La actividad humana multiplica por 2,5 el riesgo de incendios en el Ártico

Mientras el cambio climático crea las condiciones perfectas para que arda la tundra, un nuevo estudio revela que la expansión de carreteras, minas y explotaciones de petróleo y gas dispara aún más el riesgo de incendios en el Ártico.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un incendio forestal avanza por la región rusa de Krasnoyarsk, una de las zonas árticas donde el aumento de las temperaturas y la creciente actividad humana están incrementando el riesgo de grandes fuegos, según un nuevo estudio internacional.

Un incendio forestal avanza por la región rusa de Krasnoyarsk, una de las zonas árticas donde el aumento de las temperaturas y la creciente actividad humana están incrementando el riesgo de grandes fuegos, según un nuevo estudio internacional. Cortesía: Greenpeace.

El aumento de los incendios en el Ártico se ha convertido en uno de los síntomas más visibles del rápido calentamiento de la región. Los científicos han atribuido tradicionalmente este fenómeno al cambio climático: temperaturas cada vez más altas, sequías más intensas y tormentas con más rayos crean unas condiciones cada vez más favorables para el fuego. Pero ahora un nuevo estudio internacional añade una pieza clave al rompecabezas: la presencia humana también desempeña un papel nada desdeñable.

La investigación, liderada por la Universidad de Zúrich, en Suiza, y publicada en la revista Communications Earth & Environment, concluye que los incendios se producen 2,5 veces más a menudo en las zonas iluminadas por actividad humana que en áreas con condiciones climáticas equivalentes pero sin iluminación artificial. El trabajo sugiere que el desarrollo industrial, las infraestructuras y los asentamientos están aumentando el riesgo de incendios en una región especialmente vulnerable.

El hallazgo tiene implicaciones que trascienden el propio Ártico. Los enormes incendios registrados en Canadá durante los últimos veranos enviaron columnas de humo que cruzaron el Atlántico y llegaron hasta Europa, lo que provoca cielos brumosos incluso en países como Suiza. Además, estos incendios liberan enormes cantidades de carbono almacenado durante siglos en la vegetación y en los suelos helados, una situación que contribuye a acelerar el calentamiento global.

La luz nocturna permite seguir la huella humana desde el espacio

Hasta ahora, la mayoría de los estudios a gran escala habían puesto el foco casi exclusivamente en la los fenómenos atmosféricos. El nuevo trabajo no cuestiona esa influencia. Al contrario, reconoce que la temperatura, la humedad, la sequía y los rayos siguen siendo factores fundamentales. Sin embargo, demuestra que esos elementos no explican por sí solos el patrón observado.

Para averiguar hasta qué punto influye la actividad humana, los investigadores recurrieron a un ingenioso indicador: la luz artificial nocturna detectada por satélites. Allí donde hay iluminación suele haber personas, carreteras, instalaciones industriales, explotaciones mineras o infraestructuras relacionadas con la extracción de petróleo y gas.

Como resulta prácticamente imposible disponer de datos homogéneos sobre todas las actividades humanas a escala panártica, la iluminación nocturna constituye un excelente sustituto para medir esa presencia. El equipo analizó los incendios ocurridos entre 2001 y 2013, y los comparó con zonas que compartían prácticamente las mismas condiciones climáticas.

Mapa del Ártico europeo que muestra la distribución de los incendios registrados entre 2001 y 2013 (puntos rojos) y las zonas con actividad humana detectadas mediante iluminación artificial nocturna (amarillo).

Mapa del Ártico europeo que muestra la distribución de los incendios registrados entre 2001 y 2013 (puntos rojos) y las zonas con actividad humana detectadas mediante iluminación artificial nocturna (amarillo). La concentración de fuegos cerca de estas áreas respalda la relación observada entre presencia humana y mayor riesgo de incendios. Cortesía: Nils Rietze, Universidad de Zúrich / ArcGIS Pro.

Los incendios son 2,45 veces más frecuentes en las áreas iluminadas

Los resultados fueron contundentes. De los 2.968 incendios registrados en el periodo estudiado, un 11,3 % ocurrió dentro de áreas iluminadas por la actividad humana. En cambio, solo un 4,6 % de los puntos de control con un clima equivalente aparecía en esas mismas zonas. En términos estadísticos, eso significa que la probabilidad de incendio era 2,45 veces mayor en los lugares asociados a nuestra presencia.

Además, el riesgo disminuía conforme aumentaba la distancia respecto a esas áreas con luz artificial, lo que pone de manifiesto una clara relación espacial entre ambas variables.

🗣️ «Nuestros resultados muestran que en el Ártico los incendios ocurrieron 2,5 veces más a menudo en áreas iluminadas por luz artificial nocturna que en zonas sin iluminación con condiciones climáticas similares —explica Cengiz Akandil, investigador posdoctoral de la Universidad de Zúrich y primer autor del estudio. Y añade—: También observamos que los incendios eran más frecuentes cuanto más cerca estaban de esas áreas iluminadas, lo que sugiere una fuerte asociación espacial entre la actividad humana y la aparición de incendios».

Cómo aumenta la actividad humana el peligro de fuego

Akandil insiste en que el trabajo no pretende sustituir una explicación por otra: «Eso no significa que la actividad humana sea el único motor de los incendios en el Ártico. Los cambios de temperatura y de humedad, así como las sequías, siguen siendo factores principales. Pero nuestros resultados muestran que la actividad humana también desempeña un papel importante».

Los científicos identifican varios mecanismos capaces de explicar esta relación. El más evidente es el incremento de posibles focos de ignición: maquinaria, vehículos, trabajos industriales, hogueras o accidentes.

Pero existen otros procesos menos visibles. La construcción de carreteras, oleoductos, minas o instalaciones energéticas altera profundamente la vegetación original. Los arbustos característicos de la tundra son sustituidos con frecuencia por gramíneas y cárices, plantas que generan una mayor cantidad de material seco altamente inflamable.

Este fenómeno, conocido como pastificación, aumenta la disponibilidad de combustible para los incendios. Además, los derrames de petróleo y el deterioro de infraestructuras antiguas también pueden favorecer la aparición del fuego.

Voluntarios de Greenpeace combaten un incendio forestal en la reserva natural de Denezhkin Kamen, junto a los montes Urales.

Voluntarios de Greenpeace combaten un incendio forestal en la reserva natural de Denezhkin Kamen, junto a los montes Urales. Los autores del estudio subrayan que reforzar la prevención y la capacidad de respuesta frente al fuego puede reducir los riesgos asociados a la creciente actividad humana en el Ártico. Cortesía: Greenpeace.

Vankor y Prudhoe Bay muestran que la gestión importa

El estudio recuerda que la expansión industrial en el Ártico ha sido extraordinaria durante las últimas décadas. Entre 1992 y 2013, la superficie iluminada artificialmente aumentó un 4,8 % anual, y aproximadamente el 85 % de esa iluminación procede de actividades industriales, especialmente relacionadas con la extracción de petróleo, gas y minerales.

Los investigadores también comprobaron que la intensidad del fenómeno varía según las regiones. Dos grandes campos petrolíferos ilustran perfectamente esta diferencia:

✅ En Vankor, en Siberia, se registraron cuarenta incendios dentro de la zona iluminada durante el periodo analizado.

✅ En cambio, en Prudhoe Bay, en Alaska, no se detectó ninguno utilizando el mismo conjunto de datos.

Esta diferencia impide atribuir de manera automática los incendiosen la naturaleza a la simple existencia de instalaciones petroleras. Según los autores, es posible que intervengan otros factores, como la calidad del mantenimiento de las infraestructuras, las medidas preventivas, la capacidad de extinción o incluso determinadas características ambientales locales.

Minería, políticas ambientales y gestión del riesgo

Algo similar ocurre en las zonas mineras. El estudio detecta contrastes llamativos entre distintos países árticos. En algunas áreas próximas a la frontera entre Noruega y Rusia, por ejemplo, los incendios aparecen concentrados casi exclusivamente en el lado ruso, pese a que ambos territorios presentan actividades extractivas comparables.

Los autores plantean que las diferencias en las políticas ambientales y en la gestión del riesgo podrían explicar parte de ese contraste, aunque reconocen que hacen falta nuevos estudios para confirmarlo.

El trabajo apunta precisamente a la gestión del riesgo como una de las herramientas con mayor potencial para reducir el problema.

🗣️ «Una mejor prevención y gestión de los incendios alrededor de asentamientos, instalaciones industriales, carreteras y otras zonas iluminadas podría ayudar a reducir los riesgos de ignición y limitar los daños», afirma Akandil.

Riesgos para las comunidades y los ecosistemas árticos

Las conclusiones resultan especialmente relevantes para las comunidades que viven en el Ártico. Los incendios amenazan las viviendas, las carreteras, las infraestructuras energéticas, las rutas de transporte, las actividades económicas y la salud pública.

También ponen en peligro ecosistemas únicos y paisajes con un enorme valor cultural para las poblaciones indígenas.

Los daños alcanzan a ecosistemas de enorme valor ecológico. La alteración de la tundra y los bosques boreales puede modificar la biodiversidad, la disponibilidad de alimento para la fauna y el equilibrio entre arbustos, gramíneas y otras comunidades vegetales.

Imágenes de satélite de los incendios que arrasaron la República de Sajá (Yakutia) en junio de 2021.

Imágenes de satélite de los incendios que arrasaron la República de Sajá (Yakutia) en junio de 2021. La combinación de datos ópticos e infrarrojos del programa europeo Copernicus permite identificar con precisión el frente activo de las llamas y la extensión del área quemada. Cortesía:Copernicus Sentinel

El fuego acelera el deshielo del permafrost

Además, los incendios aceleran el deshielo del permafrost, el suelo permanentemente congelado que almacena inmensas cantidades de carbono. Cuando desaparece la vegetación protectora y el terreno se calienta, el hielo subterráneo se degrada con mayor rapidez y liberagases de efecto invernadero que alimentan un círculo vicioso de calentamiento y nuevos incendios.

«Reducir los riesgos de ignición asociados a la actividad humana es importante no solo para proteger las infraestructuras, sino también para reforzar la resiliencia y la seguridad de las comunidades árticas» subraya la investigadora principal Gabriela Schaepman-Strub.

🗣️ El investigador de la NASA y coautor del estudio Miguel Román destaca además el valor de integrar las actividades humanas dentro del estudio del sistema terrestre: Las observaciones de la Tierra son más poderosas cuando ayudan a comprender cómo interactúan las condiciones ambientales y la actividad humana. Este estudio pone de relieve la importancia de una ciencia interdisciplinar que considere los sistemas humanos como parte del conjunto interconectado, y no como algo separado del medioambiente».

Una densa capa de humo procedente de los incendios forestales en Siberia cubre el paisaje ártico, fotografiado desde un avión de investigación.

Una densa capa de humo procedente de los incendios forestales en Siberia cubre el paisaje ártico, fotografiado desde un avión de investigación. El estudio recuerda que las emisiones de estos grandes fuegos pueden recorrer miles de kilómetros y afectar a la calidad del aire mucho más allá del Ártico Cortesía: Vitalii Zemlianski / Universidad de Zúrich.

Qué se puede hacer para reducir los incendios

Aunque el calentamiento global seguirá siendo el principal combustible de los incendios del futuro, los autores sostienen que una parte del problema sí puede reducirse mediante decisiones humanas.

Planificar cuidadosamente la expansión industrial, mejorar el mantenimiento de carreteras y oleoductos, reforzar la vigilancia y dotar de mejores recursos a los servicios de extinción podría disminuir significativamente el número de incendios provocados o favorecidos por nuestra presencia.

Como resume Schaepman-Strub, «a medida que continúe el desarrollo del Ártico y las condiciones climáticas sean cada vez más favorables para los incendios, integrar la prevención del fuego en la planificación del territorio, las operaciones industriales y las estrategias de protección de las comunidades será cada vez más importante».

Una conclusión que recuerda que, incluso en uno de los lugares más remotos del planeta, la huella humana puede inclinar la balanza entre un paisaje helado y un territorio cada vez más expuesto a las llamas.▪️

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Los investigadores analizaron 2.968 incendios registrados entre 2001 y 2013 en la región situada entre los 66 y los 75 grados de latitud norte.
  • El 11,3 % de los incendios se produjo dentro de zonas iluminadas por actividad humana, frente al 4,6 % de los puntos de control con un clima semejante.
  • La probabilidad de incendio fue 2,45 veces mayor en las áreas iluminadas.
  • Los fuegos también aparecieron con más frecuencia cerca de esas zonas, lo que indica una clara asociación espacial con la actividad humana.
  • Las diferencias entre regiones sugieren que la prevención, el mantenimiento de infraestructuras y la capacidad de extinción pueden reducir el riesgo.
  • Los incendios amenazan a las comunidades, aceleran el deshielo del permafrost y liberan carbono que puede reforzar el calentamiento global.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Incendios y Ártico

🔥 ¿La actividad humana causa todos los incendios del Ártico?

No. Los rayos, las altas temperaturas, la sequedad del aire y la falta de precipitaciones siguen siendo causas y condicionantes fundamentales. El estudio demuestra que los incendios son más frecuentes cerca de la actividad humana, pero no atribuye todos los fuegos a una causa humana directa.

🔥 ¿Cuánto aumenta el riesgo de incendio en las zonas con actividad humana?

La probabilidad observada fue 2,45 veces mayor dentro de las zonas iluminadas artificialmente que en puntos de control con condiciones climáticas similares.

🔥 ¿Por qué se utiliza la luz artificial nocturna?

Porque permite detectar desde satélites asentamientos y actividades industriales de manera uniforme en todo el Ártico. Es un indicador indirecto de presencia humana, aunque no recoge todas las carreteras, tuberías o actividades que no generan iluminación.

🔥 ¿Qué actividades humanas están relacionadas con el aumento del riesgo?

El estudio señala los asentamientos, las carreteras, la minería, la extracción de petróleo y gas, los oleoductos, el tránsito de maquinaria, los posibles derrames de hidrocarburos y los cambios de vegetación provocados por las infraestructuras.

🔥 ¿Qué relación existe entre los incendios y el permafrost?

El fuego elimina la vegetación que aísla el suelo, aumenta la absorción de calor y puede acelerar el deshielo del permafrost. Esto desestabiliza el terreno y favorece la liberación de carbono.

🔥 ¿Se pueden prevenir estos incendios?

Una parte del riesgo sí puede reducirse mediante el mantenimiento de infraestructuras, la prevención de igniciones, la vigilancia de fugas, una planificación territorial más rigurosa y servicios de extinción mejor preparados.

🔥 ¿Por qué los incendios del Ártico afectan al resto del mundo?

Porque liberan carbono que contribuye al calentamiento global, aceleran la degradación del permafrost y producen humo capaz de recorrer miles de kilómetros y alcanzar otras regiones del planeta.

Anterior
Anterior

Cuando el Sol desapareció y cambió la historia: Las 10 fotografías de eclipses solares que revolucionaron la astronomía

Siguiente
Siguiente

El dodo no era tan torpe como creíamos: uno de los dos únicos cráneos completos nos desvela cómo percibía el mundo