El estrés crónico puede provocar una inflamación oculta que daña el corazón

Un estudio con cerca de medio millón de personas relaciona la inflamación crónica asociada al estrés cotidiano, la precariedad económica, el tabaquismo y el exceso de grasa corporal con cambios silenciosos en la estructura del corazón. Los participantes con mayor inflamación presentaron un 43 % más de riesgo de sufrir un infarto, un ictus e insuficiencia cardiaca.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El estrés crónico puede alimentar una inflamación silenciosa asociada con daños en el corazón.

El estrés crónico puede alimentar una inflamación silenciosa asociada con daños en el corazón. Foto de Gustavo Fring

La inflamación suele asociarse con una herida enrojecida, una infección o una articulación dolorida. Pero existe otra forma mucho más discreta: una activación persistente y de baja intensidad del sistema inmunitario que no provoca síntomas evidentes y que puede prolongarse durante años sin dar la cara. Es lo que los expertos conocen como inflamación crónica de baja intensidad.

Una nueva investigación realizada con cerca de medio millón de adultos británicos sugiere que este tipo de inflamación está relacionada con cambios estructurales en el corazón y con un riesgo significativamente mayor de sufrir un infarto o un ictus.

El estudio, publicado en la revista European Journal of Preventive Cardiology, es el mayor realizado hasta ahora para examinar de forma conjunta la inflamación sistémica, esto es, la activación del sistema inmunitario que afecta a todo el organismo; la estructura cardiaca; los factores sociales y ambientales; y la predisposición genética.

Sus resultados dibujan una cadena biológica compleja en la que confluyen la obesidad, el tabaquismo, el malestar psicológico, la precariedad económica y los genes. El estrés de la vida cotidiana no aparece aquí como una emoción abstracta, sino como un conjunto de circunstancias capaces de dejar una huella medible en el organismo.

«Millones de personas podrían estar viviendo con una inflamación oculta que está modificando lentamente su corazón y causando daños a largo plazo», advierte Declan O’Regan, catedrático de Inteligencia Artificial Cardiovascular en el Imperial College de Londres y responsable del Grupo de Imagen Cardiaca Computacional del MRC Laboratory of Medical Sciences. Y añade—: Ese proceso puede elevar el riesgo de infarto e ictus mucho antes de que aparezca cualquier síntoma».

El mayor estudio realizado sobre inflamación y estructura cardiaca

Los investigadores analizaron datos recabados de 488.079 participantes del UK Biobank, una gigantesca base de información biomédica que sigue desde hace años a medio millón de residentes en el Reino Unido.

La inflamación se evaluó mediante un indicador sanguíneo denominado GlycA, abreviatura de acetilos de glicoproteínas, obtenido por espectroscopia de resonancia magnética nuclear.

A diferencia de otros indicadores que pueden aumentar de forma puntual debido a una infección, el GlycA reúne información de varias proteínas de fase aguda, sustancias producidas principalmente por el hígado cuando se activa la respuesta inflamatoria. Por ello, puede ofrecer una visión más estable y amplia de la inflamación sistémica que una medición aislada de la proteína C reactiva, el marcador sanguíneo más utilizado para detectar procesos inflamatorios.

Un 43% más de riesgo cardiovascular

No obstante, el GlycA todavía no forma parte de los análisis clínicos habituales y su utilidad para calcular el riesgo cardiovascular deberá validarse en poblaciones más diversas.

O’Regan y sus colegas combinaron este indicador con resonancias magnéticas del corazón, electrocardiogramas, análisis de ochenta proteínas inflamatorias, información genética y datos sobre 169 exposiciones ambientales y sociales. Mediante algoritmos de aprendizaje automático extrajo 33 características de la anatomía y el funcionamiento cardiacos en más de 70.000 participantes. El seguimiento clínico se prolongó durante una mediana de quince años.

Los resultados muestran que las personas incluidas en el 20 % con los niveles más altos de GlycA presentaban un 43 % más de riesgo relativo de sufrir un acontecimiento cardiovascular grave —infarto, ictus o insuficiencia cardiaca— que las situadas en el 20 % con los valores más bajos. Esto no significa que el 43 % de ellas enfermara, sino que su riesgo era 1,43 veces mayor. Durante los quince años de seguimiento se registraron 74.336 episodios, también entre personas que no tenían antecedentes de enfermedad cardiovascular al comenzar el estudio.

El nuevo estudio británico combinó electrocardiogramas, resonancias cardiacas y biomarcadores sanguíneos para detectar alteraciones silenciosas asociadas con la inflamación crónica.

El nuevo estudio británico combinó electrocardiogramas, resonancias cardiacas y biomarcadores sanguíneos para detectar alteraciones silenciosas asociadas con la inflamación crónica. Cortesía: The Heart Doctors Clinic

Las huellas de la inflamación en la bomba vital

La inflamación también coincidía con una geometría cardiaca particular. Las personas con niveles más altos de GlycA tendían a presentar cavidades ventriculares más pequeñas, paredes relativamente más gruesas, menor volumen de sangre expulsado en cada latido y un deterioro leve de la capacidad del corazón para relajarse y llenarse.

El organismo parecía compensarlo aumentando ligeramente la frecuencia cardiaca para conservar el flujo de sangre.

Son modificaciones pequeñas en cada individuo, pero relevantes a escala de población. Además, pueden avanzar de forma silenciosa durante años y anticipar un patrón compatible con las primeras etapas de la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada (IC-FEp), una enfermedad en la que el corazón conserva su capacidad de contracción, pero se vuelve más rígido y se llena peor, y que alcanza hasta el 50 % de todos los casos de insuficiencia cardiaca.

Cómo el estrés cotidiano puede convertirse en riesgo biológico

La investigación no demuestra, sin embargo, que el estrés psicológico cause directamente esa remodelación. El término estrés crónico engloba en este caso un abanico de exposiciones —adversidad económica, mala salud mental, contaminación, inactividad, sueño deficiente o inseguridad laboral— asociadas estadísticamente con mayores niveles de inflamación.

Los propios autores insisten en que su estudio es observacional y que no permite establecer una relación causal inequívoca.

Entre los factores más estrechamente asociados con el GlycA destacaron la cantidad de grasa en el tronco, la infiltración grasa del músculo, el tabaquismo activo, algunos problemas psicológicos y los indicadores de desventaja socioeconómica, como los bajos ingresos o no disponer de vivienda en propiedad.

También aparecieron asociaciones con la actividad física, los hábitos de sueño, la contaminación, la situación laboral y el nivel de ingresos.

🗣️ «La sorpresa fue comprobar hasta qué punto los factores sociales y la salud mental están ligados a la inflamación y al daño cardiaco, además de otros factores más conocidos como fumar o permanecer inactivo», señala O’Regan.

El hallazgo introduce un matiz importante: el riesgo cardiovascular no depende exclusivamente de las decisiones individuales. Las condiciones sociales y económicas en las que una persona nace, trabaja y envejece también pueden traducirse en cambios biológicos.

La conexión entre salud mental, cerebro e inflamación

Otros trabajos recientes apuntan en la misma dirección. Una investigación publicada este mismo año en Circulation: Cardiovascular Imaging soció la depresión y la ansiedad con futuros acontecimientos cardiovasculares a través de una combinación de actividad cerebral relacionada con el estrés, alteraciones del sistema nervioso autónomo e inflamación sistémica.

Los investigadores estudiaron la actividad de la amígdala, una región cerebral implicada en la respuesta frente a amenazas. Sus resultados respaldan la existencia de una vía que conecta el estrés cerebral con la médula ósea, la producción de células inmunitarias y la inflamación de los vasos sanguíneos.

En 2025, otro estudio realizado con adultos estadounidenses y dado a conocer en Brain, Behavior, & Immunity–Health encontró que la acumulación de relaciones sociales sólidas, apoyo emocional e integración comunitaria estaba asociada con un envejecimiento epigenético más lento y menores niveles de inflamación sistémica.

Hay que decir que estos estudios no demuestran que una red social sólida funcione como un medicamento, pero sí muestran que las experiencias psicológicas y sociales pueden quedar reflejadas en marcadores biológicos.

El corazón puede registrar silenciosamente el impacto biológico del estrés crónico y la inflamación persistente. Sobre estas líneas, pintura al óleo titulada «Las múltiples caras de las enfermedades cardíacas», de Hannah Michaelson (derecha).

El corazón puede registrar silenciosamente el impacto biológico del estrés crónico y la inflamación persistente. Sobre estas líneas, pintura al óleo titulada «Las múltiples caras de las enfermedades cardíacas», de Hannah Michaelson (derecha). Cortesía: Brock University

Los genes modifican la respuesta al entorno

El trabajo británico añade otra pieza al puzle: los genes pueden modular la intensidad de esa respuesta. Los autores construyeron puntuaciones de riesgo poligénico —que resumen miles de variantes genéticas— y comprobaron que la misma exposición ambiental no producía idéntica respuesta inflamatoria en todas las personas.

Algunas parecían más vulnerables y otras más resistentes. La situación laboral, la desventaja socioeconómica, la salud mental, la contaminación y la composición corporal interactuaban con la predisposición genética tanto en los niveles de GlycA como en el riesgo cardiovascular.

Esto no implica que el destino esté escrito en el ADN. La genética modifica probabilidades, pero no determina por sí sola el desarrollo de una enfermedad.

➡️ «Las personas genéticamente susceptibles o expuestas a circunstancias adversas no están condenadas a desarrollar una enfermedad cardiaca», subrayan los investigadores.

Las proteínas que podrían transmitir el daño al corazón

Por otro lado, el análisis de las proteínas proporciona, además, pistas sobre los mecanismos implicados. Varias moléculas de las familias de la interleucina 1 (IL-1), la interleucina 6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral (TNF) aparecieron como posibles intermediarias entre la inflamación y la remodelación cardiaca.

La proteína antagonista del receptor de la IL-1, conocido como IL-1RA, explicó estadísticamente alrededor del 27 % de la asociación entreel GlycA y la reducción del volumen del ventrículo izquierdo.

Aquí, la palabra clave es estadísticamente. Los análisis de mediación se realizaron en gran parte con mediciones obtenidas en un mismo momento y no prueban que esas proteínas sean la causa directa de las alteraciones. Pueden existir factores no medidos, enfermedades incipientes o relaciones en sentido inverso.

Aun así, las vías señaladas resultan especialmente interesantes porque algunas ya están siendo investigadas como dianas terapéuticas.

Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation, advierte del «lado oscuro» de la inflamación crónica para la salud cardiovascular.

Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation, advierte del «lado oscuro» de la inflamación crónica para la salud cardiovascular. Cortesía: British Heart Foundation

¿Pueden los antiinflamatorios prevenir enfermedades cardiovasculares?

El ensayo CANTOS (Canakinumab Anti-inflammatory Thrombosis Outcomes Study) demostró en 2017 que bloquear la interleucina 1 beta con el anticuerpo monoclonal canakinumab reducía las recaídas cardiovasculares en personas que habían sufrido un infarto, aunque a costa de un mayor riesgo de infecciones.

Por su parte, el antiinflamatorio colchicina a dosis bajas también ha disminuido acontecimientos cardiovasculares en determinados pacientes con enfermedad coronaria.

En la actualidad, los ensayos HERMES y ZEUS estudian el efecto del ziltivekimab, un anticuerpo dirigido contra la vía de la IL-6, en personas con insuficiencia cardiaca o elevado riesgo cardiovascular e inflamación persistente.

Estos medicamentos no son tratamientos generales contra el estrés ni están indicados para personas sanas, pero muestran que la inflamación ha dejado de ser una mera señal acompañante para convertirse en una posible diana terapéutica.

La relevancia a largo plazo de esa señal quedó reforzada en 2024 por un estudio con 27.939 mujeres inicialmente sanas. Una sola medición de proteína C reactiva ultrasensible predijo el riesgo cardiovascular durante las tres décadas siguientes: las participantes situadas en el quintil superior presentaron un riesgo un 70 % mayor que las del quintil inferior.

La combinación de inflamación, colesterol LDL y lipoproteína(a) ofreció la mejor estimación, lo que sugiere que el riesgo cardiovascular procede de varias rutas biológicas simultáneas, podemos leer en el artículo científico publicado en The New England Journal of Medicine.

Qué se puede hacer para reducir la inflamación

El estudio británico no permite atribuir la inflamación a una sola causa ni garantiza que una intervención concreta revierta los cambios cardiacos. Sin embargo, varios de sus principales factores asociados son modificables.

Entre las medidas respaldadas por la prevención cardiovascular se encuentran:

✅ No fumar o abandonar el tabaco.

✅ Mantener un peso corporal saludable.

✅ Realizar actividad física de manera regular.

✅ Dormir suficientes horas y tratar los trastornos del sueño.

✅ Controlar la presión arterial, el colesterol y la diabetes.

✅ Buscar ayuda profesional ante la depresión, la ansiedad o el estrés persistente.

✅ Seguir una alimentación equilibrada y limitar los alimentos ultraprocesados.

La prevención no puede reducirse, sin embargo, a pedir a cada persona que cambie sus hábitos. Los resultados también respaldan intervenciones colectivas contra la pobreza, la contaminación, la precariedad laboral y otras fuentes de estrés sostenido.

La actividad física regular ayuda a reducir la inflamación crónica y a proteger la salud cardiovascular.

La actividad física regular ayuda a reducir la inflamación crónica y a proteger la salud cardiovascular. Foto de Geert Pieters en Unsplash

Limitaciones del estudio

A modo de colofón, hay que insistir en que la investigación es observacional. Por tanto, identifica asociaciones, pero no demuestra que la inflamación sea la causa directa de todos los cambios cardiacos detectados.

Además, los participantes del UK Biobank son mayoritariamente de ascendencia europea y, en promedio, presentan mejores condiciones de salud y socioeconómicas que la población general británica. La muestra utilizada para las resonancias cardiacas constituye un grupo todavía más seleccionado.

GlycA no se mide habitualmente en la práctica clínica y deberá compararse con otros biomarcadores en estudios prospectivos. Los análisis de las proteínas inflamatorias tampoco abarcan todo el proteoma ni permiten conocer con precisión lo que sucede dentro del tejido cardiaco.

Pese a estas limitaciones, el tamaño de la muestra, el largo seguimiento y la combinación de datos sanguíneos, genéticos, sociales y de imagen convierten el trabajo en una de las investigaciones más completas realizadas sobre inflamación crónica y riesgo cardiovascular.

«La inflamación forma parte del proceso de curación del organismo, pero también tiene un lado oscuro», resume Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation.

Cuando la alarma inmunitaria permanece activada durante años, puede actuar sin dolor y sin señales evidentes. El corazón, según indica este estudio, podría ir registrando silenciosamente el peso biológico de la vida cotidiana.▪️(19-septiembre-2026)

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • El estudio analizó datos de 488.079 adultos del UK Biobank durante una mediana de 15,3 años.
  • Una inflamación crónica de baja intensidad puede avanzar sin síntomas y asociarse con cambios silenciosos en la estructura y el funcionamiento del corazón.
  • Las personas con los niveles más altos del marcador inflamatorio GlycA presentaron un 43 % más de riesgo relativo de sufrir infarto, ictus o insuficiencia cardiaca que aquellas con los valores más bajos.
  • La inflamación se relacionó con cavidades cardiacas más pequeñas, paredes relativamente más gruesas, menor volumen de sangre por latido y peor llenado del corazón.
  • El exceso de grasa corporal, el tabaquismo, el malestar psicológico y la desventaja socioeconómica fueron algunos de los factores más asociados con la inflamación.
  • La predisposición genética puede hacer que unas personas sean más vulnerables o resistentes a los efectos inflamatorios de determinadas condiciones ambientales y estilos de vida.
  • Las proteínas de las familias IL-1, IL-6 y TNF aparecen como posibles intermediarias entre la inflamación y el daño cardiaco, y algunas ya se investigan como dianas terapéuticas.
  • El estudio es observacional: encuentra asociaciones importantes, pero no demuestra que el estrés cause directamente las alteraciones del corazón.
  • No fumar, mantener un peso saludable, hacer ejercicio, dormir bien y cuidar la salud mental puede ayudar a reducir varios factores relacionados con la inflamación y el riesgo cardiovascular.

SALUD CARDIOVASCULAR

¿Está envejeciendo demasiado rápido tu corazón?

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Estrés y Salud del Corazón

🫀 ¿El estrés crónico puede dañar el corazón?

El estrés psicológico y social persistente se asocia con inflamación, alteraciones del sistema nervioso y mayor riesgo cardiovascular. El nuevo estudio encuentra una relación entre factores vinculados al estrés, inflamación crónica y cambios cardiacos, pero no demuestra una causalidad directa.

🫀 ¿Qué síntomas produce la inflamación crónica?

La inflamación de baja intensidad puede no causar síntomas específicos. En algunos casos se relaciona con cansancio, alteraciones del sueño o malestar general, pero estos signos tienen muchas posibles causas y no permiten diagnosticarla.

🫀 ¿Qué es el marcador GlycA?

El GlycA es una señal sanguínea obtenida mediante resonancia magnética nuclear que refleja la actividad conjunta de varias proteínas inflamatorias. Se utiliza principalmente en investigación y todavía no constituye una prueba clínica rutinaria.

🫀 ¿Tener el GlycA elevado significa que se sufrirá un infarto?

No. Un nivel alto indica una asociación estadística con mayor riesgo, no la certeza de sufrir una enfermedad. El riesgo individual también depende de la edad, la presión arterial, el colesterol, el tabaquismo, la diabetes, los antecedentes familiares y otros factores.

🫀 ¿Los antiinflamatorios protegen el corazón?

Algunos tratamientos dirigidos contra vías inflamatorias concretas han reducido acontecimientos cardiovasculares en pacientes seleccionados. Sin embargo, los antiinflamatorios comunes no deben tomarse para prevenir infartos sin indicación médica y algunos pueden aumentar el riesgo cardiovascular.

🫀 ¿Cómo se puede reducir la inflamación crónica?

No fumar, realizar ejercicio, mantener un peso saludable, dormir adecuadamente, controlar las enfermedades metabólicas y atender la salud mental ayudan a disminuir varios factores relacionados con la inflamación y el riesgo cardiovascular.

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