Qué música escuchamos para regular el estado de ánimo, según la ciencia
No elegimos la misma canción para levantar el ánimo que para desahogarnos, reflexionar o sentirnos comprendidos. Un estudio con 5.334 temas determina qué rasgos musicales buscamos para transformar nuestras emociones.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Elegir qué escuchar puede ser una forma cotidiana de intervenir en nuestras emociones. Un estudio de la Universidad de Cambridge analizó 5.334 canciones para descubrir qué música utilizamos para animarnos, reflexionar, distraernos o buscar consuelo. Foto de Eric Nopanen en Unsplash
Hay canciones para ponerse en marcha un lunes, sacudirse una preocupación, atravesar una ruptura o permanecer un rato dentro de una tristeza que necesita ser escuchada. Elegir música rara vez es un gesto inocente: al pulsar una lista de reproducción en un servicio de música digital, muchas veces tratamos de modificar lo que sentimos, conservar un estado agradable o convivir con una emoción difícil.
Pero ¿qué rasgos tiene la música que utilizamos para cada estos u otros objetivos?
Un estudio publicado en la revista Psychology of Music responde a esa pregunta sin limitarse a clasificar géneros. Catherine Tan y Peter M. C. Harrison, investigadores del Centro para la Música y la Ciencia de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, pidieron a 229 personas canciones para siete situaciones emocionales. Obtuvieron 5.334 temas de Spotify y una cartografía de nuestras elecciones:
✅ La música enérgica, bailable y positiva domina cuando queremos animarnos o activarnos.
✅ Las piezas instrumentales y acústicas aparecen más cuando buscamos reflexión, consuelo o emociones intensas.
No escuchamos únicamente por placer: también empleamos las canciones como una tecnología personal para intervenir en el ánimo.
➡️ En pocas palabras, no existe una música universal para mejorar el ánimo. La elección depende del objetivo emocional: buscamos energía y ritmo para activarnos, pero preferimos sonidos instrumentales y acústicos cuando necesitamos procesar sentimientos o sentirnos comprendidos.
Cómo utilizamos la música para regular las emociones
El estudio de Tan y Harrison parte de un modelo psicológico que distingue siete estrategias de regulación emocional:
✅ Entretenimiento: crear o mantener un ambiente positivo.
✅ Revitalización: recuperar energía o relajarse cuando estamos cansados o estresados.
✅ Sensación intensa: buscar una experiencia emocional poderosa.
✅ Distracción: apartar pensamientos o sentimientos indeseados.
✅ Descarga: expresar o desahogar tristeza, frustración o enfado.
✅ Trabajo mental: examinar y reelaborar emociones difíciles.
✅ Consuelo: sentirse comprendido y aceptado durante un momento de tristeza o preocupación.
Las composiciones instrumentales y acústicas fueron elegidas con mayor frecuencia para procesar sentimientos difíciles, encontrar consuelo o vivir experiencias emocionales intensas. Foto de RUPAM DUTTA en Unsplash
Un estudio con más de 5.300 canciones de Spotify
Los participantes, de entre 19 y 67 años, procerdían de 34 países, aunque la mayoría residía en ek Reino Unido y Canadá y la edad media era de 25,6 años. Para cada situación podían recomendar entre una y cinco canciones. También respondieron cuestionarios sobre su relación con la música, el placer que obtenían de ella, su empatía y su bienestar psicológico. Tras eliminar enlaces inválidos y repeticiones, quedaron los 5.334 temas para ejecutar el análisis.
En lugar de etiquetas como pop, rock, clásica o hiphop, estudiaron nueve características de Spotify: energía, volumen, tempo, facilidad para bailar, valencia —hasta qué punto una canción suena positiva o negativa—, voz hablada, instrumentos acústicos,ausencia de voces y probabilidad de grabación en directo.
Para facilitar la comparación, los investigadores agruparon las nueve características en dos grandes perfiles sonoros. Juntos resumían el 52,9 % de las diferencias observadas entre las canciones: uno distinguía, en términos generales, las piezas acústicas e instrumentales de las más enérgicas y potentes; el otro reflejaba distintas combinaciones de ritmo, tono emocional y presencia de voz.
Esta simplificación no describe por completo cada tema, pero permite descubrir relaciones entre sus rasgos musicales y la finalidad emocional para la que fue elegido.
Música enérgica y positiva para levantar el ánimo, música instrumental y acústica para reflexionar o buscar consuelo
Pues bien, el mapa dibuja dos territorios.
1️⃣ Entretenimiento, revitalización y distracción se asociaron con mayor energía, volumen, valencia positiva y capacidad para incitar al movimiento. Si la meta es crear buen ambiente, reactivarse o zanjar una preocupación, parece lógico recurrir a estímulos capaces de ocupar el cuerpo y la atención. No existe una receta única: revitalizarse incluye recuperar fuerzas, pero también relajarse, y admite músicas menos intensas.
2️⃣ En el otro territorio se situaron el trabajo mental, la sensación intensa y el consuelo, vinculados con música instrumental y acústica. La ausencia de letra puede dejar espacio para que el oyente proyecte sus pensamientos o procese una emoción sin que una voz ajena imponga un relato. La descarga fue más ambigua: combinó esos rasgos con el tempo y el carácter de directo, una mezcla compatible con la introspección y la liberación física de tensión.
La estrategia más habitual: crear un ambiente positivo
La estrategia más utilizada fue el entretenimiento, seguida por las sensaciones intensas, el consuelo, el trabajo mental, la distracción, la revitalización y la descarga. Todas se situaron por encima del punto medio de uso.
Proponer canciones para crear una atmósfera feliz fue lo más sencillo; elegir música con la que sentirse comprendido en la tristeza, lo más difícil.
Para Tan y Harrison, la popularidad del entretenimiento confirma que la escucha refuerza con frecuencia estados positivos. La escasa descarga puede indicar que preferimos intervenir antes de que el malestar se consolide.
El placer musical influye en el uso emocional de las canciones
Las diferencias personales añadieron otro nivel al mapa. La sensibilidad a la recompensa musical fue la variable más relacionada con el uso global de la música para regular el ánimo: la correlación alcanzó 0,65. Le siguieron la sofisticación musical, con 0,41, y la empatía, con 0,29. Dicho de otro modo, quienes obtienen más placer de la música y participan activamente en ella tienden a emplearla más en todas estas funciones, en especial para buscar emociones fuertes, trabajar sobre sus sentimientos y hallar consuelo.
Aquí «sofisticación musical» no equivale a dominar un instrumento. El entrenamiento formal apenas se relacionó con las estrategias, salvo con las sensaciones intensas. Pesaron más la implicación activa y la disposición a vivir respuestas emocionales.
Los autores plantean que los músicos pueden adoptar una escucha más analítica; los años de formación, por sí solos, no predicen el uso emocional de las canciones.
Por qué las personas empáticas usan más la música emocional
La empatía mostró asociaciones modestas pero coherentes, sobre todo con la sensación intensa, el trabajo mental, el consuelo y la distracción. Tan y Harrison sugieren que una persona empática puede absorber mejor la emoción de una pieza.
«La música actúa como una entidad social con la que el oyente puede empatizar», proponen.
Esa relación ayudaría a revisar lo que sentimos y explicaría por qué una canción triste puede resultar placentera o reparadora.
La música no siempre mejora el bienestar
El bienestar psicológico apenas permitió anticipar cuánto se utilizaba la música. La causalidad puede circular en ambos sentidos: escuchar podría mejorar el bienestar, pero quien atraviesa un momento difícil también puede necesitar más ese recurso, de modo que ambos efectos se neutralicen.
Además, recrearse repetidamente en emociones negativas no siempre es beneficioso; otros trabajos han advertido de prácticas poco adaptativas en algunas personas con síntomas depresivos.
Por tanto, el efecto no depende únicamente de la canción, sino también del contexto psicológico, la intención y la manera de escucharla.
Los investigadores analizaron nueve características de las canciones de Spotify, entre ellas la energía, el volumen, el tempo, la facilidad para bailar, la valencia emocional y la presencia o ausencia de voces. Foto de omid armin en Unsplash
Una misma emoción no conduce a la misma canción
Los análisis exploratorios indican que tampoco elegimos lo mismo para una misma finalidad. Los participantes con mayor sofisticación musical escogían más piezas instrumentales y acústicas para entretenerse, descargar emociones o reflexionar.
Por su parte, los más empáticos preferían música bailable y positiva para crear ambiente; quienes declaraban mayor bienestar recurrían a temas más enérgicos para la sensación intensa y la descarga.
Son indicios, no reglas clínicas: una recomendación eficaz debería conocer la meta y a la persona.
Las limitaciones de la investigación
El estudio tiene límites importantes. La muestra fue de conveniencia y reunió sobre todo a adultos jóvenes occidentales, aficionados a la música, familiarizados con la tecnología y con acceso a Spotify.
Los participantes dijeron qué canciones utilizarían, no fueron observados en su vida diaria, y el experimento tampoco comprobó si las recomendaciones lograban realmente el efecto buscado.
Los cuestionarios dependen de la percepción de cada individuo y el diseño transversal captura un solo momento. Además, las características automáticas de Spotify simplifican elementos culturales, biográficos y líricos que también dan significado a una canción.
Aplicaciones para la musicoterapia y las plataformas digitales
Aun con esas cautelas, el trabajo abre una vía práctica. Una base de datos organizada por metas emocionales podría ayudar a musicoterapeutas a seleccionar piezas fuera de los géneros que conocen y permitir el desarrollo de sistemas de recomendación más útiles que el consabido «música para estar feliz».
En vez de adivinar nuestro ánimo y ofrecernos más de lo mismo, una aplicación podría preguntar si buscamos energía, distracción, comprensión, reflexión o desahogo, y tener en cuenta nuestra relación personal con la música.
La conclusión de Tan y Harrison es sencilla, pero relevante: no escogemos una canción solo por cómo suena, sino por lo que necesitamos que haga con nosotros en ese momento.▪️(16-agosto-2026)
LA FICHA TÉCNICA DEL ESTUDIO
- Título: What Music Do People Use for Mood Regulation?
- Autores: Catherine Tan y Peter M. C. Harrison.
- Institución: Centro para la Música y la Ciencia, Universidad de Cambridge.
- Revista: Psychology of Music.
- Participantes: 229 personas.
- Canciones analizadas: 5.334 temas de Spotify.
- Método: encuesta, cuestionarios psicológicos y análisis de nueve características musicales.
- Financiación: Facultad de Música de la Universidad de Cambridge y St Catharine’s College.
- Conflictos de intereses: los autores declararon no tenerlos.
Conclusión: Tan y Harrison señalan que no escogemos una canción únicamente por cómo suena, sino por lo que necesitamos que haga con nosotros en un momento determinado.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Música y Estado de Ánimo
🎹 ¿Qué música es mejor para levantar el ánimo?
Las canciones con mayor energía, volumen, ritmo bailable y valencia positiva se relacionan con la creación de ambientes agradables, la revitalización y la distracción de pensamientos negativos.
🎹 ¿Qué música ayuda a reflexionar sobre las emociones?
Las composiciones instrumentales y acústicas aparecen con mayor frecuencia cuando las personas quieren procesar sentimientos difíciles, buscar consuelo o vivir una experiencia emocional intensa.
🎹 ¿Escuchar música triste puede hacernos sentir mejor?
Sí, en algunas personas. La música triste puede proporcionar consuelo, facilitar la reflexión y generar la sensación de ser comprendido. Su efecto depende de la persona, el contexto y la forma de escucharla.
🎹 ¿Existe una canción universal para mejorar el ánimo?
No. El estudio muestra patrones generales, pero la eficacia de una canción depende del objetivo emocional, las preferencias, la empatía, la relación personal con la música y las experiencias asociadas a ella.
🎹 ¿La formación musical ayuda a regular mejor las emociones?
No necesariamente. La participación activa y la capacidad de emocionarse con la música estuvieron más relacionadas con la regulación del ánimo que el entrenamiento musical formal.
🎹 ¿La música siempre beneficia la salud mental?
No. Puede ser una herramienta de bienestar, pero también puede reforzar emociones negativas si se utiliza de manera repetitiva o poco adaptativa. No sustituye la atención psicológica o médica cuando existe un problema de salud mental.
Fuente: Catherine Tan, Peter M. C. Harrison. What Music Do People Use for Mood Regulation? Psychology of Music (2026). DOI: 10.1177/03057356261469388

