Un análisis de ADN de dos momias chilenas confirma que la viruela llegó a América con los europeos hace más de 500 años

Un estudio publicado en Science identifica por primera vez ADN de la viruela en dos momias indígenas de Chile y confirma que el virus llegó a América desde Europa durante la colonización. El hallazgo aporta la primera evidencia molecular directa de uno de los episodios más devastadores de la historia.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Micrografía electrónica del virus de la viruela (Variola virus). Introducido por los europeos durante la colonización, este patógeno desencadenó epidemias devastadoras entre las poblaciones indígenas de América, que carecían de inmunidad frente a la enfermedad. Cortesía: CDC

Durante más de quinientos años, dos cuerpos permanecieron enterrados bajo la arena del desierto de Atacama sin revelar el secreto que guardaban en sus huesos. Eran un hombre joven y una mujer adulta pertenecientes a una comunidad indígena del norte de Chile que vivió en el tránsito entre el Imperio inca y la colonización española. La extraordinaria capacidad conservadora del clima desértico convirtió ambos cadáveres en momias naturales, que, además, preservaron un testimonio biológico que la historia escrita jamás pudo ofrecer.

Hoy, gracias a la recuperación de ADN antiguo, esos restos han proporcionado la primera prueba molecular directa de que la viruela llegó al continente americano procedente de Europa: la viruela fue una enfermedad infecciosa muy contagiosa causada por el agente patógeno Variola virus —u Orthopoxvirus variola—, responsable de millones de muertes durante siglos. Fue erradicada oficialmente en 1980 gracias a una campaña mundial de vacunación impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El hallazgo, publicado en la revista Science, no solo confirma lo que durante siglos habían sostenido los historiadores, sino que reconstruye con una precisión sin precedentes la identidad genética del virus que desencadenó una de las mayores catástrofes demográficas de la historia de la humanidad; se calcula que, solo en el siglo XX, provocó unas 500 millones de muertes.

Por qué es importante detectar su huella en América

La investigación pone fin a una incógnita que llevaba años alimentando el debate entre arqueólogos, historiadores y genetistas. Aunque los documentos de la época describen epidemias devastadoras que acompañaron a la conquista europea, hasta ahora nadie había conseguido recuperar el ADN de la viruela en restos humanos americanos de aquellos primeros siglos coloniales.

En excavaciones anteriores sí habían aparecido rastros de otras enfermedades introducidas desde el Viejo Mundo, como la Salmonella enterica, la hepatitis B, el parvovirus y la bacteria responsable del pian, pero el gran protagonista de las crónicas seguía desaparecido.

Esa ausencia había comenzado incluso a sembrar dudas sobre la verdadera identidad de las epidemias que asolaron el continente durante el siglo XVI.

«Este trabajo es histórico», afirma en la revista Science el genetista evolutivo Hendrik Poinar, de la Universidad McMaster (Canadá), que no participó en el estudio. Durante años, explica, la incapacidad para encontrar ADN de la viruela llevó a algunos investigadores a preguntarse si los cronistas podían haberse equivocado al atribuir a esta enfermedad buena parte de las mortandades descritas tras la llegada de los europeos. Encontrar ahora el virus en momias de la América colonial supone, en sus palabras, un hallazgo «enormemente significativo».

Cómo descubrieron el ADN de la viruela en dos momias chilenas

La historia del descubrimiento tiene mucho de serendipia, esto es, de casualidad científica.

Los investigadores nunca salieron a buscar el virus. Su objetivo inicial era muy distinto: querían estudiar el ADN humano de trece individuos enterrados en el yacimiento arqueológico de Camarones 9, que está situado cerca de la ciudad chilena de Arica, para reconstruir el parentesco y los orígenes de aquella población indígena.

Las muestras óseas habían sido obtenidas décadas atrás, durante excavaciones realizadas en los años noventa. Sin embargo, cuando comenzaron los análisis apareció un problema inesperado.

El ADN humano estaba extraordinariamente degradado. «Fue terrible», recuerda la antropóloga biológica Constanza de la Fuente Castro, de la Universidad de Chile y una de las autoras principales del trabajo, en la revista Science.

Entonces ocurrió justo lo contrario con otro material genético presente en los huesos. Afortunadamente para los investigadores —y desafortunadamente para la pareja que falleció—, «el genoma de la viruela estaba en perfectas condiciones». El ADN de la cepa era casi idéntico en los huesos de ambas momias, lo que sugiere que murieron durante el mismo brote.

Y mientras que el ADN de los individuos apenas permitía reconstruir parte de su historia genética, el del virus se había conservado de forma extraordinaria. Tanto es así que uno de los genomas recuperados alcanzó una cobertura cercana al 99 % del virus completo, una calidad excepcional para un microorganismo con más de cuatro siglos de antigüedad.

El segundo individuo conservaba también suficiente material genético para demostrar que ambos estaban infectados prácticamente por la misma variante viral. En efecro, todo apunta a que murieron durante el mismo brote epidémico.

Este grabado del siglo XVI representa prácticas médicas atribuidas a los pueblos indígenas de América.

Este grabado del siglo XVI representa prácticas médicas atribuidas a los pueblos indígenas de América. La llegada de enfermedades europeas, como la viruela, provocó un colapso demográfico sin precedentes entre unas poblaciones que carecían de inmunidad frente a estos nuevos patógenos. Cortesía: Wellcome Collection Gallery / Coloreado con DALL·E.

Del arsénico al virus de la viruela

El descubrimiento permitió reinterpretar observaciones arqueológicas realizadas muchos años antes.

Algunas de las momias de Camarones 9 presentaban pequeñas lesiones cutáneas distribuidas principalmente por el tronco. Hasta ahora, esas marcas se habían atribuido a una exposición crónica al arsénico, un problema frecuente en determinadas zonas del norte chileno debido a la composición natural de las aguas subterráneas.

Sin embargo, la identificación del virus obliga ahora a contemplar otra explicación.

La viruela también produce lesiones compatibles con las descritas en aquellas momias.

Los investigadores creen que ambas circunstancias pudieron coexistir: una población expuesta durante años al arsénico y, además, golpeada por una epidemia de viruela llegada desde el otro lado del Atlántico.

Por qué este hallazgo confirma el origen europeo de la viruela en América

La gran fortaleza del estudio reside en que no se limita a demostrar que las personas padecieron viruela. También identifica exactamente qué tipo de viruela era.

Al comparar el genoma recuperado con decenas de variantes antiguas y modernas conservadas en bases de datos internacionales, los científicos reconstruyeron su árbol evolutivo. El resultado resulta extraordinariamente revelador.

La cepa chilena no pertenece a ninguna de las variantes modernas conocidas. Forma parte de un linaje completamente extinguido que ocupa una posición intermedia entre las antiguas cepas que circularon por Europa durante la época vikinga y los virus responsables de los brotes europeos de los siglos XVII y XVIII. En otras palabras, constituye un eslabón evolutivo que hasta ahora permanecía desconocido.

Los análisis sitúan la separación de esta rama evolutiva alrededor del año 1296, varios siglos antes de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano. Después, mediante una combinación de dataciones por radiocarbono y relojes moleculares, los investigadores concluyen que las dos personas infectadas murieron en algún momento comprendido entre 1492 y 1631.

Las fechas encajan como un fuante con la expansión colonial europea.

🗣️ «Es muy importante para un científico poder ser testigo de la historia utilizando datos moleculares», resume Shigeki Nakagome, genetista del Trinity College de Dublín, en Irlanda, y autor principal del estudio.

La genética respalda así con una contundencia inédita las reconstrucciones históricas elaboradas durante décadas: la viruela no existía previamente en América, sino que fue introducida desde el Viejo Mundo durante la colonización europea.

Este grabado del siglo XVIII representa el desembarco de Cristóbal Colón en La Española. Además de inaugurar el contacto entre dos mundos, la llegada de los europeos introdujo enfermedades como la viruela.

Este grabado del siglo XVIII representa el desembarco de Cristóbal Colón en La Española. Además de inaugurar el contacto entre dos mundos, la llegada de los europeos introdujo enfermedades como la viruela. Cortesía: Wellcome Collection Gallery / Coloreado con Gemini.

Un virus bien armado

Sin embargo, el estudio va bastante más allá de confirmar el origen geográfico de la enfermedad.

El genoma recuperado ofrece una oportunidad única para observar cómo estaba evolucionando el virus precisamente en el momento en que comenzaba una de las mayores expansiones epidemiológicas de la historia.

Los investigadores comprobaron que aquella variante americana ya había perdido numerosos genes presentes en otros ortopoxvirus ancestrales. En total identificaron 49 genes ausentes o inactivos, la mayoría compartidos con las variantes posteriores de la viruela humana. Este detalle resulta fundamental porque indica que el virus ya estaba completamente especializado en infectar seres humanos cuando cruzó el océano Atlántico.

No se trataba de un virus en proceso de adaptación.

Esa adaptación ya había ocurrido antes de llegar a América.

Por qué la viruela resultó tan devastadora en América

La trascendencia del descubrimiento va mucho más allá de identificar una antigua cepa viral. También ayuda a comprender por qué la viruela resultó tan devastadora en América.

Cuando los europeos desembarcaron en el continente a finales del siglo XV, millones de indígenas jamás habían estado expuestos al virus. A diferencia de las poblaciones europeas, asiáticas o africanas, donde la enfermedad llevaba siglos circulando y muchas personas sobrevivían tras adquirir inmunidad, los habitantes del Nuevo Mundo constituían una población completamente susceptible.

El virus encontró así un escenario excepcional para propagarse.

Las estimaciones históricas atribuyen a la viruela entre tres y cuatro millones de muertes en América, aunque algunos autores consideran que la cifra real pudo ser muy superior, si se tienen en cuenta las epidemias mal documentadas y las regiones donde apenas quedaron cronistas para describir lo ocurrido. El estudio recuerda precisamente que buena parte de las fuentes históricas fueron escritas por los colonizadores y apenas reflejan lo sucedido dentro de muchas comunidades indígenas. Por eso disponer ahora de una prueba biológica independiente resulta tan importante para reconstruir aquellos acontecimientos.

Además, el análisis genético de los propios individuos demuestra que ambos pertenecían a poblaciones indígenas americanas sin señales detectables de ascendencia europea. Sus haplogrupos mitocondriales—grupos de personas que comparten un mismo linaje materno, identificado mediante pequeñas variaciones en el ADN de las mitocondrias, que se hereda exclusivamente de la madre— corresponden a linajes ampliamente distribuidos entre los pueblos originarios del continente, lo que confirma que la transmisión del virus ya estaba produciéndose dentro de las comunidades locales.

Esta ilustración del Códice Florentino muestra a indígenas mexicas afectados por la viruela, con las características lesiones cutáneas provocadas por la enfermedad.

Esta ilustración del Códice Florentino muestra a indígenas mexicas afectados por la viruela, con las características lesiones cutáneas provocadas por la enfermedad. Crédito: Coloreddo con Gemini

Cómo evolucionó el virus antes y después de la colonización

Uno de los aspectos más interesantes del estudio tiene que ver con la propia evolución de la viruela.

Los investigadores compararon el genoma recuperado en Chile con virus medievales europeos, con una momia infantil hallada en Lituania y con decenas de variantes modernas del siglo XX. Esa comparación permitió reconstruir paso a paso cómo fue perdiendo genes a lo largo de los siglos.

Lejos de ser un detalle anecdótico, esa pérdida de genes constituye una de las principales estrategias evolutivas de muchos virus. A medida que se especializan en un único hospedador dejan de necesitar determinadas funciones biológicas, que terminan desapareciendo.

En el caso de la viruela, el proceso parece haberse desarrollado durante siglos.

La cepa encontrada en Chile representa precisamente una fase intermedia de esa evolución. Ya había perdido casi todos los genes cuya desaparición caracteriza a las variantes modernas, lo que indica que cuando cruzó el Atlántico ya era un patógeno extraordinariamente especializado en infectar seres humanos. Según los autores, la mayor parte de esa adaptación quedó prácticamente completada entre mediados del siglo XVI y comienzos del XVII.

¿La colonización dejó «congelada» la evolución del virus?

El trabajo propone además una hipótesis tan sugerente como polémica.

Al reconstruir el árbol evolutivo del virus, los científicos observaron que entre finales del siglo XVI y finales del XVIII disminuyó de forma llamativa la velocidad con la que acumulaba nuevas mutaciones. No solo dejaron de inactivarse genes importantes, sino que incluso descendió el ritmo de aparición de cambios genéticos en todo el genoma.

Para Nakagome, una posible explicación reside precisamente en el contexto histórico.

La expansión colonial creó enormes poblaciones humanas completamente vulnerables al virus. Desde esta perspectiva, la viruela habría encontrado unas condiciones tan favorables para transmitirse que apenas necesitó seguir adaptándose. Solo siglos más tarde, con la generalización de la vacunación iniciada por el médico inglés Edward Jennera finales del siglo XVIII, el virus habría vuelto a experimentar un aumento de su ritmo evolutivo.

Es una idea atractiva, aunque todavía está lejos de ser aceptada por toda la comunidad científica.

Poinar se muestra mucho más prudente. En su opinión, los virus evolucionan continuamente para responder a las defensas inmunológicas de sus hospedadores, por lo que una auténtica «pausa evolutiva» resulta difícil de justificar. Aun así, coincide en que la variante chilena era claramente distinta de las cepas modernas y considera incluso posible que fuera menos virulenta.

Pero eso no significa que fuera poco peligrosa.

«Incluso un virus menos agresivo habría tenido un impacto extremo sobre poblaciones que nunca antes habían estado expuestas», recuerda el investigador canadiense.

Una niña de Bangladesh afectada por la viruela en 1973, pocos años antes de que la enfermedad desapareciera definitivamente del país. La OMS certificó la erradicación de la viruela en Bangladesh en 1977.

Una niña de Bangladesh afectada por la viruela en 1973, pocos años antes de que la enfermedad desapareciera definitivamente del país. La OMS certificó la erradicación de la viruela en Bangladesh en 1977, un hito que precedió a la erradicación mundial de la enfermedad en 1980. Foto: CDC/James Hicks.

Por qué este hallazgo trastoca la paleogenómica americana

El descubrimiento ha sorprendido incluso a los especialistas dedicados a reconstruir antiguas epidemias mediante ADN.

«Los investigadores tuvieron muchísima suerte», reconoce en la revista Science la paleogenomista María Ávila Arcos, de la Universidad Nacional Autónoma de México, que tampoco participó en el estudio.

Su comentario no es una exageración.

La inmensa mayoría de los proyectos de paleogenómica seleccionan cementerios vinculados a hospitales, epidemias conocidas o documentos históricos que describen brotes infecciosos. Camarones 9 no cumplía ninguno de esos requisitos. No existían registros escritos que hablaran de una epidemia en aquel lugar ni en aquella época.

Precisamente por eso el hallazgo resulta tan valioso.

Según Ávila Arcos, este genoma se convertirá en un punto de referencia imprescindible para reconstruir con mucho mayor detalle cómo se extendió realmente la viruela por América y comparar futuros descubrimientos con esta nueva rama del árbol evolutivo.

Qué importancia tiene este descubrimiento para la historia de América

En ocasiones, la arqueología y la historia avanzan por caminos paralelos durante décadas sin llegar a encontrarse. Los documentos escritos ofrecen un relato; los restos humanos cuentan otro diferente. Solo muy de vez en cuando ambas líneas de evidencia convergen de manera tan contundente como en este caso.

Durante siglos, los cronistas narraron cómo una enfermedad desconocida abrió el camino a la conquista europea, diezmando poblaciones enteras incluso antes de que los ejércitos alcanzaran muchas regiones del continente. Sin embargo, esa reconstrucción siempre dependía de testimonios escritos, sujetos a errores, exageraciones o silencios.

Ahora son los propios virus quienes hablan.

El ADN recuperado de dos personas fallecidas hace más de cuatrocientos años demuestra que la viruela que devastó América pertenecía a un linaje originado en el Viejo Mundo, ya plenamente adaptado al ser humano y estrechamente emparentado con antiguas variantes europeas hoy desaparecidas.

Cinco siglos después de aquellas epidemias, el desierto chileno ha conservado un mensaje microscópico que ningún documento histórico podía ofrecer con tanta precisión. Las momias de Camarones no solo revelan de qué murieron dos personas anónimas. También permiten contemplar, por primera vez, el rostro genético del virus que acompañó a la colonización europea y transformó para siempre la historia demográfica, social y cultural del continente americano.▪️(31-julio-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Es la primera evidencia genética directa de la viruela en la América colonial.
  • El virus fue identificado en dos momias indígenas halladas en el norte de Chile.
  • La cepa pertenece a un linaje europeo hoy extinguido.
  • El estudio confirma que la enfermedad llegó con la colonización europea.
  • La investigación se publica en la revista científica Science.
  • El ADN demuestra que el virus ya estaba completamente adaptado al ser humano cuando cruzó el Atlántico.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Viruela y América

🦠 ¿Cómo llegó la viruela a América?

Según el estudio, llegó desde Europa durante la colonización iniciada tras el viaje de Cristóbal Colón en 1492.

🦠 ¿Dónde encontraron las momias?

En el yacimiento arqueológico de Camarones 9, cerca de Arica, en el norte de Chile.

🦠 ¿Qué demuestra el ADN viral?

Que el virus pertenece a un linaje europeo ya extinguido y que circulaba entre poblaciones indígenas durante los primeros siglos de la colonización.

🦠 ¿Por qué este descubrimiento es importante?

Porque constituye la primera prueba genética directa de que la viruela fue introducida en América desde el Viejo Mundo.

🦠 ¿La cepa encontrada sigue existiendo?

No. Los análisis muestran que pertenece a un linaje desaparecido antes del siglo XX.

  • Fuente: Bruno Romero González et al. The genomic identity of early smallpox in South America. Science (2026). DOI: 10.1126/science.aee6957

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