denominan peligro basal. Dos especies pueden envejecer exactamente al mismo ritmo y, sin embargo, partir de riesgos iniciales muy diferentes.

Eso explica, por ejemplo, que dentro de los propios grandes simios los chimpancés alcancen mayores longevidades que otros parientes cercanos sin necesidad de poseer una tasa de envejecimiento más lenta. Su ventaja reside principalmente en comenzar la vida adulta con un riesgo de mortalidad menor.

En cambio, especies pequeñas, como los titíes, combinan precisamente los dos factores desfavorables: parten con un riesgo inicial elevado y, además, envejecen más deprisa.

¿Qué diferencia hay entre esperanza de vida y envejecimiento?

Hay que insistir en que la esperanza de vida y el envejecimiento no son lo mismo. La esperanza de vida indica cuántos años vive, de media, una especie o una población, mientras que el envejecimiento describe la velocidad a la que aumenta el riesgo de morir conforme avanza la edad.

Dos especies pueden tener esperanzas de vida muy diferentes y, sin embargo, envejecer prácticamente al mismo ritmo. Según este estudio, eso es precisamente lo que ocurre con algunos primates: aunque humanos, chimpancés o gorilas no vivan exactamente los mismos años, comparten una tasa de envejecimiento muy similar.

La diferencia radica principalmente en el riesgo de mortalidad al inicio de la vida adulta y en otros factores ambientales o biológicos, más que en la velocidad con la que sus organismos se deterioran.

La evolución ha conservado la tasa de envejecimiento durante millones de años

Para averiguar hasta qué punto la evolución había preservado estas características, esto es, la tasa de envejecimiento y el riesgo inicial de mortalidad, los investigadores compararon ambas variables entre las distintas ramas del árbol evolutivo de los primates.

La conclusión fue muy interesante, ya que la velocidad de envejecimiento resultó ser uno de los rasgos biológicos más conservados de todos los analizados, con un grado de conservación comparable al del peso corporal o la edad de madurez sexual. El riesgo basal, en cambio, mostró mucha mayor flexibilidad evolutiva y parecía responder con mayor rapidez a las condiciones ecológicas específicas de cada especie.

Como explican los autores, todo apunta a que la tasa de envejecimiento está condicionada por mecanismos fisiológicos o genéticos compartidos entre especies emparentadas, mientras que el riesgo basal puede modificarse más fácilmente mediante la selección natural en respuesta a depredadores, enfermedades o disponibilidad de alimento.

En otras palabras, la evolución parece tener mucho más margen para alterar las probabilidades de sobrevivir al inicio de la edad adulta que para modificar la velocidad con la que se deterioran las células y los tejidos.

Cómo influye el tamaño corporal en la longevidad de los primates

Otro de los resultados interesantes tiene que ver con el tamaño corporal. Desde hace décadas se sabe que, entre los primates, las especies grandes suelen vivir más tiempo que las pequeñas. El nuevo trabajo confirma esa tendencia, pero añade un matiz importante.

Al analizar conjuntamente el peso corporal y las tasas de envejecimiento, los investigadores observaron que los animales de mayor tamaño tienden, en promedio, a envejecer más lentamente. De hecho, duplicar el peso corporal se asociaba con un incremento aproximado del 15 % en la esperanza de vida media.

Sin embargo, los propios autores advierten de que esta relación no debe interpretarse como una conexión directa de causa y efecto. Existen especies de tamaño muy distinto, como gibones y gorilas, que presentan velocidades de envejecimiento prácticamente idénticas. Esto sugiere que tanto el peso corporal como la longevidad podrían depender de mecanismos biológicos comunes aún desconocidos, en lugar de que uno determine necesariamente al otro.

Especies pequeñas, como los titíes, tienen menor esperanza de vida porque parten con un mayor riesgo inicial de mortalidad y envejecen más rápido.

Especies pequeñas, como los titíes, tienen menor esperanza de vida porque parten con un mayor riesgo inicial de mortalidad y envejecen más rápido. Foto de Andrew Hall en Unsplash‍ ‍

Qué significa este descubrimiento para comprender el envejecimiento humano

Las implicaciones del estudio van mucho más allá de reconstruir la historia evolutiva de los primates.

Según destacan los investigadores, si la tasa de envejecimiento ha permanecido prácticamente inalterada durante decenas de millones de años en la línea evolutiva de los grandes simios, resulta poco probable que existan grandes diferencias genéticas entre los propios seres humanos capaces de explicar por qué unas personas envejecen mucho más deprisa que otras.

A juicio de los autores, esta estabilidad evolutiva sugiere que los futuros intentos por identificar los mecanismos genéticos que regulan el envejecimiento tal vez deberán apoyarse en comparaciones entre distintas especies de primates, más que en estudios realizados exclusivamente dentro de la población humana.

También consideran que sus resultados refuerzan la llamada hipótesis de la tasa de envejecimiento invariable, según la cual la evolución modifica con mayor facilidad las probabilidades de supervivencia que el propio ritmo biológico del envejecimiento.

La mano de la evolución

Naturalmente, el trabajo presenta algunas limitaciones. Todos los datos proceden de animales mantenidos en cautividad, donde la depredación, las enfermedades infecciosas o la escasez de alimento son mucho menores que en libertad. Eso significa que las estimaciones probablemente reflejan condiciones ideales y no exactamente las que experimentaron los ancestros salvajes de estas especies.

Además, algunas poblaciones eran relativamente pequeñas, lo que dificulta analizar diferencias entre machos y hembras o entre distintos ambientes.

Pese a ello, el estudio representa la reconstrucción más completa realizada hasta ahora sobre la evolución del envejecimiento en los primates. Y deja una idea fascinante: mientras nuestros cuerpos, cerebros y formas de vida cambiaban de modo profundo a lo largo de millones de años de evolución, el reloj interno que marca el ritmo del envejecimiento permanecía sorprendentemente fiel a sí mismo. Quizá, después de todo, la evolución no necesitó reinventar la velocidad con la que envejecemos; le bastó con modificar las probabilidades de llegar vivos a la vejez.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Primates y Envejecimiento

👴 ¿Los humanos envejecemos más despacio que los chimpancés?

No demasiado. El estudio indica que ambos presentan tasas de envejecimiento muy parecidas.

👴 ¿Qué es la tasa de envejecimiento?

Es la velocidad con la que aumenta el riesgo de morir conforme envejecemos.

👴 ¿Qué diferencia hay entre vivir más años y envejecer más despacio?

Una especie puede vivir más tiempo, porque parte de un menor riesgo de mortalidad, aunque envejezca exactamente al mismo ritmo que otra.

👴 ¿Por qué este descubrimiento es importante?

Porque ayuda a identificar los mecanismos biológicos que controlan el envejecimiento y puede mejorar la investigación sobre la longevidad humana.

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un estudio analiza más de 12.000 primates de 39 especies.

  • La tasa de envejecimiento de los grandes simios apenas ha cambiado en 25 millones de años.

  • Las diferencias en esperanza de vida no significan necesariamente que unas especies envejezcan más deprisa.

  • La evolución parece modificar antes el riesgo de morir que la velocidad del envejecimiento.

  • El hallazgo puede ayudar a comprender mejor el envejecimiento humano.

  • Fuente: Eugene Melamud, Wendy Newton, Joseph W. Kemnitz. Phylogenetic reconstruction of ancestral ageing rates in the primate lineage. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026). DOI: https://doi.org/10.1098/rspb.2025.1237

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