¿Por qué una dieta rica en vegetales es esencial para proteger la salud de los riñones?
Una gran investigación internacional con casi 180.000 personas demuestra que seguir una dieta generosa en frutas, verduras, legumbres y frutos secos reduce de forma significativa el riesgo de padecer una enfermedad renal crónica. Más allá de la estadística, la ciencia empieza a explicar qué ocurre en el organismo cuando los riñones comen mejor.
Por Enrique Coperías, periodista científico
La enfermedad renal crónica no tiene cura, pero en general, el tratamiento consiste en medidas para ayudar a controlar los síntomas, reducir las complicaciones y retrasar la progresión de la enfermedad. También se puede prevenir aumentando los vegetales en el menú diario, según una nueva investigación. Foto: Robina Weermeijer
Sin duda alguna, la pareja de órganos filtradores ha sido la gran olvidada de la medicina preventiva. A diferencia del corazón o del cerebro, los riñones rara vez ocupan titulares, pese a que la enfermedad renal crónica afecta ya a casi una de cada diez personas adultas en el mundo y amenaza con convertirse en la quinta causa de muerte global en 2040.
La ciencia empieza, sin embargo, a señalar un mensaje claro y sorprendentemente cotidiano: lo que comemos influye directamente en la salud renal.
Un amplio estudio científico publicado en el Canadian Medical Association Journal —una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo— refuerza esta idea con datos sólidos: seguir una dieta basada mayoritariamente en alimentos de origen vegetal, como la llamada dieta planetaria EAT-Lancet, se asocia con una reducción significativa del riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica.
Una dieta pensada para la salud… y para el planeta
La dieta EAT-Lancet nació en 2019 con un objetivo ambicioso: alimentar de forma saludable a una población mundial creciente sin rebasar los límites ecológicos del planeta.
No es una dieta vegetariana estricta, pero sí propone un cambio radical respecto al patrón occidental dominante: muchas verduras, frutas, legumbres, frutos secos y cereales integrales; cantidades moderadas de pescado, huevos y lácteos; y una reducción drástica de la carne roja, los ultraprocesados, el azúcar añadido y las grasas saturadas.
Hasta ahora, este patrón alimentario saludable se había vinculado con menor riesgo de sufrir diabetes de tipo 2, cáncer y mortalidad prematura. Lo que no estaba claro era su impacto específico sobre la salud de los riñones.
Los riñones son dos órganos del tamaño aproximado de un puño y forma de alubia que están situados a ambos lados de la columna vertebral y cuya función va mucho más allá de producir orina. Actúan como auténticos filtros del organismo: eliminan los desechos y toxinas de la sangre, regulan el equilibrio de agua y sales minerales, mantienen estable la presión arterial y participan en la producción de hormonas esenciales para la formación de glóbulos rojos y la salud ósea. Cuando los riñones funcionan bien, su trabajo pasa desapercibido; cuando se deterioran, el impacto afecta a todo el cuerpo.
El nuevo trabajo llena ese vacío que hay entre la alimentación y la salud de este órgano vital con una investigación a gran escala y de largo recorrido.
Medio millón de personas bajo la lupa
Sus autores analizaron datos del Biobanco del Reino Unido, una de las mayores bases de datos biomédicas del mundo. El estudio siguió durante más de doce años a casi 180.000 personas sin enfermedad renal al inicio, y evaluó su alimentación mediante cuestionarios detallados y registrando quiénes desarrollaban posteriormente la enfermedad renal crónica. Esta es una afección progresiva en la que los riñones van perdiendo de forma lenta y silenciosa su capacidad para filtrar la sangre. En sus fases iniciales apenas presenta síntomas, lo que dificulta su detección precoz; cuando aparecen, suelen incluir cansancio persistente, retención de líquidos, hinchazón en piernas y tobillos, alteraciones en la orina o problemas de concentración.
👉 En España se estima que afecta a alrededor del 15% de la población adulta, lo que la convierte en un problema de salud pública de primer orden, especialmente asociado al envejecimiento, la diabetes y la hipertensión. En sus estadios más avanzados, la enfermedad puede obligar a recurrir a diálisis o trasplante renal, con un fuerte impacto en la calidad de vida y en el sistema sanitario.
El resultado de la invesatigación es contundente, pues cuanto mayor era la adherencia a la dieta EAT-Lancet, menor era el riesgo de que apareciera el fantasma de la enfermedad renal. Según el método de medición utilizado, el riesgo se reducía entre un 8% y un 18% por cada aumento significativo en el cumplimiento de la dieta. Quienes se encontraban en el grupo con mayor adherencia presentaban hasta un 26% menos de riesgo que quienes seguían el patrón alimentario menos saludable.
La asociación se mantuvo incluso tras ajustar los resultados por edad, sexo, peso, tabaquismo, actividad física, diabetes, hipertensión, colesterol, consumo de alcohol y función renal inicial. Es decir, no se trata simplemente de que las personas que comen mejor también vivan de forma más sana en general: el efecto protector de la dieta parece independiente.
Una alimentación basada en verduras, legumbres y otros alimentos de origen vegetal se asocia con una mejor salud renal y un menor riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica, según la evidencia científica más reciente. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Los riñones también «leen» lo que comemos
Pero el estudio, dirigido por Xianhui Qin, del Hospital Nanfang de la Universidad Médica del Sur de Guangzhou (China), va más allá de una simple correlación estadística. Gracias al uso de técnicas avanzadas de metabolómica y proteómica, que analizan miles de moléculas presentes en sangre, los investigadores han podido observar cómo la alimentación saludable deja una huella biológica medible en el organismo.
Identificaron más de 120 metabolitos y 140 proteínas asociados a la dieta EAT-Lancet. Muchos de ellos están implicados en procesos clave para la salud renal: inflamación, metabolismo de las grasas, equilibrio de líquidos y mecanismos de reparación celular.
En términos sencillos, una dieta rica en vegetales parece reducir la inflamación crónica, mejorar la calidad de las grasas circulantes y favorecer procesos celulares que protegen al riñón del daño progresivo. Estos cambios biológicos explican entre un 18% y un 27% del efecto protector observado, una cifra notable para un solo factor dietético, según Qin.
Entre los mediadores más relevantes destacan los ácidos grasos poliinsaturados, abundantes en frutos secos, semillas y pescado, así como marcadores inflamatorios que suelen estar elevados en personas con daño renal incipiente. También aparecen proteínas relacionadas con la eliminación de células dañadas, un proceso esencial para evitar la fibrosis renal.
No todos respondemos igual
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que el beneficio de la dieta no es idéntico para todo el mundo. Los autores detectaron que la protección era especialmente intensa en personas con menor acceso a espacios verdes en su entorno residencial. Es decir, cuando el entorno es menos saludable, la dieta basada en vegetales parece compensar parte de ese riesgo ambiental.
Qin y sus colegas también observaron diferencias entre individuos según variantes genéticas concretas relacionadas con el metabolismo renal y la inflamación.
No se trata de que algunas personas no se beneficien, sino de que en ciertos perfiles el efecto positivo de la dieta es aún mayor. Esto abre la puerta a una nutrición personalizada, adaptada tanto al contexto vital como a la biología individual.
¿Por qué los vegetales protegen los riñones?
La explicación no reside en un único nutriente milagroso, sino en un conjunto de efectos que actúan en la misma dirección. Las dietas vegetales aportan más fibra, antioxidantes y compuestos antiinflamatorios, y menos carga ácida, sodio y proteínas animales en exceso, factores todos ellos relacionados con el deterioro renal.
Además, desplazar parte de la proteína animal por legumbres y frutos secos reduce la hiperfiltración renal —un sobreesfuerzo de los riñones— y mejora el perfil metabólico general del organismo.
La reducción del consumo de carne roja también se asocia con menor estrés oxidativo y menos sustancias dañinas para los riñones.
Un mensaje claro para la salud pública
El estudio refuerza una idea cada vez más respaldada por la ciencia: las recomendaciones dietéticas pensadas para prevenir enfermedades cardiovasculares y metabólicas también protegen los riñones. Y lo hacen de forma eficaz incluso antes de que aparezcan los primeros signos de daño renal.
Desde el punto de vista de la salud pública, el mensaje es poderoso. La enfermedad renal crónica no suele dar síntomas hasta fases avanzadas y supone una enorme carga para los sistemas sanitarios, con tratamientos costosos como la diálisis o el trasplante renal.
Actuar sobre la alimentación saludable podría reducir de forma sustancial esa carga, mejorando la calidad de vida de millones de personas.
Comer pensando en el futuro
Los autores reconocen algunas limitaciones, como el uso de cuestionarios dietéticos y el hecho de que la población estudiada sea mayoritariamente europea y de edad media-alta. Aun así, la coherencia de los resultados, su gran tamaño muestral y el respaldo de datos biológicos refuerzan la solidez de las conclusiones.
En un momento en que la alimentación se debate entre modas, ideología y marketing, estudios como este devuelven el foco a lo esencial: comer más alimentos vegetales no es solo una opción ética o ambiental, sino una estrategia eficaz para cuidar los riñones.
Quizá los riñones no hagan ruido cuando funcionan bien, pero la ciencia empieza a escucharlos con atención. Y lo que parecen decir es sencillo: más verduras, menos carne roja y una dieta saludable pensada no solo para hoy, sino para las próximas décadas.▪️(26-enero-2026)
Fuente: Sisi Yang, Yu Huang, Ziliang Ye, Xiaoqin Gan, Yanjun Zhang, Hao Xiang, Yiting Wu, Yiwei Zhang, Yuanyuan Zhang, Sheng Nie, Fan Fan Hou and Xianhui Qin. The EAT–Lancet planetary health diet and risk of incident chronic kidney disease. Canadian Medical Association Journal (2026). DOI: 10.1503/cmaj.250457

