Los microbios de Ötzi despiertan 5.300 años después: hongos ancestrales amenazan la conservación del Hombre de Similaun
Más de 5.300 años después de su muerte, Ötzi sigue vivo desde el punto de vista microbiológico. Un nuevo estudio ha identificado bacterias que formaban parte de su microbioma intestinal cuando estaba vivo y hongos adaptados al frío que colonizaron su cuerpo tras la muerte y que podrían seguir activos hoy. Una situación que pone en riesgo la conservación de la momia del célebre hombre de los hielos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una mano enguantada sostiene uno de los tejidos momificados de Ötzi durante las tareas de conservación. El Hombre de Similaun se mantiene desde hace décadas en una cámara frigorífica a -6 °C y con un 99 % de humedad relativa, unas condiciones que han permitido preservar su cuerpo, pero que también podrían favorecer la supervivencia de microorganismos adaptados al frío extremo. Foto: South Tyrol Museum of Archaeology/Eurac Research/Marion Lafogler.
Durante más de cinco milenios, Ötzi, el famoso hombre de los hielos hallado en los Alpes en 1991, pareció desafiar el paso del tiempo. Conservado de forma natural en un glaciar a más de 3.000 metros de altitud, su cuerpo momificado se convirtió en una cápsula biológica única para estudiar la vida en la Edad del Cobre.
Sin embargo, un nuevo estudio advierte que esta extraordinaria reliquia arqueológica está lejos de ser un objeto inerte. En realidad, alberga una comunidad de microorganismos que sigue evolucionando en silencio, y algunos de ellos parecen haber despertado tras miles de años de letargo.
La investigación, publicada en la revista Microbiome, ha analizado con un detalle sin precedentes el microbioma de Ötzi, o sea, el conjunto de bacterias, hongos y otros microorganismos que viven sobre y dentro de su cuerpo momificado. Los resultados muestran una sorprendente coexistencia entre microbios ancestrales que formaban parte de su organismo hace más de 5.000 años y otros microorganismos adaptados al frío extremo que han proliferado recientemente en la superficie de la momia. Algunos de estos últimos podrían representar una amenaza para su conservación a largo plazo.
🗣️ «El microbioma de una momia es único porque estamos tratando, al mismo tiempo, con microorganismos de más de 5.000 años de antigüedad y con microbios modernos que han sido introducidos desde el descubrimiento de la momia», explica Mohamed S. Sarhan, microbiólogo del Instituto de Estudios sobre Momias y autor principal del estudio, en un comunicado del Eurac Research, centro de investigación privado con sede en Bolzano (Italia).
Cómo se conserva actualmente el hombre de los hielos
Desde su descubrimiento en los Alpes de Ötztal, Ötzi, también conocido el hombre de Similaun y el hombre de Hauslabjoch, se conserva en una cámara especial del Museo Arqueológico del Tirol del Sur, en Bolzano. Allí permanece a una temperatura constante de -6 °C y con una humedad relativa del 99 %, unas condiciones diseñadas para imitar el ambiente glaciar que permitió su preservación natural.
Durante décadas, los expertos asumieron que ese entorno era suficiente para impedir cualquier actividad microbiana significativa. El nuevo trabajo cuestiona esa idea.
➡️ Elisabeth Vallazza, directora del Museo Arqueológico del Tirol del Sur y responsable de la conservación de la momia, subraya que «las condiciones de conservación de la momia son hoy muy estables» y que «un estrecho seguimiento microbiológico garantiza que no sufra daños». No obstante, añade que serán necesarias más investigaciones y esfuerzos continuados de conservación para preservarla durante muchas generaciones más.
Reconstrucción hiperrealista de Ötzi, el Hombre de Similaun, basada en décadas de investigaciones arqueológicas, genéticas y forenses. El estudio de su microbioma ha revelado que aún conserva bacterias intestinales de hace más de 5.000 años y alberga hongos adaptados al frío que podrían seguir activos en la actualidad. Cortesía: South Tyrol Museum of Archaeology / Augustin Ochsenreiter.
El microbioma intestinal de Ötzi ofrece una ventana al pasado
Para averiguarlo, los investigadores combinaron diversas técnicas de última generación. Analizaron muestras tomadas de la piel, tejidos internos, agua de descongelación, hielo superficial e incluso del aire de la cámara de conservación. También compararon esos datos con muestras históricas obtenidas en diferentes momentos desde la década de 1990.
El objetivo no era otro que distinguir qué microorganismos procedían realmente del pasado y cuáles habían llegado después, durante los más de treinta años que la momia lleva bajo custodia científica.
Uno de los hallazgos más llamativos fue la identificación de restos del microbioma intestinal original de Ötzi. En el interior de la momia, los científicos encontraron bacterias anaerobias características del intestino humano antiguo, entre ellas:
✅ Romboutsia hominis.
✅ Ruminococcus bromii.
✅ Treponema succinifaciens.
✅ Diversas especies de Clostridium.
Estas bacterias presentan las señales químicas típicas del ADN antiguo, acumuladas tras miles de años de degradación, lo que confirma que no se trata de contaminantes modernos.
¿Por qué es importante este descubrimiento?
Lo más interesante de todo es que este ecosistema intestinal ancestral se parece más al de poblaciones humanas tradicionales no industrializadas que al de las sociedades occidentales actuales.
Para los investigadores, representa una ventana excepcional al microbioma humano de la Edad del Cobre, mucho antes de que la agricultura intensiva, los antibióticos o la alimentación moderna transformaran profundamente las comunidades microbianas que viven en nuestro organismo.
Los hongos que sobrevivieron miles de años en el hielo
Pero mientras el interior de Ötzi conserva una notable estabilidad, la situación en la superficie es muy diferente. Allí los científicos detectaron una expansión reciente de varios hongos microscópicos especializados en vivir en ambientes helados. Entre ellos destacan las levaduras Glaciozyma watsonii, Mrakia robertii, Phenoliferia glacialis y una especie del género Goffeauzyma.
Todas ellas son microorganismos habituales en glaciares, regiones polares y otros ecosistemas extremadamente fríos.
Los investigadores lograron incluso aislar estas levaduras en laboratorio y secuenciar sus genomas completos. El análisis mostró que están estrechamente emparentadas con organismos hallados en la Antártida, el Ártico y glaciares alpinos. No se trata, por tanto, de contaminantes domésticos comunes ni de microorganismos introducidos accidentalmente por los visitantes del museo, sino de auténticos especialistas del frío extremo.
➡️ Para Marco Samadelli, experto en conservación y coautor del trabajo, este hallazgo resulta especialmente relevante porque «las condiciones en las que se conservan las momias glaciares todavía no se comprenden por completo». A su juicio, el estudio contribuye a ampliar el conocimiento científico sobre estos delicados ecosistemas biológicos congelados.
El microbiólogo Mohamed Sarhan observa colonias de levaduras cultivadas a partir de muestras extraídas del estómago de Ötzi. Algunas de estas especies, adaptadas al frío extremo y relacionadas con microorganismos de glaciares y regiones polares, podrían haber sobrevivido junto a la momia durante milenios y seguir activas bajo las actuales condiciones de conservación. Cortesía: Eurac Research / Andrea De Giovanni.
¿Están vivos los microbios encontrados en Ötzi?
La gran pregunta era si estos organismos estaban simplemente presentes o si seguían activos. Para responderla, el equipo comparó muestras de piel obtenidas en 2010 y en 2019. Los resultados revelaron un cambio sorprendente. Durante ese periodo, Glaciozyma pasó de representar aproximadamente el 85 % de las levaduras detectadas a alcanzar cerca del 98 %. Además, su ADN mostraba señales de ser mucho más reciente: fragmentos más largos y menos dañados que los observados años antes.
Según los autores, este patrón es difícil de explicar si los microorganismos permanecieran completamente inactivos. Todo apunta a que estas levaduras podrían estar creciendo lentamente o, al menos, manteniendo cierta actividad metabólica bajo las actuales condiciones de conservación. En otras palabras, algunos microbios parecen haber despertado después de miles de años.
«Lo que observamos aquí es una continuidad. Estas levaduras han acompañado a Ötzi en su largo viaje a través de los milenios», señala Frank Maixner, director del Instituto de Estudios de Momias de Eurac Research y uno de los principales responsables del trabajo.
¿Representan una amenaza real para la momia?
La idea puede parecer sorprendente, pero no es imposible. Diversos estudios han demostrado en las últimas décadas que ciertos microorganismos son capaces de sobrevivir durante periodos extraordinariamente largos atrapados en el hielo, el permafrost o los sedimentos congelados. El caso de Ötzi aporta ahora una nueva prueba de hasta qué punto la vida microbiana puede resistir en condiciones extremas.
El problema es que estos organismos no son simples pasajeros inofensivos. El análisis genómico nos pone sobre la pista de que varias de las bacterias y hongos presentes en la momia poseen genes capaces de producir enzimas degradadoras de tejidos. Algunas especies de Clostridium, por ejemplo, contienen genes para fabricar colagenasas, enzimas capaces de descomponer el colágeno, una de las principales proteínas estructurales de la piel y los tejidos conectivos.
Otros microorganismos presentan proteasas y lipasas que degradan proteínas y grasas, respectivamente.
Aunque no existe evidencia de que actualmente estén causando daños importantes, los investigadores advierten de que poseen el potencial biológico necesario para hacerlo si las condiciones ambientales cambiaran o favorecieran su crecimiento. La amenaza no es inmediata, pero tampoco puede ignorarse.
Detalle de los pies momificados de Ötzi durante una intervención de conservación. Cortesía: South Tyrol Museum of Archaeology/Eurac Research/Marion Lafogler
Un efecto inesperado de las técnicas de conservación
La historia de la conservación de Ötzi añade otra capa de complejidad. Tras su descubrimiento, la momia fue tratada con compuestos fenólicos para frenar el crecimiento de hongos. Paradójicamente, algunos de los microorganismos actuales poseen genes que les permiten degradar precisamente esos compuestos.
Es posible que aquellas medidas de conservación, necesarias en su momento, hayan contribuido de manera involuntaria a seleccionar organismos especialmente adaptados a sobrevivir en ese entorno.
Los investigadores identificaron además otro fenómeno inesperado: la influencia de los procedimientos rutinarios de conservación. Siin ir más lejos, el agua pulverizada que se utiliza para mantener la humedad de la cámara contiene comunidades microbianas propias que, con el tiempo, han modificado parcialmente el microbioma externo de la momia. Algunos géneros bacterianos asociados a esa agua aparecen ahora de forma abundante sobre la superficie de Ötzi.
Ötzi no es una momia estática
Todo ello lleva a una conclusión que cambia la forma de entender esta momia excepcional. «La momia no es una reliquia estática, sino un sistema biológico dinámico», resume Maixner. Ötzi no es simplemente un cadáver congelado conservado en una vitrina. Se trata más bien de un ecosistema dinámico en el que conviven microorganismos de distintas épocas: algunos procedentes de su propio intestino hace más de cinco mil años, otros llegados desde los glaciares que lo rodearon durante milenios y otros incorporados durante décadas de conservación moderna.
Para los autores, esta realidad obliga a replantear las estrategias de preservación. Ya no basta con mantener una temperatura y una humedad constantes. Será necesario vigilar de forma continua la evolución genética de estas comunidades microbianas para detectar posibles cambios antes de que afecten al estado de la momia. La conservación del patrimonio arqueológico podría entrar así en una nueva era basada en la vigilancia genómica permanente.
Mohamed Sarhan examina al microscopio células de levadura aisladas de muestras de Ötzi. Cortesía: Eurac Research / Andrea De Giovanni.
Aplicaciones futuras: de los glaciares a la biotecnología
Más allá de la conservación de Ötzi, los investigadores creen que el descubrimiento abre nuevas vías de investigación aplicada.
Estos microorganismos adaptados al frío podrían utilizarse en procesos industriales de bajo consumo energético, como fermentaciones a baja temperatura, una posibilidad que despierta un creciente interés biotecnológico.
Cinco mil trescientos años después de su muerte, Ötzi sigue contando historias. Algunas hablan de su alimentación, de sus enfermedades o de cómo vivían los europeos de la Edad del Cobre. Otras, más inesperadas, revelan que incluso en el silencio helado de una momia aparentemente inmóvil, la vida microscópica continúa encontrando formas de persistir. Y quizá también de despertar.▪️(4-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Momia Ötzi y Microbios
🧫 ¿Quién era Ötzi?
Ötzi es una momia natural de aproximadamente 5.300 años de antigüedad hallada en 1991 en los Alpes de Ötztal, en la frontera entre Italia y Austria. Está considerado uno de los restos humanos prehistóricos mejor conservados del mundo.
🧫 ¿Qué es el microbioma de Ötzi?
Es el conjunto de bacterias, hongos y otros microorganismos presentes en el cuerpo de la momia, tanto en sus tejidos internos como en su superficie.
🧫 ¿Los microbios encontrados siguen vivos?
El estudio sugiere que algunos microorganismos adaptados al frío podrían mantener cierta actividad metabólica bajo las condiciones actuales de conservación, aunque todavía se necesitan más investigaciones para confirmarlo.
🧫 ¿Corre peligro la momia?
No existe evidencia de daños inmediatos, pero algunos microorganismos poseen genes capaces de degradar tejidos biológicos, por lo que los científicos recomiendan mantener una vigilancia microbiológica continua.
🧫 ¿Por qué es importante este descubrimiento?
Porque ofrece una ventana única al microbioma humano de la Edad del Cobre, mejora la comprensión de la conservación de momias glaciares y abre nuevas posibilidades para aplicaciones biotecnológicas basadas en microorganismos adaptados al frío.
ARQUEOLOGÍA E HISTORIA DEL TATUAJE
Información facilitada por el Eurac Research
Fuente: Sarhan, M. S., Samadelli, M., Zink, A. et al.The Iceman’s microbiome: unveiling millennia of microbial diversity and continuity. Microbiome (2026). DOI: https://doi.org/10.1186/s40168-026-02417-6

