Ni carnívoros extremos ni recolectores ocasionales: así se alimentaban los homínidos de la Sima de los Huesos
Hace 450.000 años, en pleno periodo glacial, los homínidos de la Sima de los Huesos no se limitaron a cazar para sobrevivir. El desgaste de sus dientes revela una dieta sorprendentemente variada, con carne y vegetales en proporciones similares, que cuestiona la imagen tradicional de estos antepasados de los neandertales.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Ilustración artística de un grupo de preneandertales, hace unos 450.000 años, compartiendo una dieta variada basada en carne y recursos vegetales. El desgaste dental de sus fósiles indica que estos homínidos no fueron exclusivamente carnívoros, incluso durante uno de los periodos glaciares más fríos del Pleistoceno Medio. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
La imagen clásica de los humanos que habitaron Europa en el Pleistoceno Medio ha estado marcada por una idea persistente: la de grupos duros, adaptados a climas extremos, con una dieta dominada casi exclusivamente por la carne. En un continente sometido a glaciaciones recurrentes, la caza habría sido —según esta visión— la principal estrategia de supervivencia.
Sin embargo, un nuevo estudio liderado por investigadoras del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), en Burgos (España), introduce matices decisivos en este relato. Los habitantes de la Sima de los Huesos, uno de los yacimientos paleoantropológicos más emblemáticos del mundo, no fueron especialistas extremos, sino consumidores versátiles capaces de explotar una amplia gama de recursos.
El trabajo, publicado en la revista Journal of Human Evolution, reconstruye por primera vez la dieta de estos homininos a partir del análisis del desgaste macroscópico dental de sus molares. El resultado es claro: hace unos 450.000 años, los individuos de la Sima de los Huesos mantenían una dieta mixta, con una aportación similar de alimentos de origen animal y vegetal, incluso durante uno de los periodos más fríos registrados a escala global.
La Sima de los Huesos, un yacimiento clave de la evolución humana
La Sima de los Huesos se encuentra en la sierra de Atapuerca (Burgos), al fondo de una cavidad a la que se accede por un pozo vertical de más de 13 metros. Allí se han recuperado los restos fósiles de al menos veintinueve individuos, considerados antepasados directos de los neandertales, que han recibido el nombre de Homo heidelbergensis.
La acumulación de cuerpos —interpretada como intencional y posiblemente relacionada con prácticas funerarias— convierte al yacimiento en una ventana única para estudiar no solo la anatomía, sino también el comportamiento humano de estas poblaciones del Pleistoceno Medio.
Desde el punto de vista climático, el contexto no parecía favorable. Los fósiles de la Sima de los Huesos se datan en el estadio isotópico marino 12 (MIS 12), uno de los episodios glaciares más fríos del último millón de años. Durante ese periodo, amplias zonas de la península ibérica experimentaron una expansión de paisajes abiertos y semiáridos. En principio, este escenario habría limitado la disponibilidad de recursos vegetales y favorecido dietas altamente carnívoras. Pero los dientes cuentan otra historia.
Qué revela el desgaste dental sobre la alimentación prehistórica
El equipo de investigación, que incluye a los paleoantropólogos Juan Luis Arsuaga y José María Bermúdez de Castro, ha aplicado una técnica conocida como occlusal fingerprint analysis (análisis de huella oclusal), que permite identificar y medir con precisión las superficies de desgaste dental que se forman en los dientes durante la masticación.
A diferencia del microdesgaste dental, que refleja lo que se comió en las últimas semanas o meses, el macrodesgaste dental integra la señal de la dieta a lo largo de años, lo que ofrece una visión más estable de los hábitos alimentarios.
Para el estudio se seleccionaron dieciséis molares maxilares con un grado de desgaste moderado, lo suficientemente marcado como para ser informativo, pero no tanto como para haber borrado las huellas funcionales. Mediante microtomografía computarizada (micro-CT) y modelos tridimensionales, las investigadoras identificaron las distintas facetas de desgaste asociadas a movimientos concretos de la mandíbula: las relacionadas con el corte y desgarro de alimentos blandos y resistentes, como la carne, y las vinculadas al triturado de alimentos duros y abrasivos, como raíces, semillas o frutos secos.
Carne y plantas: una dieta mixta hace 450.000 años
El patrón resultante es revelador. Aproximadamente el 41% del desgaste dental corresponde a facetas asociadas al corte, que son indicativas de consumo de carne, mientras que el resto se reparte de forma equilibrada entre superficies relacionadas con la trituración y la molienda, típicas del procesamiento de alimentos vegetales. En otras palabras, los humanos de la Sima de los Huesos no eran ni exclusivamente cazadores ni recolectores marginales, sino omnívoros flexibles.
🗣️ «Nuestro estudio del desgaste dental de los homínidos de la Sima de los Huesos ha observado una proporción similar de facetas en la superficie de los molares, evidenciando un consumo similar de productos vegetales y cárnicos y además, cuestiona la visión tradicional que los define como grupos estrictamente carnívoros —explica Laura Martín-Francés, primera autora del trabajo e investigadora del CENIEH y de la Universidad de Monash, en Australia.
Este resultado ayuda a resolver una aparente contradicción que había desconcertado a la comunidad científica durante años. Los análisis isotópicos realizados previamente sobre fauna asociada al yacimiento sugerían una dieta rica en proteínas animales. Sin embargo, estudios de microdesgaste dental ya habían apuntado a la presencia significativa de vegetales.
Molar superior de un individuo de la Sima de los Huesos (AT-3177): a la izquierda, el fósil original; a la derecha, el modelo 3D que revela las áreas de desgaste dental producidas durante la masticación, clave para reconstruir la dieta de esta población del Pleistoceno Medio. Foto: © Laura Martín-Francés
Consumían alimentos relativamente limpios
El nuevo trabajo demuestra que ambas líneas de evidencia no son incompatibles: los isótopos tienden a infravalorar el consumo de plantas, mientras que el desgaste dental ofrece una imagen más integrada del comportamiento alimentario.
Pero el alcance del estudio va más allá de la dieta. El equipo también analizó la inclinación de las superficies de desgaste, un parámetro que permite inferir el grado de abrasividad de los alimentos y, de forma indirecta, las técnicas de procesado. Los resultados indican que los individuos de la Sima de los Huesos consumían alimentos relativamente limpios, con poca presencia de partículas externas, como polvo y arena.
Esto sugiere que no utilizaban de forma sistemática métodos de preparación que incorporaran abrasivos, como la molienda intensiva o el cocinado en contacto directo con el suelo.
🗣️ «Además, los molares maxilares de los individuos de la Sima se caracterizan por presentar una inclinación más pronunciadas de las facetas de desgaste en comparación con el resto de los grupos, lo que sugiere una dieta menos abrasiva», señala Martín-Francés.
Una población con gran capacidad de adaptación
Este detalle encaja con otros datos arqueológicos del entorno de Atapuerca. En yacimientos cercanos, como la Gran Dolina y Galería, contemporáneos de la Sima, se documenta una ocupación humana recurrente, con tecnología achelense y evidencias claras de aprovechamiento de fauna. La presencia de ungulados, carnívoros y una vegetación diversa apunta a un paisaje en mosaico, con zonas abiertas y bosques, capaz de sostener una dieta variada incluso en condiciones climáticas frías.
De hecho, el patrón de desgaste dental de la Sima de los Huesos se asemeja más al de poblaciones humanas que vivieron en entornos templados con bosques caducifolios que al de grupos adaptados a estepas frías. Esto refuerza la idea de que el impacto del clima global no se tradujo necesariamente en un empobrecimiento local de recursos, y que estos homininos supieron explotar nichos ecológicos diversos.
La imagen que emerge es la de una población resiliente, con una notable capacidad de adaptación humana. Frente a la narrativa simplificada de la evolución humana como una sucesión de respuestas lineales al clima, el estudio subraya la importancia del comportamiento, la flexibilidad y el conocimiento del entorno. Comer de todo —cuando es posible— también fue una estrategia evolutiva.
Qué nos dice este estudio sobre la evolución humana
Además, los resultados aportan pistas sobre la evolución cultural. La ausencia de un desgaste dental asociado a dietas altamente abrasivas sugiere que, aunque estos humanos dominaban herramientas de piedra y estrategias de caza complejas, aún no habían desarrollado técnicas de procesado intensivo de vegetales.
La dieta mixta de la Sima de los Huesos refleja, por tanto, un equilibrio entre capacidades técnicas, disponibilidad ambiental y tradición cultural.
A casi medio millón de años de distancia, los dientes de Atapuerca siguen hablando. Y lo que cuentan no es la historia de un grupo forzado a sobrevivir a base de carne en un mundo hostil, sino la de humanos capaces de adaptarse, diversificar su dieta y aprovechar un entorno más rico de lo que cabría esperar en plena glaciación. Una lección evolutiva que, una vez más, invita a desconfiar de las explicaciones simples.▪️(27-enero-2026)
Información facilitada por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana
Fuente: Laura Martín-Francés, María Martinón-Torres, Marina Lozano, María Hernaiz-García, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro, Luca Fiorenza. Reconstructing dietary preferences in the Middle Pleistocene Sima de los Huesos population: A molar macrowear perspective. Journal of Human Evolution (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.jhevol.2025.103797

