La obesidad y la hipertensión aumentan el riesgo de demencia: la presión arterial, clave en el daño cerebral

Un gran estudio genético internacional demuestra que un índice de masa corporal elevado contribuye de forma causal a la demencia vascular, en buena parte a través de la presión arterial.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un gran estudio genético internacional señala ahora a la obesidad y, sobre todo, a la hipertensión como factores causales en el deterioro cerebral asociado a la demencia vascular.

Durante décadas, la relación entre el peso corporal y la demencia ha generado más dudas que certezas. Un gran estudio genético internacional señala ahora a la obesidad y, sobre todo, a la hipertensión como factores causales en el deterioro cerebral asociado a la demencia vascular. Foto de Laura Tancredi

La relación entre la obesidad y la demencia es un terreno resbaladizo para la investigación biomédica. Algunos estudios sugieren que el exceso de peso en la edad adulta aumentaba el riesgo de deterioro cognitivo, mientras que otros apuntan incluso a un efecto protector en la vejez. La confusión no es un asunto baladí: ¿engordar daña el cerebro o, por el contrario, perder peso es un síntoma temprano de la enfermedad?

Un nuevo estudio internacional, publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, aporta ahora una de las evidencias más sólidas hasta la fecha para aclarar este debate. Su conclusión es clara: un índice de masa corporal (IMC) elevado no solo se asocia con un mayor riesgo de demencia de origen vascular, sino que probablemente contribuye de forma causal a su desarrollo, en buena parte a través de la hipertensión arterial.

«En este estudio hemos observado que un índice de masa corporal (IMC) elevado y la hipertensión arterial son causas directas de la demencia —afirma Ruth Frikke-Schmidt, profesora y médica jefe del Hospital Universitario de Copenhague–Rigshospitalet y de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, y autora principal del trabajo. Y añade—: El tratamiento y la prevención del IMC elevado y de la presión arterial alta representan una oportunidad aún no explotada para la prevención de la demencia».

Qué es la aleatorización mendeliana y por qué importa

La investigación, liderada por científicos de hospitales universitarios de Copenhague y del Instituto de Epidemiología Genética de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, combina datos de cientos de miles de personas de Dinamarca y del Reino Unido. Su principal novedad no está tanto en el tamaño de las cohortes —impresionante, con cerca de medio millón de participantes— como en la metodología empleada.

En lugar de limitarse a observar correlaciones, los autores utilizan una técnica conocida como aleatorización mendeliana, una especie de ensayo clínico natural que permite aproximarse a relaciones de causa y efecto en enfermedades donde los experimentos clásicos son inviables.

La idea es ingeniosa y poderosa. Al nacer, cada persona recibe una combinación aleatoria de variantes genéticas que influyen, entre otras cosas, en su tendencia a tener mayor o menor peso corporal. Estas variantes no dependen del estilo de vida, la educación o el nivel socioeconómico, factores que suelen enturbiar los estudios observacionales.

Si los individuos genéticamente predispuestos a tener un IMC más alto desarrollan con más frecuencia demencia vascular décadas después, la probabilidad de que exista una relación causal aumenta considerablemente.

Diferencias entre demencia vascular y Alzheimer

Eso es exactamente lo que muestran los resultados. Por cada aumento de una desviación estándar en el IMC —unos cuatro o cinco puntos de índice de masa corporal— el riesgo de padecer demencia de origen vascular aumenta entre un 50% y un 90%, según el tipo de análisis estadístico utilizado. El efecto aparece de forma consistente en distintos conjuntos de datos y con diferentes métodos de cálculo, lo que refuerza la solidez de las conclusiones.

En cambio, no se observa una relación causal clara entre el IMC elevado y la enfermedad de Alzheimer, el tipo de demencia más frecuente. La señal es específica para las demencias relacionadas con el sistema vascular, aquellas ligadas a infartos cerebrales, microlesiones y daño acumulado en los vasos sanguíneos del cerebro.

🗣️ «Este estudio demuestra que el exceso de peso corporal y la hipertensión no son solo señales de advertencia, sino causas directas de la demencia —subraya Frikke-Schmidt—. Eso los convierte en objetivos claros y accionables para la prevención».

Este matiz es clave. La demencia no es una única enfermedad, sino un conjunto de síndromes con causas distintas. La demencia vascular comparte muchos factores de riesgo con las enfermedades cardiovasculares, como el ictus y el infarto de miocardio. De hecho, los autores utilizan la cardiopatía isquémica —una enfermedad grave ocasionada por la arterosclerosis de las arterias coronarias, es decir, las encargadas de proporcionar sangre al músculo cardiaco (miocardio)— como control positivo del estudio: un problema de salud del que se sabe con certeza que está favorecido por la obesidad.

Los resultados encajan perfectamente con lo esperado, lo que da aún más credibilidad al análisis científico.

Un aumento de cuatro o cinco puntos en el índice de masa corporal se asocia con un incremento de entre el 50% y el 90% del riesgo de demencia vascular, según distintos análisis genéticos, un resultado consistente en varias poblaciones y métodos estadísticos. Cortesía: Lee H, Wiggermann V, Rauscher A, et al. / Canadian Journal of Neurological Sciences

Por qué la hipertensión es el factor clave

Pero el estudio va un paso más allá y se adentra en el cómo. ¿Por qué un mayor peso corporal aumenta el riesgo de demencia vascular? La respuesta apunta con fuerza a un sospechoso habitual: la presión arterial. Mediante análisis de mediación genética, los investigadores calculan que entre el 18% y el 25% del efecto del IMC sobre la demencia vascular se explica por el aumento de la presión arterial sistólica y diastólica. Es decir, una parte sustancial del daño cognitivo asociado a la obesidad pasa por la hipertensión.

Desde el punto de vista biológico, el mecanismo resulta plausible y coherente con décadas de investigación previa. La obesidad favorece la hipertensión a través de múltiples vías: inflamación crónica, alteraciones hormonales, resistencia a la insulina y sobrecarga del sistema cardiovascular.

A su vez, la presión arterial elevada daña progresivamente los vasos sanguíneos del cerebro, favorece la aparición de pequeños infartos silenciosos y acelera la pérdida de tejido cerebral. Con el tiempo, ese deterioro acumulado se traduce en problemas de memoria, atención y funciones ejecutivas.

Tanto el bajo peso como el exceso de kilos se asocian con mayor riesgo

La hipertensión no es el único factor intermedio analizado. El estudio también examina el papel del colesterol, los triglicéridos, la glucosa y la inflamación de bajo grado, todos ellos alterados con frecuencia en personas con obesidad. Algunos muestran asociaciones con la demencia vascular, pero ninguna tan consistente ni tan claramente mediadora como la presión arterial. En otras palabras, controlar la tensión arterial parece especialmente crucial cuando se trata de proteger el cerebro.

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es la diferencia entre los resultados observacionales y los genéticos. Cuando los investigadores analizan simplemente el peso medido y el riesgo de demencia, encuentran una relación en forma de U: tanto el bajo peso como el exceso de peso se asocian con mayor riesgo.

Sin embargo, al utilizar la aleatorización mendeliana, la relación es lineal: a mayor IMC, mayor riesgo. Esta discrepancia refuerza la idea de que el bajo peso en edades avanzadas no causa demencia, sino que a menudo es consecuencia de los cambios metabólicos y del apetito que preceden a la enfermedad.

Controlar el peso y la presión arterial no solo reduce el riesgo cardiovascular, sino que también protege la memoria, la autonomía y la identidad personal en el envejecimiento.

Controlar el peso y la presión arterial no solo reduce el riesgo cardiovascular, sino que también protege la memoria, la autonomía y la identidad personal en el envejecimiento. Foto: Frankie Cordoba

Implicaciones para la prevención y la salud pública

El estudio tiene implicaciones importantes para la salud pública. La obesidad afecta a más de 600 millones de personas en el mundo y su prevalencia sigue creciendo, según la OMS. La demencia, por su parte, afecta a unos 50 millones de personas y se espera que esa cifra se triplique en las próximas décadas debido al envejecimiento de la población.

Frente a la escasez de tratamientos eficaces para revertir el deterioro cognitivo, la prevención se convierte en una prioridad absoluta.

Los autores subrayan que reducir el peso corporal no es sencillo y que mantenerlo a largo plazo sigue siendo un desafío clínico y social. Sin embargo, sus resultados sugieren que actuar sobre los factores intermedios, en especial la hipertensión, podría ofrecer una vía realista para reducir el riesgo de demencia incluso en personas con obesidad.

No es una hipótesis gratuita: múltiples estudios y ensayos clínicos han demostrado que el tratamiento antihipertensivo reduce el riesgo de ictus y mejora la salud cerebral. Algunos trabajos apuntan incluso a una menor incidencia de demencia en personas con la presión arterial bien controlada.

🗣️ «Los fármacos para la pérdida de peso se han probado recientemente para frenar el deterioro cognitivo en fases tempranas de la enfermedad de Alzheimer, pero sin mostrar un efecto beneficioso —dice Frikke-Schmidt. Y añade—: Una cuestión abierta que aún debe evaluarse es si iniciar un tratamiento para la pérdida de peso antes de que aparezcan los síntomas cognitivos podría proteger frente a la demencia. Nuestros datos actuales sugieren que las intervenciones tempranas de pérdida de peso podrían prevenir la demencia, y especialmente la demencia de origen vascular».

Limitaciones del estudio y qué preguntas quedan abiertas

Eso no significa que el peso deje de importar. Al contrario: el nuevo trabajo refuerza la idea de que la obesidad es un factor de riesgo modificable también para la salud cerebral, no solo para el corazón. Pero sí matiza el mensaje: mientras se avanza en estrategias eficaces y sostenibles de control del peso, intervenir de forma agresiva y temprana sobre la presión arterial puede marcar una diferencia significativa.

Como todo estudio científico, este también tiene limitaciones. La mayoría de los participantes son de origen europeo, lo que obliga a ser cautos al extrapolar los resultados a otras poblaciones. Además, el índice de masa corporal no distingue entre grasa corporal y masa muscular, aunque los autores argumentan que el efecto observado probablemente se debe al exceso de tejido adiposo, principal responsable del aumento de la presión arterial. Aun así, la consistencia de los resultados, la calidad de los datos y la robustez de la metodología científica convierten este trabajo en una referencia clave.

En conjunto, el mensaje es tan contundente como incómodo: el cerebro no es ajeno a las consecuencias de la obesidad. Cuidar el peso corporal y, sobre todo, mantener la presión arterial bajo control no solo protege el corazón, sino también la memoria, la autonomía y la identidad personal en la vejez. En un mundo que envejece y engorda al mismo tiempo, comprender y actuar sobre estos vínculos puede ser una de las herramientas más poderosas para frenar la epidemia silenciosa de la demencia.▪️(23-enero-2026)

  • Información facilitada por la Sociedad de Endocrinología

  • Fuente: Liv Tybjærg Nordestgaard, Jiao Luo, Frida Emanuelsson, Genevieve Leyden, Eleanor Sanderson, George Davey Smith, Mette Christoffersen, Shoaib Afzal, Marianne Benn, Børge G Nordestgaard, Anne Tybjærg-Hansen, Ruth Frikke-Schmid. High Body Mass Index as a Causal Risk Factor for Vascular-Related Dementia: A Mendelian Randomization Study. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism (2026). DOI: https://doi.org/10.1210/clinem/dgaf662

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