Alcohol y salud: un gran estudio científico confirma que beber aumenta el riesgo de sufrir cáncer, demencia y enfermedades cardiovasculares

El alcohol afecta a prácticamente todos los órganos del cuerpo y está relacionado con más de sesenta enfermedades, según una gran revisión científica internacional publicada en la revista Addiction. El estudio concluye que sus daños superan cualquier posible beneficio y alerta de que muchos efectos pueden dejar secuelas permanentes.

Por Enrique Coperías, periodista científico

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El consumo intensivo de alcohol elimina cualquier posible beneficio cardiovascular y aumenta claramente el riesgo de hipertensión, arritmias e ictus, según la nueva revisión científica.

El consumo intensivo de alcohol elimina cualquier posible beneficio cardiovascular y aumenta claramente el riesgo de hipertensión, arritmias e ictus, según la nueva revisión científica. Foto:  Evan Wise

El alcohol lleva décadas atrapado entre dos relatos opuestos: el de una sustancia integrada en la vida social y asociada incluso a supuestos beneficios para la salud, y el de un creciente cuerpo de evidencia científica que lo vincula con el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la muerte prematura.

Ahora, una gran revisión internacional publicada en la revista Addiction vuelve a inclinar la balanza hacia el lado de los riesgos: el alcohol está asociado causalmente con decenas de enfermedades y lesiones, y, aunque algunos daños pueden revertirse al reducir o abandonar el consumo, muchos otros dejan una huella persistente en el organismo.

El trabajo, firmado por investigadores de Harvard, la Universidad de Toronto y el Centre for Addiction and Mental Health de Canadá, revisa la evidencia acumulada en los últimos años sobre la relación entre alcohol y salud. Los autores analizaron metaanálisis de estudios de cohortes, revisiones sistemáticas y estudios de aleatorización mendeliana —una técnica genética utilizada para explorar relaciones causales— con el objetivo de actualizar el conocimiento científico que sirve de base a las estimaciones mundiales de carga de enfermedad atribuible al alcohol.

🗣️ «Nuestra revisión de la evidencia actual sobre los efectos del alcohol en la salud conduce a una conclusión prudente pero clara: el alcohol es una causa importante de enfermedades y lesiones, y sus perjuicios superan cualquier posible beneficio», resume Sinclair Carr, primer autor del estudio y doctorando en Epidemiología en la Harvard T. H. Chan School of Public Health.

Principales conclusiones del estudio sobre alcohol y salud

La conclusión general es contundente: el alcohol afecta a prácticamente todos los sistemas de nuestro organismo. La nueva clasificación internacional de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (ICD-11) identifica ya 62 trastornos completamente atribuibles al alcohol, frente a los 48 reconocidos en la versión anterior.

Entre ellos se incluyen las intoxicaciones agudas, la dependencia alcohólica, la cirrosis hepática alcohólica, la cardiomiopatía, pancreatitis y los trastornos fetales causados por la exposición prenatal.

Pero los autores del trabajo recuerdan que la mayor parte del impacto sanitario del alcohol no se limita a esas enfermedades 100 % alcohólicas. También existen múltiples dolencias en las que el alcohol aumenta el riesgo junto con otros factores. Ahí aparecen algunos de los grandes problemas de salud pública contemporáneos. Sin ir más lejos, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, las infecciones y la demencia, como el alzhéimer.

Alcohol y cáncer: una relación cada vez más clara

Uno de los apartados más sólidos del estudio es el dedicado al cáncer. El alcohol ya está clasificado por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer como un carcinógeno humano, y esta nueva revisión refuerza esa evidencia. Los investigadores describen relaciones dosis-respuesta claras: cuanto mayor es el consumo medio de alcohol, mayor es el riesgo de desarrollar determinados tumores.

Los cánceres asociados incluyen los de boca, faringe, esófago, hígado, colon, recto, laringe y mama. En el caso del cáncer mamaerio, incluso consumos relativamente bajos incrementan el riesgo.

¿Por qué el alcohol provoca cáncer?

El estudio recuerda varios mecanismos biológicos responsables de este efecto. Cuando el organismo metaboliza el alcohol, produce acetaldehído, una sustancia capaz de dañar el ADN. Además, el alcohol genera estrés oxidativo, altera los niveles hormonales, como el de los estrógenos, y facilita la absorción de otros carcinógenos, como los presentes en el humo del tabaco.

Los autores van más allá y señalan que probablemente existan más tipos de cáncer relacionados con el alcohol de los que actualmente reconocen los organismos internacionales. Estudios recientes sugieren vínculos con tumores de estómago, páncreas y vías biliares. Aunque todavía falta una evaluación formal definitiva, la tendencia general es inequívoca: el riesgo aumenta con el consumo.

Los investigadores recuerdan que algunos efectos del alcohol pueden revertirse al dejar de beber, pero enfermedades crónicas como la cirrosis o ciertos daños cardíacos dejan secuelas permanentes.

Los investigadores recuerdan que algunos efectos del alcohol pueden revertirse al dejar de beber, pero enfermedades crónicas como la cirrosis o ciertos daños cardíacos dejan secuelas permanentes. Foto: Vinicius "amnx" Amano

Alcohol y enfermedades cardiovasculares: el gran debate científico

¿Es verdad que una copa de vino protege el corazón?

Pocas cuestiones han generado tanta controversia como la posible relación beneficiosa entre pequeñas cantidades de alcohol y ciertas enfermedades cardiovasculares. Durante décadas, numerosos estudios observacionales describieron una famosa curva en J: las personas que bebían de forma ligera o moderada parecían tener menos riesgo de cardiopatía isquémica que quienes no bebían nunca, mientras que el riesgo volvía a aumentar claramente en los grandes consumidores.

Recordemos que las cardiopatías isquémicas son un conjunto de enfermedades, como el infarto agudo de miocardio y la angina de pecho, que impiden que el corazón reciba la sangre necesaria, debido a la arterosclerosis de las arterias coronarias, es decir, las encargadas de proporcionar sangre al músculo cardiaco o miocardio.

La nueva revisión no liquida completamente la hipótesis de la curva en jota, pero sí la matiza de forma cruda. Los autores analizaron veinte estudios de aleatorización mendeliana, una metodología que utiliza variantes genéticas asociadas al consumo de alcohol para reducir algunos sesgos típicos de los estudios observacionales. En conjunto, estos trabajos no encontraron evidencias sólidas de que beber poco proteja frente a la enfermedad coronaria. Muchos mostraron asociaciones nulas o incluso perjudiciales.

🗣️ «Aunque ahora sabemos mucho sobre los efectos del alcohol en la salud, sigue siendo motio de controversia si beber pequeñas cantidades es bueno para el corazón —señala Jürgen Rehm, investigador sénior del Canadian Centre for Addiction and Mental Health (CAMH) y uno de los autores principales del trabajo. Y añade—: Al examinar tanto los estudios de cohortes como los estudios de aleatorización mendeliana, así como todas sus posibles fortalezas y sesgos, concluimos que no existe evidencia suficiente para descartar un efecto beneficioso del consumo de alcohol sobre la cardiopatía isquémica y el ictus isquémico».

El peligro de los «botellones» o episodios de exceso de alcohol

Sin embargo, los investigadores también advierten de que esos estudios genéticos tienen importantes limitaciones metodológicas y todavía no permiten descartar por completo la existencia de un efecto protector en consumos bajos y sin episodios de embriaguez. «La evidencia actual es insuficiente para refutar una relación en forma de J», escriben los autores.

En cualquier caso, el trabajo insiste en que los patrones de consumo importan tanto como la cantidad total ingerida. Los episodios de consumo intensivo de alcohol —el llamado binge drinking, episodio de exceso de alcoholobotellón— eliminan cualquier posible beneficio cardiovascular. Las borracheras aumentan la presión arterial, favorecen las arritmias y alteran los mecanismos de coagulación.

De hecho, la relación entre alcohol e hipertensión aparece como una de las asociaciones más consistentes del estudio. A mayor consumo, mayor presión arterial. Y aquí emerge uno de los hallazgos más relevantes desde el punto de vista clínico: reducir el consumo puede revertir parte del daño. Los autores recuerdan que diversos ensayos muestran que disminuir la ingesta alcohólica reduce la presión arterial y puede utilizarse incluso como tratamiento de primera línea en grandes bebedores hipertensos.

Daños reversibles… y otros que no lo son

La reversibilidad es uno de los conceptos centrales de esta revisión. El estudio distingue entre

1️⃣ Daños agudos.

2️⃣ Procesos crónicos.

Los primeros, vinculados sobre todo a la intoxicación inmediata, pueden desaparecer de forma relativamente rápida cuando cesa el consumo. Es el caso de parte del riesgo de accidentes, lesiones o determinados efectos cardiovasculares.

Pero los procesos crónicos cuentan otra historia. «Muchos procesos de enfermedad crónica son solo parcialmente reversibles», advierten los autores. La cirrosis hepática, por ejemplo, puede estabilizarse con la abstinencia, pero el tejido cicatricial acumulado en el hígado no desaparece de manera fácil. Lo mismo ocurre con algunos daños neurológicos o con alteraciones estructurales del corazón.

El estudio alerta de que las borracheras y el inicio temprano en el consumo multiplican el impacto del alcohol sobre el cerebro y elevan el riesgo de deterioro cognitivo y demencia precoz.

El estudio alerta de que las borracheras y el inicio temprano en el consumo multiplican el impacto del alcohol sobre el cerebro y elevan el riesgo de deterioro cognitivo y demencia precoz. Foto: Julia Coimbra

Alcohol y cerebro: demencia, deterioro cognitivo y daño neurológico

El estudio dedica especial atención al cerebro. La evidencia disponible muestra que el consumo elevado incrementa claramente el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, especialmente en edades tempranas.

Entre los mecanismos implicados destacan estos tres:

Neuroinflamación: el consumo elevado de alcohol activa de forma persistente las células inmunitarias del cerebro, generando inflamación en el tejido nervioso. Con el tiempo, este proceso puede dañar neuronas, alterar la comunicación entre distintas áreas cerebrales y favorecer el deterioro cognitivo.

Estrés oxidativo: el metabolismo del alcohol produce moléculas inestables conocidas como radicales libres, capaces de dañar células y tejidos. Ese exceso de oxidación afecta especialmente al cerebro, un órgano muy sensible al daño celular, y se relaciona con envejecimiento neuronal acelerado y pérdida de memoria.

Daño sobre la barrera hematoencefálica: esta frontera fisiológica actúa como un filtro protector que impide que sustancias tóxicas de la sangre entren en el cerebro. El alcohol puede volverla más permeable, facilitando la entrada de compuestos inflamatorios y aumentando el riesgo de lesiones neurológicas y enfermedades neurodegenerativas.

En Francia, un gran estudio hospitalario citado por los autores encontró que la dependencia alcohólica estaba asociada a la mayoría de los casos de demencia precoz, aquella que aparece antes de los 65 años. Los investigadores consideran que ya existe evidencia suficiente para incluir la demencia entre las enfermedades atribuibles al alcohol en futuras estimaciones oficiales de la OMS.

El alcohol también perjudica a los demás

La revisión en Addiction insiste además en una idea que cada vez gana más peso en salud pública: el alcohol no solo daña a quien bebe. La nueva clasificación ICD-11 incorpora explícitamente el daño a terceros dentro del concepto de «uso perjudicial de alcohol».

Eso incluye desde lesiones por accidentes de tráfico hasta violencia interpersonal, daños fetales durante el embarazo o transmisión de enfermedades infecciosas asociadas a conductas sexuales de riesgo. El trabajo recuerda que el alcohol altera la toma de decisiones y favorece conductas impulsivas, lo que aumenta el riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual y VIH.

Las lesiones representan una parte fundamental de la carga global atribuible al alcohol. El riesgo depende sobre todo de la intoxicación aguda. Cuanto más elevada es la concentración de alcohol en sangre, mayor es la probabilidad de sufrir accidentes de tráfico, caídas, ahogamientos o episodios de violencia.

La nueva campaña de la DGT recuerda que el alcohol sigue detrás de uno de cada tres accidentes mortales en carretera y desmonta la falsa sensación de seguridad asociada a “solo una copa”.

La nueva campaña de la DGT recuerda que el alcohol sigue detrás de uno de cada tres accidentes mortales en carretera y desmonta la falsa sensación de seguridad asociada a “solo una copa”.

Un desafío para la salud pública

El estudio llega en un momento en el que muchos países revisan sus recomendaciones sobre consumo de alcohol. En los últimos años, Canadá endureció sus guías y recomendó limitar al máximo la ingesta; Irlanda obligará a incluir advertencias sanitarias en las etiquetas de bebidas alcohólicas; y el Gobierno español trabaja en nuevas estrategias de prevención centradas especialmente en menores y adolescentes, y varias campañas oficiales han insistido en desmontar la idea de que existe un consumo seguro o beneficioso para la salud. Por su parte, la OMS insiste en que no existe un nivel completamente seguro de consumo.

Los autores del trabajo no defienden la prohibición ni afirman que cualquier sorbo de alcohol implique un daño inmediato. Su mensaje es más complejo y probablemente más incómodo: los riesgos aumentan de manera progresiva, afectan a numerosos órganos y, aunque algunos efectos pueden reducirse al abandonar el consumo, otros dejan secuelas permanentes.

¿Qué daños del alcohol pueden revertirse?

A modo de resumen, los autores del estudio hacen estas dos distinciones sobre los efectos del consumo de bebidas alcohólicas:

1️⃣ Efectos reversibles del alcohol

Según los investigadores, algunos daños mejoran cuando se reduce o abandona el consumo:

  • Disminuye el riesgo de lesiones y accidentes.

  • Mejora la presión arterial.

  • El sistema inmunitario puede recuperarse parcialmente.

  • Algunos daños cardiovasculares mejoran en semanas.

  • Parte del daño cerebral puede revertirse tras años de abstinencia.

2️⃣ Efectos irreversibles o parcialmente reversibles

Sin embargo, muchas enfermedades relacionadas con el alcohol dejan secuelas permanentes:

  • Cirrosis hepática

  • Daño cardíaco estructural

  • Demencia

  • Alteraciones neurológicas crónicas

Una nueva forma de ver el alcohol

La investigación también refleja un cambio de enfoque en la epidemiología del alcohol. Durante años, buena parte de la discusión pública se centró en si una copa de vino era buena o mala para el corazón. Ahora la mirada es mucho más amplia. Los científicos analizan el alcohol como un factor de riesgo sistémico que interactúa con cánceres, infecciones, salud mental, lesiones y enfermedades neurodegenerativas.

El balance final del estudio resulta difícil de ignorar. La evidencia epidemiológica acumulada durante décadas sigue apuntando en la misma dirección: cuanto más se bebe —y especialmente cuanto más frecuentes son las borracheras— mayor es la carga de enfermedad. Y aunque el organismo posee cierta capacidad de recuperación, esa capacidad tiene límites.

En otras palabras, el cuerpo puede perdonar parte de los excesos, pero no todos.▪️(15-mayo-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Alcohol y Salud

🍷 ¿El alcohol provoca cáncer?

Sí. La evidencia científica relaciona el alcohol con varios tipos de cáncer, especialmente mama, hígado, colon, esófago y boca.

🍷 ¿Beber poco alcohol es bueno para el corazón?

La evidencia sigue siendo controvertida. Algunos estudios observacionales encontraron posibles beneficios cardiovasculares, pero investigaciones genéticas recientes cuestionan esa hipótesis.

🍷 ¿Qué enfermedades provoca el alcohol?

El alcohol está relacionado con más de 60 enfermedades y lesiones, incluyendo cirrosis, hipertensión, cáncer, demencia, pancreatitis y cardiopatías.

🍷¿Se puede revertir el daño causado por el alcohol?

Algunos efectos mejoran al dejar de beber, especialmente problemas cardiovasculares leves y alteraciones inmunológicas. Sin embargo, muchas enfermedades crónicas dejan secuelas permanentes.

🍷¿Las borracheras son más peligrosas que beber poco cada día?

Sí. El consumo intensivo de alcohol aumenta claramente el riesgo de accidentes, lesiones, arritmias, hipertensión e ictus.

  • Información facilitada por la Society for the Study of Addiction

  • Fuente: Sinclair Carr, Ana Lucia Espinosa Dice, Gerhard E. Gmel Sr., Ahmed S. Hassan, Kevin D. Shield, Jürgen Rehm. A review of the relationship between dimensions of alcohol consumption and the burden of disease: 2026 update including Mendelian randomisation studies. Addiction (2026). DOI: https://doi.org/10.1111/add.70435

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