La sífilis ya existía en América hace 5.500 años: el ADN antiguo que reescribe la historia de la enfermedad

El genoma más antiguo conocido de Treponema pallidum, recuperado de la tibia de un cazador-recolector en Colombia, desvela una rama evolutiva desconocida del agente patógeno causante de la sífilis miles de años antes de la llegada de Colón.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Sífilis precolombina: recreación artística de un cazador-recolector del Holoceno medio en la sabana de Bogotá, atendido por un curandero, hace unos 5.500 años.

Recreación artística de un cazador-recolector del Holoceno medio en la sabana de Bogotá, atendido por un curandero, hace unos 5.500 años. El ADN antiguo recuperado de restos humanos de esta región ha permitido identificar el genoma más antiguo conocido de Treponema pallidum, la bacteria causante de la sífilis, lo que demuestra que las enfermedades treponémicas ya circulaban en América miles de años antes de la llegada de los europeos. Crédito: IA-DALL-E-©RexMolón Producciones

De lejos, la sífilis ha sido una de las enfermedades más cargadas de estigma de la historia humana. Asociada a la Europa moderna, a los ejércitos del Renacimiento y a los excesos sexuales en las cortes reales, su origen ha sido motivo de una de las grandes controversias de la paleopatología.

Ahora, un fragmento de ADN antiguo extraído de la tibia de un cazador-recolector que vivió hace 5.500 años en la actual Colombia acaba de sacudir ese relato. La bacteria responsable de la sífilis y de otras enfermedades treponémicas ya circulaba en América miles de años antes de la llegada de Colón.

El hallazgo, publicado en la revista Science, no procede de un esqueleto con lesiones evidentes ni de un contexto epidémico. Todo lo contrario. El individuo, enterrado en el abrigo rocoso de Tequendama I, en la sabana de Bogotá, no mostraba a simple vista ningún signo de haber padecido una enfermedad treponémica. Sin embargo, en el interior de uno de sus huesos largos, los investigadores han recuperado el genoma más antiguo conocido hasta ahora de Treponema pallidum, la bacteria que causa la sífilis, el pian y el bejel.

🗣️ «Nuestros hallazgos muestran el potencial único de la paleogenómica para contribuir a nuestra comprensión de la evolución de las especies y de los posibles riesgos para la salud de las comunidades pasadas y presentes», subraya Lars Fehren-Schmitz, genetista de la Universidad de California en Santa Cruz (Estados Unidos).

El descubrimiento no solo adelanta en más de tres mil años el registro genómico de este agente infeccioso, sino que revela algo aún más sorprendente: la existencia de una rama evolutiva desconocida, profundamente divergente, que se separó del resto de linajes conocidos hace unos 13.700 años, poco después de que los primeros humanos poblaran América. Es decir, la historia de la sífilis y sus parientes es mucho más antigua y compleja de lo que se pensaba.

Un debate centenario

Desde finales del siglo XV, cuando una enfermedad devastadora se extendió por Europa tras las campañas militares en Italia, los médicos han discutido si la sífilis ya existía en el Viejo Continente o si llegó desde América tras el primer viaje de Colón. La llamada hipótesis colombina sostiene que la bacteria espiroqueta cruzó el Atlántico con los marineros, mientras que la hipótesis precolombina defiende un origen europeo anterior.

A ese debate se suman otros modelos más amplios. Algunos investigadores consideran que la sífilis, el pian, el bejel y la pinta son manifestaciones de una misma enfermedad adaptada a distintos climas y formas de vida; otros creen que evolucionaron de forma escalonada a partir de un ancestro común. El problema es que, hasta ahora, faltaban datos genéticos antiguos que permitieran contrastar esas hipótesis.

«El registro óseo nos decía que las enfermedades treponémicas existían en América desde hacía miles de años, pero no teníamos genomas antiguos que lo confirmaran» explican los autores del estudio. La paleogenómica, capaz de rescatar ADN de patógenos en restos humanos antiguos, está empezando a llenar ese vacío.

🗣️ «La evidencia genómica actual, junto con el genoma que presentamos aquí, no resuelve el antiguo debate sobre el origen de los propios síndromes de la enfermedad, pero sí muestra que existe una larga historia evolutiva de los agentes patógenos treponémicos que ya se estaban diversificando en América miles de años antes de lo que se conocía hasta ahora», señala Elizabeth Nelson, antropóloga molecular y paleopatóloga en la Universidad Metodista del Sur (Estados Unidos).

Un genoma inesperado

El individuo identificado como TE1-3 vivió durante el Holoceno medio, una época en la que los habitantes de la sabana de Bogotá eran cazadores-recolectores altamente móviles, que explotaban una amplia variedad de recursos animales y vegetales. Su tibia fue muestreada originalmente para estudios de genética humana, pero una criba metagenómica —una técnica que permite detectar ADN bacteriano y viral sin buscarlos específicamente— reveló la presencia de treponemas.

Tras secuenciar más de 1.500 millones de fragmentos de ADN y aplicar filtros extremadamente estrictos para evitar contaminaciones, los investigadores lograron reconstruir cerca del 80% del genoma bacteriano, con una cobertura baja pero suficiente para situarlo en el árbol evolutivo. El resultado fue inequívoco: no pertenecía a ninguna de las subespecies modernas conocidas.

Los análisis filogenéticos muestran que este linaje, bautizado como TE1-3, es hermano de todas las variantes actuales de Treponema pallidum, pero no desciende de ninguna de ellas. Se trata de una rama temprana, posiblemente extinguida o aún no muestreada, que revela una diversidad pasada mucho mayor de la bacteria.

«Una posibilidad es que hayamos descubierto una forma antigua del agente infeccioso que causa la pinta, del que sabemos muy poco, pero que es endémico de Centro y Sudamérica y provoca síntomas localizados en la piel —apunta Anna-Sapfo Malaspinas, investigadora de la Universidad de Lausana (Estados UNidos) y líder de grupo en el Instituto Suizo de Bioinformática. Y continúa—: En este momento no podemos demostrar que este sea el caso, pero es una pista que merece ser investigada con más profundidad».

Micrografía electrónica coloreada de Treponema pallidum, la bacteria causante de la sífilis.

Micrografía electrónica coloreada de Treponema pallidum, la bacteria causante de la sífilis. Varias de estas bacterias de forma espiral aparecen resaltadas en verde. Cortesía: NIAID.

Una bacteria antigua y peligrosa

Pese a su antigüedad, el genoma de TE1-3 contiene prácticamente todos los genes de virulencia que se encuentran en las cepas modernas de las espiroquetas. Es decir, esta bacteria ya tenía la capacidad genética de infectar tejidos, evadir el sistema inmunitario y persistir en el organismo humano.

Este dato es clave porque sugiere que la virulencia del agente patógeno no es un rasgo reciente, ligado a sociedades complejas o a la transmisión sexual, sino una característica profundamente arraigada en su historia evolutiva. «Los mecanismos que permiten al Treponema pallidum infectar a los humanos ya estaban presentes hace al menos 5.500 años» señalan los autores.

El hecho de que el individuo no mostrara lesiones óseas visibles refuerza otra idea importante: muchas personas infectadas nunca desarrollan daños esqueléticos, o lo hacen solo en fases avanzadas. Esto significa que la prevalencia real de estas enfermedades en el pasado pudo ser mucho mayor de lo que sugieren los huesos.

🗣️ «Nuestros resultados retrasan la asociación de Treponema pallidum con los seres humanos en miles de años, posiblemente hasta hace más de 10.000 años, en el Pleistoceno tardío», destaca Davide Bozzi, investigador de la Universidad de Lausana y del Instituto Suizo de Bioinformática.

América como escenario clave

Las dataciones moleculares indican que la separación entre TE1-3 y el resto de linajes ocurrió, como ya hemos dicho, hace unos 13.700 años, en un periodo que coincide con las grandes migraciones humanas hacia América y con profundos cambios ecológicos tras el final de la última glaciación. Más tarde, ya dentro del Holoceno, se diversificaron las subespecies que hoy conocemos.

Este patrón respalda la idea de que Treponema pallidum llevaba miles de años circulando en poblaciones americanas antes del contacto europeo. No demuestra de forma definitiva que la sífilis moderna surgiera en América, pero sí debilita cualquier explicación que limite su historia a los últimos milenios o al Viejo Mundo.

Además, el estudio reabre la cuestión de la pinta, una enfermedad cutánea tropical cuyo agente causal, el Treponema carateum, nunca ha sido secuenciado. Dado el parentesco genético observado, no se descarta que este linaje antiguo represente una forma temprana de esa bacteria, o incluso que la clasificación taxonómica actual deba revisarse.

La sífilis, según el pintor francés Eugène Delâtre. La hipótesis colombina sostiene que esta enfermedad de transmisión sexual fue traída a Europa por la tripulación de Cristobal Colón.

La sífilis, según el pintor francés Eugène Delâtre. La hipótesis colombina sostiene que esta enfermedad de transmisión sexual fue traída a Europa por la tripulación de Cristobal Colón. Cortesía: Jl FilpoC

Más allá de la sífilis

El trabajo también subraya el valor de un enfoque integral —lo que los autores llaman una sola paleopatología— que combine arqueología, genética, ecología y antropología. En el entorno de Tequendama, los humanos convivían estrechamente con pequeños mamíferos, como roedores y conejos, algunos de los cuales albergan especies emparentadas del género Treponema.

Aunque no hay pruebas de una transmisión zoonótica directa, el contexto ecológico pudo favorecer intercambios complejos entre patógenos y huéspedes.

Como ha ocurrido con la tuberculosis, la peste o la lepra, la recuperación de genomas antiguos está transformando nuestra comprensión de las enfermedades infecciosas. Cada nuevo hallazgo no solo añade una fecha más temprana al calendario, sino que obliga a replantear las relaciones entre los humanos y los microorganismos que los han acompañado durante milenios.

Un pasado más profundo

El genoma TE1-3 no responde a todas las preguntas. No sabemos cómo se transmitía esta bacteria, si causaba sífilis en el sentido moderno o si provocaba una enfermedad distinta. Tampoco sabemos cuántos linajes similares existieron ni por qué desaparecieron.

Pero sí deja claro algo fundamental: la historia de la sífilis no empieza en los burdeles de la Europa renacentista, sino en un pasado mucho más remoto, entre cazadores-recolectores que jamás imaginaron que, miles de años después, un fragmento de su ADN cambiaría la narrativa de una de las enfermedades más famosas —y temidas— de la humanidad.

«Este proceso fue esencial porque los hallazgos están profundamente conectados con la historia médica y cultural de Colombia. Involucrar a investigadores, estudiantes y a miembros de comunidades indígenas y no indígenas garantiza que los resultados se comuniquen e interpreten de forma ética y en colaboración con las comunidades locales —dice el arqueólogo Miguel Delgado, de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina. Y concluye—: Este enfoque genera confianza, respalda una gestión responsable de descubrimientos sensibles y refuerza la apropiación local del conocimiento».▪️(24-enero-2026)

Anterior
Anterior

Una nueva herramienta permite predecir cómo evoluciona el cáncer y esquiva los tratamientos

Siguiente
Siguiente

La conciencia no ocurre en el presente: el cerebro recuerda para poder sentir, afirma un nuevo estudio