Un gran metaanálisis desmonta la relación entre testosterona y conducta de riesgo
Durante décadas, la testosterona fue considerada la gran hormona del riesgo, la impulsividad y las decisiones temerarias. Ahora, el análisis más amplio realizado hasta la fecha cuestiona una de las ideas más populares de la neurociencia del comportamiento.
Por Enrique Coperías, periodista científico
La idea de que la testosterona impulsa conductas temerarias y una mayor inclinación al riesgo ha sido durante décadas uno de los grandes supuestos de la neurociencia del comportamiento. Foto: Web Donut
La testosterona ha ocupado un lugar central en el imaginario popular sobre su papel central en las conductas de riesgo. El estereotipo es bien conocido: más testosterona equivaldría a más impulsividad, más agresividad y una mayor inclinación a asumir apuestas peligrosas, desde las finanzas hasta la conducción temeraria y los deportes extremos.
Esa idea ha impregnado no solo la cultura popular, sino también buena parte de la investigación científica de las últimas décadas. Sin embargo, un nuevo y amplio metaanálisis internacional acaba de cuestionar de forma contundente esa relación aparentemente intuitiva: la testosterona, concluyen los autores, no parece explicar de manera general el comportamiento arriesgado humano.
El estudio, publicado en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews y coordinado por Francesco Bossi, del Departamento de Ingeniería de la Información, en la Universidad de Pisa (Italia), recoge 52 investigaciones previas que incluían 94 mediciones independientes y más de 17.000 participantes en total. Se trata, según Bossi, de la revisión cuantitativa más amplia realizada hasta ahora sobre la relación entre las testosterona y nuestras preferencias de riesgo.
El resultado principal fue prácticamente nulo: la correlación estadística agregada entre niveles de testosterona y tendencia a asumir riesgos fue cercana a cero.
Qué descubrió exactamente el estudio sobre la testosterona y el riesgo
«La idea de una hormona que empuja de manera general a asumir riesgos resulta demasiado simplista», señalan los investigadores en la discusión del trabajo. A su juicio, los datos apuntan a «efectos estrechos, dependientes del contexto y muy sensibles al tipo de tarea experimental utilizada».
La conclusión golpea una hipótesis muy extendida tanto en neurociencia como en economía conductual:
✅ Desde hace años, numerosos trabajos habían sugerido que la testosterona podía influir en las decisiones arriesgadas, especialmente en hombres.
✅ Algunos estudios relacionaban niveles elevados de esta hormona con una mayor disposición a invertir agresivamente en bolsa o a aceptar apuestas económicas más inciertas.
✅ Otras investigaciones apuntaban incluso a que la testosterona podía explicar parte de las diferencias de comportamiento observadas entre hombres y mujeres ante situaciones de riesgo.
El problema es que «riesgo» no significa siempre lo mismo
Pero el nuevo análisis dibuja un panorama mucho más complejo y menos espectacular. «La evidencia desafía la idea de que la testosterona proporcione una base hormonal general para las preferencias de riesgo humanas», escriben los investigadores. En lugar de una explicación biológica simple, proponen un marco biopsicosocialen el que el comportamiento arriesgado surge de la interacción entre contexto social, emociones, aprendizaje, características cognitivas y circunstancias concretas.
«La etiqueta asunción de riesgos engloba procesos psicológicos muy distintos —explican los autores—. No es lo mismo reaccionar impulsivamente en una tarea experimental que calcular probabilidades económicas en una decisión financiera».
➡️ La imagen clásica «hormona igual a conducta» empieza así a resquebrajarse.
Por qué durante años muchos estudios sí encontraron relación
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que ayuda a explicar por qué los estudios anteriores ofrecían resultados tan contradictorios. Algunos encontraban una asociación positiva entre testosterona y riesgo; otros, ninguna; y algunos incluso detectaban relaciones inversas. Según los autores, buena parte de esa confusión proviene de que asumir riesgos no es una sola cosa.
En efecto, no es lo mismo decidir cuánto dinero invertir en una lotería económica que participar en un videojuego experimental donde hay recompensas inmediatas, o responder a un cuestionario sobre hábitos cotidianos. Cada prueba activa procesos mentales diferentes: cálculo racional, búsqueda de sensaciones, aprendizaje a partir de errores, control emocional o impulsividad.
El metaanálisis detectó precisamente que los resultados variaban según el tipo de tarea utilizada. Solo las llamadas tareas de lotería, frecuentes en economía experimental, mostraban una asociación modesta entre testosterona y mayor disposición al riesgo. En cambio, pruebas muy usadas en psicología, como el Balloon Analogue Risk Task (BART) o el Iowa Gambling Task (IGT), no mostraban relación consistente alguna.
➡️ Eso sugiere que muchos estudios anteriores quizá estaban midiendo fenómenos distintos bajo una misma etiqueta. «Los paradigmas experimentales no son intercambiables —advierten los investigadores—. Cada uno pone el foco en componentes diferentes, como el cálculo racional, la sensibilidad a las pérdidas o la activación emocional».
Las investigaciones sobre testosterona y riesgo han analizado desde deportes extremos hasta decisiones económicas y financieras cotidianas. Foto: Alexander Mils
Cómo se mide la testosterona y por qué esto cambia los resultados
El polémico ratio 2D:4D
Otro problema importante reside en cómo se mide la propia testosterona. Algunas investigaciones analizan directamente la hormona en la saliva o la sangre. Otras recurren a métodos indirectos mucho más discutidos, como la proporción entre la longitud de los dedos índice y anular, el llamado ratio 2D:4D, utilizado durante años como supuesto marcador de exposición prenatal a testosterona.
Este indicador parte de la idea de que las personas expuestas a mayores niveles de testosterona en el útero tienden a tener el dedo anular relativamente más largo que el índice, una característica que algunos estudios relacionaron con rasgos como la competitividad, la agresividad o la inclinación al riesgo.
El nuevo trabajo subraya que esos indicadores indirectos presentan problemas importantes de validez. De hecho, algunos de los estudios más sólidos y con muestras más amplias han puesto en duda que el famoso ratio de los dedos prediga realmente comportamientos económicos o preferencias de riesgo.
El equipo de Bossi encontró que las asociaciones parecían algo más fuertes cuando se utilizaban esos marcadores indirectos, mientras que las mediciones hormonales directas ofrecían resultados mucho menos convincentes. Para los investigadores, eso apunta más a artefactos metodológicos que a una verdadera relación biológica robusta.
Las diferencias entre hombres y mujeres no se explican solo por hormonas
Además, el estudio desmonta otra idea muy extendida: que la testosterona explicaría las diferencias entre hombres y mujeres en su relación con el riesgo. Aunque numerosos trabajos muestran que, en promedio, los hombres suelen asumir más riesgos que las mujeres en determinados contextos, el metaanálisis no encontró que la relación entre testosterona y riesgo fuera más fuerte en varones que en mujeres.
Eso obliga a mirar hacia factores más amplios. Los autores apuntan a elementos culturales, educativos y sociales: expectativas de género, procesos de socialización, normas culturales o estilos emocionales aprendidos.
La biología sigue formando parte del cuadro, pero ya no aparece como la explicación central y universal que durante años muchos buscaron.
El estudio tampoco encontró evidencias de que la testosterona explique por sí sola las diferencias entre hombres y mujeres en la asunción de riesgos. Foto: Elijah Hiett
Los nuevos grandes estudios también encuentran efectos nulos
La revisión también llega en un momento de creciente debate sobre la reproducibilidad científica de muchos hallazgos en psicología y neurociencia. Durante la última década, numerosos resultados considerados clásicos han empezado a revisarse tras comprobarse que estudios pequeños y llamativos a menudo no se replicaban en muestras grandes.
Los propios autores recuerdan que trabajos recientes y de gran tamaño, publicados después del periodo analizado por el metaanálisis, refuerzan esta conclusión escéptica. Uno de ellos, un ensayo clínico aleatorizado realizado con hombres que recibieron testosterona intranasal o placebo antes de realizar tareas económicas, no encontró ningún efecto significativo de la hormona sobre las preferencias de riesgo.
Otro estudio, basado en la administración repetida de testosterona durante casi un mes, tampoco observó cambios consistentes en agresividad, competencia o asunción de riesgos.
Aún es pronto para sacar conclusiones
La fuerza del nuevo metaanálisis reside precisamente en su tamaño y en su enfoque estadístico. Los investigadores analizaron de forma conjunta estudios muy diversos y aplicaron modelos de efectos aleatorios para tener en cuenta las diferencias metodológicas entre ellos. También examinaron el posible sesgo de publicación —la tendencia de las revistas científicas a publicar sobre todo resultados positivos— y no encontraron señales de que hubiera una gran cantidad de estudios ocultos con resultados negativos.
Eso no significa que la testosterona no influya nunca en el comportamiento humano. Los autores son cuidadosos y evitan afirmaciones tajantes. Señalan que podría desempeñar un papel limitado y muy dependiente del contexto. Por ejemplo, algunos trabajos sugieren que cambios temporales en la hormona después de ganar o perder una competición podrían influir en decisiones posteriores.
Pero esa literatura todavía es limitada y demasiado heterogénea para extraer conclusiones firmes.
La investigación futura, sostienen, debería abandonar la búsqueda de una explicación hormonal única para el riesgo y centrarse en modelos más complejos. Eso implica combinar neurociencia, economía conductual, psicología social y endocrinología; utilizar diseños preregistrados y muestras grandes; y definir con mucha más precisión qué aspecto concreto del riesgo se está estudiando.
La conclusión científica más sólida hasta ahora
En cierto modo, el estudio refleja un cambio más amplio en la ciencia del comportamiento humano. Durante años predominó la tentación de encontrar causas simples y directas: una hormona para la agresividad, un gen para la depresión, una región cerebral para la empatía. La realidad, sin embargo, suele ser mucho menos lineal.
Nuestra conducta emerge de redes complejas de biología, experiencia y cultura que interactúan constantemente. Y aunque las hormonas siguen siendo piezas importantes de ese rompecabezas, cada vez resulta más difícil sostener relatos reduccionistas.
La testosterona, al menos según esta revisión masiva de la evidencia disponible, no parece ser el “interruptor biológico” del riesgo que durante tanto tiempo se imaginó.▪️(13-mayo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Testosterona y Comportamiento de Riesgo
🧪 ¿La testosterona vuelve a las personas más agresivas o impulsivas?
La evidencia científica actual sugiere que la relación es mucho más compleja y dependiente del contexto de lo que se creía hace años.
🧪 ¿Existe relación entre testosterona y decisiones financieras arriesgadas?
Algunos experimentos económicos sí encontraron asociaciones débiles, pero el nuevo metaanálisis concluye que no existe una relación general robusta.
🧪 ¿La testosterona explica por qué los hombres asumen más riesgos?
No. El estudio no encontró que la relación entre testosterona y riesgo fuera más fuerte en hombres que en mujeres.
🧪¿Qué es un metaanálisis?
Un metaanálisis es una investigación que combina estadísticamente resultados de muchos estudios previos para obtener una conclusión más sólida y fiable.
SALUD Y CUERPO HUMANO
Fuente: Irene Sánchez Rodríguez, Luca Bailo, Folco Panizza, Emiliano Ricciardi, Francesco Bossi. No relationship between testosterone and risk aversion: A meta-analytic review. Neuroscience & Biobehavioral Reviews (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2026.106575.

