Científicos usan la IA para detectar en la saliva el deterioro mental antes de que sea visible
Antes de que aparezcan los olvidos o los cambios de carácter, el cuerpo empieza a dar señales de que algo no está funcionando bien en nuestras cabeza. Un estudio demuestra que la inteligencia artificial puede leerlas en la saliva y anticipar el deterioro mental asociado al envejecimiento.
Por Enrique Coperías, periodisata cuentífico
El deterioro mental no empieza cuando se hace evidente. Mucho antes, la saliva ya contiene pistas que la inteligencia artificial puede interpretar para detectar el riesgo antes de que los síntomas afloren. Foto de Ahtziri Lagarde en Unsplash
El deterioro cognitivo asociado al envejecimiento suele detectarse cuando ya resulta imposible ignorarlo: olvidos persistentes, cambios de carácter, desorientación, apatía o ansiedad. Para entonces, el daño neuronal suele estar avanzado.
Pero ¿y si el cuerpo estuviera enviando señales mucho antes de que sea demasiado tarde, de forma silenciosa, accesible y barata? Un estudio científico publicado en la revista Translational Psychiatry propone una respuesta tan inesperada como prometedora: la saliva.
Un equipo multidisciplinar de investigadores chinos, liderado por Ping Liu y Zeng Yang, de la Chongqing Medical University, ha desarrollado una herramienta capaz de anticipar la aparición de síntomas neuropsiquiátricos —un conjunto de alteraciones emocionales y conductuales que suelen preceder al deterioro cognitivo y la demencia— mediante el análisis de muestras de saliva combinadas con inteligencia artificia (IA).
Qué son los síntomas neuropsiquiátricos y por qué importan
La propuesta, validada en personas mayores atendidas en centros de salud públicos, pero que viven en sus hogares, apunta a un cambio de paradigma: detectar el riesgo antes de que el daño sea irreversible y hacerlo fuera del hospital, en centros de salud comunitarios.
Los síntomas neuropsiquiátricos, como depresión, ansiedad, irritabilidad, trastornos del sueño, apatía o conductas desinhibidas, afectan a entre un 30% y un 80% de las personas mayores, incluso antes de que aparezcan fallos claros de memoria.
No son un simple acompañamiento del envejecimiento: aumentan el riesgo de demencia, empeoran la calidad de vida y multiplican la carga asistencial. Sin embargo, su detección precoz sigue siendo una asignatura pendiente, especialmente en entornos comunitarios con recursos limitados.
La saliva como biomarcador del envejecimiento cerebral
Las herramientas clínicas tradicionales, como los cuestionarios neuropsiquiátricos, requieren tiempo, personal especializado y la colaboración de cuidadores. En la práctica, muchas señales pasan desapercibidas. De ahí la necesidad de métodos objetivos, sencillos y escalables.
En este sentido, la saliva, un fluido corporal fácil de obtener, se perfila como una candidata ideal.
El estudio analizó a más de trescientas personas mayores de sesenta años reclutadas en centros comunitarios de la ciudad china de Chongqing. Los investigadores recogieron información sociodemográfica —edad, sexo, nivel educativo, hábitos como el consumo de alcohol— y evaluaron el estado cognitivo y emocional de los participantes. Pero el corazón del trabajo estaba en las muestras de saliva.
Microbioma oral, estrés y cerebro: una conexión emergente
En ellas midieron dos tipos de señales biológicas. Por un lado, niveles de cortisol, la hormona del estrés, junto con varias moléculas inflamatorias relacionadas con procesos neurodegenerativos. Por otro, la composición del microbioma oral: el conjunto de bacterias que habitan en la boca y que, en los últimos años, ha emergido como un actor inesperado en la salud cerebral.
La idea de que la boca y el cerebro estén conectados puede sonar extraña, pero cada vez hay más evidencias de que los microorganismos orales influyen en la inflamación sistémica, el metabolismo y la respuesta inmunitaria. Algunos de sus productos pueden atravesar la barrera hematoencefálica y alterar el funcionamiento neuronal.
En este estudio, los investigadores encontraron diferencias claras en la composición bacteriana entre personas con y sin síntomas neuropsiquiátricos.
Ciertas bacterias asociadas a enfermedades periodontales eran más abundantes en quienes presentaban síntomas emocionales y conductuales, mientras que otros grupos microbianos parecían tener un efecto protector. Pero el hallazgo clave no fue identificar una bacteria concreta, sino demostrar que el patrón conjunto del microbioma, combinado con otros datos biológicos y sociales, permite predecir el riesgo con una precisión sorprendente.
Un simple análisis de saliva, combinado con inteligencia artificial, permite identificar signos tempranos de deterioro mental en personas mayores, incluso antes de que los síntomas sean perceptibles. Crédito: IA-Gemini-RexMolón Producciones
Cómo la inteligencia artificial predice el riesgo
Para ello, el equipo recurrió a algoritmos de aprendizaje automático. Entrenaron varios modelos, desde regresiones clásicas hasta técnicas avanzadas como XGBoost, capaces de integrar decenas de variables y detectar relaciones complejas invisibles al ojo humano.
El resultado fue un sistema que, a partir de una muestra de saliva y unos pocos datos básicos, identifica con gran fiabilidad a las personas con mayor probabilidad de desarrollar síntomas neuropsiquiátricos.
El modelo más potente alcanzó una capacidad predictiva cercana al 95% y mantuvo su rendimiento al validarse en una cohorte independiente. No se trata solo de una proeza estadística. Los autores fueron un paso más allá y tradujeron el modelo en una herramienta práctica: un nomograma, una especie de regla visual que permite calcular el riesgo individual sin necesidad de ordenadores ni conocimientos técnicos avanzados.
Aplicaciones clínicas y comunitarias del hallazgo
Este enfoque tiene implicaciones profundas. En países como China —y también en España— la mayoría de las personas mayores prefieren envejecer en casa y dependen de la atención primaria y los servicios comunitarios.
👉 Contar con una prueba no invasiva, rápida y barata permitiría identificar a las personas en riesgo antes de que aparezcan los síntomas más graves y poner en marcha intervenciones preventivas: apoyo psicológico, cambios en el estilo de vida, control del estrés o seguimiento clínico más estrecho.
La conexión entre la saliva y el cerebro
El estudio también arroja luz sobre los mecanismos biológicos que podrían conectar la saliva con el cerebro. Uno de los protagonistas es el cortisol. Niveles elevados de esta hormona, reflejo de estrés crónico, se asociaron de forma consistente con los síntomas neuropsiquiátricos.
Pero el análisis fue más allá: el cortisol parecía interactuar con determinadas bacterias orales y con rutas metabólicas clave para la protección neuronal.
En particular, los investigadores observaron alteraciones en la vía de las pentosas fosfato, un sistema metabólico esencial para defender a las neuronas del daño oxidativo. Cuando esta vía funciona mal, el cerebro queda más expuesto al estrés celular, un factor central en el envejecimiento cerebral y la neurodegeneración.
Algunas bacterias asociadas a los síntomas parecían inhibir esta vía, mientras que otras, potencialmente beneficiosas, la reforzaban.
El deterioro cognitivo, un proceso multifactorial
Estos resultados encajan con una visión cada vez más aceptada del deterioro cognitivo como un proceso multifactorial, donde el estrés, la inflamación, el metabolismo y el entorno social interactúan de forma compleja.
No hay una causa única ni un biomarcador milagroso, sino redes de factores que se refuerzan entre sí. Precisamente ahí es donde la inteligencia artificial en salud muestra su ventaja: en la capacidad de integrar esa complejidad.
No obstante, Liu, Yang y sus colegas confiesan su prudencia ante los resultados de su trabajo. Reconocen que la secuenciación del microbioma aún no es una técnica de uso rutinario en atención primaria y que el estudio se ha realizado en una región concreta.
Qué aporta este estudio al futuro de la prevención
Pero apuntan vías claras para la traslación clínica: identificar un pequeño conjunto de bacterias clave que puedan detectarse con métodos baratos y rápidos, como pruebas moleculares, y validar el modelo en otras poblaciones.
Más allá de los detalles técnicos, el mensaje de fondo es poderoso. El envejecimiento cerebral no empieza de golpe ni es inevitable. El cuerpo ofrece pistas tempranas, a menudo fuera del cerebro, que pueden leerse si se dispone de las herramientas adecuadas. La saliva, hasta ahora relegada a pruebas dentales o genéticas, podría convertirse en una ventana accesible al estado mental de las personas mayores.
En un contexto de envejecimiento de la población, detectar antes para cuidar mejor no es solo una aspiración científica, sino una necesidad social. Este estudio sugiere que, quizá, la clave esté más cerca de lo que pensamos: en un simple gesto cotidiano, escupir en un frasco, y en la capacidad de los algoritmos de inteligencia artificial para escuchar lo que la biología susurra mucho antes de que el cerebro grite.▪️(2-febrero-2026)
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Fuente: Liu, P., Yang, Z., Yin, Q. et al. A community screening tool for neuropsychiatric symptoms in the elderly: integrating cortisol, microbiome, and social factors with machine learning. Translation Psychiatry. DOI: https://doi.org/10.1038/s41398-025-03797-3

