Las reinas de las abejas desvían pesticidas hacia sus huevos para sobrevivir: un estudio informa de un mecanismo hasta ahora desconocido
Cuando las defensas de la colmena dejan de funcionar, la reina activa una última estrategia de supervivencia: trasladar la carga tóxica a sus propios huevos. El descubrimiento revela un mecanismo biológico desconocido que podría ayudar a explicar el declive de muchas colonias de abejas.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una abeja reina, identificada con una marca fucsia, permanece rodeada por su séquito de obreras, encargado de alimentarla, protegerla y atender todas sus necesidades dentro de la colmena. Cortesía: Sascha Nicklisch / UC Davis
Las abejas llevan millones de años perfeccionando estrategias para proteger a su colonia. Sin embargo, frente a los pesticidas modernos, incluso la reina se ve obligada a recurrir a un mecanismo de emergencia que podríamos calificar de radical.
La expansión de la agricultura intensiva, el uso masivo de pesticidas, la pérdida de hábitats y el cambio climático han contribuido al declive de los animales polinizadores, con consecuencias potencialmente graves para la producción de alimentos.
Por si esto fuera poco, un nuevo estudio acaba de revelar un mecanismo de protección frente a los pesticidas tan sorprendente como inquietante: cuando la contaminación química supera la capacidad de defensa de la colonia, la reina comienza a deshacerse de parte de esa carga tóxica transfiriéndola directamente a sus propios huevos.
Un sistema de seguridad que no sale gratis
El descubrimiento, publicado en la revista Current Biology, muestra por primera vez que las reinas de las abejas melíferas no son simples víctimas pasivas de la contaminación ambiental. Al contrario, poseen una estrategia fisiológica para protegerse cuando los pesticidas empiezan a acumularse en su organismo.
El problema es que esa defensa tiene un precio: los embriones reciben una dosis creciente de contaminantes que podría comprometer su desarrollo y, a largo plazo, favorecer el deterioro de toda la colonia.
Hasta ahora, la mayor parte de las investigaciones sobre el impacto de los pesticidas se había centrado en las abejas obreras, las encargadas de salir al campo en busca de néctar y polen. Son ellas quienes entran primero en contacto con los productos químicos utilizados en los cultivos y quienes transportan esas sustancias de vuelta a la colmena. Pero el nuevo trabajo amplía el foco y pone a la reina en el centro de la historia.
No es un detalle menor. Una única reina puede poner entre 1.500 y 2.000 huevos al día, y constituye la única fuente de nuevas obreras capaces de mantener viva la colonia. Si ella falla, todo el enjambre está condenado. Por eso, comprender cómo responde a la contaminación resulta esencial para explicar el declive de muchas colmenas observado durante los últimos años.
¿Cómo protegen las obreras a la reina de los pesticidas?
Los científicos partían de una idea conocida desde hace tiempo. Las obreras no solo alimentan y cuidan a la reina, sino que también ejercen una especie de escudo biológico. Antes de que el alimento llegue a la soberana, pasa por diferentes procesos de manipulación y transformación que reducen parte de la carga química procedente del exterior.
Esa protección colectiva recibe el nombre de amortiguación social (social buffering) y constituye una de las grandes ventajas evolutivas de vivir en sociedades altamente organizadas como las de las abejas.
Sin embargo, nadie sabía hasta dónde llegaba esa capacidad protectora.
Cómo se realizó el estudio
Para averiguarlo, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Davis, el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos diseñó un experimento extraordinariamente preciso. En lugar de trabajar con grandes colmenas, construyeron pequeñas nanocolonias formadas por una reina y sesenta obreras, capaces de reproducir el funcionamiento básico de una colonia real en condiciones controladas.
A continuación, alimentaron a las abejas con polen y jarabe que contenían cantidades muy bajas de metil paratión, un insecticida organofosforado marcado con un diminuto trazador radiactivo. La dosis estaba muy lejos de resultar letal y era comparable a las concentraciones que pueden encontrarse en el medio natural, pero el marcador permitió seguir el recorrido exacto de cada molécula gracias a una sofisticada técnica denominada espectrometría de masas con acelerador biológico (BioAMS), capaz de detectar cantidades prácticamente imposibles de medir mediante los métodos convencionales.
Los primeros resultados parecían tranquilizadores. Durante los dos primeros días, las obreras consiguieron eliminar aproximadamente el 95 % del pesticida antes de que el alimento llegara al resto de la colonia. Buena parte de esa contaminación acababa almacenada en la cera y en otras estructuras del panal, reduciendo así notablemente la exposición de la reina.
Pero esa protección empezó a resquebrajarse con el paso del tiempo.
Nanocolonia experimental utilizada por los investigadores para reproducir en el laboratorio el funcionamiento de una colmena de abejas melíferas y seguir el recorrido de los pesticidas entre las obreras, la reina y los huevos. Cortesía: Angela Encerrado-Manriquez / UC Davis
Qué ocurre cuando la contaminación supera las defensas de la colonia
Tras diez días de exposición continua, la eficacia del filtrado había descendido hasta el 86 %. Puede parecer una diferencia pequeña, pero bastó para que la contaminación comenzara a acumularse progresivamente dentro de la colonia. Las obreras soportaban cargas cada vez mayores de pesticidas y la reina, aunque seguía mucho menos contaminada que ellas, ya no conseguía mantenerse completamente aislada del problema.
Fue entonces cuando apareció el hallazgo más inesperado del estudio.
Los investigadores comprobaron que los pesticidas no permanecían repartidos de manera uniforme por el cuerpo de la reina. En lugar de ello, las sustancias tóxicas iban concentrándose en sus tejidos reproductores y terminaban siendo depositadas en los huevos en desarrollo. En algunos casos, estos contenían entre cinco y diez veces más pesticida que el propio organismo de la reina.
Ese proceso recibe el nombre de transferencia materna (maternal offloading) y había sido descrito anteriormente en peces, mamíferos y otros animales, pero nunca se había demostrado en las abejas melíferas.
🗣️ «Para protegerse, la reina descarga estos compuestos químicos en sus huevos con el fin de deshacerse de ellos —explica Sascha Nicklisch, profesor del Departamento de Toxicología Ambiental de la Universidad de California en Davis y autor principal del estudio. Y añade—: Nadie había demostrado antes este mecanismo en las abejas melíferas».
Una amenaza en ciernes para futuras generaciones
El trabajo también sugiere que existe un límite en la capacidad protectora de las obreras.
«En nuestro estudio, los pesticidas comenzaron a acumularse en las reinas con el paso del tiempo, lo que indica que la capacidad de filtrado de las obreras puede verse sobrepasada —señala la primera autora del trabajo, Angela Encerrado-Manríquez—. Cuando eso ocurre, las reinas recurren a su propio mecanismo de defensa. La transferencia materna les permite desplazar la carga tóxica hacia sus huevos».
La estrategia tiene toda la lógica desde el punto de vista evolutivo. En una colonia de abejas solo existe una reina fértil. Mientras ella permanezca viva, podrá seguir produciendo miles de nuevos huevos cada día y reemplazar a las abejas obreras que mueren de forma natural. Pero si la reina sucumbe, toda la colonia está condenada a desaparecer.
El problema es que esta solución de emergencia podría convertirse en una amenaza silenciosa para las generaciones futuras.
Un ensayo con limitaciones
Aunque el estudio no siguió el destino de esos huevos contaminados hasta comprobar si llegaban a eclosionar o cómo afectaba el pesticida al desarrollo de las larvas, los investigadores recuerdan que las fases más tempranas del desarrollo de los insectos suelen ser mucho más sensibles a los compuestos tóxicos que los individuos adultos.
Los embriones carecen todavía de los sistemas de desintoxicación plenamente desarrollados y pequeñas cantidades de pesticidas podrían traducirse en alteraciones del crecimiento, una menor supervivencia o problemas de desarrollo.
Los resultados apuntan, por tanto, a una paradoja biológica: la reina aumenta sus probabilidades de supervivencia precisamente a costa de incrementar el riesgo para parte de su descendencia.
Las abejas obreras constituyen la primera línea de defensa frente a los pesticidas al filtrar parte de los contaminantes antes de que lleguen a la reina. Sin embargo, esa protección puede saturarse tras una exposición prolongada. Foto de Brad Weaver en Unsplash
Los pesticidas van por barrios
Los datos obtenidos muestran, además, que la contaminación no se distribuye de forma homogénea entre los distintos miembros de la colonia. Mientras algunas abejas obreras acumulan grandes cantidades de pesticidas, otras presentan niveles mucho menores, probablemente porque desempeñan funciones diferentes dentro del enjambre.
Las encargadas de procesar el alimento o fabricar la cera parecen soportar una parte importante de esa carga química, y actuarían así como una primera línea de defensa colectiva.
Esa organización social, una de las claves del éxito evolutivo de las abejas durante millones de años, también condiciona el movimiento de los contaminantes por toda la colmena. El estudio demuestra que una colonia no puede entenderse como la simple suma de miles de insectos individuales, sino como un auténtico superorganismo, en el que las decisiones fisiológicas de unos individuos repercuten sobre todos los demás.
Por qué este descubrimiento puede ayudar a explicar el colapso de las colmenas
Los experimentos también revelaron otro fenómeno interesante. La presencia de la reina modifica la forma en que los pesticidas se distribuyen por toda la colonia. Cuando la reina está presente, las obreras consumen más alimento, producen más cera y terminan almacenando mayores cantidades de contaminantes en esa estructura. La cera actúa así como un auténtico depósito químico capaz de retener residuos durante largos periodos de tiempo.
Ese hallazgo ayuda a explicar por qué una colmena puede seguir expuesta a pesticidas mucho tiempo después de que haya desaparecido la fuente inicial de contaminación. Los compuestos almacenados en la cera pueden liberarse lentamente y seguir circulando por la colonia durante semanas o incluso meses.
🗣️ Bruce Buchholz, investigador del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y uno de los autores del trabajo, subraya que todo ello ha sido posible gracias a una tecnología de análisis extremadamente sensible: «Con el BioAMS podemos rastrear cantidades muy pequeñas de un pesticida. Las concentraciones utilizadas en nuestro estudio no eran letales y eran representativas de las que pueden encontrarse en la naturaleza».
Precisamente ahí reside una de las principales fortalezas de la investigación. En lugar de emplear dosis muy elevadas para provocar efectos inmediatos, los científicos reprodujeron una situación mucho más parecida a la que viven las abejas en numerosos paisajes agrícolas: una exposición continua a pequeñas cantidades de pesticidas que, poco a poco, terminan acumulándose en la colonia.
Los investigadores comprobaron que la cera del panal actúa como un depósito de pesticidas: las abejas obreras almacenan en ella parte de los contaminantes que retiran del alimento, aunque esa capacidad de protección disminuye con la exposición prolongada. Cortesía: Angela Encerrado-Manriquez / UC Davis
Información útil para los apicultores
Los resultados cuestionan, además, una idea muy extendida en toxicología: que los efectos más importantes de los pesticidas aparecen tras exposiciones intensas y puntuales. En realidad, este trabajo sugiere que las dosis bajas mantenidas durante largos periodos podrían resultar incluso más problemáticas cuando acaban saturando los mecanismos naturales de protección de la colonia.
🗣️ Según Nicklisch, existe incluso la posibilidad de que ese proceso explique algunos casos de desaparición retardada de colonias. «Cuando los pesticidas se acumulan hasta el punto de que los huevos de la reina contienen cantidades tan elevadas que dejan de desarrollarse correctamente, podría alcanzarse un punto de inflexión», advierte. «Puede existir un efecto lento y progresivo de acumulación química que contribuya al colapso diferido de las colonias».
La investigación también tiene implicaciones prácticas para apicultores, agricultores y responsables de los programas de gestión integrada de plagas. Si las obreras solo pueden filtrar eficazmente los contaminantes durante un tiempo limitado, reducir la exposición de las colonias en momentos especialmente delicados —como las grandes floraciones o los periodos de máxima puesta de la reina— podría ser mucho más importante de lo que se pensaba hasta ahora.
La supervivencia de la colonia depende de una compleja cadena de sacrificios biológicos
Los autores creen que aún quedan numerosas preguntas por responder. No saben durante cuánto tiempo puede una reina seguir transfiriendo contaminantes a sus huevos, si todos los pesticidas se comportan de la misma manera ni cuál es el impacto real sobre las generaciones posteriores de abejas. Tampoco está claro qué ocurre con los huevos más contaminados: si consiguen desarrollarse, si son eliminados por las propias obreras o si terminan reciclando de nuevo los contaminantes dentro de la colmena.
Lo que sí parece evidente es que las abejas disponen de estrategias de defensa mucho más sofisticadas de lo que imaginábamos. Primero son las obreras quienes sacrifican parte de su propia salud para proteger a la reina. Cuando ese escudo colectivo deja de ser suficiente, la reina activa un mecanismo aún más extremo: desplaza la contaminación hacia los huevos que darán origen a la siguiente generación.
La imagen que emerge de este trabajo es tan fascinante como inquietante. La supervivencia de la colonia depende de una compleja cadena de sacrificios biológicos en la que cada individuo asume una parte del coste de la contaminación. Pero esa estrategia tiene un límite. Cuando la exposición a los pesticidas se prolonga demasiado, el sistema de protección acaba saturándose y la carga química termina alcanzando precisamente el lugar donde la colonia deposita su futuro: los huevos de su única reina.▪️(3-julio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Abejas y Pesticidas
🐝 ¿Por qué las abejas reina transmiten pesticidas a sus huevos?
Porque utilizan un mecanismo de transferencia materna que les permite eliminar parte de la carga tóxica acumulada cuando las obreras ya no pueden filtrar suficientemente los contaminantes.
🐝 ¿Qué es la transferencia materna de pesticidas?
Es un proceso mediante el cual una hembra transfiere contaminantes acumulados en su organismo a sus huevos durante la reproducción.
🐝 ¿Qué son las abejas obreras?
Son hembras estériles encargadas de alimentar a la reina, cuidar las larvas, construir los panales y recoger néctar y polen.
🐝 ¿Por qué son tan importantes las abejas melíferas?
Porque participan en la polinización de aproximadamente un tercio de los cultivos alimentarios del mundo y desempeñan un papel esencial en numerosos ecosistemas.
🐝 ¿Qué pesticida utilizaron los investigadores?
El estudio empleó metil paratión, un insecticida organofosforado utilizado como compuesto modelo para seguir el movimiento de los contaminantes dentro de la colonia.
🐝 ¿Dónde se publicó el estudio?
En la revista científica Current Biology.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
Las abejas obreras filtran inicialmente hasta el 95 % de los pesticidas presentes en el alimento.
Con la exposición continuada, esa protección disminuye y los contaminantes empiezan a acumularse.
Las reinas eliminan parte de esa carga tóxica transfiriéndola a sus huevos.
El mecanismo podría favorecer el colapso progresivo de las colonias.
El estudio ha sido publicado en Current Biology por investigadores de la Universidad de California en Davis.
Información facilitada por la Universidad de California en Davis
Fuente: Encerrado-Manriquez A., Fine J., Litsey E... Queen bees offload pesticide burden to eggs when social buffering is overwhelmed. Current Biology (2026). DOI: 10.1016/j.cub.2026.06.022

