Descubren una posible exoluna que desafía la definición de planeta y de luna

Un objeto con una masa similar a la de Júpiter que orbita una enana marrón se ha convertido en el mejor candidato a la primera exoluna detectada fuera del Sistema Solar. El hallazgo no solo acerca un descubrimiento histórico, sino que obliga a replantearse dónde termina un planeta y dónde empieza una luna.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Ilustración del sistema CD-35 2722, donde una estrella (al fondo, a la izquierda) es orbitada por una enana marrón y, a su vez, por un objeto de al menos la masa de Júpiter que constituye el mejor candidato a primera exoluna detectada hasta la fecha. Cortesía: ESO/M. Kornmesser.

Si alguien preguntara qué es una luna, casi cualquiera respondería sin dudar que se trata de un cuerpo que gira alrededor de un planeta. La definición parece tan evidente como afirmar que la Tierra gira alrededor del Sol. Sin embargo, la astronomía tiene la incómoda costumbre de descubrir objetos que desbaratan nuestras certezas. Y eso es exactamente lo que acaba de suceder.

Un equipo internacional de investigadores ha encontrado las pruebas más convincentes hasta la fecha de la existencia de un satélite natural fuera del Sistema Solar. En principio, la noticia parece sencilla: podría haberse descubierto la primera exoluna. Pero basta con observar el sistema donde vive este extraño objeto para comprender que nada es tan simple.

La supuesta luna no gira alrededor de un planeta. Su anfitrión es una enana marrón, un tipo de astro situado en una tierra de nadie entre los planetas gigantes y las estrellas. Y esa enana marrón, a su vez, orbita alrededor de una estrella situada a unos 350 años luz de la Tierra. El resultado es una especie de muñeca rusa cósmica formada por tres niveles de objetos, una arquitectura tan inusual que ha obligado a los propios descubridores a preguntarse cómo deberían llamarla.

🗣️ «Este sistema es algo difícil de definir usando palabras basadas en nuestro Sistema Solar, como planeta y luna —reconoce Kevin Hoy, investigador del Observatorio Europeo Austral (ESO), la Universidad Diego Portales (Chile) y autor principal del estudio publicado en Nature. Y añade en un comunicado del ESO—: El exosatélite es claramente lo suficientemente masivo como para ser un planeta, pero no orbita una estrella. Al ser la tercera pieza de este sistema, nos hace querer llamarlo luna, aunque no se parezca en nada a las pequeñas lunas rocosas que tenemos en nuestro Sistema Solar».

Por qué esta posible exoluna es tan especial

El escenario de este descubrimiento recibe el poco poético nombre de CD-35 2722, un sistema muy joven cuya estrella principal posee aproximadamente la mitad de la masa del Sol.

A una enorme distancia de ella orbita CD-35 2722 B, una enana marrón con unas 37 veces la masa de Júpiter. Las enanas marrones suelen describirse como estrellas fallidas, aunque esa expresión resulta algo injusta. Son objetos demasiado masivos para ser considerados planetas, pero demasiado pequeños para alcanzar las temperaturas y presiones necesarias para iniciar la fusión estable del hidrógeno que caracteriza a las estrellas.

Desde hace años, CD-35 2722 B es por si misma un objeto interesante por sí mismo. Descubierta mediante observación directa en 2011, su órbita superexcéntrica alrededor de la estrella principal despertó la curiosidad de los astrónomos. Sin embargo, nadie imaginó que pudiera esconder un compañero aún más sorprendente.

Ese acompañante tendría una masa mínima cercana a la de Júpiter, completaría una vuelta alrededor de la enana marrón aproximadamente cada 171 días y estaría situado a unas 0,2 unidades astronómicas de ella, es decir, una distancia equivalente a una quinta parte de la que separa la Tierra del Sol.

La cuestión es que un objeto con semejante tamaño podría ser perfectamente clasificado como planeta… si orbitara directamente una estrella.

Pero no lo hace.

Vista del campo estelar donde se encuentra CD-35 2722, el sistema que alberga una estrella, una enana marrón y el candidato más sólido a primera exoluna detectado hasta ahora.

Vista del campo estelar donde se encuentra CD-35 2722, el sistema que alberga una estrella, una enana marrón y el candidato más sólido a primera exoluna detectado hasta ahora. Aunque la enana marrón y su posible satélite no son visibles en esta imagen, su presencia ha podido inferirse gracias a sus efectos gravitatorios. Cortesía: ESO/Digitized Sky Survey 2.

Cómo detectaron la posible exoluna

Encontrar exoplanetas ya es una tarea extraordinariamente complicada. Pero detectar una posible luna situada alrededor de uno de esos mundos resulta mucho más difícil.

Hasta ahora se han confirmado más de 6.000 exoplanetas, pero ninguna exoluna ha logrado convencer por completo a la comunidad científica. Han aparecido algunos candidatos prometedores, aunque ninguno ha reunido pruebas lo suficientemente sólidas como para ser aceptado sin reservas.

El equipo del nuevo trabajo decidió utilizar una estrategia diferente.

Qué es la técnica de la velocidad radial

En lugar de intentar observar directamente el supuesto satélite, recurrieron al mismo método que revolucionó la búsqueda de exoplanetas hace tres décadas: la técnica de la velocidad radial. Cuando un planeta gira alrededor de una estrella, no solo el planeta se mueve. Ambos cuerpos orbitan un centro de masas común. Como consecuencia, la estrella realiza un pequeño bamboleo que puede detectarse midiendo minúsculos cambios en la longitud de onda de su luz.

En esta ocasión, el procedimiento se aplicó por primera vez a una enana marrón.

Durante más de dos años, entre octubre de 2023 y febrero de 2026, los investigadores observaron de forma repetida a CD-35 2722 B con la ayuda del espectrógrafo CRIRES+, instalado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral, en Chile. Obtuvieron veintitrés observaciones de alta calidad y analizaron con enorme precisión las ligerísimas variaciones en la velocidad del objeto.

El resultado fue inesperado. Los datos revelaban una señal periódica extraordinariamente consistente.

Un bamboleo que se repite cada 171 días

Los investigadores comprobaron primero que aquella señal no fuera fruto del azar, y a reglón seguido aplicaron modelos orbitales cada vez más sofisticados para intentar explicar el movimiento observado.

El escenario más sencillo describe una única luna con una masa mínima de unas 0,9 masas de Júpiter, una órbita ligeramente elíptica y un periodo de unos 171 días. Existía otra posibilidad algo más compleja: que hubiera en realidad dos satélites, uno de ellos con una órbita de unos 87 días.

Ambos modelos reproducían razonablemente bien las observaciones. Pero había un problema.

Así es, cuando el equipo simuló durante miles de años la evolución dinámica del sistema mediante cálculos gravitatorios, descubrió que el escenario con dos satélites resultaba tremendamente inestable. En la mayoría de las simulaciones, uno de los dos acababa siendo expulsado del sistema en apenas unos cientos de años, salvo bajo configuraciones orbitales muy poco probables.

¿Uno o dos satélites?

En cambio, el modelo con un único satélite permanecía estable durante largos periodos. Esa diferencia llevó a los autores a considerar mucho más plausible la existencia de un solo compañero orbitando la enana marrón.

Los científicos también barajaron otras posibles explicaciones: ¿Podrían las variaciones deberse a tormentas gigantescas en la atmósfera de la enana marrón? ¿A manchas superficiales? ¿A errores instrumentales? ¿A cambios producidos por la atmósfera terrestre?

Los investigadores examinaron con mimo todas esas posibilidades, y concluyeron que ninguna explica de forma convincente la señal periódica observada, aunque insisten en que serán necesarias nuevas observaciones para confirmar sin lugar a la duda el hallazgo.

Recreación artística de la peculiar arquitectura del sistema CD-35 2722. El objeto descubierto se comporta como una luna porque orbita una enana marrón, aunque su tamaño es comparable al de un planeta gigante, un hallazgo que desafía las definiciones tradicionales de planeta y satélite. Crédito: ESO/M. Kornmesser.

¿Por qué no saben si llamarla luna o planeta?

Más allá del descubrimiento en sí, lo verdaderamente revolucionario aparece cuando llega el momento de ponerle nombre. En nuestro Sistema Solar las reglas parecen sencillas: los planetas giran alrededor del Sol y las lunas lo hacen alrededor de los planetas.

Pero el universo no siempre sigue nuestras normas.

Aquí el objeto central no es una estrella, sino una enana marrón. Y el supuesto satélite posee una masa comparable a la de un planeta gigante gaseoso.

🗣️ Alice Zurlo, directora del Núcleo Milenio YEMS y coautora del estudio, resume perfectamente el dilema: «En el Sistema Solar tenemos una clara delimitación entre los planetas y el Sol, así que definir cosas como las lunas es sencillo. En el sistema CD-35 2722, donde difuminamos las líneas entre estrellas, planetas y lunas, todo se vuelve más complicado de describir».

Los propios investigadores han optado por emplear un término deliberadamente neutral: exosatélite. No porque sea más elegante. Sino porque quizá la voz luna ya no describa de manera adecuada lo que están viendo.

Cuando el universo deja pequeñas nuestras definiciones

Si el hallazgo termina confirmándose con nuevas observaciones, el mayor impacto quizá no sea haber encontrado una nueva exoluna, sino haber descubierto que nuestras categorías astronómicas empiezan a quedarse cortas.

La astronomía ha construido durante décadas un vocabulario bastante sólido para describir el cosmos. Las estrellas son estrellas. Los planetas giran alrededor de ellas. Las lunas orbitan planetas. Las enanas marrones ocupan una posición intermedia.

Pero sistemas como CD-35 2722 empiezan a difuminar esas fronteras.

El candidato descubierto posee una masa mínima cercana a la de Júpiter. Si orbitara directamente la estrella principal, nadie discutiría demasiado que se trata de un planeta gigante gaseoso. Sin embargo, gira alrededor de una enana marrón. ¿Basta ese detalle para convertirlo automáticamente en una luna?

La respuesta resulta sorprendentemente complicada.

Un debate que ya no es solo semántico

A menudo puede parecer que discutir nombres es una cuestión menor, casi burocrática. Sin embargo, en ciencia las definiciones importan, porque reflejan cómo creemos que se forman los objetos y cómo evolucionan.

Actualmente, la Unión Astronómica Internacional considera planetas a los cuerpos con masas inferiores al límite necesario para iniciar la fusión del deuterio —unas trece masas de Júpiter— siempre que orbiten una estrella, una enana marrón o un remanente estelar y cumplan determinados criterios dinámicos. Curiosamente, esa definición apenas tiene en cuenta la jerarquía completa del sistema, sino únicamente el objeto alrededor del que orbitan directamente.

Sin embargo, el sistema CD-35 2722 pone de manifiesto que dos objetos con masas parecidas pueden vivir historias completamente distintas. Un planeta que gira alrededor de una estrella recibe durante miles de millones de años una enorme cantidad de energía en forma de luz y calor.

En cambio, una enana marrón va apagándose lentamente con el paso del tiempo.

Los autores del estudio señalan que, cuando este sistema alcance una edad comparable a la del Sistema Solar, la enana marrón será aproximadamente cien veces menos luminosa que ahora, mientras la estrella principal seguirá brillando casi igual. Esa diferencia cambia el entorno físico del supuesto satélite.

En otras palabras, aunque tenga masa de planeta, su evolución se parecerá mucho más a la de una luna que acompaña a un objeto subestelar.

Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, fotografiada por la sonda Cassini durante uno de sus sobrevuelos más cercanos. Bajo su corteza de hielo se esconde un océano global que expulsa chorros de agua, vapor y compuestos orgánicos al es

Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, fotografiada por la sonda Cassini durante uno de sus sobrevuelos más cercanos. Bajo su corteza de hielo se esconde un océano global que expulsa chorros de agua, vapor y compuestos orgánicos al espacio. Cortesía: ESO / Digitized Sky Survey 2

Quizá necesitamos una palabra nueva

Conscientes de este dilema, los investigadores han evitado decantarse por una clasificación definitiva.

En el artículo utilizan deliberadamente el término satélite, una palabra suficientemente neutra para describir cualquier objeto que orbita otro considerablemente más masivo. En la nota de prensa lanzada por el ESO se emplea además la expresión exosatélite, precisamente porque el término exoluna todavía carece de una definición aceptada internacionalmente.

🗣️ «El satélite que damos a conocer es un cuerpo gaseoso gigante que orbita a un compañero de alta masa, que a su vez tiene varias veces la masa de Júpiter —explica Zurlo. Y añade una reflexión que resume perfectamente el problema—: En el sistema CD-35 2722, donde difuminamos las líneas entre estrellas, planetas y lunas, todo se vuelve más complicado de describir».

Quizá, sugieren incluso los propios autores, estamos llegando al límite de un lenguaje diseñado para explicar exclusivamente el Sistema Solar. Tal vez sea necesario crear una categoría nueva para este tipo de objetos híbridos que empiezan a aparecer gracias a instrumentos cada vez más precisos.

Mucho más que una curiosidad

La importancia científica del descubrimiento va bastante más allá de la clasificación. Las lunas constituyen una pieza esencial para comprender cómo nacen y evolucionan los sistemas planetarios.

En el Sistema Solar existen más de 290 satélites naturales conocidos. Algunos, como Europa y Encélado, figuran entre los lugares más prometedores para buscar vida gracias al calentamiento interno producido por las fuerzas gravitatorias de sus planetas.

Hasta ahora, sin embargo, apenas sabíamos si esos satélites eran una rareza o una característica habitual en el resto de la galaxia.

Encontrar exolunas permitirá responder preguntas fundamentales como las siguientes: ¿Son comunes los sistemas con varias lunas? ¿Existen satélites alrededor de planetas gigantes tan frecuentemente como ocurre en nuestro Sistema Solar? ¿Pueden formarse de maneras completamente diferentes?

Cada nueva detección ayudará a poner a prueba los modelos de formación planetaria y permitirá reconstruir con mayor precisión la historia dinámica de estos sistemas.

Qué significa este descubrimiento para la astronomía

Los autores insisten en que este hallazgo aún necesita confirmación independiente. La señal detectada mediante velocidad radial resulta muy convincente, pero será necesario seguir observando el sistema durante más tiempo para descartar de forma definitiva otras explicaciones y afinar la órbita del objeto.

Ahí entrará en escena uno de los proyectos astronómicos más ambiciosos del siglo XXI.

El Telescopio Extremadamente Grande (ELT) del Observatorio Europeo Austral, actualmente en construcción en el desierto chileno de Atacama, contará con un espejo principal de 39 metros de diámetro, el mayor jamás construido para observar el universo en luz visible e infrarroja.

Su enorme capacidad permitirá detectar movimientos mucho más pequeños y estudiar objetos considerablemente menos masivos que los actuales. Eso significa que, si las exolunas son relativamente frecuentes, el ELT podría descubrir muchas durante las próximas décadas. Y entonces el problema dejará de ser encontrar una.

El verdadero desafío será decidir cómo llamarlas.

Un cosmos que siempre va un paso por delante

La historia de la astronomía está llena de momentos en los que un descubrimiento obligó a cambiar las reglas. Cuando se descubrieron las primeras enanas marrones hubo que aceptar que existían objetos a medio camino entre planetas y estrellas. Y cuando aparecieron los primeros exoplanetas gigantes extremadamente próximos a sus estrellas,hubo que revisar por completo las teorías de formación planetaria.

Ahora puede estar ocurriendo algo parecido.

El candidato hallado en CD-35 2722 quizá termine siendo confirmado como la primera exoluna conocida. O quizá futuras observaciones obliguen a reinterpretar los datos y ofrecer otra explicación. Pero incluso si eso ocurriera, el estudio ya habrá dejado una enseñanza importante.

El universo no tiene ninguna obligación de ajustarse a las categorías que inventamos para describirlo.

Como concluyen los propios investigadores, puede que estemos acercándonos al límite de un lenguaje construido pensando únicamente en nuestro vecindario cósmico. Y cuanto más lejos miramos, más evidente resulta que la naturaleza siempre encuentra maneras de sorprendernos.

Quizá, dentro de unos años, la pregunta ya no sea si este objeto es un planeta o una luna. La verdadera cuestión será si seguimos necesitando esas palabras para entender un universo infinitamente más creativo que nuestra imaginación.▪️(23-julio-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Es la evidencia más sólida de una posible exoluna.
  • El objeto orbita una enana marrón, no una estrella.
  • Tiene aproximadamente la masa de Júpiter.
  • El sistema desafía la clasificación tradicional de planetas y lunas.
  • El futuro Telescopio Extremadamente Grande (ELT) permitirá buscar muchas más exolunas.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Exolunas y Enanas Marrones

🌔 ¿Qué es una exoluna?

Es un satélite natural situado fuera del Sistema Solar que orbita un planeta u otro objeto subestelar. Hasta ahora ninguna había sido confirmada de forma definitiva.

🌔 ¿Se ha descubierto ya la primera exoluna?

No de forma definitiva. El objeto detectado en el sistema CD-35 2722 es el candidato más sólido encontrado hasta la fecha, aunque serán necesarias nuevas observaciones para confirmarlo.

🌔 ¿Qué es una enana marrón?

Es un objeto celeste con más masa que un planeta gigante, pero insuficiente para iniciar la fusión estable del hidrógeno como hacen las estrellas.

🌔 ¿Cómo encontraron esta posible exoluna?

Los investigadores utilizaron el método de la velocidad radial, que detecta pequeños movimientos de la enana marrón provocados por la gravedad del objeto que la orbita.

🌔 ¿Por qué no saben si es una luna o un planeta?

Porque tiene una masa comparable a la de un planeta gigante, pero no orbita una estrella, sino una enana marrón. Eso hace que las definiciones tradicionales no encajen completamente.

🌔 ¿Qué telescopio realizó las observaciones?

El Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), utilizando el espectrógrafo CRIRES+.

🌔 ¿Qué aportará el futuro ELT?

El Telescopio Extremadamente Grande (ELT), con un espejo de 39 metros, podrá detectar exolunas más pequeñas y estudiar con mucha mayor precisión sistemas planetarios complejos.

  • Información facilitada por el ESO

  • Fuente: Hoy, K., Zurlo, A., Peña R, P. A. et al. Planetary-mass exosatellite detected around the substellar companion of a star. Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10751-w

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