¿Sienten el ritmo los bebés, los simios y los monos? Esto es lo nuevo que dice la ciencia
Los recién nacidos parecen llegar al mundo preparados para anticipar cuándo sonará el siguiente golpe de un ritmo, mientras que el resto de los primates solo dominan algunas piezas de esa habilidad. Una revisión de veinte años de estudios desvela qué animales sienten realmente el compás de la música y qué afirmaciones se han adelantado a las pruebas.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación de una pista de baile en la que bebés y otros primates se mueven al ritmo de la música. Los recién nacidos parecen estar preparados para anticipar el compás, una capacidad que en los humanos alcanza una precisión y flexibilidad excepcionales. Cortesía: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
En una pista de baile, seguir el pulso de una canción parece una acción casi automática. No es necesario conocer la melodía ni haber estudiado música: el cuerpo descubre una regularidad invisible entre los sonidos, anticipa cuándo llegará el siguiente golpe y ajusta a ella los movimientos.
Esta operación aparentemente trivial encierra una proeza cerebral. La percepción del pulso musical —conocida en inglés como beat perception— es la capacidad de extraer una pulsación regular de una secuencia rítmica variable. Gracias a ella, podemos dar palmas, bailar coordinadamente o tocar en un conjunto sin necesidad de que cada pulso esté señalado por un sonido.
Percibir el compás no consiste solo en advertir que varios sonidos se repiten. El cerebro debe construir una cuadrícula temporal interna y utilizarla para predecir acontecimientos que todavía no han sucedido.
Veinte años de investigaciones bajo la lupa
Después de más de dos décadas de experimentos con humanos adultos, recién nacidos y diversas especies de animales, Gábor Háden, del Centro de Investigación de Ciencias Naturales HUN-REN de Budapest (Hungría), y Henkjan Honing, de la Universidad de Ámsterdam (Países Bajos), han revisado críticamente las pruebas disponibles.
Su análisis, publicado en la revista Annals of the New York Academy of Sciences, examina cuatro afirmaciones habituales dentro del mundo científico:
1️⃣ Que el procesamiento del pulso musical es casi universal entre las culturas humanas.
2️⃣ Que aparece espontáneamente durante el desarrollo.
3️⃣ Que utiliza una forma especial de predicción temporal.
4️⃣ Que resulta infrecuente en otras especies.
La conclusión es matizada. Existen pruebas sólidas de que el ser humano posee una predisposición biológica temprana para procesar el ritmo, posteriormente afinada por la experiencia, el movimiento y la cultura. Sin embargo, los autores advierten de que no todas las afirmaciones difundidas en este campo están suficientemente respaldadas.
Qué significa realmente sentir el ritmo
El primer problema al que se enfrentan los expertos consiste en precisar qué significa sentir el ritmo. Un macaco puede advertir que una sucesión de golpes es regular y detectar si uno llega tarde. También puede aprender a golpear una pantalla aproximadamente a la misma velocidad que una canción. Pero ninguna de esas habilidades demuestra por sí sola que haya inducido un pulso interno.
La sincronización humana exige controlar tanto el periodo —la velocidad del compás— como la fase, es decir, hacer coincidir cada movimiento con el instante preciso del golpe esperado.
La diferencia es parecida a la que existe entre caminar a la misma velocidad que otra persona y conseguir que ambos apoyen el pie en el suelo exactamente al mismo tiempo.
Los recién nacidos detectan golpes que no llegan a sonar
Algunas de las pruebas más reveladoras proceden de ensayos con bebés que apenas llevaban dos o tres días fuera del útero. Mientras dormían, los investigadores les colocaron electrodos sobre su cuero cabelludo y reprodujeron secuencias rítmicas en las que, de vez en cuando, faltaba un sonido.
En estos casos, el cerebro produce entonces una respuesta eléctrica de sorpresa, conocida como negatividad de desajuste. Lo significativo es que esa reacción resulta más intensa cuando el silencio aparece en una posición fuerte del compás, aunque ese lugar no esté marcado por un sonido más alto. El cerebro parece echar de menos un golpe que nunca llegó a escuchar.
Experimentos posteriores han intentado descartar una explicación más sencilla: que los neonatos se limiten a memorizar el orden estadístico de los sonidos. Al comparar secuencias regulares con otras temporalmente desordenadas, las respuestas vinculadas a la posición métrica aparecieron únicamente cuando existía una periodicidad estable.
🗣️ «Los recién nacidos no son oyentes adultos en miniatura, pero sus cerebros ya parecen preparados para utilizar la estructura rítmica y predecir cuándo debería ocurrir algo —explica Honing—. La experiencia no crea esta capacidad desde cero; la calibra y la enriquece».
Los bebés predicen el ritmo antes que la melodía
Un estudio publicado en 2026 en PLOS Biology y dirigido por Roberta Bianco, neurofisióloga del Laboratorio de Neurociencia de la Percepción y la Acción, en el Instituto Italiano de Tecnología de Roma (Italia), refuerza esta idea desde un ángulo distinto. Bianco y sus colegas registraron mediante electroencefalografía la actividad cerebral de 49 recién nacidos dormidos mientras escuchaban piezas monofónicas para piano de Johann Sebastian Bach y versiones de esas mismas composiciones con las notas y sus tiempos barajados.
Pues bien, los bebés generaron expectativas ante la estructura temporal de la música real, pero no ante las secuencias desordenadas. En cambio, no se encontraron pruebas equivalentes de predicciones melódicas basadas en la altura de las notas.
Este experimento estudia las expectativas estadísticas provocadas por el ritmo de la música natural, no demuestra por sí solo una percepción completa del compás. Aun así, muestra que, antes de aprender a hablar, el cerebro parece conceder más importancia a cuándo llegará un sonido que a cuál será ese sonido.
¿Nacemos con sentido del ritmo?
Las respuestas neuronales de los bebés no significan que nazcan comprendiendo la música como un adulto ni que experimenten conscientemente el compás. Una señal eléctrica demuestra que el sistema nervioso ha procesado una regularidad, pero no revela qué siente subjetivamente el recién nacido.
Tampoco puede ignorarse la experiencia prenatal. Desde aproximadamente el tercer trimestre del embarazo, el feto escucha los latidos del corazón materno y percibe los ritmos de la respiración, el movimiento y el habla. Las frecuencias bajas y la envolvente temporal de la voz atraviesan mejor los tejidos que los detalles acústicos más agudos.
Durante la gestación, el cerebro recibe millones de ciclos cardiovasculares y otras señales periódicas. Ese paisaje sonoro podría proporcionar un primer andamiaje temporal para el desarrollo de la musicalidad, aunque todavía no se sabe cuánto contribuye a las capacidades observadas después del nacimiento.
El movimiento y la cultura afinan el compás
Está constatado que durante la infancia aquella predisposición inicial se vuelve más precisa y flexible. Entre los cinco y los siete meses, los bebés ya utilizan el metro para organizar ritmos y melodías y comienzan a mostrar preferencias influidas por la música de su entorno.
Más adelante, gatear, caminar, cantar, dar palmas o tocar un tambor conecta la audición con el movimiento. Los niños pequeños producen gestos rítmicos espontáneos, pero les cuesta alinearlos con una señal externa; la estabilidad mejora a lo largo de la edad escolar y la representación de estructuras métricas jerárquicas continúa madurando hasta la adolescencia.
La biología aporta, por tanto, el punto de partida, pero el cuerpo, la interacción social, la práctica musical y la cultura afinan el instrumento.
Una amplia investigación intercultural publicada en 2024 aporta una pieza importante. Tras estudiar 39 grupos de 15 países, incluidas comunidades indígenas, los autores comprobaron que todos tendían a transformar ritmos aleatorios en categorías basadas en relaciones temporales sencillas, como 1:1:1 o 1:1:2. Sin embargo, la importancia de cada patrón variaba y reflejaba las tradiciones musicales locales, explican los autores el estudio en la revista Nature Human Behaviour.
Hay, por tanto, tendencias compartidas, pero no una plantilla culturalmente inmutable. La universalidad del compás no equivale a que todas las sociedades organicen el tiempo musical de la misma manera, dice Nori Jacoby, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Cornell y autor principal del estudio.
Los macacos pueden detectar regularidades temporales y aprender a ajustar sus movimientos al tempo de la música, pero no muestran la sincronización espontánea, precisa y predictiva característica de los humanos. En la imagen, un macaca golpea una botella de plástico contra el suelo.
Los monos siguen el tempo, pero ¿sienten el compás?
Pero, ¿qué ocurre en el mundo animal? Los macacos ocupan una posición especialmente interesante, porque poseen los componentes básicos del sistema. Detectan la isocronía, perciben desviaciones temporales y pueden mantener durante un breve intervalo la velocidad aprendida.
Un macaco, dicen los autores de esta revisión científica, puede advertir que una sucesión de golpes es regular y detectar si uno llega tarde. También puede aprender a golpear una pantalla aproximadamente a la misma velocidad que una canción. Ninguna de esas habilidades demuestra por sí sola que haya generado un pulso interno.
Recordeos que la sincronización humana exige controlar el periodo y la fase.
En 2025, un trabajo publicado en Science bajo el sugerente título Monkeys have rhythm mostró que dos macacos, después de un entrenamiento intensivo con recompensas, ajustaban sus golpes al tempo de fragmentos musicales.
Háden y Honing consideran, sin embargo, que la afirmación de que los animales «se sincronizan» va más allá de los datos: los monos igualaban la velocidad, pero sus golpes no conservaban una alineación de fase estable como la que los humanos consiguen sin entrenamiento.
El placer de bailar pudo resultar decisivo
La recompensa podría ser una pieza de la diferencia que existe entre nosotros y el resto de los mamíferos. Los macacos necesitaban refuerzos externos, como comida o zumo, y mostraban señales de esfuerzo o frustración. Para las personas, en cambio, ajustarse al pulso musical suele resultar placentero por sí mismo.
🗣️ «La diferencia entre los seres humanos y otros primates quizá no dependa solo de si pueden igualar el tempo de la música, sino de si sincronizarse resulta intrínsecamente motivador y de si los sistemas auditivo, motor y de recompensa trabajan juntos con la intensidad suficiente para estabilizar la predicción», señala Honing.
A partir de estas observaciones, los investigadores proponen la hipótesis GAER, siglas en inglés de evolución audiomotora gradual con recompensa.
Según este modelo, la capacidad humana para seguir el compás no apareció gracias a un circuito cerebral completamente nuevo. Habría evolucionado mediante una integración progresivamente más estrecha entre sistemas auditivos, motores, predictivos y de recompensa ya presentes en los primates.
Loros, cacatúas y una leona marina que sigue el ritmo
Fuera de los primates existen excepciones fascinantes. Algunos loros y cacatúas sincronizan sus movimientos con músicas de diferentes velocidades. También se han observado balanceos provocados por sonidos y comportamientos rítmicos en algunos chimpancés, aunque las pruebas de una sincronización flexible siguen siendo limitadas.
Ronan, una leona marina de California entrenada durante años, mostró en un estudio de 2025 difundido en Scientific Reports una precisión comparable a la de personas adultas. «Es increíblemente precisa, con una variabilidad de solo una décima de un parpadeo de un ciclo a otro —confesó Peter Cook, neurocientífico del New College of Florida y coautor de la investigación, en un comunicado de esta institución. Y añadía—: A veces, puede adelantarse cinco milisegundos al compás, y otras veces puede retrasarse 10 milisegundos. Pero, básicamente, da en el blanco rítmico una y otra y otra vez».
Estos casos cuestionan la hipótesis de que seguir el compás dependa exclusivamente de las capacidades necesarias para el aprendizaje vocal. Sin embargo, no demuestran que la facultad esté extendida por el reino animal. Suelen corresponder a individuos excepcionales, sometidos a entrenamientos prolongados, y hasta ahora solo se ha estudiado una pequeña parte de las especies.
Cómo distinguir una prueba sólida de una conclusión prematura
Los autores también reclaman cautela al interpretar las técnicas utilizadas para estudiar el cerebro. Una oscilación neuronal que sigue la frecuencia de un estímulo puede reflejar una predicción interna, pero también podría ser la suma de las respuestas provocadas por cada sonido.
Del mismo modo, reaccionar ante una irregularidad temporal no equivale necesariamente a representar un compás. La respuesta puede deberse a adaptación neuronal, detección de cambios acústicos, aprendizaje estadístico o atención.
Para demostrar una verdadera predicción del pulso, los experimentos deben introducir silencios inesperados, controlar las propiedades acústicas, separar el ritmo de las probabilidades estadísticas y utilizar diseños comparables en bebés, adultos y otras especies. También será necesario combinar pruebas conductuales, electroencefalografía, genética, seguimiento del movimiento y modelos computacionales.
🗣️ «Para los músicos, encontrar el pulso puede parecer trivial —resume Honing. Y concluye—: Científicamente, esa aparente simplicidad es justo lo que lo hace emocionante: nos permite investigar cómo la biología, el desarrollo, la cultura y la evolución se encuentran en una de las capacidades fundamentales de la musicalidad humana».
Las pruebas disponibles indican que los bebés llegan al mundo preparados para descubrir el pulso musical. Los monos poseen varias de las piezas necesarias, pero no parecen ensamblarlas del mismo modo. Y unos pocos animales han encontrado soluciones evolutivas sorprendentes. Sentir el compás quizá no sea una facultad exclusivamente humana, pero su versión espontánea, flexible, predictiva y placentera continúa siendo una de las características más singulares de nuestra especie.▪️(13-septiembre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- El cerebro de los recién nacidos ya responde al ritmo: detecta cuándo falta un sonido en una posición importante del compás.
- No se trata solo de memorizar sonidos: los experimentos indican que los bebés pueden utilizar la estructura temporal para anticipar cuándo debería ocurrir algo.
- Esta capacidad todavía no está plenamente desarrollada al nacer: la experiencia, el movimiento y la cultura la vuelven más precisa y flexible.
- Los monos reconocen regularidades temporales: los macacos detectan cambios en el ritmo y pueden aprender a ajustar sus movimientos al tempo de la música.
- Seguir el tempo no equivale a sentir el compás: los monos no mantienen de forma espontánea la sincronización precisa y predictiva que muestran los humanos.
- El placer de sincronizarse puede ser decisivo: en las personas, moverse al ritmo resulta gratificante; los macacos suelen necesitar entrenamiento y recompensas externas.
- Algunos animales constituyen excepciones sorprendentes: loros, cacatúas y una leona marina han demostrado cierta capacidad para sincronizar sus movimientos con la música.
- La conclusión exige cautela: sentir el compás quizá no sea exclusivamente humano, pero su forma espontánea, flexible, precisa y placentera sigue siendo excepcional en nuestra especie.
Información facilitada por la Universidad de Ámsterdam
Fuente: Gábor Háden, Henkjan Honing. Critical Review on the Development and Evolution of Beat Perception. Annals of the New York Academy of Sciences (2026). DOI: https://doi.org/10.1111/nyas.70386
🦖 NO TE PIERDAS LA CIENCIA QUE ESTÁ CAMBIANDO EL MUNDO
- Cada domingo seleccionamos para ti las noticias y los descubrimientos científicos más fascinantes de la semana, explicados con rigor, claridad y el estilo de RexMolón, la Ciencia en Acción.👉 SUSCRÍBETE GRATIS A LA NEWSLETTER DE REXMOLÓN
-
Si quieres recibir las noticias de ciencia de RexMolón cada día, únete a RexMolón News en WhatsApp, el canal donde compartimos las noticias según se publican.👉 ÚNETE GRATIS A REXMOLÓN NEWS

